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Pareja y Familia

El necesario Day-Off

Cuando nos iniciamos en el sistema escolar en Hungría, llamó mucho nuestra atención que un día la maestra de nuestra peque nos dijo “si la niña está cansada y no quiere venir, es normal. No la obliguen a venir, y de ser posible regálense un día libre en familia”.

Para nosotros fue muy extraño porque evidentemente chocaba con nuestro sistema de vida anterior donde prácticamente estigmatizan el hecho de que un niño deje de ir al colegio un día, y también con la premisa de que si ella estaba yendo a ese colegio era porque nosotros no teníamos el tiempo para cuidarla por trabajo o estudios.

El hecho es que con el tiempo nos empezamos a percatar que otros papás simplemente se tomaban el día para llevar a sus peques al parque, almorzar con ellos en calma o dormir un poco más. Y eso es lo normal, ahora lo entiendo.

Ojo, con esto no estoy diciendo que los niños no necesiten rutinas ni horarios, sino que dentro de esos parámetros, también les viene bien de vez en cuando tomarse el día.

Con la llegada de la segunda barriga, pues nos tocó reformularnos un poco más la cosa, porque si bien empecé a practicar “el día libre porque sí” (como yo lo bauticé), las circunstancias cambiarán en algunas semanas y el día libre no será para dedicárselo a una sola persona sino a dos.

En todo caso es cierto, los niños se cansan de las rutinas ajustadas e incluso cuando la pasan genial en sus colegios, habrá días que el cuerpo simplemente les pida un break. ¿O es que a ustedes no les ha pasado de grandes que simplemente dicen “necesito un tiempo fuera”, unas vacaciones, parar la rutina o como quieran llamarlo? Entonces ¿Por qué es que creemos que los niños no lo necesitan también?

Pero averiguando y leyendo me encontré además con un montón de artículos y estudios que avalan estos días, y que convalidan un montón de beneficios que nosotros mismos hemos experimentado como familia. Entre ellos destaca un artículo científico en el que se asegura que los niños crecen más rápido (de tamaño físico) cuando están de vacaciones o pasando tiempo de ocio con sus seres amados.

Les cuento que hace unos días nos levantamos por la mañana y el agotamiento era evidente en todos en casa. La verdad es que papá no podía suspender sus reuniones pero Sára no podía con su alma, ella que siempre se levanta contenta ese día lloraba, se volvía a acostar, me decía cualquier cosa sin sentido hasta que dije la frase mágica “Hija, ¿quieres pasar el día libre con mamá?”. Su reacción fue inmediata, sus ojitos brillaron diciendo que sí, se despojó de su traje de invierno y volvió a la cama con gran placer pidiéndome que la abrazara.

Dormimos por casi 3 horas más las dos abrazadas, y al momento de despertar de forma natural, no hubo más que amor y sonrisas. Esta pequeña que me roba el corazón me dijo “gracias mami, necesitaba dormir más”. Y a esas horas de la mañana (casi medio día) iniciamos un día de actividades diferentes a lo que normalmente hacemos, y el día fue realmente genial, un día que recordaremos las dos. Al día siguiente estábamos recargadas para retomar las rutinas.

Pero este post realmente quiere dejarles algunas reflexiones puntuales sobre la importancia de enseñarles a los hijos que está bien tomarse un día libre de rutinas para conectarnos.

¿Qué nos deja este día libre extra?

-Podemos crear más empatía con los niños. Nos conectamos con facilidad y libertad.

-En los días donde no hay rutinas prestablecidas, los peques suelen mostrarnos más aspectos de ellos que nos vamos perdiendo producto del día a día, por lo tanto podemos aprender cosas de ellos que nos permiten conectarnos de forma más eficaz en la vida diaria.

-Nos liberamos de cargas negativas como las pataletas o las respuestas negativas, ya que nos dedicamos atención exclusiva los unos a los otros.

-Les mandamos el mensaje correcto. “Hijo, tú me importas y aquí estaré siempre para ti”. Esto va más allá de cualquier demostración de empatía o amor, se trata de una conexión.

-Les mostramos con el ejemplo, la importancia de descansar de verdad, de que todo tiene su tiempo y que así como las obligaciones o responsabilidades tienen que ser atendidas, su cuidado personal también es importante. No todo puede ser vivir para trabajar o para cumplir obligaciones.

-Los niños sienten más confianza en el núcleo familiar, ya que incluso podemos mejorar la comunicación.

-Se ha comprobado científicamente que se produce y libera más oxitocina, la bien llamada hormona del amor y la felicidad.

-Durante este tiempo podemos estimular su imaginación y creatividad.

Y ustedes, ¿han practicado el día libre? Me encantaría conocer sus experiencias.

Maternidad

Anidar. Un tiempo necesario y de conexión.

Cuando hicimos el curso preparatorio para atender mi primer parto, todos los especialistas que se presentaron en aquel momento nos hablaron del término “nesting ó anidar”, o lo que las abuelitas conocen como “Síndrome del nido”.

La verdad es que yo lo identifiqué inmediatamente a en los perfiles de mis amigas que habían quedado embarazadas antes que yo, pero en aquel momento yo no tuve ese síndrome. Lejos de querer anidar, mis ganas de salir y disfrutar con mi esposo aquellos últimos días de soledad de pareja estaban a flor de piel. De hecho tuve reposo solo con una orden médica de por medio pasadas las 38 semanas de gestación.

No es de extrañar que siendo este segundo embarazo tan diferente, ahora esté experimentado este síndrome desde hace algunas semanas. Y si les digo la verdad, me ha agradado porque me ha hecho conectarme muchísimo más con mi bebé y también con mi hija mayor, y es por eso que me parece lindo compartirlo con ustedes, pues en este estado he conocido a un montón de futuras mamis que se sienten un poco perdidas en este camino de anidar rumbo al parto, y que incluso se sienten un poquito locas.

Empecemos diciendo que el nesting o el Síndrome del nido no es más que un impulso natural primitivo, instintivo, que tendemos a tener las embarazadas, y que suele presentarse después del quinto mes de embarazo, aunque los estudios revelan que es más común experimentarlo en el último trimestre de gestación.

Pero ¿Qué nos pasa durante este tiempo? Pues nos volvemos un poco obsesivas por querer tener todo limpio en casa, ordenado, preparado para la llegada del bebé. Así que nos da por limpiar, lavar, planchar, ordenar, arreglar las habitaciones, y en otros casos también se siente como unas ganas incontrolables de no querer salir de casa, de estar lo más cómodas posible y haciendo cosas que nos hacen sentir seguras.

Así como las avecillas arman sus nidos ramita a ramita, nosotras buscamos construir un hogar seguro para nuestras crías, y normalmente esto es lo que por instinto desarrollamos todos los mamíferos, aunque no necesariamente todas las futuras mamás lo vivan.

Les cuento que en mi caso me ha dado por lavar cuanta ropa se me atraviesa y pasar escoba por la casa de dos a tres veces por día. Bañarme se ha vuelto algo necesario, y a veces me toca bañarme varias veces al día, como si mi cuerpo se estuviera preparando para algo para lo que necesito estar excesivamente pulcra. Cada vez que me dicen para salir, me lo pienso un montón de veces y si me da sueño, no pueden imaginar lo maniática que me pongo para dormir arropada hasta el cuello y con un montón de piezas que hagan mi cama más acolchada.

Siendo muy honesta, no me había dado cuenta de que estaba experimentando este síndrome hasta que una amiga me dijo “ay amiga, ya estas anidando”.

Primero me cayó como un balde de agua, porque tenía la impresión de que se anidaba sólo días antes del parto y les confieso que caí un poco en pánico, pero llegó un momento en el que para calmar mi ansiedad, empecé a conectarme con mi tribu y me encontré con otras mamis que, como yo, están pasando por lo mismo y se sienten un poco pérdidas o confundidas.

El punto está en que no hay un momento específico para que esto ocurra en el embarazo, y no tiene que ver directamente con el momento en el que nacerán nuestros bebés, por lo que es muy importante mantener la calma y simplemente vivir el proceso entendiendo que es algo natural. No quiere decir que nos estamos volviendo locas, ni nada por el estilo.

¿Qué podemos hacer para exprimir al máximo este tiempo de anidación?

Pues buscar cosas que nos hagan sentir llenas a nivel personal como meditar, descansar, ver una serie de esas que tanto nos gusta o incluso escuchar los podcast que están tan de moda y que nos pueden ayudar a aumentar nuestros conocimientos pero también nuestra oxitocina a través de la risa, por ejemplo.

Si estas obsesiva con la limpieza como yo, te recomiendo llegar hasta donde tu cuerpo lo permita de forma consciente. Es decir, nada de estar subiéndose a escaleras o limpiando techos, usando químicos que puedan poner tu seguridad o la de tu bebé en riesgo. Por el contrario, puedes utilizar la aromaterapia para calmar un poco la ansiedad que puede causar esta manía de limpiar.

La música es también un buen instrumento para conectarnos con nuestros bebés, bien sea porque usas música de estimulación para el bebé o porque escuchas esa música que tanto te gusta y te relaja, y puedes aprovecharla para bailar con tu bebé.

En mi caso la visualización ha sido una herramienta vital, ya que me ha permitido conectarme con mi bebé pero también con la realidad que me tocará vivir al convertirme en mamá de dos en las próximas semanas. Visualizar no es precisamente adelantarse a los hechos, sino conectarse con una energía positiva que te hace sentir segura de que todo estará bien.

Disfrutar del “slow living” que los europeos practican tanto también ha sido maravilloso, porque he podido disfrutar de las siestas de mi hija grande y abrazarla desde el alma, y ahora sé que ella sabe que mami siempre estará para ella aunque tenga hermanos. Pero además desde la madurez de sus tres añitos me ha enseñado un montón de cosas, como esperar el momento perfecto para hacer las cosas, que un equipo en casa funciona mejor cuando todos están comprometidos y por supuesto que con amor y escuchando al corazón, todo sale mejor.

Querida mami, anidar no es malo ni es bueno. Es natural, es normal y es hormonal. Si lo estás experimentando, simplemente te invito a dejarte llevar por el instinto y vivir el proceso de la forma más sana posible, tanto para ti como para tu bebé será beneficioso.

Y si no lo experimentas no pasa nada, no eres menos mujer o mamá por eso.

Si ya lo experimentaste, me encantaría saber qué sentiste y como lo enfrentaste. Estoy segura que otras mamis también lo agradecerán.

Maternidad

5 cosas que necesitan las embarazadas y nadie les dice

Las embarazadas tenemos tantas cosas en la cabeza. La mayoría de ellas dudas, que hacer una lista sobre lo que realmente necesitamos puede ser muy complicado. Sin embargo, hay unas cosas básicas de las que no podemos prescindir y por eso las comparto con ustedes.

  1. Confianza con el médico que nos está atendiendo. Muchas personas dirán que el médico tendrá la experiencia necesaria para atenderte, pero durante este proceso que es tan emocional, es muy importante que te sientas en confianza con el médico tratante e incluso con el espacio donde se dará el alumbramiento. Es por ello que es necesario para la futura madre, tener la libertad de escoger un especialista con quien sienta empatía y seguridad, ya que no sólo se trata de su cuerpo sino de la seguridad física del bebé.

En muchos países se tiene la oportunidad de contar durante el embarazo con el apoyo de una partera, que trabajando de la mano con un obstetra, puede resultar una ayuda muy útil para la madre e incluso para las dudas que el padre pueda tener.

  • Apoyo emocional por parte de la pareja o la familia que nos rodea. Sí, estamos hormonales y emocionales. Pensamos y nos creemos que hay cosas muy importantes, pero también estamos invadidas por miedos que antes podíamos o no sentir. Es por ello que es tan importante que tanto nuestras parejas como el grupo familiar que nos rodea, nos apoye y nos brinde un ambiente emocional acorde con la situación que estamos viviendo.

No basta con decir “aquí estoy contigo”, sino con demostrarlo. Muchas veces la futura mamá puede tener cambios de humor, puede tener deseos o actitudes diferentes a las que tuvo sin estar embarazada o en un embarazo previo, y recibir juicios por ello puede hacerla tambalearse emocionalmente.

  • Una amiga con quien se pueda hablar sin tapujos. Desde que nos convertimos en madres nos dejamos un poco de lado, pero contar con el apoyo incondicional de nuestras amigas nos llena de fuerza.

Históricamente se ha comprobado que criar en tribu es una necesidad del ser humano, y parte esencial de esa tribu son las amigas que te escuchan (tengan hijos o no) y te acompañan en el proceso que estás viviendo sin juzgarte.

  • Acceso a la comida sana pero apetitosa. Muchas de las embarazadas quieren comer todo lo que se les atraviesa, pero otras tantas también pierden el apetito producto de las náuseas, sin contar con que muchas veces el sabor de los alimentos cambia. Pero al estar gestando otra vida, no basta solo con recibir vitaminas de forma artificial, necesitamos alimentarnos de forma correcta y balanceada, permitiéndonos también cumplir con los antojos, pero sin que eso nos perjudique a nivel de salud.
  • Información relevante y nutritiva sobre el proceso que vamos a vivir. Actualmente podemos encontrar en internet un sinfín de informaciones sobre el embarazo, la crianza, el parto, etc.; y a la vez están esas experiencias que podemos obtener de primera mano a través de la experiencia de amigos y familiares. Sin embargo, siempre estará quien vendrá con una historia desgarradora o terrible de esas que nadie quiere escuchar.

Es por eso que como mamás tenemos que filtrar con qué nos quedamos, qué implementamos, de qué aprendemos y cómo nos nutrimos emocionalmente de todo lo que hemos visto, leído e incluso vivido.

¿Qué más añadirías a esta lista?

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Cada embarazo es diferente…lo creas o no.

Cada embarazo es diferente…

Sí, mira que sí lo es. Y eso ha sido algo que he experimentado en carne propia durante los últimos meses. Pero no porque uno lo sepa quiere decir que el entorno lo entiende, y cuando digo entorno me refiero incluso a la pareja y al médico tratante.

Esta vez me gustaría compartir con ustedes mi embarazo desde mi visión personal. Y claro que es muy personal, habrá quienes creen que es exagerado pero ¿cómo pueden saberlo ellos si no están dentro de uno?

Comenzaré por contarles que quería un bebé desde hace mucho tiempo; siendo hija única en una familia donde todo el mundo tiene hermanos, para mí era muy importante que mi hija no se quedara sola sino que tuviera la oportunidad de criarse y vivir con un compañero de juegos y aventuras. Y pues la verdad es que no nos costó mucho quedar embarazados, me atrevería a decir que fue en el primer intento, una vez ambos estuvimos conscientes de lo que queríamos claro está.

Pero una cosa es desearlo y otra muy diferente vivirlo. Y esto no lo digo por mal. Estoy casi segura que sentí cuando quedé embarazada, y todo aquello me dio mucha ilusión hasta que confirmamos el embarazo y empezaron todos esos síntomas que no había experimentado en mi primera gesta.

¡Les juro que después de las náuseas y los desmayos, empecé a creer que algo andaba mal! Pero una cosa paranoica que ahora viendo para atrás, hasta enfermizo me parece. Cada vez que iba al baño pensaba que iba a encontrarme con algo que no quería ver, salir en verano era un deporte extremo y comer en la calle toda una odisea; sufrí de alergias por polen, tuve el accidente que me dejo postrada con un yeso por casi dos meses, he vomitado incluso en la semana 30, cambiamos de médico al menos cuatro veces y todavía no estoy convencida de la que me atiende por ahora, he llorado con cada tontería y me han dejado de importar cosas que antes me habrían roto el corazón; varias veces pregunté a los doctores si todos esos malestares eran producto de que mi cuerpo estuviera rechazando al bebé, y la respuesta era la misma (y a mí me parecía incongruente para ser sincera) “cada embarazo es diferente y tu deberías saberlo, ya tú has estado embarazada”.

Pero Dios mío, ¿Cómo me pueden decir eso? Si se suponía que tenía que considerar mi experiencia previa (cero vómitos, cero alergias, no accidentes, no desmayos) ¿cómo era que esto me podía parecer normal?

Después también caímos en cuenta de un factor nuevo, y era la ausencia física de nuestro entorno de apoyo, para ser más específica mis padres y tíos que siempre nos dieron como familia su apoyo incondicional a través de las redes, pero no era lo mismo. Y llegó un punto en el que hasta los ataques de pánico volvieron a mí, y eso sí fue como el punto de quiebre.

Esta madrugada en medio de mi insomnio me puse a pensar en todo lo vivido en este embarazo, y realmente me siento como primeriza, porque la primera vez para mí fue todo muy al estilo Susanita, un embarazo de ensueño en el que estuve totalmente activa (pero que hasta cargando cajas de cerámica y mudanza) hasta la semana 36; y ahora ya cercanos a la fecha de parto, reflexiono sobre cómo las circunstancias pueden hacer que todo sea tan distinto.

¿Por qué cada embarazo es tan distinto al otro?

¡Simple! porque cada individuo es diferente y nosotras estamos resguardando un cuerpo diferente. Pueden tener la misma carga genética y aun así ser distintos entre sí. Hablo de células, personalidades, gustos, rasgos físicos e incluso en esto hasta el cambio climático influye.

Nuestros cuerpos también han cambiado, cada uno de nuestros órganos tiene más tiempo y también conservan aquello que llaman popularmente “la memoria del cuerpo”, por lo que es más probable que durante el segundo embarazo se empiecen a notar los cambios desde mucho antes que con el primer bebé.

Pero sí, no dejamos de ser primerizas, pues ahora tenemos un hijo del que ocuparnos mientras dentro de nosotras se forma la segunda cría, y eso también colabora con el hecho de ser emocionalmente un desastre, porque nos brotan todas las angustias sobre cómo será la relación entre hermanos y las dinámicas familiares con la llegada del nuevo bebé.

Entonces cada embarazo es diferente y por ende que hayas estado embarazada antes no quiere decir que sepas qué hacer o no, o cómo sentirte en un segundo o tercer embarazo. Y he entendido esto con 34 semanas de embarazo, en una charla introductoria que nos ha dado la partera hace unos días atrás sobre cómo será el proceso que viviremos en este nuevo país donde los protocolos son muy diferentes a los que teníamos en nuestro país de origen.

Mientras la chica hablaba del proceso de parto, el papeleo, lo que podíamos hacer y quién estaría con nosotros, mi mente se paseaba por el día en que mi primera hija nació.

-¿Recuerdas cómo se sienten las contracciones?- preguntó la partera.

Yo me quedé en blanco porque para ser sincera había borrado lo malo del día del nacimiento de mi primera hija, pero inmediatamente dije “sí”.

-Pues esas que recuerdas son las que tienen que hacerte venir al hospital en caso de emergencia. Y si no las recuerdas no pasa nada, sigue tu instinto o me llamas inmediatamente si tienes dudas. Estar embarazada nunca es igual, así que para mí es como si fuera tu primera vez.

Y ahí fue que conecté con ella. Por primera vez en mucho tiempo, me sentí comprendida y contenida por personal médico en la tierra que me ha acogido, y tal vez esto tenga que ver más con humanidad que con nacionalidad.

En todo caso mamita que estas esperando tu primer o segundo o tercer hijo, y te topas con este post, quiero recordarte que no estás sola y que tu cuerpo es sabio, tan sabio como el del bebé que esperas. Y al final del día todo estará bien, sólo déjate guiar por tu instinto y nunca te calles un dolor, un malestar o algo que te haga sentir incomoda. El personal de salud está allí para atenderte, tus afectos para apoyarte emocionalmente y tu corazón estará listo para recibir a tu bebé.

Pareja y Familia

Los 5 aprendizajes que me dejó la Navidad

¡Se han acabado las vacaciones de Navidad!.

Sí, el 21 de enero ha sido el día de retomar nuestras rutinas luego de un asueto navideño que nos ha dejado física y emocionalmente exhaustos, pero con el corazón llenito de experiencias y yo he querido escribir estas líneas porque después de todo lo vivido, lo cierto es que este tiempo nos ha hecho crecer como individuos y como familia.

Les confieso que me parece increíble sentarme frente a mi computador casi mes y medio después de haberlo soltado.

Esperaba con muchas ansias la navidad para poder deshacerme del yeso que me imposibilitaba salir, pero días antes de eso, nuestra peque se enfermó y nos mandó a la sala de emergencias en dos oportunidades, así que para cuando estaba lista para volver a su rutina escolar, la pediatra dictaminó que era mejor que siguiera en casa por seguridad. “El virus está allí en el colegio, y tú no debes contagiarte de esas cosas”, sentenció antes de darme el documento que nos acreditaba para volver a la rutina el 2 de enero.

Realmente en principio lo tomé con alegría e incertidumbre, estaba tan limitada entre el embarazo y el yeso que me daba miedo que mi princesa se aburriera de estar conmigo, pero nada más lejos de la realidad. Hicimos un montón de actividades en casa, ella se involucró más con las rutinas del hogar y ahora le encanta ayudarme con las tareas diarias, me enseñó un montón de canciones en húngaro y leímos tantos cuentos como fue posible.

¿Y las tradiciones? ¡Qué les cuento de las tradiciones! Empezamos con una lista de tradiciones que fusionan ambas culturas, aprendimos mucho sobre las cosas de nuestros países de origen y empezamos a aplicarlas en nuestras rutinas navideñas, teniendo la oportunidad de compenetrarnos mucho más. Todo esto, a la vez que papá y mamá recordábamos con nostalgia y alegría aquellas navidades de nuestra infancia por las que Sára demostró mucho interés por conocer.

Pero luego llegaron las gratas visitas inesperadas. Esos amigos que son familia, y esa familia extendida que te llena el corazón; ¡y mira que fue un sube y baja de emociones para todos! pero cómo lo disfrutamos. Hasta que los virus volvieron a llegar.

En todo caso este post no es para hablar de lo malo que nos mantuvo lejos de las rutinas, sino para contarles sobre las cosas buenas que nos ha dejado la navidad, y sobre todo lo que como padres aprendimos. Y esta es mi lista de los 5 aprendizajes que no ha dejado este tiempo.

  • El instinto hay que seguirlo siempre: Desde que me convertí en mamá soy fiel creyente de que el instinto es indispensable en la vida. No es una corazonada, no es algo momentáneo sino que por el contrario te va orientando por el camino.

Sí, los seres humanos somos animales instintivos por naturaleza, pero yo particularmente creo que la paternidad te reactiva el sentido en lo más profundo de tu ser y entonces empiezas a ver todo diferente, e incluso actúas diferente.

Cuando uno como padre siente que algo no va bien con los peques o que por el contrario hay algo que les hace bien, o que ellos tienen la capacidad de enfrentar o tolerar, tiene que mantenerse ahí hasta sentir que ha logrado el objetivo. En nuestro caso, este año teníamos la sensación de que Sára entendía mucho mejor lo que era la navidad y quisimos seguir ese instinto e insertar tradiciones, hablarle de humildad y de ayudar a otros, de no enfocarnos solo en lo material sino en lo emocional o espiritual, y como mamá hoy me siento satisfecha, porque fue como un despertar para ella e incluso para nosotros como adultos.

Ella entendió con 3 años de edad, que era mejor pedir un solo regalo al Niño Jesús, que hay niños que no reciben regalos en navidad a los que nosotros podemos apoyar de alguna manera, que lo importante es estar en paz en familia al punto de querer invitar a sus tíos a casa para cenar pan, y de querer llamar a aquellas personas de las que teníamos tiempo sin saber.

  • La imaginación de un niño no tiene límites y es nuestro deber estimularla: La Navidad es un tiempo especial para estimular la imaginación y la creatividad de los peques. ¡Que sí! Que hay mucho trasfondo comercial en la situación, pero también es nuestro deber como padres mostrarles que no todo se compra. En nuestro caso, este año estimulamos mucho creatividad con actividades caseras con materiales reciclados, con pequeños presentes que se convertían en enormes sorpresas, y a través de historias navideñas pudimos conectarnos con nosotros mismos y con nuestra hija.

Evidentemente la llegada de Santa, Papá Noel, Mikulás, el Niño Jesús o como sea conocido en cada cultura, despierta mucho interés e ilusión en ellos. Esos momentos son buenos para hablar con ello sobre lo que piensan, y no se trata de un engaño sino de brindarle herramientas para que sepan que es real y que no, y hasta dónde pueden llegar si se lo proponen.

Nosotros aprovechamos una pequeña leyenda húngara sobre cómo los ángeles que ayudan al Niño Jesús a traer los regalos (porque él es muy pequeñito para cargar con las cosas) para crear historias sobre cómo ellos nos protegen o están pendientes de nosotros. Ojo, no de mala manera sino para ayudarnos a lograr lo que nosotros necesitamos.

En este punto también incluimos algo de aceptación sobre las cosas de la vida, que no siempre es lo que queremos lo que nos conviene sino que a veces lo que conviene es lo que viene.

  • Nunca subestimes la inteligencia y astucia de tus hijos: ¡Que si tiene 3 y no lo entiende! Pues habrá cosas que realmente no entenderá porque su cerebro se está desarrollando, pero habrá un montón de cosas que sí las entenderá y que querrá experimentar también.

Son inteligentes los niños. Son almas y cerebros puros, esperando que los grandes seamos más astutos que ellos y les brindemos las herramientas necesarias para la vida. De eso se trata no subestimarlos, por el contrario debemos motivarlos, ponerles las herramientas ahí a su alcance para que ellos poco a poco vayan creciendo.

  • Los niños necesitan a su familia, y cuando la tienen lo agradecen: Llegaron nuestros amigos y familia extendida, y sí, en el exilio haces nuevos amigos y mantienes relaciones a distancia, pero cuando llega ese cariño que derrumba las barreras del Internet se nota la diferencia. Sára realmente disfrutó estar con sus tíos y primos, era una niña muy feliz de estar con ellos, de recibir esos abrazos y ese amor, incluso en los días en los que su cuerpo se sentía agotado o decaído.

“¡Mamá, quiero jugar y bailar con los tíos!”, fue una de las frases que más escuché en esta época. Sé que conectar sin intermediarios con esos afectos la hizo mucho más madura pero también más fuerte.

  • Las tradiciones los hacen fortalecer el sentido de pertenencia a sus raíces: Agrego este punto porque somos una familia migrante, con un poquito en el corazón de aquí y de allá, y eso a veces puede hacer sentir a los niños como que no son de ninguna parte. Pero hablarles sobre cómo son las cosas del lugar de donde vienen y cómo en el lugar en el que ahora se encuentran, los hacen sentir con un piso de pertenencia que les brinda mucha seguridad.

Aquí no se discutió sobre quien traía los regalos, sino sobre los roles y cómo podíamos ayudarlos a continuar con su labor. Se escucharon cánticos de navidad en húngaro pero también retumbaron las gaitas, comimos pescado en el almuerzo familiar del 24 pero cenamos con pernil y ensalada de gallina, pusimos el arbolito el 18 de noviembre pero le agregamos chocolates y caramelos el 24 de diciembre, y todo en perfecta armonía y correspondencia.

¿Y a ustedes cómo les fue en esta temporada? Confieso que necesito un descanso de este break, pero que mis expectativas para la próxima navidad son aún más altas que las que tenía este año, y más ahora que la familia sigue creciendo.

Maternidad

Cuando el no contradice lo natural

Hace unas semanas escribí un post para nuestra cuenta de Instagram sobre una experiencia que aún retumba en mi cabeza, porque es una situación recurrente en nuestra sociedad.

En aquel momento, caminaba cerca de un parque al que llegaban un montón de niños en compañía de sus maestros. Hasta allí todo era normal, y en realidad eso es algo normal en este país, hasta que de repente escuché: «¡No corran, no corran!».

En realidad no sé ni por qué distinguí lo que decían entre mi húngaro chucuto porque en realidad la mayor parte del tiempo que voy por la calle voy más pendiente de lo que veo que de lo que escucho; pero me pareció tan fuera de lugar que me hizo reflexionar sobre lo que yo estoy haciendo como mamá.

Estos maestros, que entiendo tienen razones para pedir un comportamiento “civilizado”, les hacían esa petición a niños de entre 6 y 8 años. Y estamos claros en que los maestros están ahí para educarnos y acompañar a los padres en el proceso formativo, pero también estamos refiriéndonos a comportamientos naturales del propio ser.

«No corras. No saltes. No grites. No llores. No inventes», retumbaron en mi cabeza inmediatamente y no me sentí muy cómoda conmigo misma en ese momento.

¡Wao! Es que a veces digo todas esas cosas que nunca quise decir como mamá porque no quiero limitar el desarrollo natural de mis hijos, sino por el contrario acompañarlos dejando claro los límites de nuestra crianza sin que esto genere frustración en ellos.

Yo realmente no tengo un recuerdo claro de mis padres diciéndome cosas como estas en momentos donde fuera correcto hacerlo; sí recuerdo que mi papá se frustraba muchísimo si yo (ya con unos 10 años) empezaba a llorar de sentimiento en medio de mis planteamientos. Recuerdo mucho que me decía “usted es fuerte, no llore y explíqueme qué pasa”, y sí, muchas veces yo no quería llorar pero era lo que me salía y eso me hacía sentir que lo decepcionaba a él.

Pero volviendo al caso de estos niños, y lo que yo sentí en ese momento como mamá, tenía que ver más con la naturaleza del ser, el desarrollo normal. Es decir, dicen que lo normal es que un niño se mueva, brinque, hable, que los niños felices cantan con frecuencia, que necesitan estar en movimiento y poniendo su creatividad al límite a través del juego. Entonces ¿le vamos a pedir que cuando vayan al parque no corran?

¿Ven la diferencia?

¿Si no corren en el parque dónde lo harán? ¿Si no inventan cosas qué será del futuro de sus vidas? ¿Si no lloran cuando se sienten mal o intimidados, a dónde va toda esa frustración? ¿Si no hablan con nosotros, que somos sus padres, con quién se supone que sentirán confianza?
Y es que a veces los adultos nos programamos inconscientemente a decir «No + complete usted la frase» y lo que hacemos de alguna manera, más que poner límites claros, es limitar, estropear, aporrear el proceso NATURAL de un ser humano, que en medio de su formación necesita conocer qué quiere, que le gusta, qué puede hacer, etc.

No quiero decir con esto que estamos mal como seres humanos o que somos malos padres por decir que no; evidentemente hay momentos en los que no hay negociación que valga y simplemente hay que decir no, pero decir “no hagas tal o cual cosa” cuando va en contra de su naturaleza o solo para intentar quedar bien con el resto de la sociedad, a veces puede ser muy perjudicial para nuestros peques.

Repito, no hablo de no poner límites claros, hablo de brindar las herramientas para que su desarrollo sea lo más natural posible y su auto conocimiento se dé de la mejor forma posible.
Siempre les digo que yo no soy especialista de nada, solo soy una mujer, intentando ser mamá de la mejor forma posible y a veces me gusta compartir este tipo de pensamientos con ustedes. ¿Ustedes qué piensan del no?

Pareja y Familia

La vida de las familias multilingües

Una de las cosas que más me preguntan por privado en redes sociales, es ¿qué idioma habla mi hija? Y por eso me he animado a escribirles un poco sobre esto, más con mi experiencia de vida que con cualquier aval profesional.

Para responder la interrogante, les aseguro que mi peque no habla ningún tipo de papiamento. Es nativa del húngaro y el español, y entiende algunas frases básicas del inglés. Ahora viene la segunda pregunta, ¿Cómo lo han logrado?

Para ser sincera ha sido un trabajo de hormiguitas que, tanto papá como yo, hemos ido haciendo con mucha paciencia pero sobre todo con amor y un único objetivo, regalarle herramientas para su vida.

Desde el momento en que nos planteamos la posibilidad de tener hijos, mi esposo y yo acordamos que él mantendría vivas las tradiciones familiares a través del idioma, y que el futuro bebé debía escuchar húngaro desde que estaba en la barriga. Esto lo hicimos sin imaginarnos que venir a vivir a Hungría sería nuestro destino.

Evidentemente, el español es el idioma nativo de mamá y de la mayoría de la familia, y habiendo vivido su primer año en un ambiente donde el único idioma (salvo lo que su papá y abuela le hablaban) era español, pues no podíamos esperar otra cosa. Sin embargo, tengo que destacar que la primera palabra de nuestra peque, cuando aún vivíamos en Venezuela, fue perro en húngaro, y ella estuvo días diciéndolo cada vez que veía un perro, sin yo imaginar que estaba diciendo algo con significado, hasta que su papá la escuchó.

Después de aquella primera palabra, puedo decir que al menos el 30% de las cosas que dijo, eran palabras en húngaro.

Una vez emigramos, vino un poco la confusión para ella, y de las pocas cosas que decía, durante un mes estuvo prácticamente balbuceando, pero cuando empecé a preocuparme, entonces ella empezó a armar frases, algunas en español y otras tantas en húngaro. Para ese momento, su cerebro estaba haciendo los ajustes necesarios, pues ahora no sólo escuchaba sus dos lenguas sino que además mamá, con quien estaba todo el tiempo, empezó a hablar inglés como parte de su rutina diaria y eso tenía un poco confundida a la niña.

¿Qué nos ha servido? Sin duda alguna el roce con otros niños de su edad que hablen alguno de los idiomas en los que ella se desenvuelve.

Cuando no estaba en el colegio, era un poco más difícil porque a la hora de socializar en los playdates prácticamente todo ocurría en inglés (que es su lengua menos fuerte) y ella terminaba por no hablar. Pero llegada la etapa escolar, vivir en húngaro le ha permitido ser mucho más libre con el idioma.

Hace unos días me preguntaba una amiga si no me daba miedo que se perdiera el español, ya que la verdad sea dicha, mi hija ha sido una gran maestra de húngaro para mí. Y la verdad es que no me da miedo porque sé que no lo vamos a perder; para ella es muy claro que conmigo siempre debe hablar en español a pesar de que yo entienda algunas cosas en húngaro, y que con papá puede hablar en cualquiera de los dos idiomas.

¿Qué practicamos para mantener ambos idiomas activos?

  • Vemos comiquitas o películas en ambos idiomas.
  • Leemos cuentos en ambos idiomas.
  • Jugamos en ambos idiomas. Y haré especial énfasis en esto, porque los niños aprenden un montón de cosas mientras juegan, y en estos momentos podemos enseñarles mucho vocabulario.
  • La música es una herramienta vital. Cantar con los niños en los idiomas que queremos enseñarles, es vital para ayudarlos a desarrollar el idioma y facilitarles la pronunciación.
  • Ambos padres, tratamos de hacer la misma pregunta en ambos idiomas. Siempre verificamos que nos esté respondiendo lo mismo, y evidentemente en uno de los dos idiomas suele dar más detalles.
  • Nos reunimos con otras familias que manejen los idiomas que queremos reforzar, esto nos permite socializar pero también el refuerzo de las formas más moderna del lenguaje.
  • Corrige cuando sepas que están diciendo algo mal. En nuestro caso, algunas veces la niña habla español con la forma gramatical del húngaro, y apenas lo dice ambos tratamos de corregirla para que no pierda su acento nativo.  

¿Cómo va a ser la situación con el bebé que tenemos en camino? Eso sí que no se los puedo responder todavía, pero papá ha sugerido que apliquemos la misma técnica hasta el momento del nacimiento, cuando en casa papá empiece a hablar en español y la hermana mayor sea quien enseñe el húngaro que será reforzado en la escuela.

Desde que emigramos la percepción de los idiomas para mí ha cambiado totalmente, y ahora veo que todo lo que podemos regalarle a nuestros peques que tenga que ver con aprender un nuevo idioma, es una ganancia increíble para sus vidas.

En nuestro caso, vivimos en un país donde la mayoría de sus habitantes hablan dos o tres idiomas, por lo que es prácticamente vital que uno crie a sus niños con un patrón de aprendizaje que abarque más habilidades comunicativas, que otras cosas.

Algo que nos ha encantado del sistema educativo húngaro, es que usan la música como herramienta de enseñanza, y por eso también nosotros lo aplicamos en casa. Además de esto, el sistema considera que es mucho más importante que los niños aprendan a escuchar y luego a hablar, que empezar a leer en pleno proceso de desarrollo del habla, lo que al final se resume en que los niños aprenden a leer con mucha mayor rapidez y fluidez porque se les hace mucho más fácil identificar las palabras y frases.

Así que nos hemos ido nutriendo también de ambos sistemas educativos, de ambas culturas y así facilitamos el hecho de ser una familia multilingüe.

Por último les diría que no creo que seamos superiores a nadie, pero sí creo que en un mundo globalizado como el de hoy, un niño que maneje dos o más idiomas, sin duda alguna tendrá ventajas sobre el resto, y mucho más si las lenguas que maneja se encuentran entre las más utilizadas.

Si he respondido sus preguntas, me gustaría ahora saber cómo lo llevan ustedes, y qué es lo más fácil y lo más difícil de mantener en este proceso.

Maternidad

Embarazada en el extranjero: de la ansiedad a la calma

“No soy la primera, ni la única, ni la última que estará en esta posición. No es mucho, es justo lo que puedo enfrentar. Yo puedo porque Dios está conmigo”, ha sido mi lema, mi mantra, lo que me he repetido día y noche desde el día que, sin imaginar que el resultado sería positivo, decidí hacerme una prueba casera de embarazo.

Sí, se los confieso; por mucho que deseaba un bebé desde hace un tiempo, quedé en shock cundo supe que el sueño se estaba haciendo realidad.

Cuatro días estuve sin poder decirle a mi esposo que estábamos esperando el bebé que tanto habíamos querido, más de media hora me llevó salir del baño después de ver el resultado, y todo gracias al pánico que explotó en mi cabeza.

Les cuento.

Yo, como muchos inmigrantes, en estos dos años que tengo lejos de mi país y de mi familia extendida, hace mucho tiempo había empezado a sufrir ataques de pánico y ansiedad sin una aparente razón, más que el estrés a lo desconocido y a estar lejos de casa, y justo ahí, cuando yo me sentía tan bien y se suponía que debía estar muy feliz, me explotó una crisis de ansiedad. Todo por no conocer cómo funcionaba el sistema de salud en este caso.

Así que bueno, lo primero fue llamar a alguien de mi confianza plena y tratar de buscar mi punto de paz tal como me lo había recomendado meses atrás mi terapista. Mi mamá y mi mejor amiga (ambas desde la distancia) me guiaron y acompañaron hasta que pude confirmar el embarazo y sentarme a hablar con el padre de la criatura.

Su alegría fue tan grande como las ganas que ambos teníamos de hacer crecer la familia, y eso me ayudó a disipar muchos de mis miedos. Sin embargo, los dos estábamos en desventaja con respecto al conocimiento del sistema de salud, totalmente diferente a lo que estábamos acostumbrados en nuestro país de origen, y enfrentar ese gran monstruo no ha sido una tarea fácil.

Pero más allá de contarles esto, con este post solo quería ponerlas un poco en contexto porque han sido muchas las mamis inmigrantes que me han escrito desde que hice público mi embarazo. Y créanme que a veces me han agarrado bajita, cuando me siento pérdida y solo quiero llorar por culpa de la distancia o de las hormonas.

Es por eso que estar embarazada en el extranjero, para mí ahora se convertirá en una herramienta de apoyo para otras madres en mi situación y para mí misma, porque he descubierto que hacemos una comunidad tan fuerte que es muy raro que compartiendo ideas y sentimientos con las personas correctas, uno se sienta sola.

No es que estar embarazada en el extranjero sea difícil, es igual a estar embarazadas en tu país de origen, solo que con otros retos que conlleva el proceso migratorio como tal, y que tal vez por el mismo proceso hormonal vemos magnificado.

Pero lo cierto es que esto no nos hace ser más especiales o delicadas para la sociedad, seguimos siendo quien en esencia somos, y por ende tenemos que poner nuestra mejor cara a lo que nos viene.

Yo no sé cómo lo han hecho otras mamis en otras latitudes, pero han sido muchísimas las que me han demostrado que es posible salir bien de un embarazo sin el apoyo familiar al que estábamos acostumbradas. Entonces deje de preguntarme ¿qué hago? Y empecé a hacer, y esto que les escribo de ahora en adelante, es lo que a mí me ha servido para controlar la ansiedad y no sumarle una carga mayor a los malestares normales de la gravidez.

Lo primero fue empezar a leer y preguntar cómo funcionan las cosas aquí. Ver que los médicos no son ni un poco parecidos a los médicos en Venezuela, que terminan convirtiéndose en tu familia, ha sido vital tanto para mi esposo como para mí. Bajarse de esa expectativa nos ha hecho incluso sentirnos más cómodos y confiados en lo que nos vendrá en el futuro.

¿Cómo nos hemos puesto en contexto? Pues preguntándole a nuestros amigos húngaros y expats que ya han pasado por esto, cómo han sido sus experiencias y qué podemos esperar.

Escuchar las experiencias de otros y compararlas, pero no poniéndonos a nosotros como protagonistas ha sido increíble. Pues como en todos lados, hay experiencias positivas y negativas, así como hay quien te dice que te compres un cochecito de 1000$ cuando eso es lo que ganas al mes, y al final te toca descubrir que no tienes que atender las expectativas de nadie, sino las tuyas propias.

Emigrar es desprenderse de muchas cosas y aferrarse a otras. Puedo decirles que mi esposo y yo nos hemos aferrado mucho más a nosotros mismos en este proceso, y nos hemos ido desprendiendo de muchos prejuicios y creencias para sentirnos un poco más cómodos.

Emocionalmente es muy difícil controlar a la madre. Sí, las hormonas se ponen como locas y yo les digo que he llorado hasta por ver un trajecito de invierno para bebés aunque le mío nacerá cuando esté entrando la primavera. Pero dejarme drenar cuando lo he considerado necesario, me ha ayudado mucho a tener un balance.

Nosotros además tenemos un plus, que es Sára, y durante las vacaciones que tuvo que pasar conmigo en casa encerrada mientras yo pasaba de vómitos a náuseas y diarreas en un mismo día no fue fácil. Pero explicarle a ella lo que estaba pasando, fue muy nutritivo en nuestro caso, pues ella desde el día uno supo tomar una posición de compañera y ayuda, y dependiendo de cómo ella me percibía decidía si jugar dentro de casa o en el jardín, lo que fue increíble para todos.

Involucrarla en las cosas del bebé ha hecho que los tres (hija, bebé y yo) formemos una especie de triángulo especial de complicidad y trabajo en equipo, que hace mucho más llevadera la situación.

Por ahora les puedo comentar que estamos aprendiendo a vivir como familia y como pareja, un día a la vez. Analizando lo que hace falta analizar, pero dejando pasar de largo todo aquello que nos resta o nos puede generar angustia. Y créanme que esta ha sido la forma de disfrutar mucho más mi embarazo.

Por último, puedo contarles que responder a las necesidades de mi cuerpo, escuchar qué necesita o cómo me puedo sentir más cómoda ha hecho la experiencia mucho más especial. Que un día un médico me dijo “ya tu sabes qué hacer, que ya has estado embarazada”, pero no amigo, ningún embarazo es igual al otro, para mi este ha sido súper molesto con los síntomas en comparación a mi primer embarazo, pero siendo todo tan distinto aquí, nos ha tocado escuchar a mi cuerpo, y seguir eso que las mamis tenemos tan bien desarrollado, el instinto.

Así que mamis, futuras mamis que se enfrentan a esto lejos de casa, acompañémonos en este camino, usemos las redes para hacernos más fuertes, para hacernos compañía, ¿y por qué no? Para darnos más seguridad y confianza porque al final todo estará bien.

Pareja y Familia

Spas de Budapest para familias

En algún momento les he contado que el húngaro y yo aprovechamos algunas veces, cuando la peque está en clases para tener esas escapadas románticas que no podemos tener con ella. Sobre todo si es de ir a lugares donde ella no puede estar, como las aguas termales, que aquí en Budapest son súper famosas pero no aptas para niños.

Las aguas termales se convirtieron en ese lugar para escapar y drenar, y relajarnos y a veces reencontrarnos como pareja entre ese silencio y el vaporón del lugar, porque ahí uno tiene como la posibilidad de desconectarse de todo y entregarse a uno mismo. O por lo menos así ha sido para nosotros.

La cosa es que habíamos escuchado que en verano había Spas que aceptaban niños, pero nos daba un poco de miedo, y siendo estas vacaciones un poco extrañas, decidimos adentrarnos en el mundo de los Spas familiares de Budapest, y les puedo decir que ha sido una experiencia bastante grata.

En general Budapest es una ciudad bastante amigable para hacer familia, por lo que no es de extrañar que uno de sus principales atractivos turísticos también considere importante a los niños.

Esta vez quisiera hablarles un poco sobre cómo ha sido nuestra experiencia en estos parques-spa que nos ha permitido conectar más como familia y pasar ratos muy divertidos durante el verano. Y lo mejor ha sido que hay opciones válidas para días calurosos y también para esos días lluviosos en los que no sabemos qué hacer con los peques.

Las aguas termales son naturales, y contienen vitaminas y minerales capaces de sanar al cuerpo, por eso no siempre son recomendables para niños o mujeres embarazadas, sin contar con que muchas veces su temperatura es muy elevada y puede afectar el torrente sanguíneo. Pero la naturaleza dejó su huella en Hungría y sólo en Budapest contamos con 130 fuentes termales y terapéuticas, incluso me parece importante comentarles que en este país contamos con alrededor de 300 diferentes tipos de aguas termales, y es por ello que algunas fuentes han sido habilitadas para el uso y disfrute de toda la familia.

Les dejo esta lista de los Spas de Budapest para disfrutar con niños que más nos han gustado, si bien porque viven en nuestra ciudad o porque vienen de visita durante el verano.

  1. Csillaghegy Strandfürdő: Fue el primero que visitamos, lo hicimos en un día lluvioso y nos encantó. Tiene una zona especial para niños con piscinas de entre 36 y 38 grados y una cantidad de chorritos y juegos que hacen que los peques disfruten un montón de este lugar. En el «Mundo de niños», así se llama la zona, está todo adecuado para los peques, desde los baños hasta las mesas para que ellos no sólo disfruten de la piscina sino también de un descanso entre baño y baño ¡Qué con esa calentura de agua no todo es jugar!.
La zona de niños está totalmente adaptada para la comodidad de la familia entera.

También tiene varias piscinas externas que están abiertas solo durante la época de verano, y unos toboganes para niños más grandes que hasta papá disfrutará un montón.

Una de las cosas que más me agradó de este lugar, es que tiene piscinas para todos los gustos, una zona wellness y un área de saunas espectacular que vale la pena visitar (en esta área no pueden ingresar los niños). Los baños están siempre muy limpios, y en los vestidores hay un área para mamás y bebés donde incluso puedes disponer de una cuna.

Aunque hay opciones para comer en el lugar, también puedes llevar tus propias comidas y hay una terraza (abierta y cerrada) donde puedes comer la comida e incluso calentarla.

  1. Romai Strandfürdő: Es un lugar muy verde y mucho más modesto, tal vez por eso nos agradó tanto. Las tres piscinas están al aire libre y por lo menos el día que nosotros fuimos el agua de la piscina de niños estaba a unos 29 grados, lo que la hacía bastante tolerable para el calor del verano. Cabe destacar que la zona de niños está delicadamente diseñada para ser atractiva para los niños desde los 0 hasta los 12 años.

Este parque tiene como gran atractivo tres toboganes de agua aptos para niños un poco mayores, y evidentemente para los adultos que vuelven a ser niños con estas atracciones.

El lugar cuenta con diferentes opciones para comer a precios accesibles, y pese a que los baños no son los más modernos, son bastante limpios.

También hay un parque infantil en el lugar que es encantador. Sin duda es un lugar al que volveremos en el futuro, ya que se presta para hacer picnics y de disfrutar un día de piscina y naturaleza.

3. Palatinus Strandfürdő: Por mucho este es el lugar más popular para las familias durante el verano, y aunque el complejo está abierto todo el año, es durante la temporada de calor que las piscinas al aire libre están abiertas y se convierten en el atractivo principal de la isla Margarita.

4. Pünkösdfürdői Strandfürdő: Más o menos del mismo estilo que el Romai, mucho verde en el ambiente, todo al aire libre, es perfecto para los días bien soleados y para hacer esos paseos familiares que tanto recordarán los peques en el futuro.

Lo que nos ha gustado de todos los Spa familiares, más allá del hecho de que todo está bien cuidado y pensado, es que a donde quieras que vayas puedes ingresar con tus propios alimentos y bebidas, y simplemente hacer de una comida familiar un momento memorable.

Hay que considerar que en todos estos lugares no se acepta efectivo una vez estás dentro, sino que todo está sistematizado con la tecnología Festipay, lo que hace aún más cómoda la estancia.

«¡Una playa de verdad mamá!»

Como extra en este post me gustaría hablar también de un lugar al que yo particularmente, me había resistido mucho a ir y que ahora quisiera poder ir todos los fines de semana. Se trata de Lupa Beach, un lago artificial que ha sido modificado para crear una playa con todas las de la ley, claro, excepto las olas y el agua salada; pero que cuando la peque lo vio dijo «¡Es una playa de verdad mamá!»

¿En qué se diferencia? En que en este lago entras y lo que pisas en el fondo es arena y no barro como en el resto de los lagos que hemos visitado en Hungría.

Eso sí que tiene Lupa, que no es para todos los bolsillos. La entrada no es nada económica y no incluye más nada, pero cada centavo vale la pena.

Por último, recomendaría un lugar que no es para nada turístico pero que por mucho es una joya para quienes vivimos en Hungría, pues a falta de mar siempre son buenos los lagos que además son de agua clara. Se trata del Lago Palatinus, un lago artificial creado para alimentar una mina, que terminó convirtiéndose en un lugar vacacional, donde incluso se puede bucear, y cuya agua cristalina es uno de los atractivos más grandes.

El lago Palatinus está ubicado a las afueras de Budapest, a unos 45 minutos en carro, pero también se puede llegar en tren hasta la estación de Dorog, cerca de Esztergom, y disfrutar de un día diferente en contacto con la naturaleza. Este lago tiene dos zonas privadas en las que se paga una entrada que cuesta unos 500 huf, y la verdad es que vale la pena, no sólo por la comodidad de tener baños y vestidores, sino que además hay unos lugares para comer que están muy bien de precio y calidad.

Aunque ya se nos acaba el verano, es bueno tener estos datos para aprovechar los últimos días de sol y calor, antes de que llegue el frío otoño.

Maternidad

¿Cómo escoger el cochecito perfecto?

Fui la primera en ser mamá de mi grupo de amigas de la Universidad, pero ya venía de vivir muy de cerca la maternidad de otras amigas y familiares con quienes había disfrutado el proceso, y por eso creo que hubo cosas de la maternidad que no me agarraron tan desprevenida.
Les cuento esto porque luego cuando mis queridas amigas empezaron a quedar embarazadas, yo recibía llamadas de ellas para preguntarme cosas como qué cosas debían tener porque sí para el bebé, para ellas, qué empacaban para el nacimiento o qué cochecito debían comprar.
Recientemente, un par de mamis primerizas me escribieron por las redes para preguntarme sobre nuestro cochecito, ya que lo habían visto en distintas fotografías de mi feed y nunca había hablado de él. Es por eso que decidí escribir sobre este tema del que tengo una lista de recomendaciones que va más allá de hablarles de una marca específica, aquí les cuento cómo escoger su cochecito ideal, porque sí, cada familia tiene necesidades distintas y por ende cada una de ustedes encontrará su cochecito ideal.
Emprezaré hablando sobre la pregunta precisa que me hicieron, ¿qué coche utilizamos nosotros? Y la verdad es que el nuestro fue un regalo que nos dieron mis tíos, lo agradecimos muchísimo porque antes habíamos comprado un cochecito MacLaren tipo paraguas, que la verdad no era nada útil para los primeros meses del bebé, pero este regalo además tuvo un especial significado porque venía de segunda mano, así que extendimos la vida útil de este valioso artículo.

Nuestro coche es un modelo que ya está fuera de mercado de la marca Combi. Si se los nombro así pensarán que es una marca cualquiera, pero lo cierto es que es una empresa americana muy especializada en el tema de cochecitos y la comodidad del bebé.
Me puse a revisar la página web de la marca, y yo particularmente no compraría ninguno de los modelos que tienen disponibles actualmente, pero más por un tema de espacio que de calidad. Porque la verdad es que esta carroza de la princesa nos ha salido muy buena, sin embargo, los modelos que están diponibles de esta marca en su web no cumplirían los estándares que nosotros tenemos como familia.
¿Y cuáles son esos estándares Carla? ¿Qué es lo que debe tener un cochecito para ser perfecto?
Pues yo creo que son 6 las características básicas, y aquí les cuento:
1-Ligero: El peso es una característica vital. Que sea un cochecito liviano te ayudará muchísimo en el transporte, a la hora de subirlo o bajarlo por unas escaleras o de meterlo en el maletero del carro.
2- Plegable y compacto: Muchas mamás se enamoran de unos coches por las marcas o porque están de moda, y resulta que ni saben la utilidad de lo que compran. 
Que un coche sea lo suficientemente plegable o compacto te permite almacenarlos en menos espacio, utilizarlo para viajes en avión sin incurrir en el pago de tarifas adicionales, es fácil de trasladar y además menos molesto si vas en el transporte público ocupando todo un pasillo por las dimensiones de tu cochecito.
3-Ruedas acordes a tus necesidades: Este punto es muy importante porque es lo que define el tipo de coche que necesitas para tu bebé. Si eres una mamá que planea salir a correr (literalmente como deporte) por la ciudad o la montaña, seguramente necesitarás un coche con cauchos grandes que permitan la amortiguación de la silla del bebé y a la vez te faciliten el paso por las calles.
Unas ruedas muy pequeñas servirán en casa y ambientes controlados, ya que las mismas tienen la facilidad de trancarse en cuanta zanja o irregularidad se consigan.
Unas ruedas medianas te funcionarán muy bien si usas el cochecito para moverte por la ciudad, ir al parque de piedritas e incluso no se enterrará con facilidad en la arena.
A nosotros nos han encantado las ruedas medianas, de unos 12 centímetros de diámetro, pero las perfectas para tu familia lo dictarán tus necesidades.
4- Cambio de posición de la silla o la baranda de empuje: Esto se ha convertido para mi en una de las desventajas de mi coche, simplemente porque caminamos mucho y la posición del Sol a veces es molesta para la peque. Diría que nuestro cochecito hubiese sido perfecto si hubiésemos podido variar la posición de la silla según nuestras necesidades, pues con este modelo la silla es fija y solo puede ir en sentido hacia la calle, lo cual le incomodaba mucho a la bebé los días de más Sol.
Actualmente en el mercado existen muchos modelos que te ofrecen la posibilidad o de voltear la silla o de mover la baranda de empuje a fin de que puedas ir de frente al bebé o el bebé de espaldas a ti.
5- Espacio de almacenamiento: Si como yo usas el cochecito para todo, el espacio de almacenamiento es vital. Tener una buena cesta de almacenamiento me ha permitido resolver las compras cuando se me ha quedado el saco de mercado en casa, salir sin pañalera a paseos cortos dado que en un sobre de tela llevo lo que necesito y lo puedo guardar allí; es también el lugar perfecto para guardar los juguetes que necesitaremos en el parque durante los días de verano y pare usted de contar.
6- Fácil de lavar o limpiar: El cochecito te acompaña a todos lados y por ende va recogiendo toda la mugre de la calle, sin contar las veces que los peques comen allí y se van depositando los residuos. La facilidad de limpieza te brindará mucha tranquilidad, pues a fin de cuentas no querrás que tu bebé repose sobre un almohadón sucio.
Nosotros lavamos el asiento del cochecito en la lavadora por lo menos una vez cada tres meses, y lo aspiramos cada quince días. Esto es porque de verdad el coche es uno de esos artículos que desde que emigramos, utilizamos casi todos los días.

Definitivamente cada mamá y su bebé tienen necesidades diferentes, y sí, todas queremos al principio cosas hermosas, pero terminamos entendiendo que no todo lo más bello es en sí lo más útil, así que regirnos solo por la belleza de un artículo puede ser muy costoso para la economía familiar.

En cuanto a escoger el color, ya es una decisión muy personal, pero si me toca escoger a mi por practicidad, me iría por colores como el negro, el azul marino o el gris por el tema de disimular el sucio.
Por último, te recomendaría escoger un cochecito que te funcione desde el nacimiento hasta los 3 años o más y esto depende del peso del niño, así que lo escogería para pesos entre 3 y 20 kilos, teniendo un margen bien amplio. Puede que sea más costoso, pero si sacas bien tus cuentas, terminarás dándote cuenta de que ahorrarás a largo plazo al evitar comprar otro cochecito a mitad de camino.

¿Qué te ha parecido mi lista? ¿Agregarías algo más? Estaré feliz de saber cómo te ha resultado escoger tu cochecito ideal.

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Gretel Ortiz Reitchar: “Nuestras ganas de salir adelante tienen que ser más grandes que todo”

Hace 15 años, forzados por la situación país, Gretel Ortiz Reitchar salió de Venezuela rumbo a Tenerife con su familia y una maleta cargada de sueños, pero como ella misma dice y mucho más importante, con una página del pasaporte llamada “reinventarse” como carta de presentación, que la ha hecho llegar a donde están hoy.

15 años más tarde, ahora desde Alemania, Gretel nos cuenta de su vida desde la reinvención de sus propios paradigmas y nos inspira todos los días a través de su cuenta de Instagram @mango_coco_official. El pasado jueves 4 de julio, tuvimos el placer de conversar con ella en nuestro Live de “Especialista y Mamá” y aunque la conexión no nos ayudó mucho, aquí les dejo parte de lo que conversamos y de esas experiencias que pueden ser inspiración para otros.

-Gretel en 15 años han emigrado dos veces, ¿Cómo han sido esos procesos?

-Sí, la verdad es que primero fue muy fácil porque en Tenerife teníamos el mismo idioma, la gente de la isla es más o menos como uno, entonces te adaptabas rápido. Tengo que decir que el idioma y el clima fueron grandes ventajas en ese proceso de adaptación, pero no puedo mentir, la distancia duele y duele siempre. Emigrar implica que te acompaña una nostalgia, pero no puedes quedarte ahí, hay que integrarse rápido.

Nunca le mientan a los hijos con cosas que no pueden cumplir. Nosotros le habíamos dicho a los niños que si no nos gustaba nos podíamos devolver y no era así, un día Carlitos, mi hijo mayor, me dijo que quería que volviéramos, y ver su cara cuando tuve que decirle que no se podía, que el pasaje solo era de venida, fue terrible. Creo que en ese momento sentí que me equivoqué»

-Estudiaste teatro, ¿te has dedicado alguna vez a tu profesión fuera de Venezuela?

-Oye no, las tablas como tal quedaron en Venezuela, pero desde otro ángulo yo decidí ser la protagonista de mi vida, así que de alguna manera trabajo en mi profesión todos los días. Y más recientemente, no fue hasta hace poco que empecé a dar clases extra escolares en una escuela primaria y ahí enseñamos artes a niños de primero a cuarto grado, hay un poco de pintura, de teatro y yo he aprovechado incluso de enseñarles “La pulga y el piojo” de Serenata Guayanesa en español y por supuesto traducirla un poco al alemán.

-¿Alguna vez has sentido que te equivocaste al emigrar o que fue un error?

-Sí, cuando nos mudamos a Alemania la adaptación no fue fácil, sobre todo para los niños; pero allí aprendí que no se le debe mentir nunca a los hijos, y ahora se lo digo a todos los padres que puedo, nunca le mientan a los hijos con cosas que no pueden cumplir. Nosotros le habíamos dicho a los niños que si no nos gustaba nos podíamos devolver y no era así, un día Carlitos, mi hijo mayor, me dijo que quería que volviéramos y ver su cara cuando tuve que decirle que no se podía, que el pasaje solo era de venida, fue terrible. Creo que en ese momento sentí que me equivoqué, pero el tiempo nos ha ido dando la razón de que no fue así.

-Justo hace unas semanas Carlitos se graduó y fue el orador de su graduación escolar…

-¡Sí! Por eso te digo, vinimos a cumplir sueños y metas, emigramos porque queríamos darles lo mejor a nuestros hijos y a nosotros mismos, y verlo ahí ese día, dando un discurso en alemán del que yo no entendía todo, pero que todo el que allí estaba lo entendió, me hizo darme cuenta de que habíamos hecho lo correcto. Vinimos a cumplir metas, y esta era una de ellas, así que es un triunfo de toda la familia. Por supuesto, más de él, pero de todos que tuvimos que sacrificar cosas y adaptarnos a un mundo nuevo.

Definitivamente ha valido la pena y yo lo digo como la mamá más orgullosa del mundo.

-Ese momento con Carlitos en que sentiste que lo decepcionaste como mamá no ha sido lo único malo al emigrar, ¿o sí?

– Tú bien sabes que no mi Carla, porque nos conocemos de siempre. Yo lo que trato es de dejar siempre las cosas malas a un lado y mostrar lo positivo, pero sin duda no es fácil emigrar y todos los retos que enfrentas. No todo ha sido color de rosas, te podrás imaginar cuando a Carlos, mi esposo, le dieron los dos infartos, eso fue un momento muy malo para nosotros, no solamente porque no sabíamos que pasaría con Carlos, toda la angustia de su estado de salud, sino que además uno piensa cosas como ¿Qué pasa si se me va y yo sola tan lejos con tres niños que alimentar?, la mente te juega sucio.

Después de eso viene enfrentar la realidad, que él no pudo trabajar por mucho tiempo porque no le daban el alta médico para hacerlo, entonces viene la carga económica y un sinfín de cosas más, pero te digo que de eso también aprendimos muchas cosas, y por lo menos yo te digo que más nunca vuelvo a dejar de dormir porque creo que no tengo dinero para hacer algo, o porque siento que me falta algo material. La vida es una sola como para desperdiciarla en el miedo.

-Entonces en este punto de tu vida, ¿cuál crees tú que es el secreto de una migración exitosa?

-Son varias cosas. La primera es emigrar sin miedo, porque el miedo no es buen compañero en muchos casos. Después está la actitud con la que asumes el reto, yo siempre trato de agradecer todo lo que pido; es decir, si yo le pido a Dios salud y tengo salud, yo agradezco eso y lo dejo claro en mi vida.

Y por otro lado siempre digo que con tu pasaporte, que es lo que necesitas para viajar, tienes que meter toda la capacidad de reinventarte que tengas, porque nuestras ganas de salir adelante tienen que ser más grandes que todo. Y eso sí, lo que decidas hacer, hazlo bien.

-¿Reinventarse en qué sentido?

-En todos los sentidos posibles. Uno tiene que salir abierto a un mundo nuevo, a aprender, a hacer cosas que a lo mejor no estabas acostumbrado mientras consigues lo que realmente quieres. Yo me reinvento todos los días y eso me ha servido, ser más flexible y te permite también conocer otras cosas que no pensaste conocer. Hay que estar abierto y dispuesto.

-¿Qué le puedes recomendar a quienes emigrar a países con culturas e idiomas diferentes al nativo?

-Lo mismo que te dije a ti una vez, habla. No tengas miedo de hablar, equivócate y aprende de eso. Cuando uno emigra a este tipo de países busca comunicarse como sea, imagínate yo que hablo tanto, tenía que buscar la forma de conectar para sentirme a gusto, entonces yo aplicaba cuanto lenguaje fuera posible con tal de poder comunicarme; hace nueve años cuando llegamos aquí, no existía toda esa tecnología que hay hoy con los celulares por ejemplo, y al final el nativo agradece ese esfuerzo y te ayuda a mejorar, así que otra vez digo que no hay que tener miedo, la actitud mueve todo.

-Ya para terminar, ¿hay algo más que quieras agregar?

-Sí, ya les dije que no le mintieran a sus hijos, pero tampoco asuman que para ellos es fácil enfrentarse a los cambios, así que hagámosles el cambio más sencillo dejando de comparar lo que tenemos ahora con el pasado, porque eso puede ser una tortura para ellos. Hay que de alguna manera vez lo positivo de lo que tenemos y ver lo que estamos ganando, verlo nosotros y mostrárselo a ellos para que todo sea más fluido para ellos también.

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Ana Guarecuco: «Reconocer el trabajo de los niños genera confianza en sí mismos»

Ana Patricia Guarecuco es una de esas mujeres que te inspiran confianza aun sin conocerla. Ingeniero electrónico de profesión y artista plástico de ocupación, es una de esas mamás venezolanas inmigrantes que se va abriendo camino en Europa y el mundo con su talento, a la par que va aprendiendo poco a poco a ser mamá.

En esta oportunidad, ha sido mí invitada a “Especialista y Mamá”, pues su inspiradora historia no puede ser más que un ejemplo para todos, de que en la vida lo importante es ser feliz y que es en eso en lo que se basa la perfección.

Con ella hablamos sobre los procesos creativos y cómo nos ayudan en la maternidad y aquí te dejamos un extracto de esta entrevista que le realicé desde InstaLive el jueves 27 de junio.

-Ana P, eres mamá, eres esposa, eres mujer, ingeniero, yo conozco parte de la historia pero… ¿Cómo es que te conviertes en pintora?

-Bueno, la verdad es que llegué a esto después de la inesperada muerte de mi mamá y mi abuela en un accidente de tránsito. Yo vivía con ellas en Barquisimeto (Venezuela), y pues las perdí y más allá de la perdida me quedé sola, porque ya mi hermana no vivía con nosotras.

En todo ese duelo, que era inexplicable yo empecé a preguntarme ¿qué pasa si? Y me di cuenta que, aunque me gustaba lo que hacía, yo quería ser dueña de mi tiempo y quería hacer algo con lo que realmente yo me sintiera feliz. Así di el paso, bajo esas dos premisas.

-¿Pero tenías estudios en artes?

-Sí, había hecho una que otra cosa pero nada formal. Pero eso iba más allá del estudio, era algo que me conectaba con mi esencia, yo sentía que me liberaba pintando, así que decidí dedicarme a eso.

­-¿Y cuál fue la primera reacción de la familia?

-Primero pensaron que el impacto de la muerte de mi abuela y mi mamá me había vuelto loca. Mi familia creyó que esto era así como que mañana dejo de trabajar y esperemos a ver de qué vivo luego, pero no, para mí todo era un plan que al final me llevaría a donde estoy hoy.

Sí, renuncié y tenía un dinero para mantenerme en caso de emergencias, e incluso conseguí luego un trabajo como ingeniero que me permitía controlar mi agenda, pero no era lo que quería, así que seguí trabajando duro, investigando e informándome para vivir del arte. Cuando mi familia vio de qué iba mi plan realmente, me apoyaron bastante, no puedo decir lo contrario.

-Vives del arte pero a la vez tienes ahí a tu hija contigo, ¿cómo manejas tu tiempo?

-No te puedo negar esto, yo llevo una agenda y soy muy estricta con ella. Evidentemente, si estoy con la niña soy más flexible y puedo mover ciertas cosas, si no puedo hacer algo lo hago cuando ella se duerme y cosas así, pero vivo exigiéndome cumplir con mi agenda, para hacerme el hábito y cumplir con mis metas y compromisos.

No es fácil, a veces el día no rinde, pero sobre todo cuando mi hija está en su guardería, es cuando yo más me exijo por cumplir las cosas, es como un reto.

@anap_art en su taller en Italia

-Pero vemos mucho a tu bebé en el taller también, y eso es algo que me llama la atención porque muchos padres pueden ser más bien celosos con su trabajo. Es decir, tú vives de lo que hay en ese taller.

-Sí, pero no veo por qué negárselo. Esa es una forma de que ella también experimente y se sienta libre. En todo caso en el taller hay algunas reglas, ella tiene sus pinturas y sus cosas para pintar, y están las cosas de mamá también, y esas no se tocan porque le hemos explicado que ese es el trabajo de mamá.

No te negaré que hemos tenido accidentes, una vez me volteó un cuñete de pintura y fue un total desastre, pero fue un accidente y hay que entenderlo de esa manera, son cosas que pueden pasar y pasarán, pero trato de no decirle que no porque al final estar allí para ella también es bueno.

-¿Es buena la pintura entonces para todos?

-Oye sí, sin duda alguna. Podría hablar de cosas científicas y tal, pero por experiencia puedo decir que el arte es una forma de comunicación, de expresarte aun cuando no puedes hablar. Yo siento que mi hija me habla a través de su arte y eso me parece maravilloso.

Además también es una manera de drenar nuestros sentimientos y emociones, y de relajarse.

-¿Y cómo la motivas a pintar o simplemente dejas un trabajo abierto?

-A mí me gusta que se exprese y la verdad es que como a muchos niños le gusta pintar, pero te puedo decir que hace unos días nos entregaron los dibujos y los trabajos del colegio que ella ha hecho durante el año, y decidimos ponerlos en una esquina de la casa, los pegamos todos como si fuera una exposición y ella está tan feliz con eso. Nosotros le explicamos, la felicitamos por su esfuerzo y ella se siente feliz porque le estamos haciendo un reconocimiento y eso genera confianza.

-¿Ese fue el propósito?

-Sí claro, reconocer su trabajo pero también ayudarla a generar confianza y autoestima. ¿Qué mejor manera de decirle a tu hijo el valor que tiene que haciéndole saber lo orgullosa que estás?

-Totalmente de acuerdo y una idea muy linda además.

-A los niños hay que formarlos en valores.

Si emigramos fue para avanzar y en esa situación, como en otras tantas de la vida, uno tiene que tener la mente abierta a nuevas experiencias, estar dispuesto a adaptarse y sobre todo tienes, desde todo punto de vista, que revalorizar lo que es cotidiano»

Ana Patricia Guarecuco

-Dices eso y me viene a la cabeza verte en esos videos recorriendo tu nueva ciudad en bicicleta con tu beba atrás, parece que danzan con el viento, ¿Qué te ha hecho involucrarte o sentirte tan cómoda en una sociedad tan diferente a la nuestra?

-Carla siempre lo he dicho y para mí es como un principio de vida, si emigramos fue para avanzar y en esa situación, como en otras tantas de la vida, uno tiene que tener la mente abierta a nuevas experiencias, estar dispuesto a adaptarse y sobre todo tienes, desde todo punto de vista, que revalorizar lo que es cotidiano.

Puede ser muy fácil ir por allí quejándose de todo y de nada, pero ¿por qué? Estar vivos, despertar cada mañana, esos son regalos muy grandes que tenemos. Poder ver los árboles, oler un café, ver una mariposa que nos pasa por enfrente, sentir la brisa en la cara, tenemos que aprender a darle el correcto valor a esas cosas, y eso es lo que yo he hecho.

Llegamos a Italia, a un lugar que no conocía con un idioma que no conocía y ¿qué más podía hacer? Me tocó abrir la mente, romper paradigmas y revalorizar todo lo que ahora tengo a mi alrededor. Y no te voy a mentir, yo creo que de no haber emigrado, nunca me hubiese inspirado tanto en pintar a Barquisimeto y sus rincones como lo hago, es como poner más atención en cada detalle.

-Entonces ¿vives feliz todos los días?

-No, evidentemente hay días donde uno se siente mal, nadie se siente feliz todos los días de su vida, pero eso no puede ser lo común. No sé, pero vivir en la constante queja y en el “no tengo” es demasiado negativo.

-¿En qué te inspiras entonces? Para pintar digo, porque parece que eres una mujer muy inspirada en todo sentido.

-Mira, particularmente soy una persona entregada al trabajo creativo, entonces si yo revalorizo, si le doy la verdadera fuera y energía a lo positivo que hay en mi entorno, si leo, investigo, conozco cosas nuevas, así voy creciendo y me voy inspirando.

-Se nos ha pasado el tiempo muy rápido pero me encantaría que dejes un consejo de vida para las madres en general, pero especialmente a las inmigrantes que como nosotras estamos en lugares donde no es común emigrar.

-Oye, yo tengo dos reglas en este tema. Primero es la regla de los tres días. Es decir, habrá días que te sientas mal y eso no está mal, hay que permitírselo, pero no puedes sentirte mal por más de tres días. Emigrar también implica un duelo y hay que vivirlo, es tonto no permitirse vivirlo, pero tampoco podemos caer en la continua tristeza.

Y lo que me ayuda con esta primera regla, es escribir por qué salí de mi país, cuál fue mi motivación y qué he logrado hasta ahora. Cuando me siento mal, cuando dudo si hice lo correcto o no, leo eso y no me doy más de tres días para volver a sentirme bien.

Esto también aplica a la maternidad, que de alguna manera te enseña también a ser inmigrante y a reinventarte una y otra vez.

Maternidad

El valor de lo que decimos

Hace unos días, leía un post que me hizo recordar una situación un poco graciosa. “Nadie puede ser madre y padre a la vez”. Pues bien, esto me hizo recordar que cuando era una niña, la madre de una de mis compañeras de colegio cuando venía el día del padre decía “yo soy mamá y papá, y nadie me ayuda con eso”, y yo, en mi mente de niña de 7 u 8 años, pensaba que aquel mujeron, cuando nosotros no podíamos verla, se convertía en un hombre que salía a trabajar o cosas así.

Era la mente de una niña que no entendía las palabras de un adulto que estaba desesperado. Pero cayendo en cuenta de esto, hace unos días me puse a reflexionar sobre las muchas cosas que pasan por nuestra mente cuando somos pequeños y no entendemos bien el mensaje de los adultos.

El valor de la palabra no es para todos el mismo, pero sin duda alguna la palabra tiene un peso en la vida de todos, que me hace pensar que como padres no podemos subestimarla».

De estas cosas puedo poner muchos ejemplos, pero me enfocaré en dos o tres que me han marcado hasta el día de hoy. Cuando yo tenía unos 5 o 6 años, en una de las principales autopistas de mi país, se daba un fenómeno llamado “la mancha negra”, aquello tenía que ver con el asfalto y los restos de gasolina en el suelo, pero lo cierto es que producía accidentes de tráfico y cobraba vidas. Por aquellos tiempos, había un programa de televisión muy famoso (no apto para niños) que dramatizaba diversas situaciones del país, y en él hicieron un capítulo sobre la famosa “Mancha Negra”.

Recuerdo que en el spot publicitario salía un hombre gritando en medio de la carretera “¿Por qué te has llevado a mi familia?”, y eso me causó un temor que no les puedo yo contar. En mi cerebro, y por más que mis padres intentaran explicarme que eso no era así, aquella mancha cobraba vida y se tragaba a la gente. No pueden ustedes imaginar el pánico que me daba transitar por aquella carretera, que además era una vía de uso habitual para mi familia, ya que para ir de nuestra casa a la casa de los abuelos, había que utilizar esa autopista.

Si veo para atrás, la imaginación de los niños no tiene límites. Me atrevería a decir que de hecho el límite es ese que le ponemos los adultos. No obstante, puede ser muy perturbador cuando no sabemos cómo manejar la situación. Creo que duré más de 5 años en superar aquel temor a las carreteras, prefería ir con los ojos cerrados para no ver el monstruo que había creado mi cerebro.

Después hubo otra situación. Un día, escuché a mi papá diciendo que las mujeres que fumaban eran mujeres de la mala vida, es decir, prostitutas.

Sé que mi papá dijo aquello, con la única intención de que cuando yo fuera adolescente no me diera por fumar, y no para crear algún tipo de racismo o discriminación. El tema está en que al tiempo yo caí en cuenta de que mi abuela (su propia mamá) y algunas de sus amigas, fumaban mientras jugaban bingo en la cocina de la casa, y aquello fue todo un revuelo en mi cabeza.

“¡Oh por Dios, mi abuela es una chica mala y mi papá no sabe!”.

¡Pobre hombre! ¿Qué se iba a imaginar que un día, haciendo referencia a aquel tema yo le diría, pero papi, mi abuela también fuma”?. Como diríamos en Venezuela, cayó como Condorito.

Hasta el Sol de hoy, mi papá esquiva mi pregunta y pues evidentemente al tiempo dejé de ver a mi abuela fumar, aunque tal vez eso se dio por otros motivos. Sin embargo, yo hoy en día estoy convencida de que mi alergia tan brutal al cigarrillo, tiene que ver mucho con aquel mensaje que se fue codificando en mi cabeza, pues evidentemente lejos estaba yo de querer ser una chica mala y perder el respeto de mi papá.

En todo caso, estas dos experiencias para mí forman un precedente como mamá, en cuanto a lo que tengo yo que decir delante de mi peque. Y es que esa cabecita está allí captando todo, analizando y dándole vida en su imaginación, pero además creando sus propios parámetros de vida.

Como adultos esperamos moldear a los niños, pero olvidamos moldear nuestras solicitudes. Vamos con una ligereza exigiéndoles o diciéndoles que se porten bien, que se comporten, que sean niños de bien; pero realmente sabemos nosotros mismos ¿qué es portarse bien?

Como todo en la vida, probablemente portare bien para mí, no signifique lo mismo que portarse bien para ti o para una mamá en la India o en Pakistán. Y lo mismo ocurre con frases como “ahora eres grande”. Pero mamá, papá, ¿qué es ser grande?.

Justo ahora que estamos en esa transición de bebé a niña, mi esposo me hizo caer en esa reflexión. Pues un día le dijimos a nuestra peque, “hija, es que ya tú eres grande” y ella nos miró con una cara de confusión, que su papá remató diciendo “¿qué es ser grande?”.

Desde ese momento, ambos padres decidimos hacer una especie de lista con esas cosas que ahora se supone que hacen menos bebé a nuestra hija, detallando qué es para nosotros ser grande y portarse bien, y luego de verlo allí escrito, entonces buscamos la mejor forma de explicárselo, de ponerlo en palabras aptas para su edad y motivas esos comportamientos que poco a poco irán moldeando su personalidad.

¿Qué hemos ido poniendo en esa lista? Cosas como ser grande es vestirse sin llorar porque no te gusta la ropa, sino pedir con palabras lo que quieres usar; en días de semana cepillarse los dientes al menos dos veces al día; sentarse a comer en la mesa; avisar cuando tenga ganas de ir al baño aún si tiene pañal; etc.

El valor de la palabra no es para todos el mismo, pero sin duda alguna la palabra tiene un peso en la vida de todos, que me hace pensar que como padres no podemos subestimarla. De cómo les expliquemos a ellos lo que esperamos de ellos, de cual sea el ejemplo de vida que les demos y como los motivemos o le cortemos las alas, estoy segura que depende su futuro.

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Maria Parra: “El destete necesita que estemos presentes”

Durante nuestro tercer encuentro de “Especialista y Mamá”, contamos con la participación divina de María Parra, ultra conocida en las redes sociales como @mamáversatil y especialista en Lactancia Materna, quien nos contó su experiencia personal con el destete y nos habló a profundidad sobre los mitos más conocidos del destete.

Cuando contacté a María para realizar esta entrevista, las dos estábamos claras que había que hablar de lactancia materna, pero ninguna quería hablar de lo mismo de siempre, así que allí nació la idea de tocar eso de lo que nadie habla, los mitos del destete. Y es que sí, todas las mamás que hemos dado lactancia materna a libre demanda, después de habernos adaptado a muchos cambios, nos toca dar un paso que muchas veces nos da miedo o nos hace sentir malas madres.

Aquí un poco de la entrevista realizada a nuestra mamá especialista, a través de InstaLive el jueves 30 de mayo por @sinmanualdeestilo.

-María, ¡Qué honor compartir contigo estos 30 minutos! Queremos hablar de los mitos del destete, que hay muchos y cada uno más loco que el otro, pero quiero empezar por el principio y eso es preguntándote ¿qué es el destete respetuoso?

-Bueno, el destete respetuoso no es más que un proceso. Tenemos que reconocer que la lactancia en sí, ya es una situación de conexión madre bebé, y quitar la tética no siempre es fácil. Evidentemente, las mamás a veces podemos estar muy cansadas y eso nos desespera y queremos las cosas para ayer, pero eso puede causar heridas emocionales en el niño, por eso siempre recomiendo que a la hora de destetar se aplique el destete respetuoso.

¿Qué es? Bueno simple, respetar el proceso de separación o despedida del niño con su tetica, que para ellos representa mucho más que alimento.

-¿Cuándo podemos hacer el destete respetuoso?

­-Yo soy un poco radical en esto, y para mí, ningún tipo de destete se debe dar antes del año. Eso para mí, no es posible. Hay muchos mitos con respecto a que si la leche después del año no les hace nada, que si es pura agua, y no, son muchos los beneficios, después del año, la leche materna tiene una cantidad de grasas que benefician al sistema inmunológico y por eso una de las primeras cosas que como mamás empoderadas debemos hacer es dejar de relacionar la leche con la edad.

-¿Por qué destetar entonces?

-Bueno la experiencia me dice que la mayoría de las veces el destete se da por el cansancio de la madre y las presiones del entorno. No es fácil, pero a veces nos toca canalizar el cansancio de otra forma. Tampoco estoy diciendo que demos teta toda la vida, yo misma desteté a mi hijo antes de los dos años, pero usando el destete respetuoso que fue un camino largo.

-¿Qué aconsejas entonces a las mamis que, como yo, estamos en período de destete?

-Lo primero que hay que hacer es reconocer las necesidades del niño y las nuestras propias como mamás. Si el niño está acostumbrado a dormir con su tetica, entonces nos toca enseñarles a no asociar el sueño con el pecho.

La otra cosa es que cuando hemos amamantado durante algún tiempo “largo”, nos acostumbramos a usar la teta para todo, para el calor, para el cansancio, para calmar el llanto, para sustituir comidas, entonces en esos casos, el mayor reto es sustituir la teta o el pecho y hacer lo que conocemos como destete dirigido.

Maria Parra, nos acompaña en la maternidad desde @mamaversatil

-En mi caso, y sé que es el caso de muchas mamás, mi hija no quiere otra leche, no le gusta o lo que sea, quiere la mía y llora como loca por su teti, ¿Cómo sustituimos el pecho entonces?

-No es fácil, tú lo sabes. Sin embargo, para sustituir el pecho podemos valernos de muchos otros recursos como los juegos, la comida, el apoyo del grupo familiar, etc.

Cuando los niños alcanzan los 2 años, empiezan a verse interesados por su entorno, entonces ese es el momento en el que nosotras tenemos que aprovechar e ir sustituyendo las tomas por esas cosas que a ellos les interesa o les da curiosidad.

-Hablamos del niño, evidentemente terminar su relación con el pecho implica su primera “pérdida” o separación, por así decirlo, pero no puedo dejar de preguntarte ¿qué pasa con la madre durante el destete?

-Es muy interesante que lo preguntes, porque el destete también es un proceso hormonal, como muchos de los otros procesos que tienen que ver con la maternidad. Es por eso también que siempre recomiendo el destete dirigido y respetuoso, porque no sólo es respetuoso con el niño sino también con la madre.

La lactancia son hormonas, entonces en el proceso de destete la madre también puede sentir nostalgia, tristeza, culpa, porque la lactancia produce oxitocina y al parar la lactancia pueden bajar un poco los niveles.

«La lactancia son hormonas, entonces en el proceso de destete la madre también puede sentir nostalgia, tristeza, culpa»

Maria Parra – Especialista en Lactancia Materna

Eso sí, estén claras mamitas que el destete de un día para otro es traumático para ambos, tanto física como emocionalmente, por eso nunca lo recomiendo.

-¿Qué recomendaciones básicas das a las mamás que se inician en el proceso de destete?

-Básicamente son cuatro cosas las que siempre recomiendo pero recordando siempre que cada dinámica madre hijo es diferente. La primera es tener mucha paciencia, no es fácil para ninguna de las dos partes y si perdemos la paciencia todo puede ir peor para ambos. En segundo lugar es muy importante hablar con nuestros hijos, explicarle al niño que es hora de dar el paso y explicar por qué sin ridiculizarlo, dejando claro que eso no implica que nos pierdan a nosotras; recordemos que para nuestros hijos también somos alimento.

La tercera recomendación es ir aplazando las tomas, y esto lo logramos distrayéndolos con algo más que llame su atención. Por ejemplo un juego, una bebida que le guste, una fruta que sea de su agrado, etc. Y por último, pero no menos importante, es vital apoyarnos en quien está en casa con nosotros, es decir, que si el padre está involucrado en la crianza, él también tiene que participar activamente en el proceso del destete.

-No puedo dejar de preguntarte uno de los mitos más famosos, ¿Si destetamos nuestros hijos comerán más comida?

-No, rotundamente no. Esto no es una regla, a veces nos cuesta ver que el tamaño del estómago de los niños no es igual que el nuestro, así que dejar el pecho no es nunca sinónimo de que comerá más.

-Otro mito es que si destetamos perdemos la conexión con nuestros hijos.

-Eso sería tan tonto como decir que las madres que ofrecen tetero a sus bebes desde que nacen no tienen la capacidad de crear una conexión fuerte con sus bebés. Esto es algo que va más allá de la alimentación.

-Me gustaría que desde tu punto de vista como especialista, pero también como mamá, nos dejes una reflexión final.

-El destete necesita que estemos presentes y comprometidos con el proceso. No es que como ahora desteto tengo menos tiempo para ofrecer para mi peque, al contrario, el bebé necesita darse cuenta que mamá sigue estando allí y con tanta o más fuerza que antes.

Por esto, también recomiendo no mezclar el destete con otros procesos que el niño asocie con pérdidas, como mudanzas, cambios de colegio, etc.

Por último, tenemos que ver el destete como una oportunidad de oro para experimentar otras conexiones con nuestros hijos, no verlo como perdida sino como la ganancia de otros espacios.

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Zulay Rivera: “La mejor forma de enseñarle a los hijos a cuidarse, es a través del ejemplo”

En nuestra segunda cita de “Especialista y mamá”, hemos contado con la experiencia invaluable de una de las mejores dermatólogos de Venezuela, y yo que la conozco en lo personal sé lo comprometida que ella puede ser como profesional, pero aún más como mamá de dos princesas.

Esta entrevista que jugó un poco entre lo informal y lo académico, no podía ser con otra persona que no fuera la reconocida dermatólogo y médico internista, Zulay Rivera, a quien invitamos a este espacio para que nos aconsejara sobre los cuidados básicos de la piel del bebé, algo que pasa un poco desapercibido cuando nos convertimos en mamás. Acá les compartimos la transcripción de un extracto de la amena conversación que sostuve con ella, el pasado jueves 23 de mayo, a través de mi cuenta de Instagram @sinmanualdeestilo.

-Zulay, que gusto verte desde tan lejos. Tenemos que empezar preguntándote algo que puede sonar un poco loco, pero ¿Tus hijas se enferman?

-(Risas) Claro que sí, dicen por ahí que casa de herrero cuchillo de palo, y yo lo certifico. Mis dos niñitas han sufrido de cuantas cosas de la piel puedes imaginarte, son niñas, es normal.

­-Hablando de cosas normales, y aunque ya yo sé la respuesta, ¿es normal bañar a los bebés todos los días?

-No, no es normal y tampoco es bueno. Los bebés, sobre todo los recién nacidos, tienen una piel muy delicada y si los bañamos mucho podemos causarle resequedad u otras afecciones de la piel. Además de que pueden desarrollar dermatitis y se ha comprobado que hay una relación directa entre la dermatitis en la infancia y las alergias (a nivel de nariz) en los adultos.

-¿Entonces qué es lo recomendable?

Lo recomendable es mantenerlos frescos, pero es ¿qué tan mal puede oler un bebé? En todo caso, a la hora de bañarlos, y esto aplica para todos, usar jabones especiales para pieles de bebé o jabones sin detergente, ya que este contenido que es justamente lo que hace la espuma, tiende a resecar la piel. Hay una falsa creencia a que si no te hace espuma cuando te bañas entonces el producto no es bueno o no te limpia bien, y eso no es así, por el contrario te limpia de una forma que te puede lastimar la piel.

-¿Es fácil encontrar jabones sin detergente?

-Hoy en día sí, ya muchos laboratorios comercializan este tipo de productos especiales para las pieles y son muchos los que podemos nombrar. Lo que si puedo recomendar es no confiarse siempre que diga que es para bebé por ejemplo, sino revisar las etiquetas donde aparecen los ingredientes para saber con qué estamos limpiando a nuestros hijos.

-Y si no los podemos bañar, entonces ¿cómo los limpiamos?

-La mejor opción siempre va a ser agua. Aunque usted no lo crea, el agua tal como la conocemos es lo mejor. Repito, ¿qué tan mal puede oler un niño recién nacido por ejemplo? ¿Qué tanto puede haber sudado que requiere un baño?. No digo que no hay casos especiales, pero evidentemente bañarlos todos los días o con mucha frecuencia cuando están pequeños, no es la mejor opción.

Después me van a hablar de las toallitas húmedas, y la verdad es que a esto yo le digo no muchas veces. Las toallas húmedas, incluso las que dice que son libres de alcohol o que son de agua, contienen químicos que pueden producir alergias o resequedad en la piel de los niños e incluso de los adultos, entonces yo siempre le recomiendo a mis pacientes, y lo aplico en casa, que las toallas húmedas son sólo para emergencias, pero si estamos en la calle y hay una opción para limpiar usando agua, prefiero lavarlas a usar las toallas húmedas.

-Ajá, ¿entonces los limpiamos y eso es todo?

-No, evidentemente la piel necesita más cuidados que sólo agua. Si me preguntan es primordial para mí limpiar e hidratar.

La doctora Zulay Rivera, continúa trabajando en Caracas, Venezuela.

-¿Cómo  y cuándo hidratamos?

-Bueno para hidratar hay muchísimos productos que podemos recomendar, solo que todos tenemos pieles diferentes y lo mismo ocurre con los niños. En todo caso, la mejor forma de mantener la piel hidratada es aplicando crema desde el nacimiento, no hay edad para usar cremas hidratantes.

El mejor momento de hacerlo es después del baño, porque además de ir creándoles el hábito, la piel está mejor preparada para absorber la crema. En casa la rutina es bañarnos y aplicarnos inmediatamente la crema hidratante.

-¿Pero no quedamos más pegajosos?

-Fíjate, tienes que ver el panorama completo. Las células de la piel son los ladrillos y la crema es el cemento, entonces después del baño los poros están más abiertos y la crema entra mucho mejor para hacer su función. Y por ejemplo, ahora que lo mencionas, hay niños que practican natación o que van mucho a la piscina, esos niños necesitan mucha más crema que el resto.

También hay niños que desde pequeñitos desarrollan manchas blancas y ellos también necesitan que esas zonas sean más hidratadas.

-Ya que cada piel es diferente, ¿cómo sería la crema hidratante perfecta para cada uno?

-Las mejores son las cremas sin olor, sin color y las que se sienten más densas, estas son las que tienen más capacidad de hidratar.

-Ahora que hablamos de piscina, empieza el verano. ¿Quiénes deben usar bloqueador solar?

-Toda la familia. El uso del bloqueador debe ser un ritual, también si no es verano, es un producto de uso diario porque el Sol siempre está allí haciendo de las suyas, incluso cuando no lo podemos ver. Seré muy clara en que todos, desde los seis meses de edad deberíamos utilizar protector solar y evitar exposiciones prolongadas al Sol durante las horas en las que incide más en la tierra.

El uso del bloqueador debe ser un ritual, también si no es verano, es un producto de uso diario porque el Sol siempre está allí haciendo de las suyas, incluso cuando no lo podemos ver.

-Nos preguntaba por el privado una mamá, ¿cómo hacer en invierno las tomas de Sol con su bebé, si no hay Sol?

-Claro que hay Sol, él siempre está allí. Y las tomas de Sol tal cual como lo harías en el trópico, evitando siempre las horas de mayor incidencia solar ya que los rayos penetran más en la tierra y pueden ser dañinos para la piel.

-¿Y qué hay del protector solar ideal?

-Bueno los estándares cambian un poco entre América y Europa, pero ninguno protege al 100%. Lo mejor es que contenga al menos protección 50, y en América conseguimos bloqueadores con la señal UVA que indican que cumplen con los estándares superiores, es decir que protegen un poco más.

-Ahora las mamás venezolanas que vivimos en Europa nos encontramos con plagas que desconocíamos, como las garrapatas y todo el mundo se vuelve loco con los repelentes. ¿Cómo escogerlo, cómo sabes que no le hará daño al niño?

-El caso de las garrapatas es bien particular, y quiero destacar algo, ningún niño menor de dos años debería usar repelentes no naturales. Muchos de los repelentes tienen un ingrediente llamado permetrina que no debe estar en contacto directo con la piel, así que un buen repelente no es el que contiene más permetrina sino uno que no contenga más de 30%. Y aun cuando se usen repelentes, hay que revisar a los niños. Las garrapatas se pueden esconder en lugares inexplicables, en la cabeza por ejemplo.

-Se nos acaba el tiempo y son muchas las cosas que quisiéramos hablar contigo, pero quisiera que le dejarás una reflexión a las mamis que nos acompañaron hoy.

-Yo también soy mamá, y para mí muchas veces tampoco es fácil lograr que mis hijas hagan lo que es necesario hacer por su bien. Son niñas, estamos juntas aprendiendo esto, pero sí me he dado cuenta, que la mejor forma de enseñarles a tus hijos a cuidarse, es a través del ejemplo.

Créanme que cuando les digo a las niñas que se coloquen crema o hagan determinada cosa y no me ven a mí hacerlo, ellas no lo hacen, por eso ahora la rutina es de las tres. Nos bañamos y enseguida a secarse y a colocarse su crema hidratante, y si por alguna razón a mí se me olvida, allí están ellas diciendo “mami, la crema”. Así que no queda más que hacer las cosas dando el ejemplo.

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Johannes Ruiz Pitre: “Amemos a nuestros hijos en presente”

Hace unas semanas atrás iniciamos una sesión en Instagram que me conecta aún más con lo que soy como mujer, porque me doy el lujo de entrevistar durante 30 minutos, a mujeres inspiradoras que más allá de una pantalla son profesionales y también mamás de carne y hueso, en un espacio que he bautizado como “Especialista y Mamá”.

En nuestra primera transmisión, tuve el honor de encontrarme con mi querida amiga y mentora Johannes Ruíz Pitre, CEO de @mimitosdemamá y @familias_positivas, que además de ser la madre de tres divinos mosqueteros, es Neuropedagoga especialista en inteligencia emocional y autora del libro “El amor no malcría”.

Fueron 30 minutos de aprendizaje y sobre todo de enriquecimiento, pero lamentablemente la tecnología me jugó mal y perdimos la entrevista tal como la habíamos grabado. Sin embargo, muchas mamás continúan escribiéndome para conocer qué dijo esa tarde nuestra querida Johannes, y por eso no puedo guardarme solo para mí los extractos más importantes de esta entrevista en la que hablamos de crianza positiva y de cómo las madres que creemos en la crianza con apego somos vistas muchas veces por la sociedad como bichos raros.

Aunque fueron muchos los aprendizajes, lo primero que se me hace importante acotar de lo que dijo Johannes como especialista, es que “en este camino de la crianza no hay trucos fáciles, los niños necesitan respeto, amor, límites y amabilidad, y también tenemos que entender que criar de esta manera implica claramente que los niños también tienen responsabilidades acordes a sus edades”.

“Es importantísimo entender que no existe la madre perfecta, esa es una ilusión que nos puede llevar a vivir frustradas porque también somos humanas»

Johannes Ruiz Pitre

“Es importantísimo entender que no existe la madre perfecta, esa es una ilusión que nos puede llevar a vivir frustradas porque también somos humanas, lo que sí existe y es importante tomar en cuenta es que la familia, sea como sea que está concebida, es un equipo y por ende en ese equipo todos los miembros deben poner su granito de arena”, aseguró la especialista quien confía en la cooperación como un elemento vital de la vida de familia y la crianza respetuosa.

-Johannes pero todo eso suena muy bien, incluso para mí que aplico estos principios de crianza positiva, a veces me cuesta entender sobre todo por los famosos terribles 2.

-Allí está el detalle. Creo que es necesario dejar de llamar a esta etapa los terribles y empezar a entender que son los maravillosos 2 años, ya que es la etapa en la que el niño empieza a despertar ante el mundo y no necesita mucho más que acompañamiento.

-¿Con qué se come eso entonces?

– Carla, muchas veces tu misma como adulto te sientes de una forma que no sabes expresar, nos pasa a todos; y ya siendo adultos sabemos cuáles son las emociones. Entonces ahora imagina a un niño que apenas empieza a vivir, sintiendo dentro él todo esto y no poder decirle a nadie “estoy triste, estoy molesto, estoy cansado”. Por eso tenemos que como adultos y padres responsables empezar a reconocer nuestras propias emociones, y a la vez reconocer y validar las emociones de nuestros niños. Hijo, ¿cómo te sientes? ¿Quieres que mamá te de un abrazo? ¿Me puedo sentar a tu lado mientras se te pasa el enojo?.

Los sentimiento, las emociones, sean positivas o negativas, hay que validarlas y cuando están aprendiendo a vivir y a reconocer hay que presentárselas.

-Entonces también existe esta tendencia a llamar los terribles dos por las pataletas, y todos queremos saber ¿cómo controlarlas?

-No hay trucos fáciles, no existen fórmulas mágicas, estamos tratando con seres humanos, con niños. En el caso de las pataletas, que se dan por muchos factores como frustración por no poder expresar sus deseos o sentimientos, cansancio, hambre, sueño, etc., tenemos que de alguna manera ser fuertes pero amorosos y aprender que la cooperación es clave y que los límites son necesarios para todos.

-¿Qué hacer entonces?

-Supongamos que tu hijo quiere que le compres algo y tú no puedes o no quieres hacerlo, no es quedarnos solo en el “no y punto”, sino llevarlo a un punto medio. Siempre digo que no se trata de ganarle al niño sino de ganarse al niño.

Entonces, manteniendo siempre la calma, en un tono de voz lo suficientemente bajo como para llamar su atención, explícale como si hablarás con alguien mayor que no se puede comprar y cuáles son las razones reales. Háblale sobre lo que ya le has comprado o lo que ya han hecho, y ve ganando su confianza. Contenlo.

-Hablas de ganarse al niño, y a mí eso me encanta, pero también me da miedo que venga un externo con malas intenciones a querer ganarse a mi niña.

-Miedo siempre habrá, creo que a todos los padres nos mandan una ración de miedos con los niños por no queremos que nunca les pase nada malo. Sin embargo, para esto que dices es vital que tengamos con ellos una relación de confianza única. Sí, tenemos que decirles a nuestros hijos que nosotros somos sus amigos más importantes, que no hay secretos con nosotros, que nadie puede decirles que no nos digan algo a nosotros (los padres) y que si no se sienten seguros o están incomodos nos los tienen que informar inmediatamente. Este es un tema muy extenso, pero se basa en construir confianza con nuestros peques.

-¿Y cómo los enseñamos a cooperar con nosotros?

-Esto es un poco más simple, porque se trata de incorporarlos en las rutinas dándoles un papel o rol de acuerdo a su edad. Por ejemplo, si estamos en casa y vamos a comer en familia, es bueno incluirlos a ellos en la elaboración de los platos o en la organización de la mesa. Por ejemplo, si tienes un niño de 3 años, pedirle que te ayude a colocar las servilletas o que lleve algo que no pese. Te puede ayudar a doblar la ropa, puedes decirle que sea tu asistente, cuando involucras el juego ellos se sienten mucho más motivados a colaborar.

-Sé que habrá muchas más cosas por decir, pero ¿hay algo que puedas recomendarles a los padres?

-El amor es un sentimiento sano, es valor, respeto, responsabilidad, bienestar, armonía, nada de estas cosas hace daño, por eso digo que el amor no malcría; tenemos que enseñarle a los niños que si el amor hace daño no es amor. Y también creo que es importante que como padres amemos a nuestros hijos en presente, tal cual son, sin compararlos con lo que tú imaginaste que serían, ellos son seres únicos, maravillosos e irrepetibles, y así como son, vale la pena amarlos hoy.

Extracto de la entrevista realizada a Johannes Ruiz Pitre, a través de los Live de Instagram de @sinmanualdeestilo el jueves 16 de mayo de 2019.

Maternidad

Del ejemplo al hecho

Una de las cosas que me dijeron de la maternidad mientras estaba en la dulce espera, que más he confirmado, y que me ha hecho revisar mis propios procesos, es que los niños son un reflejo de los padres.

¡Claro! Somos su ejemplo y la principal fuente de información que los más pequeños tienen, por ende no podemos esperar que actúen como otras personas si es con nosotros con quienes pasan la mayor cantidad de su tiempo.

Pero basándome en esta teoría de la vida misma, más de una vez en casa hemos tenido que decir “ya va, tomemos un minuto y volvamos a empezar”. A los adultos parece que se nos va olvidando con facilidad qué y cómo era ser niño, y sumergidos en esta adultez que una vez tanto deseamos y que ahora a veces nos puede agobiar, se nos olvida que tenemos a estas pequeñas esponjitas detrás de nosotros viendo atentamente cómo respondemos ante la vida para ellos copiar.

No les diré que no, a veces me preocupa que mi hija se parezca en mí en algunas cosas que me chocan de mi personalidad, pero hace unos días íbamos por la calle y mi conclusión de esa lenta caminata bajo el sol del verano fue “no lo debo estar haciendo tan mal”.

A los niños hay que escucharlos, y hay que escucharlos más cuando están aprendiendo a expresarse, porque descubrimos cosas maravillosas de ellos y encontramos más herramientas para conectar de forma más directa.

Total que íbamos las dos, rumbo a un nuevo parque que Sára no conocía, y nos metimos por una calle totalmente nueva para ambas. El Sol era inclemente, caminábamos, nos hidratábamos un poco y seguíamos, mientras ella se resistía a montarse en su coche. Me dijo “mami yo puedo caminar, yo quiero”, y ¿qué más podía hacer yo si no era dejarla hacerlo?.

Total que llegamos a un punto en el que la calle estaba inundada de un olor a flores frescas (sí, de esas que a mí me dan mucha alergia pero también mucha alegría), y Sára empezó a decir “¡mira qué lindo mami!”, “Esto me encanta mamá, son muchos colores”, “gracias mami, me gusta mucho ver esto”.

Mientras yo la escuchaba estaba totalmente derretida de amor, más allá de la escena había toda una historia creándose detrás de ella; mi hija, a quien trato de darle el mejor ejemplo posible, aprecia las cosas más pequeñas, esas que pueden pasar desapercibidas gracias a la rutina y eso para mí es un regalo invaluable.

Ahora el reto es mantener viva esa llama por las pequeñas cosas que hacen que la vida tenga más sentido, porque no vale la pena sumergirse solo en los problemas, y cuando vemos las cosas con positivismo todo va mejor. Así que ese medio día para mí fue como un oasis en medio del desierto, me coloqué a su altura y empezamos a ver las flores, vimos las mariposas revoloteando y le di las gracias de vuelta a ella por haberme regalado ese momento.

No puedo siquiera describir la sensación de alivio que tuve en ese momento cuando continuamos caminando, mi niña de dos años y un poco más de 7 meses, parece que nos ha visto a su papá y a mi detenernos de vez en cuando a apreciar lo que no todo el mundo sabe apreciar, y ella estaba tan feliz con eso, que no me queda duda ahora que ella ha visto en nuestro ojos la felicidad de esos pequeños momentos.

Con todo esto no trato de decirles que le enseñen a sus hijos a detenerse en cada detalle, pero sí los invito a revisarnos cada vez más para saber qué estamos haciendo con nuestras vidas y cómo eso influye o impacta en la vida de nuestros pequeños.

Les repito que lejos estoy yo de querer que ella o los hijos que tenga en el futuro sean como su papá o como yo, pero sí estoy encantada de saber que al menos en nuestras cosas buenas se han ido inspirando y encuentran un sentido de la vida que va más allá de lo obvio.

En conclusión, si soy el mejor ejemplo para mis hijos, solo quiero que ellos aprendan de mí valores que les permita ser cada vez más humanos y sobre todo, ser seres humanos felices.

Migración

Madre resiliente, inmigrante luchadora

Muchas veces he contado la gracia -y a veces también incomodidad- que me causaba que algunos amigos o conocidos, cuando se enteraban de que íbamos a emigrar, me dijeran que por lo menos yo no me iba sola y que estando con mi esposo todo sería más llevadero.

Casi dos años después de haber dado el paso, yo les cambiaría esa frase por algo como “al menos eres mamá y sabrás cómo llevar adelante el proceso”.

Y es que ahora que me pongo a pensar, algo vital para mí en este proceso ha sido la exacerbación de esa capacidad de resiliencia que brota de uno cuando se convierte en madre. Y sí, quienes me conocen y saben de mi historia de vida, siempre me definen como una persona resiliente, pero aunque es un término muy utilizado actualmente, muchos desconocen su significado, así que aprovecharé de contarles un poco sobre esto porque creo ciegamente en que todas las madres tenemos esta capacidad más desarrollada que el resto de la humanidad, y que en el caso de las madres migrantes es vital para sobrellevar el proceso migratorio.

El término resiliencia viene del latín “resilio” o “resalire” que significa volver atrás, resaltar, rebotar, volver a comenzar o recomenzar, y con el tiempo se ha ido modificando su significado original hasta ser tratada en estos tiempos desde la psicología positiva, en la que muchos especialistas se han enfocado en el término basándose en el uso de esta palabra en áreas como la física y la química, en las que la resiliencia se usa para describir la capacidad del acero de recuperar su forma original pese a las deformaciones que reciba por entes externos. Sobre toda esta parte teórica podrán encontrar miles de artículos y libros disponibles incluso en la red, pero quiero hacer especial énfasis en esta cualidad del ser humano que a veces pasa desapercibida entre las mamás.

Creo que las mamás somos resilientes por naturaleza, viéndolo incluso desde el punto más primitivo, que nuestros cuerpos se deforman con el embarazo y vuelven a su forma normal después del parto, e incluso nos sobreponemos al dolor y volvemos a nuestras rutinas físicas después de este momento, confiando en que nuestro cuerpo se sobrepondrá y nosotras seguiremos teniendo una vida normal.

¿Alguna vez has pensado en qué es lo que hace que una mamá no se desplome después de pasar días y noches sin dormir bien por atender a sus hijos? ¿O cómo es que es posible que una mujer tenga la capacidad de sacar sola adelante a sus hijos? ¿de trabajar de Sol a sombra y luego llegar a resolver mil cosas de todos en casa? ¿de bajar fiebres a media noche aunque su agotamiento le había hecho llorar escondida en el baño aquella noche? Pues por ahí hablarán de amor, pero yo estoy convencida que tiene mucho que ver con la resiliencia.

Porque sí, uno ama a sus hijos incondicionalmente, pero también es un ser humano como cualquier otro, pero capaz de poner esas necesidades de lado (así sea momentáneamente) para atender a los hijos cuando ellos nos necesitan, que es prácticamente todo el tiempo.

Creo que las mamás somos resilientes por naturaleza, viéndolo incluso desde el punto más primitivo, que nuestros cuerpos se deforman con el embarazo y vuelven a su forma normal después del parto, e incluso nos sobreponemos al dolor y volvemos a nuestras rutinas físicas después de este momento, confiando en que nuestro cuerpo se sobrepondrá y nosotras seguiremos teniendo una vida normal. Es decir, uno como mamá no va por la vida diciendo que no ejercicio más nunca porque se le podían salir los puntos de la cesárea que le hicieron hace cinco años. Por el contrario, a los pocos días nos sentíamos inútiles por no poder hacer con normalidad todas las actividades a las que estábamos acostumbradas.

Imagen cortesía de @patri_psicologa

La cosa con la migración viene porque el proceso no es fácil, y quien te diga que sí, te está mintiendo. No hablo de que nadie te obliga a hacerlo, ni que tienes que ver todo maravilloso en el nuevo lugar, sino que  adaptarse al nuevo espacio es necesario como en todos los aspectos de la vida, pero en la mayoría de los casos eso no pasa de la noche a la mañana, y cuando volver a casa no es una opción viable, entonces que te guste tu nuevo hogar entonces es casi impositivo y eso puede empeorar el proceso de adaptación.

Cuando eres mamá y emigras, ahí están los hijos y entonces no sólo ves por ti sino por ellos. Sí, que está el esposo (en algunos casos) pero en su cabeza están pasando mil cosas más que a veces no están pegadas tanto al proceso emocional, y entonces simplemente se tiene que adaptar para sacar económicamente a la familia. Pero la mujer no, uno se pregunta si es el lugar es para uno, pero también se preguntas si es el lugar para que ellos, los hijos, tengan una vida normal. Y cuando la respuesta es sí, entonces dejas de cuestionarte esas cosas que por alguna razón tanto te incomodan a ti y empiezas a ser resiliente, y soportas el clima extremo, la mala cara que en algún momento puede que te haga un vecino o un empleado de banco porque eres extranjero, empiezas a meterte en el papel de que ya eres más de aquí que de allá.

Con todo esto no quiero decir que ser mamá es un requisito para emigrar, o que esto asegurará el éxito del proceso migratorio, pero sí estoy convencida por experiencia propia que esa capacidad de resiliencia (que no es exclusivo de las mujeres) hace que el proceso sea más llevadero y exitoso. Que tirar la toalla no sea una opción, porque vemos la vida desde otro ángulo y eso si bien nos hace ser un poco más flexibles, también nos hace mucho más fuertes.

Emigrar es un choque así lo hayas planeado por años. Desprenderte de lo todo lo que conoces es como cuando niño toca despedirse de una mascota, pero es la resiliencia lo que te hace avanzar, aprender, adaptarse y ser mejor cada vez más. Por eso si me preguntas, cada día más me considero una madre resiliente, una inmigrante luchadora por alcanzar lo que quieres sin detenerse en las heridas que nos ha dejado el camino.

Pareja y Familia

El matrimonio extendido

Hace unos días celebrábamos el Día Internacional de las familias, y esta fecha me puso a reflexionar sobre varios aspectos de la vida familiar, pero básicamente de la vida en pareja.

Recordé con cierta gracia, que cuando uno empezaba a formalizar la relación con una pareja, salía la abuelita o la tía a decir “mira a la familia, no sólo al hombre (o a la mujer en el caso de mis primos), que cuando uno se compromete con alguien se casa con la familia también”.

Un día, alguien muy cercano a mí tuvo la osadía de responderle a la abuela “Eso no es así. Cuando yo me case, será para formar mi propia familia y esa gente (que no le gustaba para nada a ella) estará bien lejos de nosotros”.

¡Madre de Dios! ¿Por qué a uno le cuesta tanto escuchar a la gente con experiencia? (y quisiera introducir risas nerviosas aquí, pero yo me reiría para no llorar). Y bueno puede ser por aquello de que nadie aprende en zapato ajeno, o que el amor hace que se te queden dormidas las neuronas un rato, no lo sé; pero recuerdo que cuando yo escuché aquella reflexión me hizo mucho ruido.

Primero porque el argumento era razonable. Nos casamos para “formar NUESTRA PROPIA familia”, pero después de esto se acaba la cosa porque no puede ir uno por allí desapareciendo de la vida a los padres, a los hermanos, a los cariños de la pareja que estuvieron durante toda su vida. Digamos que los recién llegados somos nosotros pues, la pareja.

Y lamentablemente con los años he ido entendiendo por qué las abuelitas decían eso, y sí, mi abuela también me lo dijo a mí y yo tampoco la quise escuchar.

Les cuento todo esto, no para ventilar los trapos sucios familiares en público, sino para crear un poco de consciencia con respecto al tema. Semanas atrás una amiga de mis padres me decía, “Carla, ahora ya tú tienes un hogar, eres tú quien tiene que poner las condiciones, las reglas, los valores que reinan en ese hogar junto con tu esposo. No puede venir nadie a imponer ni a romper con ese esquema que ustedes dos han ido creando”.

Punto para ella. Y en ese aspecto mira que sí, que uno se casa para crear su propia familia. Pero, ¿Cómo la formas? Con los valores que has aprendido durante toda tu vida, con lo que viste en tu casa (te gustara o no, uno va aplicando lo que le gusta y descartando lo que no), con las emociones que experimentaste a lo largo de tu vida, con las experiencias que has tomado de otros que te parecen que pueden funcionar bien en ti, y por supuesto, creando vínculos familiares fuertes, primero entre tu nueva familia, pero continuando con la familia que los condujo hasta el presente.

Entonces sí, cuando te casas, te casas con la familia del otro. Lo que no quiere decir que tengas que aceptar imposiciones de la familia de base, y tampoco romper relaciones con ellos cual guerra sin sentido.

En este punto te preguntarás ¿cuál es el objeto de este post?. Creo que yo misma lo dudo, pero tal vez, como otras tantas veces, necesito drenar, y sé que seguramente habrá mamis que se sientan identificadas con estas situaciones.

Como yo no soy ni consejera familiar, ni de pareja, ni nada por el estilo sino una simple mortal que sólo habla de lo que experimenta y siente, concluiré diciéndoles lo que después de muchos golpes (en tono figurativo) he ido aprendiendo. Si les digo que no ha sido fácil para mí, me ha costado muchos dolores de cabeza, peleas, lágrimas e incluso idas al psicólogo, pero el último año he estado trabajando en lo que yo veo como una estructura. Y así se los planteo ahora.

  • ¿Para qué nos casamos? Para formar una familia PROPIA y hacernos compañía.
  • ¿Cómo es la familia que queremos formar? Respóndase usted misma cómo está diseñada, imagínela con integrantes, emociones, cosas materiales, todo lo que pueda agregar sentido a lo que buscas.
  • ¿Qué valores en común aplicaremos a nuestros hijos? ¿Qué tipo de crianza usaremos? ¿Qué límites pondremos?
  • ¿Quiénes pueden opinar sobre nuestra familia y ser tomados en cuenta? – Y en esto quiero ser bien clara, una cosa es quien opina y otra a quien escuchamos o consideramos para que nos oriente. Si usted viene de un hogar donde lo golpearon por todo y por nada, y no quiere aplicar el mismo método con sus hijos, pues no puedes sentarte a escuchar a quien te golpeó porque posiblemente terminarás copiando el patrón.
  • Cuando haya actividades familiares ¿Cómo manejaremos la interacción con las familias de base de cada uno de nosotros?

Puedes hacer una lista tan larga como quieras, la “estructura” depende de cada quien. Esto no es una cosa estricta sino una idea para ir generando orden en el caos que puede ser a veces convivir con las familias de nuestras parejas, pues lamentablemente no todas nos ganamos la lotería con las buenas suegras, pero sí a todas nos toca lidiar con ellas; e iré un poco más allá, ¿Cómo nosotras cómo madres esperamos que nuestros hijos tengan una relación cercana con nosotras, si no ven el ejemplo en su primera referencia, que somos nosotros los padres?

Y en resumidas cuentas, mientras éramos novios la familia de nuestras parejas realmente no eran nada nuestro, el vínculo era nulo. Digamos que luego al existir el compromiso, la vida en pareja, el matrimonio o llámelo como usted quiera, se pasa al siguiente nivel, si la relación es mala al menos diplomacia debería existir. Pero cuando llegan los hijos…cuando llegan los hijos la historia es otra, puede que no tengan nada que ver con uno, pero tendrán mucho que ver con los hijos de uno, que es lo más sagrado que uno tiene, y vivir en guerra no será bueno para ninguna de las partes.

Entonces sí, cuando te casas con alguien, también te casas con la familia.

¡Qué razón la de las abuelas!

Maternidad

Entre lo que quiero y lo que hago.

Me lo repito una y otra vez. Si yo sé lo que estoy haciendo, si yo estoy siguiendo mi instinto, mis ideas, ¿quiénes son los demás para cuestionarme?.

¿Acaso vale la pena detener mi forma de ver la vida porque los demás no me entienden?. Si me preguntan a mi yo creo que no.

Les cuento que durante mucho tiempo de mi vida me paralice porque otros a mi alrededor no entendían qué era lo que yo quería y cómo lo quería; para ellos siempre era descabellado, no le veían lo lógico o ponga usted la excusa que un tercero puede decir de los planes o ideas de los demás, a lo que yo quería hacer.

Lamentablemente sus «razonamientos» me paralizaban al punto de a veces dejarme sin aire, hasta que llegó un día en el que no pude más y empecé a liberar la carga. ¿Sentirme angustiada o frustrada porque otro no cree o entiende lo que yo quiero hacer con mi vida?. Eso no parece lógico ni justo.

No les niego que primero sentí miedo, pero la sensación de liberación fue tan alta y satisfactoria que luego no pude parar. Y al tiempo me convertí en mamá y la cosa cambió radicalmente para mejor.

Eso que llaman instinto puro y duro afloró en mí de una manera que me movió todas mis fibras y me hizo entender que para hacer sobrevivir al ser que en el momento de la gestación vivía dentro de mí, tenía yo que estar bien y feliz.

A esas alturas no había nada que hacer, yo decidí dejarme llevar por lo más primitivo de mí, mi instinto y eso me ha permitido vivir más ligera y mucho más feliz. Tampoco les mentiré diciendo que todos quienes estaban a mí alrededor para ese entonces se mantuvieron conmigo hasta este momento (y no sé si volverán la verdad, pero tampoco estoy segura de quererlos de nuevo cerca de mí).

Entonces entendí que si el resto no me entendía, no significaba siempre que estuviera haciendo algo mal. Y si se los pongo en un plato conciso, mi decisión de emigrar fue una de esas cosas que muchos en mi entorno cuestionaron, incluso algunos que ya habían dado el paso, pero según yo no tenía la madera para hacerlo o el reto no estaba a mi alcance tal cual me lo había planteado. -Que pues mira sí, que emigrar a Hungría, un país que era como la cueva de mi primer enemigo y que me podía llevar a la guerra, sin saber ni ñé del idioma y con una bebé sin contar con apoyo familiar, no era como muy lógico, pero créeme cuando te digo que no me arrepiento ni un solo día de mi vida del paso que di porque desde entonces he crecido en muchos aspectos de mi vida-.

Siempre les digo que mi objetivo en la vida desde que me convertí en mamá es ser feliz, no me importa tener grandes lujos, solo me importa vivir bien y en paz. Pero ese no es un camino fácil de transitar cuando nos paramos a escuchar todo lo que el mundo tiene que decir sobre nuestras formas y nuestros planes. Y tal vez la maternidad es una de esas cosas en la que más terceros buscan opinar, y en la que nosotras nos exigimos tanto que llegamos a sentirnos que no lo estamos haciendo bien.

Pues déjame decirte querida mamá que no siempre lo estás haciendo mal. La mayoría de las veces lo haces de una manera tan perfecta, que quien está pendiente de todos tus movimientos se acerca a criticar, porque fíjate parece que trabajas demasiado o que has amamantado a tu bebé durante mucho tiempo. Pero ¿eso es problema del tercero o es una decisión personal con la que tú te sientes a gusto?

A estas alturas del partido, solo puedo decirte yo desde mi corta experiencia, que la maternidad hizo que mi instinto aflorara en mí para luchar por mis sueños, esos mismos que no todos comparten ni entienden, pero que quienes te aman de verdad al final apoyarán. Y si me pongo más cruda, sólo tengo que decirte que no puede haber mejor forma de enseñar a otros que a través del ejemplo, ¿entonces cómo se supone que criarás niños felices si les das el ejemplo de un adulto frustrado o amargado?.

Sí querida mamá. Repítelo una y otra vez, que el resto del mundo no entienda tus formas no siempre quiere decir que lo estás haciendo mal. Revisa si tú te sientes bien, si tú estás conforme con los resultados, y si es así, lo que el mundo piense está demás. Lo más importante en tu propio mundo eres tú.

Migración

La desvirtualización de los abuelos.

Contra todo pronóstico médico y humano, llegaron los abuelos de visita y los deseos de mamá y bebé se convirtieron en realidad; los abuelos están jugando con Sára todos los días, por lo menos por una temporada.

Pero les confieso que el proceso no ha sido fácil, a pesar de que ella lo deseaba, los reconocía y los extrañaba, su cabecita no sabía bien cómo digerir el hecho de que sus amados abuelos estuvieran ahora tan cerca de ella después de tanto tiempo.

Que esto se diera además en plena etapa en la que su cerebro manda estímulos emocionales que ella apenas empieza a reconocer ha sido todo un tema. Entonces pasamos de la alegría absoluta a la sorpresa tan increíble, que produjo que incluso el sueño fuera motivo de disputa.

“Mami, pero y si cierro los ojos y no están más”, me dijo a los tres días del reencuentro ante los reiterados intentos de hacer siesta o dormir por las noches, y me dejó fría. -¿Cómo una niña de dos años y medio, puede entender que esto no es mentira si yo misma no me lo creo?- pensé.

“No hija tranquila, ellos estarán un tiempo más con nosotros. Todos necesitamos descansar para tener fuerzas y volver a jugar mañana”, le respondí sin titubear mientras la dormía en mi pecho. Ella me creyó, pero apenas abrió los ojos por la mañana gritó “¿Abuelo, Nana?”. Su sonrisa nos dijo todo cuando los escuchó responderle.

Pero ahora el proceso que envuelve a toda la familia pasa por esa etapa en la que definitivamente entendemos que estamos juntos por un tiempo de nuevo. Y si no es fácil para los adultos, imagínense para un niño que apenas empieza a vivir.

Pero aun así, es normal que muchas mamis me escriban preguntándome por qué la convivencia en el reencuentro suele convertirse en algo tan controversial. Intento explicárselos de la manera más simple; cuando emigramos salimos de casa siendo unas personas que ahora hemos dejado de ser. Y no quiero decir que nuestra esencia ha cambiado, pero sí las formas en la que ahora abordamos la vida y sus situaciones, e incluso cómo hacemos las cosas, mientras las rutinas de quienes se han quedado en el lugar de origen también han cambiado y pueden ahora resultar muy extrañas para nosotros. Pero de eso se trata la vida, de evolucionar.

En todo caso, este post es para comentarles cómo fue posible la desvirtualización de los abuelos. Esos que dejamos en Venezuela cuando Sára apenas tenía un año, y que desde entonces se acostumbró a ver solo por una pantalla.

Les confieso que por la condición de salud de mi mamá, en principio teníamos mucho miedo de decirle a Sára que vendrían y que luego pasara algo que les impidiera llegar. Así que manejamos con mucha mano izquierda el tema. “Hija, los abuelos están intentando venir a verte pero como hay muchos problemas y es largo el camino, puede que tarden un poco más de la cuenta”.

No sé si nos entendía, pero siempre salía con alguna respuesta que nosotros aceptábamos como que sí estaba entendiendo.

Después nos tocó involucrarla en todos los cambios que tuvimos que hacer en casa para recibirlos, entre ellos estuvo cambiar su cuna por una cama grande. Allí nos tocó venderle la idea que su cama grande era especial y mágica y por ende tendría que compartirla con su abuela.

Durante algunos días quiso dormir sola en su propio espacio, incluso se despidió de su cuna, e increíblemente el día que llegaron los abuelos a casa, una de las cosas que le dijo a su Nana fue que esa cama grande estaba para ellas dos aunque no acepta aun dormir con la abuela.

Dejarlos jugar incluso cuando se están rompiendo las rutinas a los que los tres estábamos acostumbrados en casa también ha sido importante. Eso les ha permitido afianzar más su conexión y a la niña sentir mucha más confianza con los abuelos para tal vez quedarse sola con ellos, mientras mamá y papá salen a pasear.

En este punto quiero hacer especial referencia, pues yo fui criada por mis abuelos maternos hasta los cuatro años de edad. Vivía con ellos en su casa, en otra ciudad donde mis padres me visitaban religiosamente los fines de semana. Evidentemente las condiciones de mis abuelos a nivel de salud eran óptimas, y eso nos permitía tener una vida como la de cualquier niño que crece sin limitaciones. Recuerdo mucho aquellos días, recuerdo también que algunas veces quería irme con mis padres a Caracas, pero amaba tanto estar al cuidado exclusivo de mis abuelos que la ciudad era una fiera que me apartaba de mi paz infantil.

Durante todo ese tiempo, mis abuelos se dedicaron a mi. En casa, mi abuela me enseñó a contar, los colores, las formas y las letras; mientras mi abuelo me enseñaba canciones, me leía historias y desataba mi imaginación con una cantidad de juegos que ponía a mi disposición. Con él aprendí a jugar dominó, memoria, armábamos las mejores ciudades de Lego (Y miren que en aquella época no existía el Lego Duplo), y dábamos largas caminatas por la tarde que culminaban en la orilla del malecón, cerca del Paseo de Macuto, viendo el atardecer.

Yo puedo decir que los mejores recuerdos de mi infancia los tengo con mis abuelos, y me hubiese encantado que mis hijos corrieran con la misma suerte. Pero la distancia hace de las suyas, así que ¿para qué enrollarme porque hoy no comió a la hora o se durmió una hora después?. Mi hija está construyendo sus propios recuerdos con sus abuelos y ese es un gran tesoro que le podemos regalar nosotros como padres.

Necesidades especiales

Nuestro caso ha sido particular en la desvirtualización de los abuelos, porque por la cámara sólo ves la cara de quién está del otro lado, y como muchos que me han leído antes ya saben, mi mamá tiene una condición de salud especial que la mantiene con movilidad bastante reducida.

Una cosa era explicarle a Sára que su abuela no se podía mover tanto como nos gustaría y otra era que era entendiera, pero nos atrevimos y mucho fue lo que hablamos con ella. Increíblemente Sára lo entendió y la ha aceptado con su condición sin titubear.

Cuando van a jugar le indica donde se tiene que sentar y antes de salir al colegio le dice “no inventes abuela, yo vengo pronto”. Integrarla a ella en ese proceso, la ha convertido incluso en una cuidadora de su abuelita porque entiende que si la abuela necesita ayuda, enseguida ella tiene que ir por alguno de nosotros.

En este punto también entendimos que a los niños hay que hacerlos sensibles con las personas con discapacidad. No es incómodo solo para el acompañante, sino incluso para el afectado que la gente los vea con sorpresa o descontento.

En nuestro caso particular, Sára ha corrido con la suerte de compartir con niños y personas especiales que hicieron que también ver a su abuela en una silla de ruedas (así no la vio ella nunca en Venezuela) no fuera algo extraordinario o extraño para ella, sino que por el contrario la respeta mucho más y trata de mantenerse atenta a los requerimientos que su abuela pueda tener.

En todo caso, el mejor consejo que como madre puedo dar en el proceso de desvirtualización de la familia es, sin duda, que nos dejemos llevar por el amor, por el cariño real que nos conecta y sobre todo por el respeto de los espacios y los procesos. Al final de los días, siempre la sangre llama y el amor prevalece.

Maternidad

Ellos tienen que…ir a su ritmo

Es que ella ya debería hablar.

Él debería estar en una guardería para que no sea malcriado.

Esos niños deberían estar caminando y no cargados.

Sára debería ya decir palabras en ambos idiomas… mil veces y una más, esos son los comentarios que escuchamos las mamás a diario.

Y ojo, esto sólo no nos está pasando a las que decidimos quedarnos en casa criando a nuestros hijos -que además somos vistas como una especie de bicho raro-, también les pasa a quienes pasan 6, 8 o 12 horas en sus trabajos.

Siempre, siempre, pero siempre la gente, el externo, el que no está viviendo tu vida, tendrá algo que decir sobre las formas en la que tú o los demás hacen las cosas. Tristemente a nosotras las madres eso nos hace ruido en determinado momento, y si le prestamos mucha atención nos puede generar angustia.

Les cuento mi caso particular. Cuando vivíamos en Venezuela Sára decía algunas palabras con claridad, tal vez unas diez o quince, pero las decía; y a la semana de haber llegado a Hungría, Sára dejó de hablar y todas sus palabras se convirtieron en “eeeeehhh” y “aaaaaahhhhh”. No pasó mucho tiempo para que empezaran los comentarios de la familia que nos acogía, cosa con la que tanto su papá como yo no estábamos nada cómodos.

Comentarios como que si la niña debía ir a la guardería, que algo malo le pasaba porque había dejado de hablar, que si esto y aquello, y aunque yo no entendía claramente lo que decían, sabía que estaban presionando al papá de Sára por algo que en realidad no era un problema de nadie sino nuestro.

Un día la frustración de él pudo más que su capacidad de silencio y me contó todo lo que decían sus tíos sobre nuestra forma de crianza, y evidentemente mi primera reacción fue decirle “no le pares, ellos no saben cómo estamos criando nosotros a nuestra hija y no se tienen que meter”, pero los comentarios continuaron, y repito que aunque yo no entendía, ya el ambiente empezaba a hacerse pesado.

Un día muy triste, y desesperada de verdad, le dije a mi mamá que yo creía que le habíamos hecho algo malo a Sára, porque ella lloraba cuando los veía por Skype y no hablaba ni una de las cosas que decía estando en Caracas. Yo admito que como mamá dije “Sára ya debería estar hablando, ella tiene que hablar”. Y como diríamos nosotros, me cayó la locha. Mi mamá me dijo cosas que fueron bálsamo para mi alma, y que evidentemente calmaron mi angustia, empezando por ese famoso dicho de “hija, hagan lo que hagan siempre los van a criticar, así que no le paren”.

Después de entenderlo, de procesarlo y de ponernos de verdad el famoso traje de pingüinos para que todo nos resbalara, empezamos a aplicarlo. Sí señor, Sára no va al baño sola, ni avisa cuando va a hacer número 2 porque resulta que tiene 15 meses. No señora, Sára no va a la guardería porque sus papás decidieron que mamá la criaría y le daría pecho hasta los 2 años. No abuela, Sára no tiene por qué abrazarte ni besarte si no quiere.

Evidentemente las caras de shock no han sido normales, pero nuestra tranquilidad, eso sí que es normal, no tiene precio y mucho menos la tranquilidad de nuestra hija, porque como padres hemos decidido darle sus tiempos y espacios.

Querida mamá, tus hijos no tienen que hacer esto o aquello como lo hizo otro; tu hijo es un ser humano maravilloso y único como ningún otro, así que tendrá sus tiempos y estilos para hacer.

Querida mamá, no te hablo desde el “yo creo que”, sino desde lo que he aplicado –que ha sido lo correcto para nuestra familia-, un proceso que incluso me ha ayudado a conocerme mucho mejor a mí misma, a no ser tan dura juzgándome por mis actos, porque viendo a mi hija crecer entiendo que ella es un ser humano como cualquier otro, y que eso quiere decir que es diferente a los demás, y que por ende tiene que vivir sus procesos a su tiempo y a su manera.

Sí, a su tiempo y a su manera.

Ya no habla como antes

Bueno, resulta que Sára está empezando ahora a hablar nuevamente con 18 meses, y ahora ya no me preguntan si corre o camina, sino qué dice. Pues dice sus cosas, habla una especie de papiamento entre español, inglés y húngaro, que no entendemos sino ciertas cositas.

Pero, qué más le podemos pedir a una personita a quien le cambiamos todo su mundo de un día para otro cuando decidimos emigrar. Mi hija pasó de tener su casa entera para vivir en un cuarto de 6 metros cuadrados durante tres largos meses, dejó de tocar a sus amados abuelos y pasó solo a verlos por una pantalla, el idioma que escuchaba todos los días ahora solo lo escuchaba de mamá, que ahora también habla en otro idioma. Evidentemente sacamos cuentas, consultamos a los especialistas, y es verdad, ella no tiene ningún retraso en el habla, solo está poniendo en orden su cerebro.

Pero allí está la respuesta, los opinólogos (como los llamamos aquí por cariño) invierten mucho tiempo de sus vidas pensando por qué nuestros hijos no hacen lo mismo que otros niños, y al final terminan sembrando esa semillita en nuestros corazones que, a veces, termina llevándonos al camino de la frustración.

Ahora bien, lo realmente importante para nosotros como adultos en todo caso, sería entender que son niños, no robots y que debemos aprender a respetar los tiempos de sus procesos, ya que ellos no tienen la misma capacidad de adaptación que nosotros.

Evidentemente como padres también tenemos que aprender a leer todos los elementos de la ecuación, y si por ejemplo uno de nuestros hijos tiene tres años y no habla para nada, tal vez si deberíamos ir a un especialista para saber que está pasando.

Querida mamá, la próxima vez que te digas “mi hijo tiene que…” estudia bien todas las aristas que conlleva esa afirmación antes de sentirte frustrada, y de hacerles sentir frustrados a ellos. Recuerda que es una vida en formación, un cuerpo que se está educando para llegar a hacer algo similar o mejor de lo que somos nosotros ahora mismo; por eso mi invitación siempre será a no forzar, sino a ayudar a nuestros hijos a ser lo que ellos quieran ser.

Ellos tienen que ser lo que quieran ser. A nosotros simplemente nos toca darles herramientas y dejarlos ser.

Pareja y Familia

Cuando criar es no hacer nada

El papel de las mujeres que decidimos quedarnos en casa se ha subestimado cada vez más con el paso del tiempo. Tal vez se deba a las generaciones anteriores que fueron educadas para que las mujeres tuvieran un espacio solo en el hogar, y a medida que fuimos ganando terreno fuera de la familia no le quedó más a la sociedad que intentar imponernos una etiqueta que hoy es usada como un estigma.

Estar en casa no significa que no estemos haciendo nada, así como trabajar fuera de casa no implica necesariamente estar haciendo algo productivo, porque como todo en la vida, esto también es relativo.

A diario comparto con mujeres increíbles que se sienten culpables de quedarse en casa al cuidado de los hijos durante la primera infancia; confieso que yo misma me he sentido así en ocasiones, pero luego recuerdo la falta que me hizo mi mamá muchas veces mientras estaba en el trabajo, y entonces comprendo que no trabajar de manera formal en este momento no es un retroceso para mí.

Les contaré una historia muy personal. Yo nunca tuve en mi cabeza esa idea loca de formar familia, para mí eso era una utopía que fue agarrando forma conforme fueron pasando los años y fui afianzando mi matrimonio. Por otro lado, yo me veía como la mujer trabajadora, independiente, de las mil cosas que hacer y producir y los mil un logros que recoger, y que si llegaban los hijos pues habría suficiente dinero para llamar a la mejor niñera del mundo, pero quedarme en casa no era una opción. Luego tuve a Sára por primera vez en mis brazos y la historia es totalmente diferente.

Recuerdo que ella tenía unas pocas semanas de nacida cuando le dije a su papá que yo quería, y me parecía necesario, dedicarme por un tiempo indefinido a la crianza de nuestra hija y los que estuvieran por venir. No estaba dispuesta a perderme sus primeras palabras, y tampoco quería soltarla al mundo antes de tiempo. “Yo quiero dedicarme a criar a nuestros hijos”, fueron mis palabras exactas.

Él estuvo de acuerdo porque siempre ha soñado con una familia grande, aunque cada día que pasa me convenzo más de que él nunca creyó que yo me atrevería.

Han pasado más de dos años desde aquel momento y yo no he podido volver al mercado laboral formal. Y hace pocos días me di cuenta que no había vuelto, simplemente porque no he querido y no he puesto mis energías en ello.

Que he hecho muchas cosas, sí; pero ninguna de ellas me ha impedido estar cerquita de mi hija en su día a día.

Estar en casa con los hijos va más allá de estar en casa. Se trata de encargarse de la limpieza de la casa y de las cosas, de tener al día la cocina, el mercado e incluso solucionar las diligencias de la vida diaria como el pago de los servicios y otras cosas.

Quedarse en casa significa a su vez cumplir con unas estrictas rutinas que nos permitan crear horarios y hábitos en nuestros hijos no escolarizados, y eso nos hace ser también más organizadas y planificadas. Y si hablamos de planificación, estar en casa representa administrar el tiempo de tal manera que, para cuando papá esté libre del trabajo, el tiempo de familia sea realmente de calidad.

Sí, muchas veces los hombres no entenderán eso y pensarán que ellos saliendo de casa a trabajar, y nosotras acostándonos a dormir. Ojalá y fuera así, pero dormir es la cosa más difícil del mundo cuando tienes niños pequeños.

Querida mamá, hoy quisiera hablarte a ti que tal vez te sientes menospreciada o una carga porque te ha tocado estar en casa. Te hablo desde mi experiencia, porque estando en casa no sólo me tocó aplicar todos mis conocimientos profesionales, sino aprender un montón de cosas nuevas como manualidades, idiomas, tecnología y un sinfín de dotes administrativos y gerenciales que vaya Dios a saber cuándo hubiese podido yo tener la oportunidad de aprender en algún cargo administrativo.

Estando en casa me he convertido en niñera, maestra, enfermera, señora de limpieza, lavandería exprés, administradora, contadora, abogado especialista en resolución de conflictos y promotora de los derechos humanos. Además tengo dotes de secretaria desde que emigré, pues me toca poner en contacto telefónico a mi hija con nuestra familia regada por el mundo, sin contar que la organización va más allá de la casa y se incluye una minuciosa agenda semanal a fin de que no queden por fuera actividades de recreación, estimulación, comunicación y relaciones públicas.

He aprendido también a gestionar el tiempo que queda para mí, para emprender mis proyectos y para dedicarle a mi pareja, ya que sin contar con una familia de apoyo detrás de nosotros, estar solos es prácticamente imposible.

Las finanzas son compartidas pero es sobre los hombros de la mujer donde recae la responsabilidad de que las cuentas cuadren. Y en ese sentido, de este lado siempre habrá también mucha presión o responsabilidad.

Querida mamá, no digas que no estás haciendo nada, estás criando un ser humano y esa es la responsabilidad más grande que nadie puede tener en la vida. Se trata de alguien que por sus acciones será amado y respetado en un futuro, u odiado y rechazado. No es cualquier cosa.

Y si trabajas mamá, también está bien. Créeme que tus hijos sabrán entenderlo en un futuro. En todo caso lo importante en esta historia es que tú entiendas que tu rol no es cualquier cosa, porque si eres capaz de entender e internalizar eso, entonces serás capaz de omitir todos los comentarios malsanos que los demás hagan de ti o tu situación.

Querida mamá amiga, la maternidad no es una ciencia pura, es simple experimentación humana apostando por el futuro mejor de los tuyos. Recuerda que al final todo pasa.

Maternidad

La ola de calor…y aquel sudor nada agradable

Llegamos a los ocho meses de gestación, y dentro de mí agradecía porque muchos de los síntomas del embarazo de los que otras mujeres se quejaban, no habían hecho presencia en mí humanidad. Sobre todo uno con el que nunca me había llevado bien… el calor.

Todo parecía muy perfecto para ser verdad, cuando el calor me venció. Fue llegar a la semana 33 y un día, y empezar a experimentar el calor en otro nivel que mis sentidos desconocía; uno que aún no me explico bien.

Más desesperante era, que por esos días había un pequeño frente frío que tenía a todos el mundo abrigado, mientras yo no dejaba de sudar cual comiquita japonesa (y me disculpan los amantes de este arte por llamarlo así).

Me apetecía dormir con el ventilador a toda mecha, desarropada y con la menor cantidad de ropa posible, mientras mi esposo inocente del infierno que mis glándulas sudoríparas causaban, no dejaba de arroparme y angustiarse porque en su cabeza solo había zancudos (mosquitos) volando a mí alrededor, y obviamente él sentía un frío que mi cuerpo desconocía por aquellos días.

No les miento cuando les digo que más de una vez mi almohada amaneció empapada como si hubieran abierto una manguera en ella. Pero no una manguera cualquiera, era una que además traía consigo un mal olor, eso que por allá llaman mal sudor. Era como si el sudor oliera a rancio y no pueden imaginar lo desagradable que era para mi tener que lidiar con aquello.

Pero sinceramente señoras, el calor, como todos los demás, pasa. No sé bien en cuánto tiempo, porque sinceramente todavía a las 36 semanas seguía lidiando con él, pero no en el mismo grado de intensidad que las semanas previas.

Es que incluso, ahora que lo recuerdo, incluso el día que fui a dar a luz, con mis 41 semanas y 3 días, tenía un calorón que me permitía estar medio desnuda sin problema alguno en la sala de preparación para el parto, que de cálida no tenía nada. Pero a fin de cuentas, de alguna manera aprendes a vivir con el calor.

Particularmente yo trataba de dejarme llevar por lo que mi instinto me indicaba, así como lo hice con casi todo lo que tenía que ver con el embarazo.

¿Qué hacía? Me lavaba la cara y la parte trasera del cuello tantas veces como podía.

En las noches más calurosas utilizaba las compresas de hielo en la nuca y en la parte baja de la espalda como un paliativo, aunque con esto debes tener cuidado si la temperatura del ambiente está muy frío porque al final puedes amanecer resfriada.

Uno de mis momentos favoritos por aquellos días era llegar a casa de la calle tan acalorada, que deshacerme de la ropa y lanzarme sobre la cama con el ventilador de frente, se convertía en un placer tan grande que solo lo puedo comparar con satisfacer un antojo, y la guinda de la torta era aprovechar el momento para dormir un rato mientras el bebé se movía como recordandome que estaba allí.

Por esos días también evitaba el uso de cremas en el cuerpo por la noche, eso me hacía sentir mucho peor y la verdad es que si te van a salir estrías saldrán con o sin crema. Que si es cierto que es muy importante cuidarse, pero más importante todavía es estar cómoda mientras gestas vida.

A modo de reflexión les dejo este comentario del post original, que escribí cuando tenía 36 semanas de gestación. «¿Vale la pena? Pues sí, ahora que estoy más cerca del momento de tener a mi bebé en los brazos, me parece que este y otros síntomas valen la pena». Y hoy, cuando mi bebé ya tiene 30 meses, les reitero que todo ha valido la pena sin temor a equivocarme.

Maternidad

¿Tenemos las mamás derecho a obstinarnos?

Desde hace unos días me pregunto si las mamás tenemos derecho a obstinarnos.

Sí, a pegar tres gritos y cerrar la puerta tan duro que hasta los vecinos se enteren de nuestro enojo.
Si, si, si. De simplemente decir «no, porque estoy molesta» o llorar porque sentimos que no damos para más. Obstinarnos de perder la paciencia y el objetivo por un momento en el que nuestro cerebro simplemente pide drenar todo esa energía que allí se acumula.
Yo no lo tenía muy claro hasta hace unas horas, y no lo tenía claro porque después de la explosión que la ira causa, uno siente una culpa tremenda. Y plas, la culpa te hace sentir la peor madre o esposa del mundo.

¡Wao! Me siento culpable por no saber manejar mis emociones ante los procesos que me toca enfrentar cada día, y que probablemente vengo arrastrando una carga con la que necesito ayuda, pero me cuesta mucho pedirla.

Es muy difícil, pero seamos sinceras con nosotras mismas; si vemos la maternidad como un proceso de autodescubrimiento ¿cómo es que pretendemos mantenernos serenas ante tantos cambios abruptos?

Es totalmente normal que reaccionemos de manera explosiva cuando no podemos entender lo que está pasando en nuestras relaciones familiares, y específicamente en nuestra relación con nosotras mismas.

Hace unos días una amiga, me decía que se sentía horrible porque le había dicho a su hija que se quería ir bien lejos después de una pataleta. ”Soy la peor persona del mundo, lo tengo todo y digo que no aguanto más”, repetía en medio de una crisis de llanto.
¡Hey, amiga! Claro que no, no por llegar a un punto límite eres mala persona, ni mucho menos mala madre. Pero es que es que todavía a nosotras nos cuesta entender que somos humanas y que por ende también sentimos y nos cansamos, nos molestamos, necesitamos tiempo para nosotras mismas y creo que a veces también necesitamos tiempo para esas explosiones, mientras no le causemos daño a nadie, y en esos nadie entran nuestros pequeños.
Escribo esto en este momento desde la calma y luego de una gran explosión. Les cuento que está mañana me molesté tanto, pero tanto que me tiré al piso y grite.

Sí, grite como grita un niño que está en medio de un berrinche, y además entendí por qué es tan importante contenerlos en ese momento.

Les confieso que mi rabia no me permitía llorar, pero estaba tan molesta que estaba mareada y yo sabía que tenía que drenar. Sára gritaba porque no quería ir al colegio, después porque si quería ir, que si quería un lado rosado después lo quería verde, que si no quiero ponerme zapatos y después quería ponerse dos… yo mientras tanto venía acumulando molestias desde hace días y aquella escena que era eterna y me volvía a hacer perder una cita importante, me colapsó. Así que me lancé al piso y grité.

Su cara fue un poema, se quedó paralizada pero me dijo “mamá no pasa nada. Yo estoy molesta”.

Mi reacción fue llamar al padre y hacer que interviniera en la situación y allí entendí varias cosas que ahora les resumo.

Mi cuerpo tiene meses diciéndome que necesito respirar de una manera diferente. Que necesito dormir, que necesito no tener tantas responsabilidades de otros y hacerme más responsable por mí misma, y sin querer algunas de mis frustraciones las percibió mi hija.

Ella tiene días diciéndome sin motivo aparente “mamá, aquí estoy”. Lo repite una y cien veces cuando mi cerebro está como apagado.

Esta mañana, antes de la tormenta, la primera cosa que escuché fue eso, “mamá, aquí estoy yo”. Y aún así no reaccioné, porque yo no quería estar en ese momento con nadie más que no fuera yo misma, pero para mí desgracia no quise pedir ayuda porque me sentí infinitamente culpable de querer tomar un respiro.

Me sentí completamente miserable de pedirle cosas al padre que simplemente él no quiere hacer, pero me sentí forzada a hacer cosas que yo no quiero hacer y colapsé, después de que mi hija, que solo quería decirme que estaba allí conmigo, llegó a su punto de estallido.

Pero a todas estas, después de una hora y media de lucha, y de haber llegado al colegio yo seguía molesta. Estaba incomoda y sé que ella también lo estaba al punto que ni siquiera quiso despedirse de mí. Así que decidí caminar mientras llamaba para excusarme con mi cita por el embarque que acababa de consumar.

Caminé y caminé hasta que el Sol me calentó tanto que me hizo entender que había hecho un berrince con 32 años. ¡Wao, hice un berrinche! Y ahora no me siento mal, me tocó dejar la culpa de lado, ser adulta y asumir que parte de ser humano también tiene que ver con entender que no todos los días son buenos.

Pero más allá de los días buenos o malos, las cargas que llevamos sólo deben ser aquellas que queremos. Ojo con esto, no estoy hablando de abandonar a los hijos ni nada por el estilo, sólo hablo de organización acorde a nuestras necesidades.

¿Cómo lo hago? Pues, antes de escribir esto me tracé un plan. Es decir, que si yo tengo que ir a clases a las 9 de la mañana y a mí me cuesta más que al padre tener lista a la niña a la hora para cumplir con mis obligaciones, entonces nos tocará organizarnos para que el padre sea quien asuma esa responsabilidad.

Que si todos los días soy yo quien hace los almuerzos, pero hay un día en el que yo llego más tarde a clases porque me toca dar clases de noche, pues tengo que delegar que por ese día o se come en la calle, o es otro el que cocina. Que si la ropa sucia está por toda la casa y a mí me molesta, o lo digo o empiezo a botar la ropa y se acabó.

Les confieso que esta pataleta de nosotras dos hoy me hizo descubrir muchas cosas, no sólo de mi hija sino incluso de mí y de la forma que he escogido para criar, y también la forma en la que llevó el hogar.

Las enumeraré para que sea más fácil de reconocer, pero creo que a lo largo del texto se los he ido diciendo, es válido que mamá se agote y se obstine. Lo que no es válido es que mamá sienta culpa por sentirse mal. ¿Qué aprendí hoy?

  • Los berrinches deben ser contenidos desde la paz.
  • Si algo me molesta de otra persona o de determinada situación, tengo que decirlo.
  • Acumular emociones afecta la salud y eso no es bueno para nadie.
  • Los hijos deben vernos como humanos en principio, para después entender que trabajamos con ellos movidos por el amor.
  • Drenar las emociones a través de cosas que me gustan, es una forma sana de mantener mi salud mental.
  • Comunicación es vital.
  • Nuestros hijos perciben nuestras emociones y al no saber identificarlas, se sienten frustrados.
  • Los hijos no tienen la culpa de nuestras frustraciones.
  • Nunca debemos sentirnos culpables por querer tener tiempo para nosotras mismas y nuestros proyectos.

Espero sea de ayuda para ustedes, y si algún día quieren drenar, por aquí las esperamos.

Maternidad

Estar presentes (de verdad)

Desde que soy mamá tiendo a escucharme un poco más. Sin embargo el ruido a veces me distrae y de alguna manera terminó entendiendo qué necesito estar en sintonía con lo que creo y sobre todo con los míos.
Para nadie es un secreto lo que hemos vivido los venezolanos (dentro y fuera del país) en las últimas semanas, y sin duda eso me ha llevado a desconectarme de quienes son mi prioridad para ocupar mi mente en situaciones que generan angustia en mi, y que por ende generan desestabilización en mi núcleo familiar.
Hace unos días caí en cuenta de que estaba con Sára sin estar, y ella estaba reclamandome eso de una forma que me incomoda mucho pero con todo su derecho, pues se sentía ignorada o desplazada de alguna manera.
Entonces empecé a poner verdadera atención a los detalles, y el celular más que un puente se convirtió en una grieta entre nosotras.
¿Qué tuve que hacer? Pues desconectarme un poco. Esa práctica de dar pecho, pintar o jugar con ella teniendo el celular en la mano no era más que una falta de respeto al tiempo que era exclusivo para ella o incluso para su papá. Así que me ha tocado ESTAR con ella no sólo de cuerpo presente sino también de mente.
¿Les ha pasado que llega un momento en el que simplemente no entienden por qué sus hijos tienen ciertas actitudes? Lo más increíble es que no vemos para adentro sino buscamos afuera el origen de estas situaciones.
Yo no entendía por qué mi hija sentía que era correcto llorar cuando quería pedir una cosa en vez de pedirlo. Tuve que preguntarle qué ocurría y me dijo «Fulanita llora para que le den lo que quiere». 
¿De dónde lo sacó? Me pregunté inmediatamente, y la respuesta fue clara; de la serie que yo según veía con ella, pero como mi mente no estaba allí no me permitió ver que allí había una actitud que podía copiar para mal.
Es todo un tema, porque soy la primera en supervisar lo que ella ve y juega, lo pruebo primero antes de permitirlo, pero sí, a veces no estar conectados nos crea estos vacíos que pueden ser muy dañinos.
«Mi mamá juega mucho con el celular y yo quiero», le dijo en una conversación imaginaria hace unos días a su abuelo mientras usaba un celular de juguete. Eso me hizo poner los pies en la tierra, pues mi hija está copiando lo que yo hago para llamar mi atención. Y créanme que algo que no quiero es que mi bebé se sienta desplazada de mi vida y menos por un aparato.
Qué sí, que entiendo que a veces este aparatico es la salvación para muchos pero definitivamente no me interesa si tengo que dejar de tener tiempo de calidad con mis afectos para irme a una vida virtual.
Entonces llega la hora de manejarlo y ¿cómo hacerlo? Poniendonos nosotros mismos limites que nos mantengan realmente conectados con quienes nos rodean, en especial si son nuestros hijos a quienes tenemos que dedicarle especial atención en sus años de formación.
En conclusión he venido tratando de dejar a un lado el teléfono para mantenerme concentrada en lo que me toca vivir ahora, pues entiendo que mi familia no necesita una mamá virtual sino una mamá presente, y sí yo espero lo mismo de ellos es lo mínimo que tengo que dar.
Evitar usar el teléfono cuando estamos jugando, evitar el uso de vídeos para distraerlos mientras nosotros nos ocupamos de manejar redes, tener horarios acordes con sus rutinas y sobre todo con el tiempo que pasamos con ellos, así como reencontrarnos siempre en la mesa, son algunas de las cosas que ponemos en práctica y que nos es tan funcionando para mantenernos de cuerpo y mente presente en la crianza de nuestra pequeña.
¿ustedes como lo llevan?

Migración

De cómo me enamoré de mi nuevo país

¿Por qué me gusta tanto vivir donde vivo ahora? No suelo hablar con tanta frecuencia de mi nuevo país por alguna razón que hasta yo misma desconozco; pero aunque ustedes no lo crean esta es una de las preguntas que más me hacen las mamás inmigrantes.

Y es que según ellas siempre digo sólo cosas buenas de este lugar que nos ha acogido y las pocas veces que ven fotos mías en esta ciudad se me ve enamorada. Pues esta semana me lo han vuelto a preguntar y ni sé por qué, pero me pareció bonito comentarles mis motivos.

Siempre les digo que emigrar está muy lejos de la zona de confort y de las cosas fáciles. Incluso para quienes somos mamás, es como una decisión casi bipolar. Es decir, en el caso de las madres venezolanas ni siquiera racionalizas lo que estás haciendo, sino que tomas la decisión por supervivencia y para adelante, pero cuando llegas al nuevo país y te ves sola, sin toda la caparazón familiar que tenías antes, entonces es como un balde de agua fría que te hace cuestionarte sobre si hiciste lo correcto o no.

La cosa fue que cuando decidimos venir yo quería estar fuera de nuestro país, pero estaba un poco resistente a que nuestro nuevo hogar fuera esta ciudad particularmente, que solo conocía como turista. Me aterraba pasar semanas sin ver el Sol, y como esa era la referencia que tenía de este lugar, me cuestionaba sobre nuestro tiempo de permanencia en este destino.

Ni hablar del idioma.

Sin embargo llegamos y todo fue diferente. Era plena entrada del otoño y el Sol brillaba con fuerza, y me permitió conocer una ciudad que en realidad no conocía. Sin ir más allá, les diré que aprendí a ver los detalles, esos pequeñitos que hacen tu vida mejor y que cuando vienes de una situación de guerra, ya conoces muy bien porque fueron los detalles los que te hicieron tener un respiro entre el desastre.

Lo que antes era un privilegio ahora era algo normal, pero como no lo tuve antes entonces ahora lo valoro mucho más que quienes entienden que esto es algo normal. No sé si me siguen, pero a las pocas semanas de haber llegado aquí y haber aprendido a ver esos pequeños detalles, recordé que durante mis años de trabajo con diásporas en Venezuela, siempre era evidente que su amor por nuestro país era mucho más fuerte que el de nosotros mismos.

Yo no estaba copiando actitudes, simplemente estaba entendiendo el porqué de lo que para mí antes era absurdo o ilógico.

Esos detalles me fueron cautivando y me fueron abriendo los ojos a un mundo que era totalmente nuevo para mí, o que al menos había estado dormido durante mucho tiempo. Porque cuando les digo que me cambió el paradigma hasta a nivel de pareja, no les miento.

Sí, sé que tengo el privilegio de vivir en una de las ciudades más hermosas del mundo, pero hay gente que llega acá y no se halla. Es normal, no a todos nos gusta lo mismo. Pero más allá de lo bella, me empecé a involucrar en sus rutinas, en sus movimientos, en su forma de vida y eso me llamó tanto que tres meses más tarde estaba perdidamente enamorada de Budapest.

Yo estoy clara que lo que estoy escribiendo puede no ser muy fácil de digerir, pero el amor en cualquiera de sus formas es muy difícil de explicar.

El tema es que aquí me siento con una libertad que nunca antes tuve, y aunque no les niego que extraño muchas cosas de Caracas, he conseguido otras tantas acá que me permitirían vivir mi vida sin mi ciudad natal.

“Tienes que amarlo, tienes que estar a gusto, tienes que sentir que vale la pena salir a la calle o conocer un museo o irte a un lugar donde te sientas bien en tu nueva ciudad. Si no hay conexión tienes que buscar mudarte inmediatamente, no hay nada que te ate a un lugar si no hay conexión con él”, recuerdo haberle dicho a una de mis amigas que se enfrentaba a la migración al mismo tiempo que nosotros y que lloraba todos los días por querer regresar a Venezuela. Cada vez que hablábamos, un día de por medio, me preguntaba “pero tú ¿cómo lo haces? ¿Cómo te sientes tan bien si no es tu país?”.

Pues bien, no era mi país hasta que lo escogí. Algo que siempre mi esposo decía era que definitivamente uno no es de donde dice el pasaporte sino de donde se siente bien, y eso es lo que nos define a los ciudadanos del mundo.

Ojo, eso no quiere decir que hablemos mal o despreciemos a nuestro lugar de origen, nada más lejos de la realidad, sino que simplemente hemos decidido abrir nuestro corazón a nuestro nuevo hogar y hemos encontrado una conexión particular que nos hace sentir en casa.

¿Cuáles son esos pequeños detalles que veo y me hacen sentir bien con este lugar?

Más allá de las calles y los monumentos, e incluso el alto contenido histórico de este país, está su gente. No les diré que todos son simpáticos o algo por el estilo, en su mayoría tienden a ser muy pesimistas, pero tienen una parte muy especial. Son románticos, creen en el amor y son muy inteligentes.

Dicen que los húngaros no son románticos, pero ¿cómo no son románticos si ves por la calle a parejas de más de 70 años caminando de la mano? Es fácil incluso encontrarse parejas adulto contemporáneas, digamos de entre 45 y 60 años en escenas románticas en una plaza o en un café. Van juntos al cine, al teatro o simplemente se dan una escapada a las aguas termales. Es como si el amor se encontrara en cada esquina, jóvenes, adultos y adultos mayores, ellos saben que tienen que amar.

Después están las artes, que viven libres en la cotidianidad y aquí nadie te mira raro si le dices que eres escritor o músico o pintor. Eso para mí ha sido como bálsamo en el alma, porque sí, evidentemente les gusta trabajar, pero aquí están muy claros que una calificación o un título universitario no define a una persona.

Me siento segura y me siento libre. Y esto ha sido una de las cosas más importantes que me ha gustado de este país y particularmente de esta ciudad, que aun estando en la zona más fea, puedes estar tranquilo con tu celular en la mano.

La educación ha sido otra de esas grandes vertientes que nos ha enamorado, porque el modelo educativo además de incluir a la familia, está adecuado para que el niño no se sienta frustrado o presionado por lograr objetivos que no le interesan, sino por alcanzar objetivos que le son atractivos, entonces cada uno va buscando y haciéndose su propio lugar en la sociedad.

En conclusión, no puedes vivir en un lugar del que no te sientes enamorada, es como casarte con alguien que no te importa. ¿Cómo puedes ser feliz así? ¡Es imposible!

Si ya emigraste y no logras conectar con tu nueva ciudad, date tiempo para reconocer esas cosas que son ventajas y que te pueden hacer sentir atraída por tu nuevo espacio, y si no las encuentras simplemente plantéate mudarte.

Si eres mamá, plantéalo bien. Estar en armonía con nosotros mismos (los adultos) nos permite tener relaciones más sanas con los niños, así que es mejor sentir este amor, esta seguridad, esta paz, que ir por la vida de malas pulgas por no atreverse a buscar algo más.

Me encantaría saber cómo se sienten esas mamis inmigrantes en sus nuevas ciudades.

Maternidad

Me llaman mala madre…¿con qué derecho?

Sí, yo también soy esa mala madre que de vez en cuando quisiera quedarse un rato más sola en la cama. Ni contarles de las veces que me he quedado con hambre por darle eso que tanto me gustaba o quería a mi hija, pero soy una mala madre por desear tener al menos un día a la semana una comida caliente en manos, sin los brincos inesperados de los peques.

Sí, a veces también soy esa mala esposa que no quiere sexo, sino solo un abrazo o un beso, que me recuerden lo bien que lo está haciendo. Otras tantas, soy la mala madre que quisiera tener unas horas a solas con su esposo, sin pensar en niños, sin hacer cosas de familia, solo de pareja.

Sí, yo también soy esa mala mujer que no tuvo tiempo para arreglarse todos los días, con tal de que a sus hijos no les faltara nada en el colegio y estuvieran de punta en blanco en todas sus citas.

Mala madre que luce cansada, desajustada, descuidada. Mala madre que para muchos no hace nada, solo cuida a unos niños, los mantiene vivos, les enseña cómo hacer las cosas, los educa, les muestra como ser independientes mientras dependen de ella para todo. Nada más los ayuda a vivir, pero no hace nada más.

Mala madre soy también porque ya no he podido volver a la oficina y no produzco suficiente dinero para llevar los gastos de la casa. Todo, gracias a haber decidido criar, gracias a haberme quedado con mis hijos en casa para que no fuera un desconocido el que los cuidara en sus primeros años de vida.

Sí amiga, yo también confieso ser de esas madres que somos denominadas malas madres por la sociedad, las mismas que salieron de la cama a preparar comidas a pesar de la fiebre y el malestar.

Mala mujer que ni ha podido siquiera terminar los proyectos que se había planteado en casa. ¿Qué hará, pasará sus días durmiendo?

Vi el otro día una de esas malas madres en el parque, que se retorcía del dolor de vientre y de cabeza en sus días, pero aun así intentaba sonreír y jugar con sus tres niños, todos menores de 5 años, en plena etapa eléctrica de la infancia. No sabía si abrazarla o quedarme con sus hijos para que ella tuviera al menos media hora de descanso, pero yo misma estaba siendo una mala madre en ese momento, olvidando todo lo que tenía pendiente en casa para enseñar a mi hija que ensuciarse a veces no es malo, que jugar descalzos en la arena no está mal.

Mala madre retumba en mi cabeza, mientras una sociedad injusta hace lo que mejor se les da, juzgar sin ponerse en los zapatos de otro. Realmente a estas alturas, me ha dado por no escuchar lo que dicen.

Otro día iré en el autobús y seguro mi bebé llorará por cualquier cosa, y seré la mala madre que no la calma con rapidez, que deja que la bebé llore y moleste a quienes me acompañan en el camino. Y por dentro no pensaré nada, seguiré simplemente haciéndome la loca, porque nadie tiene el poder de juzgarme más que Dios.

La verdad es que no, no soy una mala madre, y creo al menos que tampoco he sido en este tiempo de maternidad una mala esposa. De hecho, no creo que ninguna de nosotras seamos malas madres, por lo menos no por elección propia; ni las que nos quedamos en casa con los peques, ni las que tienen que salir a trabajar porque no hay otra opción.

Solo somos humanas, simples mortales que nos vemos sometidas a los juicios de terceros, que poco tienen que ver con nuestras vidas. E incluso, cuando el reclamo venga de casa, sería bueno respirar profundo y empezar a delegar, porque la presión –bien sea social o económica- muchas veces puede hacer de las suyas y llevarnos a decir cosas hirientes, muchas veces sin sentido.

¿Has pensado alguna vez en cómo serán las cosas en casa cuando te reincorpores al mercado laboral? ¿Está claro ese panorama para todos en el hogar? ¿Has planteado alguna vez la posibilidad de tener citas con tu pareja lejos de los niños? Ese tiempo necesario de cultivar el amor, la pareja e incluso el bienestar mental.

Te repetiré que no soy una mala madre, mi hija nunca será un estorbo para mí, y por el contrario en estos más de dos años de maternidad se ha convertido en mi amiga, mi compañera de aventuras ó como yo le digo “la asistente de mami”, pero sobre todo se ha convertido en una escuela de vida para mí, ya que a través de ella, de su crianza, me he podido reconectar con muchas cosas que estaban dormidas dentro de mí, y he empezado a darle importancia a lo que realmente es esencial para vivir.

No obstante, para que la familia esté bien, mamá tiene que estar bien en todos los sentidos, y es necesario siempre tener ese momento para uno, para conectarse con lo que uno desea e incluso para descansar, para meditar, para hablar con alguien de tú a tú.

Mamá, si me estás leyendo y te sientes identificada, déjame recordarte algo, ¡Lo estás haciendo bien! ¡Tú no eres una mala madre –yo tampoco lo soy-! Solo falta hacer algunos simples ajustes, pero todo esto también pasará y seguro lo extrañarás.

Maternidad

El insomnio de mi embarazo

Cuando te embarazas literalmente la vida te cambia, y no me doy cuenta hasta hoy, que tengo 30 semanas recién cumplidas, que eso es así. Mi vida ya no es del todo mía, es de mi bebé y de los millones de ideas que recorren mi cabeza cada día como si de un río desbocado se tratara.

Pasan cosas como que te despiertas un domingo lluvioso y frío, a un cuarto para las siete de la mañana y prefieres sentarte a escribir en la sala, que continuar empiernada con tu esposo. Sí me lo hubiesen contado hace un año atrás o tres meses antes no habría creído ni una palabra.

Lo peor es que cuando le comentas a las personas cercanas de estos episodios, no paran de repetirte “tú no estás para preocuparte por nada”, como si esa fuera la oración de la mañana, y realmente ha ocurrido que no me despierto por estar preocupada, y mira que sí debería estar preocupada, porque en esa lluvia de ideas no todo lo que se le pasa a uno por la cabeza es bueno y maravilloso; yo particularmente tengo muchas preocupaciones encima, como las deudas pendientes, el hecho de que por primera vez en mi vida no estoy produciendo dinero, porque uno de los grandes cambios del embarazo fue tomar la decisión de dejar mi estresante trabajo como periodista de sucesos, vivir en un país como este donde el miedo es lo único que tenemos todos en común, entender todos los cambios que continuarán viniendo a mi vida con la llegada del bebé, porque de verdad, ya tu vida no será del todo tuya, y créeme que aunque habrá días que no dudo serán difíciles, lejos de lo que pensé desde pequeña, no cambiaría por nada del mundo la experiencia de ser mamá.

Pero bueno, volviendo al tema inicial, y lejos de todo lo que piensan quienes saben de mis repentinos desvelos, no estoy despierta por mis angustias sino por reflejo, porque cuando esto ocurre me despierto como si me hubiesen catapultado de la cama y me hubiesen dado un golpe de realidad. Y sé que en unas horas dormiré como si hubiese corrido el maratón de Nueva York dos veces seguidas, sin importarme en lo más mínimo lo que suceda a mí alrededor, en la casa pueden estar tumbando las paredes y puedes apostar que me importará poco eso antes que dormir profundamente. Pero ahora, en este momento, sólo me interesa estar despierta, y me interesa de una manera que nunca antes había experimentado. Te cuento por qué.

Si esto te está pasando a ti, no sientas que te estas volviendo loca, siéntete viva. Resulta que desde que sufro de estos episodios repentinos, desde hace unas dos semanas, que me pueden dar además a las 3 de la mañana o incluso a la una -porque cierto es que rara vez pasa tan cerca del amanecer-, más que ponerme a pensar en todas esas cosas que me generan angustia, me ha dado por sentarme frente a la ventana a disfrutar de lo que no tenía tiempo para ver antes.

Hoy por lo menos decidí sentarme a escribir, que es mi gran pasión, pero mientras lo hago disfruto de ver cómo las gotas de lluvia caen sobre los árboles de la montaña que rodea mi edificio, hoy siento más profundo el sonido de una quebrada que pasa cerca de la casa, y aunque realmente creo que debe ser agua sucia, para mí, en mi mente, hoy esa es agua clara y limpia, sólo lo estoy disfrutando.

Tal vez es tan intenso lo que estoy viviendo, que hasta fantasioso parece, si hasta Miguelito, el pajarito que vive con nosotros en casa desde hace más de doce años, ahora recibe más visitas de otras aves que nunca antes, y si les digo que increíblemente algunos de ellos llegan con sus crías y no tienen miedo de acercase a mí mientras yo me encuentre inmóvil, no les miento.

Me atrevería a decir que nunca mis ojos habían detallado tanto los colores y los contrastes a mí alrededor, a pesar del día gris.

Verdaderamente pasan cosas maravillosas que pueden parecer tonterías, pero que en realidad son los pequeños detalles de la vida que hacen que todo merezca la pena. Así me siento yo hoy, y todo ha sido tan especial, que como pocas veces en la vida de un periodista, no me debato con una página en blanco, simplemente me dedico a llenarla fluidamente de una historia que es tan real como la de cualquier mujer embarazada.

Si me pongo a pensarlo, nunca había estado tan viva como lo he estado en los últimos siete meses de mi vida, no sólo por el hecho de que dentro de mí se está generando una vida nueva, sino porque enterarme de ese nuevo ser me hizo caer en cuenta de que la vida misma es más que un trabajo y un sueldo, más que una salida o la nueva colección de ropa de tu tienda favorita, que es más que muchas cosas a las que nos acostumbramos, me hizo entender que la vida está hecha de detalles simples, que son los que realmente te hacen feliz y mejoran tu existencia.

Obviamente no soy especialista en embarazos, ni mucho menos en vida, pero lo que sí te puedo decir, siendo una futura mamá tan real como tú, es que si estás pasando por esto, simplemente vívelo y agradécelo.

No pierdas tiempo, porque todo pasa mucho más rápido, y nada nunca vuelve a ser como antes. ¡Sé feliz!

Tomate ese cafecito que tanto te provoca, siéntate en el sofá que tenías tanto tiempo que no disfrutabas, pon la música que tanto te gusta o simplemente escucha el sonido de la lluvia al caer; háblale a tu bebé, disfruta sus movimientos y ríete con ellos, no te preocupes tanto por la cama que no has tendido o por lo que no has podido limpiar, simplemente ve a tu alrededor y decide qué es lo verdaderamente importante en tú vida en este momento. Esa es una de las pocas cosas en las que tu vida te sigue perteneciendo, y créeme cuando te digo que vale la pena.

Ya vendrán otras experiencias.

A los 13 días del mes de marzo de 2019, más de dos años después de haber escrito esto, lo comparto con ustedes desde un amor muy grande. Leerlo me ha devuelto a aquel sofá verde perico que decora la sala de mis padres, he escuchado de nuevo la lluvia y he visto a lo lejos como El Ávila se abre paso entre las nubes blancas que decoraban aquella mañana el cielo.
Querida futura mamá, te hablo desde el futuro y te digo que todo lo que dice aquí es verdad, no cambiaría por nada la experiencia de ser mamá y todo lo que me ha traído a la vida entender que estoy más viva que nunca. Te abrazo.

Pareja y Familia

Tiempo de adultos, tiempo vital

Cuando nos convertimos en madres todo cambia tanto y tan rápido, que muchas veces no nos damos cuenta de todas las cosas que hemos ido dejando de lado. Una de esas es el tiempo de pareja y el tiempo de adultos.

Pero, ¿Sabes qué es el tiempo de adultos?

Si te lo explico sin muchos adornos, es ese tiempo que tenemos que tener, sin excusa alguna, con otros adultos sin que los niños sean el centro de atención. Y antes de que te alarmes, no se trata de egoísmo, sino de pensar en ti misma e incluso en tu pareja.

El tiempo de adultos es un tiempo dedicado a hacer cosas para nosotros y por nosotros, y en el que debemos dejar el remordimiento de lado, pues es un tiempo dedicado a distraernos y cultivarnos en las cosas que nos motivan y nos hacen sentir bien con nosotras mismas.

Por eso es importante entender que no se trata solo de tiempo personal y de pareja, sino de tiempo para las amigas, para la familia extendida, para hacer un curso o asistir a una exposición, etc., sin los niños.

¿Por qué es necesario?

Simple, y no lo digo solo yo, pero un día me di cuenta que cuando salía con alguna amiga sólo hablaba sobre mi hija, qué hacía y que no, cómo había crecido y los planes que tendríamos con ella. Y me empezó a hacer ruido la voz de una de mis tías diciéndome «cuándo nazca la bebé la gente te anulará a ti. Ya nadie más te preguntará cómo estás tú o cómo te sientes, sino todo será sobre el bebé».

¡No, me niego! Eso no puede ser, porque yo también cuento.

Y no sólo que yo cuento e importo, sino que tengo que estar bien yo para enseñarle con el ejemplo a mis hijos que ellos son más importantes en sus propias vidas que nadie.

Y sí, el bebé es importante, pero yo también soy importante. Yo soy lo más importante de mi vida, porque para darle lo mejor de mí a ellos, tengo que cultivarme y cuidarme yo antes.

Pero, si además somos de los que queremos criar desde el respeto y el ejemplo, ¿cómo es que le voy a enseñar a mis hijos que tienen su propio lugar y espacio en el mundo, si ellos me anulan en mi propio mundo?

Difícil, ¿no? Pero hay que hacer un esfuerzo para entender esto y que por más que los amemos, ellos no son nuestros, son prestados y tienen vidas propias que cultivar.

Así que el tiempo de adultos durante la maternidad y el tiempo de crianza, es necesario y vital.

 Es necesario para drenar, para crecer, para enriquecerse y sobre todo para oxigenar.

¿Qué se hace en el tiempo de adultos?

Pues se hace lo que a uno le gusta hacer que no implica hablar o pensar en cosas de los niños o la familia o la casa, e incluso el trabajo. Es decir que, durante este tiempo tu sólo tendrás que ocuparte de ti misma.

Es verdad que cuando eres emigrante estos tiempos son más reducidos por no contar con el apoyo familiar para que se hagan cargo de los niños por unas horas, pero en nuestro caso nos hemos reinventado el tiempo, e inventamos planes cortos durante las horas de colegio y visitamos lugares que nos gustan pero donde no podemos de ninguna manera ir con niños.

También hemos probado ver películas de gente grande (a mi esposo le encantan las películas de acción donde hay balaceras y esas cosas que una niña no debe ver), y también hemos aprovechado para descubrir baños termales en nuestra ciudad (en estos lugares no se permite la entrada de menores de 14 años por los minerales que contiene el agua).

Pero además del tiempo de adultos en pareja, hemos buscado tener nuestro tiempo de adultos por separado, y en mi caso son momentos que aprovecho para salir a fotografiar la ciudad o tomarme un café sentada en algún lugar bonito que me inspire a escribir, mientras que mi esposo prefiere usar su tiempo en actividades deportivas que no puede desarrollar durante la semana.

No les niego, a veces también simplemente me acuesto a dormir por dos horas seguidas y eso es muy revitalizante, pero a fin de cuentas, este tiempo es importante para que nosotras nos sintamos bien con lo que hacemos y tenemos.

¿Y tú tienes tiempo de adultos? ¿Qué haces?

Maternidad

Heroína sin capa

Esa mujer que va ahí en el Metro con sus 4 hijos a cuestas, todos menores de 6 años, es una súper estrella; pero ella no lo sabe.

Mientras todas las miradas se fijan en ella, miradas despiadadas y juzgadoras de una situación que no les corresponde, ella sólo se concentra serena en mantener a tres de sus retoños sentados cómodamente en el asiento del tren.

El cuarto de los niños, apenas de meses, lo lleva a cuestas.

Yo dentro de mi pienso que debe tener ojos hasta en la espalda, es una Rock Star y no lo sabe. ¿Cómo no se da cuenta?

Esta peinada, no de salón pero está arreglada; se nota que ha puesto al menos un poco de atención en ella. Para mí eso es bastante porque a veces yo con una no puedo siquiera recordar si me he cepillado los dientes. -¿Qué dices Carla?- Sí que me ha pasado.
Esa mujer a simple vista es una Diosa y no lo sabe.

Y no lo sabe porque afuera hay una sociedad que la juzga, que emite comentarios sobre sus decisiones sin pensar en sus sentimientos, que prefiere llamarla loca o cómoda antes de preguntar cómo se siente ella.

Yo desde mi esquina no creo que la sociedad vaya a cambiar su percepción de la mujer, y mucho menos de la mujer que decide ser madre. Pero estoy convencida que si desde el amor les explicamos a los hijos nuestro rol, las cosas para las futuras generaciones cambiarán.

«Mundo de hombres» dicen algunos, pero no podemos seguir justificándolo y nosotras mismas sentirnos inferiores por lo que hemos escogido hacer. Y me incluyo, porque es verdad, yo también me he sentido mal cuando alguien me pregunta por qué no he vuelto a una oficina después de tener a mi hija.

La cosa es que nadie recuerda que antes de ella yo era de la que no distinguía entre miércoles o domingos, que viajaba ligera por el país acompañando a diplomáticos de otros países, haciendo relaciones públicas y mandando noticias. Mi trabajo no tenía horarios, a veces entraba a las 10 y eran las 3 de la mañana y yo seguía en la oficina. ¿Cuántas veces no salí de noche y deje la cena familiar en la mesa para ir a cubrir una pauta?

Deje ese vacío muchas veces en mi familia, en mi pareja, en mis propios padres que se quedaron esperándome en alguna sala de conciertos a la que nunca llegué pese a tener un compromiso con ellos.

Ellos nunca me juzgaron, pero sé que me extrañaron y se dieron cuenta de que seguía el ejemplo que me habían dado, estaba trabajando en lo que me gustaba sin limitaciones de espacio o tiempo, y la familia no era lo primero, sino el trabajo.

Pero cuando llegó Sára a nuestras vidas, para mí todo cambió. Yo no quería que mi hija fuera nunca la niña que se quedaba sola en el salón porque su mamá no había llegado a tiempo a buscarla, no quería que fuera la muchachita que dijera su primera palabra lejos de mi vista, ni perderme muchos de sus avances y desarrollos porque yo tenía que cumplir con un trabajo.

La maternidad, en mi caso, reformuló mis metas y sueños y me hizo conectarme mucho más con lo que yo de verdad quería de la vida… pero nadie me lo ha preguntado, y los pocos que se han atrevido no se han quedado satisfechos con mi respuesta. Seguro a esa mamá del Metro tampoco la han considerado un poco, pero es bastante que ella misma se considera y lo digo por su apariencia.

Quisiera haber sido valiente y preguntarle su nombre, preguntarle si necesitaba ayuda con los niños para subir las escaleras, pero es que ella estaba tan cómoda en su papel que atreverme a aquello podría haber sido incómodo para ella.

Pero la verdad es que quería acercarme y decirle ¡Te felicito!. Porque aquellos niños, que son el futuro de este mundo, lejos de lo que muchos pueden pensar, se mantuvieron a tono y educados en todo momento. Uno le preguntaba “¿Mamá cómo se llama la estación dónde vamos?” y ella respondía y les hacía otra pregunta, a la que respondía con picardía alguno de los otros niños. Entre ellos tenían una conversación amena, fraternal.

Viendo aquella escena de la que pude ser testigo por escasos 7 minutos, volví a entender que el mundo no es de una persona, menos de un género, el mundo es de todos, y ella estaba preparando a sus hijos para ese mundo de todos.

¡Gracias heroína por regalarme una visión tan amplia de la vida, en tan escaso tiempo!

Migración

La pareja después de la migración

Así como después del parto la pareja muta, la migración también nos afecta directamente. Y no es para menos, somos humanos y en este proceso nuestras rutinas y costumbres se ven completamente alteradas y entramos a un período de adaptación, que para cada ser humano es totalmente diferente.

Recuerdo que antes de emigrar mis amigos que estaban fuera me decían “por lo menos ustedes se van juntos, tú no te imaginas lo que es estar sólo fuera”. Y yo pensaba dentro de mi ¿Y si no funcionamos nosotros?

Recuerdo perfecto un día que una de mis amigas se iba sola a vivir a otro país y me dijo, “ten calma Carla, a ustedes les irá buenísimo porque van en familia, en cambio yo sí me las veré grises al estar sola”.

Les confieso que en ese momento no me pude contener y se lo dije. No tenemos la seguridad de nada, porque como todas las decisiones importantes de la vida, emigrar también es un acto de fe. Fe en que te irá bien y que podrás superar todas las pruebas con éxito. Pero emigrar solo o acompañado no te da más o menos seguridad o probabilidad de éxito.

En efecto, en nuestro caso la migración trajo soluciones a muchas cosas que nosotros deseábamos cambiar en nuestras vidas, pero también nos trajo nuevos problemas que posiblemente nosotros no habíamos visto en el panorama.

Y no les mentiré, nos tocó la puerta de la relación de pareja. Y nos ha tocado ir aprendiendo en el camino a solucionar todas las diferencias que ahora sentimos pesan más.

Es obvio, ahora estamos lejos de todos nuestros afectos. No contamos con ese apoyo físico de amigos y familiares a los que estábamos acostumbrados, y eso te mueve el piso.

La verdad es que desde donde yo lo veo, nadie está preparado para emigrar, ni sólo ni en pareja o familia, así como tampoco estamos preparados para enfrentarnos a la maternidad. Entonces no queda más que lanzarnos al ruedo y aprender a vivir con esta nueva situación de vida.

¿Y les digo algo? Es una experiencia realmente enriquecedora.

Porque así como con los hijos toca decidir echarle pichón, con la pareja también. O puede que no, puede también que llegue el momento que decidan no continuar. Es válido, y no pasa nada, nadie tiene que juzgarte por ello.

¿Qué nos ha funcionado a nosotros? Me lo preguntan casi a diario, y siempre digo que no somos el mejor ejemplo porque teniendo personalidades tan diferentes, es verdad que la migración nos alejó mucho de nuestra concepción de matrimonio pero trabajamos mucho para reencontrarnos.

Nos hemos abierto mucho y hemos estado aprendiendo a tejer una relación mucho más sólida en la que somos esposos, pero también amigos. Si no tenemos a nadie más cerca, y no es tan fácil hacer amigos, pues nosotros tenemos que ser nuestros propios amigos.

Como dice la canción, amigos y amantes, padres y hermanos.

Uno de los grandes aprendizajes ha sido entender que el matrimonio es un templo que se construye todos los días, y del que también necesitamos de vez en cuando un descanso. Pero ojo con esto, esto no se trata de ser infieles ni nada por el estilo, sino simplemente de encontrar espacios para estar juntos como pareja y como familia, pero también tener espacios para estar solos con nosotros mismos, y fuera del horario de trabajo.

Además de esto ahora funcionamos mejor como un equipo y nos apoyamos mutuamente en los retos profesionales y personales que se nos presentan.

Propiciar momentos de pareja sin los hijos alrededor ha sido la parte más ruda por no tener familia de soporte cerca, pero nos la hemos ingeniado y hemos hecho planes de adultos mientras la niña asiste al colegio. Evidentemente esto es algo que no podemos hacer todos los días, pero cada vez que se presenta la oportunidad nos damos un gusto de adultos.

En esta tarea también tuvimos que volver a conocernos. Querida amiga, créeme que si tú piensas que eres la misma que salió de tu país, no has aprendido nada.

Emigrar es adaptarse y evolucionar también. Así que como pareja nos tocó volver a conocernos y reconocernos. Y es en este proceso que algunas parejas deciden no continuar, y por eso digo que nadie te puede juzgar por tomar una decisión como esa, pues el matrimonio también es respeto además de amor.

También nos ha servido mucho conectarnos con familias afines a nosotros, nuestros valores e intereses. Estas familias no necesariamente son inmigrantes, pueden ser locales, y es una relación súper nutritiva porque aprendemos cosas de ellos y evidentemente no nos sentimos tan solos.

Hablar, hablar y hablamos mucho. En este último punto todavía trabajamos incansablemente porque a veces se nos olvida como remar en equipo, y no les diré que es fácil emigrar en pareja, pero si hay amor y respeto, todo debería salir bien pese a las tormentas.

Esta es parte de mi historia, pero sé que no soy la única que ha emigrado en pareja, así que me gustaría saber si quienes me leen tienen alguna historia que compartir sobre este tema.

Maternidad

El plan de parto: del dicho al hecho.

Cuando supe que estaba embarazada, ni siquiera sabía que quería un hijo. 24 horas más tarde estaba convencida de que era una de las cosas que más había deseado durante mucho tiempo, pero así como estaba convencida, también tenía un montón de preguntas en mi cabeza sobre todo lo que me venía por delante.

Viviendo en una sociedad como la latina, donde hay muchos opinólogos y pocas referencias cercanas de apoyo, mi cabeza era una total confusión. Recuerdo que a los pocos días de saber que venía mi bebé en camino me regalé un libro que deseaba leer desde hace mucho, “De pura madre” de Ana María Simon, y fue allí que por primera vez leí la palabra mágica “plan de parto”.

Del libro les puedo comentar luego porque de verdad para mí fue como un mantra en el embarazo, y mi forma de entender que todo lo que estaba sintiendo, de dejarme llevar por mis instintos, era totalmente normal.

¿Pero qué era ese plan de parto del que se hablaba? ¿Cómo funcionaba? ¿En mi país realmente se aplicaba?

Así fue como me puse a averiguar, y encontré que el plan de parto se utiliza en muchos países y que es una especie de documento en el que la mujer refleja sus preferencias, necesidades, deseos y expectativas sobre el proceso del parto. En pocas palabras, es decirle a tu médico –y también a tu familia- cómo quieres parir, cuándo, dónde, quiénes estarán allí y bajo qué condiciones.

Con cuatro meses de gestación empecé a maquinar todo según lo que mi corazón me dictaba. En la siguiente cita con mi doctora, a penas entré a la consulta le pregunté si podíamos hacer un plan de parto personalizado, y mi querida doctora (que terminó convirtiéndose en un pilar de ese plan) quedó encantada de que le hubiese preguntado y la hubiese incluido en mi planificación.

Entre los cuatro y los siete meses nos fuimos planteando todo el panorama, escribiendo ideas y también de alguna manera experimentando cómo nos sentiríamos cómodos papá y yo.

Y en el mes siete llevamos una lista con nuestros requerimientos, y junto a nuestra doctora discutimos uno por uno los puntos que habíamos escrito juntos (aunque yo lo había escrito sola practicamente).

Evidentemente todo no era posible de hacer, porque por lo menos yo pretendía parir en una habitación sola con mi esposo, la doctora y una doula y el centro de salud que habíamos escogido para el gran día no lo permitía; pero tampoco podíamos arriesgarnos a hacerlo en el lugar donde esto si hubiese sido posible, y aunque primero me costó mucho asimilarlo, esta fue la mejor manera de estar preparados psicológicamente para la llegada de nuestra pequeña.

Podría enumerar las cosas que solicité además de eso, siendo la primera respetar siempre que la bebé decidiera cuando nacer. No quería pautar una cirugía ni un parto inducido, estaba negada a esa posibilidad y en esa situación llegamos hasta el último día posible, hasta que ya era un riesgo para nosotras dos seguir esperando.

Además de esto, no quería bajo ninguna circunstancia tener una cesárea. No obstante, llegado el día y por una situación que no vale la pena describir, yo misma pedí a gritos que me hicieran la cesárea lo más pronto posible. Recuerdo haberle pedido disculpas a mi esposo por cambiar de opinión, y que mi Doula llamó a nuestra obstetra para decirle “Carla está pidiendo una cesárea”, y la doctora no lo creía posible. Incluso esto hizo que ella abandonara su consulta y bajara inmediatamente a la sala de partos a hablar conmigo.

Por otro lado, mi esposo y yo estuvimos siempre de acuerdo en que queríamos un parto respetado con apego temprano. Esto quería decir que una vez se cumplieran los procedimientos de rutina la bebé fuera inmediatamente pegada a mi pecho, y para eso contamos con el increíble apoyo de la doula, que apenas recibió autorización médica me entregó a mi bebé.

Otro de mis requerimientos fue estar solos mi esposo y yo hasta que la bebé llegara al mundo, y que en ese primer día de vida solo nos acompañaran nuestros padres y hermanos.

Viniendo de una familia tan grande, me era inimaginable tener que compartir las primeras horas de vida de mi hija con medio centenar de personas. Y sé que esto fue muy mal visto por algunos familiares, pero la intimidad que tuvimos ese día en aquella habitación no la cambiaría por nada. Me sentí completamente conectada con mis padres y con mi hija a la vez, estar de esa forma en una paz inexplicable fue clave en mi recuperación.

Nuestro plan de parto también incluía música y una luz tenue, y a pesar de contar con esto, terminamos no haciéndolo porque al final muchos de nuestros planes cambiaron aquel día por la forma en la que yo me sentía más cómoda.

También quería que mi esposo estuviera en cada segundo a mi lado y por protocolos médicos hubo algunos momentos en los que él no pudo estar presente. Sin embargo, nunca estuve sola, contar con una doula que había sido parte del equipo médico de la clínica escogida, fue un gran plus.

Mi hija nació en la fecha tope para venir a este mundo. Inicié un parto inducido y aunque había dilatado bien, en medio del camino ella decidió devolverse. Hoy nosotros lo vemos como que ella decidió nacer por cesárea para no lastimar tanto a mamá, y aquella noche descubrimos lo comprometida que estaba nuestra doctora con nosotros, cuando fue a revisarme después de la cirugía y se sentó como una mamá a explicarme que no era yo menos mamá por no haber podido parir.

Les hablo del plan de parto porque es sumamente importante entender que la llegada del bebé a este mundo no es algo casual, sino causal. Y es necesario para los nuevos padres, y también para los médicos, entender qué esperamos de ese día donde una bomba atómica de emociones explota gracias a las hormonas.

Querida futura mamá, yo de todo corazón te invito a escribir todo lo que tú esperas del día de tu parto. Bien sea que tengas claro que buscas una cesárea o un parto natural, si quieres apego temprano o si prefieren que le den un biberón al bebé, si quieres que te visiten o prefieres estar sola…todo lo que tú imaginas, escríbelo, incluso tus miedos sobre ese momento. Visualizar ayuda mucho a prepararse para todo lo que ocurre en un día tan acontecido como es la llegada de tu bebé.

Pareja y Familia

El matrimonio vacío

Érase una vez una pareja que vivía feliz… o al menos eso parecía.

Lo tenían todo; una casa, un trabajo estable, unos hijos sanos e inteligentes, y hasta el perro que es como la guinda de la torta en la foto familiar.

Ante los ojos del mundo nada faltaba y cualquier queja que tuviera la mujer de su hogar, era totalmente refutable porque aquel hombre era el prototipo perfecto para quienes veían desde afuera la situación.

Lo que pocos sabían, era lo que realmente pasaba dentro de casa; donde a duras penas marido y mujer hablaban de algún tema relevante. Las ocupaciones diarias y los hijos era lo único que aquellos dos seres, que alguna vez compartieron tanto amor y alegrías, ahora tenían en común.

“Pero si estamos bien, no nos falta nada. No puedes ser inconforme y mal agradecida”, se repetía aquella mujer en su cabeza todos los días del mundo, ante la respuesta incomprendida de las pocas personas a las que les expresaba su verdadero sentir.

Todos los días se preguntaba ella, si de verdad el resto de su vida tendría que ser así… sin emoción en la pareja, sin verse a los ojos, sin agarrarse de la mano, sin un cariño que no estuviera relacionado con el sexo, que ahora era sólo eso, sexo. Una necesidad fisiológica más que cubrir, sin conexión, sin amor, casi que por respuesta automática al momento e incluso a veces el cupón que evitaría las peleas de la noche.

Seguramente en su cabeza él también lo pensaba pero estaba demasiado ocupado trabajando, y para cuando llegaba el momento de poder ver las cosas en paz, ya era hora de dormir para continuar con la rutina.

¡Uff! La rutina, esa miserable traicionera come sueños, que al final termina convirtiéndose en el atajo de muchos para conseguir “estabilidad”, para quedarse en esa zona de confort que te atrapa para no tener lo que mereces sino aceptar solo lo que tienes.

“¿Pero realmente esto es lo que quiero para mí? ¿Este es el ejemplo de vida que le quiero dar a mis hijos? El del conformismo que alguna vez para mí representó mediocridad. Irse de la vida sin haber hecho lo que realmente quería porque sólo había que llenar un montón de requerimientos sociales”, se repetía ella todos los días mientras lloraba en silencio en el baño.

Todos los días era lo mismo. Ella se despertaba antes que él, preparaba el desayuno que poco a poco se fue volviendo mediocre; se vestía, tomaba un café mientras él finalmente se bañaba. Ella preparaba a los niños, las loncheras y salía a llevar a los pequeños al colegio. Mientras el marido solo se preparaba para irse a trabajar y no volver hasta la noche. Ocho horas más de estar separados físicamente, pero realmente eso no pesaba tanto como la separación emocional que ambos estaban viviendo.

En sus días más libres ella volvía a casa para cocinar, limpiar, hacer las compras y resolver uno que otro asunto, que al final terminaba siendo el asunto de alguien más de la casa. Buscaba a los niños, los entretenía hasta que el papá llegaba a casa y la saludaba -con suerte- con un beso frío, casi que sin interés.

Mientras los niños tumbaban la casa, él hombre sólo se dedicaba a ver el celular o la televisión, pero incluso algunos días se arriesgaba a buscar conversación contando cosas de trabajo, que a ella al final no le interesaban.

Ella se sentía un mueble más, incluso cuando él se acercaba con un fallido intento de amor para usar su cupón favorito. Él no veía en su mujer los ojos vacíos, su dolor desesperado ante la frustración que ella sentía.

Y ella lo sentía por los dos. Ella bien sabía que él tampoco era feliz.

Este es un relato real, uno escogido aleatoriamente de todas las historias que escucho cada día de mujeres reales que han visto cómo se desmoronan sus relaciones tras la llegada de los hijos.

¿Pero realmente este deterioro es culpa de los hijos?

Desde mi punto de vista, y desde mi experiencia propia, no.

Si buscamos culpables esos seremos nosotros mismos, los padres, que de alguna manera no hemos sabido manejar la presión de la situación y preferimos escondernos en el trabajo, en las excusas e incluso en las creencias con las que hemos crecido, o más fácil echarle la culpa al otro de lo que en realidad es un asunto de dos.

Pero esto no se trata de culpas sino de encontrar soluciones reales y factibles para ambas partes, porque como bien dicen por ahí, mientras mejores esposos o amigos seamos, mejores padres seremos.

Un matrimonio feliz no es necesariamente el que duerme a modo cucharita todas las noches, o en el que la mujer recibe más flores al año que cualquiera de sus amigas. Un matrimonio feliz es donde hay atención de parte y parte, donde uno se preocupa por el otro, donde son amigos y amantes que constantemente se están enamorando y atrayendo el uno al otro.

Un matrimonio feliz es aquel donde ambos muestran real preocupación por los asuntos y planes de la pareja, y además se apoyan, donde se trabaja en equipo por las metas en conjunto pero también por la cotidianidad, donde la plata no se convierte en sinónimo de manipulación, donde el perdón tiene cabida cuando se comenten errores, y donde la cama es un lugar de encuentro incluso para los sueños, no sólo para dormir.

El matrimonio es respeto y amor, es verdad, pero también es complicidad, amistad, apoyo, tolerancia, familia, compromiso, armonía, relevo, ternura y muchas otras cosas más que conviven con dos personalidades diferentes.

Y en este punto quisiera ser clara, no como especialista en nada sino como ser humano, el motivo  de un matrimonio nunca deben ser sólo los hijos, porque los hijos son, de alguna manera, la consecuencia del matrimonio, y al final ellos crecerán y nosotros nos quedaremos solos con nuestras parejas.

Pero si pones a otros como motivo de tu matrimonio (hijos, padres, sociedad, etc.), puedes estar viviendo en un matrimonio vacío, donde sólo importan las fotos familiares que mostraremos en algún momento a un tercero, que al final no será más o menos feliz por nosotros porque a cada quien le toca vivir su propia vida.

El matrimonio vacío es aquel donde se perdió el respeto, donde se desconectó el corazón y donde el amor escasea. El matrimonio vacío lamentablemente hoy es muy común, y es ese donde algunos prefieren permanecer por conformidad, por costumbre, pero nunca por amor propio ni mucho menos por amor al otro, y al final esto termina siendo una carga muy pesada para llevar.

Si tú eres una de esas mujeres que está viviendo en un matrimonio vacío, te recomiendo con el corazón en la mano buscar ayuda, bien sea para salvar tu matrimonio o para partir al rumbo donde te sientas feliz y en paz, porque nadie querida amiga, NADIE merece vivir sumido en la tristeza.

Pero si no eres tú, sino que es una de tus amigas que se encuentra en esta situación, no le des la espalda, no la juzgues, ni te involucres, sólo escúchala, no la abandones como el resto de su entorno.

Maternidad

Mis ojeras y yo

Esas ojeras que hoy ves en mi son parte de las marcas que me ha traído la maternidad. ¿Y sabes qué? No me pesan. Tal vez para ti, que ves todo de afuera sea sinónimo de una lucha sin sentido, pero para mí, que soy la madre, tiene un valor inigualable.

Esas ojeras que hoy te causan risa, esta vez no son producto de una fiesta veinteañera, ni de un trasnocho por estudios, son el resultado del trabajo más lindo que me ha tocado desempeñar.

Esas ojeras que hoy me acompañan no se irán esta vez con el café de la mañana, y probablemente no tenga muchas ganas de usar maquillaje, pero ¿Para qué ocultar mi belleza natural si a mí no me molesta?

Mis ojeras, las nuevas manchas que tengo en mi piel, la cicatriz de mi cesárea, no son nada en comparación al amor que me recorre el cuerpo desde que el motivo de todos estos “males” llegó a mi vida.

¿Te había dicho que soy mamá?

Pues sí, soy mamá entregada y libre. Soy mamá que ama sin medida y que no ve nada de malo en entregar tanto amor como pueda a sus hijos. Soy la mamá de un ser humano que está creciendo desde el amor, el respeto y los valores, y me siento orgullosa de ello.

“You are kind, you are smart, you are beautiful”, es mi mantra para mi hija todos las mañana antes de entregarla en el colegio. ¿Cómo podría yo enseñarle a ella que lo que importa es lo de adentro, si no se lo demuestro?

Querida amiga que también eres mamá y me dices “tienes una cara de destruida amiga”. No seas cínica, guárdate el comentario y dame ese abrazo que tanto necesito. Recuérdame todas las cosas que en algún momento hice y que pronto volveré a hacer, porque este tiempo de criar pasará rápido. Recuerda que cuando fuiste tú, quien estuvo en el lugar que ocupo hoy yo, jamás de mí salió una palabra que te desmoralizara.

Querido esposo, no me anules, ámame aún más con mis ojeras, con mi cabello desaliñado y soso, que es la marca del amor que les pongo a nuestros hijos y la foto que guardaras en tu corazón cuando me vuelvas a ver como la reina que soy. Este tiempo de agotamiento también pasará, así que cuídame ese amor que nos juramos para disfrutarlo también cuando los niños se vayan.

Mamá que me lee, no sientas pena porque hoy no estás arreglada, porque usas los mismos jeans desde hace una semana o porque has repetido la franela que llevabas ayer. Si no te gustan tus ojeras, maquíllalas pero no te sientas menos por ellas.

Que si tienes tres días en la casa en pijama. Lávate la cara y ponte una ropa con la que te sientas a gusto, vístete para ti, no para los demás.

¿Que tus amigas te critican porque ya no vas a la peluquería? Entonces ellas son quienes deben revisarse, porque tu belleza interior sobrepasa la exterior. Eres mamá, estás criando, estas formando el futuro del mundo, y esa es la labor más difícil que cualquiera puede enfrentar.

Lo más increíble de todo es que esto también pasará, y es por eso que es tan importante que tú seas la primera en no anularte de la historia.

Que sí, que tus hijos te necesitan, pero también te necesitan coherente con lo que quieres enseñarles y es por eso que es importante que así como tienes tiempo para todo, tengas tiempo para ti. 10 minutos, una hora, un día, en que te cultives, te revises, te desconectes, descanses y recargues todo lo que tienes para dar.

Querida mamá, esto también pasará y como todo en la vida, será muy rápido. Puede que ahora que pasas horas en el sofá dando pecho a ese pequeño ser que creaste, veas todo oscuro y eterno, pero no es más que tu mente haciéndote una mala jugada, porque todo se acaba en un abrir y cerrar de ojos.

Te hablo de esto porque yo también he estado ahí, y hoy cuando me vi al espejo vi una cara cansada, me eché agua fría y lo primero que salió a flote fueron mis ojeras, de esas que tenía meses sin ver. Pero no me quise maquillar, ¿para qué si no me gusta y esta soy yo tal cual soy?

Salí a la calle y la primera persona que me vio me regaló una sonrisa. Sé que le sonrío a mis ojeras más que a mí, y sé también que por su mente habrá pasado el “pobre mujer”, y por eso decidí dedicarte estas palabras.

No es pobre la mujer que cría y entrega en su medida correcta el amor a sus hijos, es pobre aquel que juzga sin pensar en el daño que causa al otro.

No decaigas mamá, ama mucho que el tiempo es corto.

Pareja y Familia

Nunca es el momento perfecto

Nunca es el momento, nunca las condiciones están dadas, y seguramente cuando todo este “perfecto”, las cosas no saldrán como tú quieres.

Mi esposo y yo habíamos decidido emigrar, y hasta pasaje en mano teníamos para ir a probar suerte en unas entrevistas laborales, cuando yo empecé a sentirme mal.

Mi mamá me preguntaba por qué estaba tan cansada todo el tiempo, de la nada se me aceleraba el corazón, todo el tiempo estaba caliente al punto que mi esposo creía que me la pasaba con fiebre, tenía dolor en el cuerpo y todo pasó justo cuando reventó la mayor contingencia por el Zika en todo el continente.

-“¿Embarazada? No vale, yo lo que tengo es Zika”, me repetí por tres días hasta que tuve que ir a hacerme un examen de sangre para ir al médico.

En ese momento y por la contingencia sanitaria, era obligatorio que las mujeres en edad fértil que se practicaran la hematología para saber si tenían Zika o Dengue, se practicaran una prueba de embarazo. Evidentemente no pude negarme y yo en mi mente ni idea tenía que el resultado sería totalmente al esperado.

¿Qué si sospechaba que estaba embarazada? Para nada, eso para mí ya era tema del pasado. No sólo no estábamos buscando bebé, sino que ya había llegado a creer que eso no era para mí, y que bueno si mi esposo ya estaba medio reacio al tema, ¿para qué íbamos a intentarlo?

El gen de la paternidad estaba apagado en ese momento en nosotros. O por lo menos eso creíamos.

Yo confieso que había dejado de desear un hijo porque pensaba que no tenía la capacidad de amar a nadie de la forma en la que las madres aman. Y bueno, si ya tenía un año sin cuidarme, descubriendo lo feliz que era sin anticonceptivos y no había pasado nada, ¿qué podía haber cambiado mi realidad?

Recuerdo que en aquellos días le comentaba a mi entrenador de TRX que no entendía por qué esa definición muscular de los primeros meses de entrenamiento había desaparecido, que no entendía cómo era que salía tan agotada de las clases, y que además no bajaba de peso como había venido pasando.

Los resultados tardaron unas 24 horas por algún motivo, porque yo no tenía fuerzas ni para manejar aquella tarde, y fue mi esposo quien recibió la noticia, aunque él ni por enterado se dio. No sé si fue porque aún estaba dormido cuando fue por los exámenes, o porque en su cabeza no registró que el día anterior me habían hecho una prueba de embarazo anexo al perfil 20 original que el médico había solicitado.

Él sólo leyó que el examen decía “positivo en sangre” y me llamó para decirme que creía que tenía que ir inmediatamente al médico porque le parecía que había salido positiva la prueba.

Cuando llegué a donde estaba él, esperando para ser atendido por el médico para un chequeo pre-operatorio, leí detenidamente los resultados, hasta percatarme que en efecto al final decía “HCG: Positivo en sangre”. Mi ojos no podían creer lo que estaba viendo, ¿Cómo era posible que eso me estuviera pasando en ese momento?, ¿Cómo yo tan ordenada en la vida con todos mis planes había quedado embarazada en medio de la crisis social, económica y humanitaria más grande que había vivido Venezuela?

Cortesía de Mamá Ilustrada

Obvio que sabía cómo me había embarazado, y en ese momento creo que hasta se me cruzó el día que hicimos a nuestro bebé, pero el asombro me superaba y fue una mezcla total de emociones.

Empecé a reírme y a llorar, y la cara de él era de total confusión. Realmente él no tenía idea que ahí en ese sobre también había una prueba de embarazo. Como una loca dejé a mi esposo ahí en la sala de espera y corrí al laboratorio a reclamar que esa prueba había salido mal, que tenían que repetírmela, mientras una docena de personas me veía con cara de asombro mientras la bioanalista me explicaba que sí, que estaba embarazada, que no tenía que ir a ningún internista sino al ginecólogo.

¡Estaba totalmente en shock! Allí sí lloré y no dejaba de repetir que eso no podía ser, que nosotros nos íbamos y cómo iba a hacer ahora con un bebé, ¿qué le iba a decir a mi esposo? –Que además debía estar bien confundido en la otra sala de espera por mi reacción–.

Me calmaron, la gente me felicitaba y yo empecé casi que inmediatamente a hablarle a mi bebé, a decirle lo mucho que lo iba a amar y que haríamos hasta lo imposible para hacerlo infinitamente feliz y un ser humano de bien.

Lo cierto es que me debatía entre sí alegrarme o no hasta no confirmar que todo estaba bien. Mi esposo, el que no quería tener niños todavía, no podía estar más feliz en la vida.

Con la buena fortuna que conseguimos inmediatamente una cita de emergencia con mi ginecólogo, y en esas tres largas horas de espera por mi cabeza pasaron una infinidad de miedos y preguntas, porque definitivamente no estábamos preparados ni social ni psicológicamente para ser padres. A eso se sumaba que mientras esperábamos, la gente en la sala no dejaba de hablar de lo “mala cabeza que eran esas mujeres que se estaban embarazando en plena crisis del Zika”.

Finalmente esa mañana conocimos a nuestro pequeño milagro, después de un largo interrogatorio de la doctora a quien tenía más de un años sin ver, me hicieron mi primer eco, y ahí estaba latiendo, diciéndonos de alguna manera que había vida. Ahora mis lágrimas eran de emoción, los dos llorábamos de emoción, teníamos unas seis semanas de gestación, y privada en llanto le dije a la doctora que no podía estar más feliz, acababa de ver la manifestación de Dios más grande en mi vida, una nueva vida se estaba formando en mi vientre, y aunque no lo conocía, lo amé desde el primer momento. Ese puntico, con apariencia redondeada pero con fuerte latido, era la figura más hermosa que había visto en mi vida.

Los detalles de ese día no vale la pena ni comentarlos, pero mi milagro debía permanecer en secreto unas cuatro o seis semanas más por recomendación médica, y a partir de ese momento mi vida cambio. Cambió para mejor.

Muy poca gente se enteró por aquellos días, y hubo uno que otro imprudente que sin saber nos dijo que quienes se atrevían a tener bebés en esta situación eran unos locos, sin imaginarse que nosotros éramos parte de ese grupo de locos, que aunque no lo estábamos buscando en ese momento, pues Dios decidió darnos ese regalo, y realmente no me importaban los pañales, ni si no había fórmulas, sabía que de alguna manera tendría las herramientas para conseguir todo lo que necesitaba para mi hijo.

En ese momento, en el que vi ese corazón latiendo en esa pantalla, no había nada más en el mundo que me importara más que ese retoño de amor, no había situación que me afectara más que la llegada de mi bebé, y no es que andaba todo el día como drogada o algo por el estilo, pero entendí que muchas veces nos detenemos por lo superficial de la vida, y dejamos pasar lo que realmente hace que la vida sea importante.

Es increíble que de una cosa tan chiquitica hayamos salido cada uno de nosotros, tan increíble que no caes en cuenta hasta que eres tú quien engendra esa cosa tan chiquitica que vendrá a este mundo para cambiar vidas, y lo cierto es que nunca será el momento perfecto para el Universo, pero será el momento perfecto para ti, y eso solo lo sabe Dios y tu cuerpo.

Todas las cosas que pensaste que podías pasar con un embarazo no son más que expectativas, ideas o ilusiones, no es hasta el momento en que lo vives que te das cuenta de lo grandioso que puede ser tu cuerpo, y de lo inmensamente preparada que estás para ser mamá.

Días antes de saber que estaba embarazada, una noche desvelada pensaba que Dios sabía por qué hacía las cosas, lo mejor para nosotros era irnos y echar raíces en otro lugar antes de tener un bebé en la Venezuela que me tenía con el corazón destrozado, antes de saber que estaba embarazada, pensaba que no tenía la capacidad de amar tanto a alguien como para desvelarme o entregarme totalmente a él.

Así que no te angusties amiga, el momento en el que tu bebé llegue será el momento perfecto. Solo te invito a vivir la experiencia desde el amor y el respeto, que lo material de alguna manera siempre llega.

Maternidad

Infancia feliz, adulto saludable

Si desde el principio lo viéramos tan clarito la historia sería otra. Si desde el principio entendiéramos que todo lo que pasa en la infancia define la salud mental del futuro adulto, estoy muy segura de que todos tomaríamos la crianza como un asunto vital.

Si a veces nos pusiéramos en los zapatos del niño que llama la atención, que se pone inquieto y que según los adultos “saca de sus casillas a cualquiera”, veríamos que muchas veces sus comportamientos dependen de nuestra actitud, de nuestros sentimientos e incluso de nuestro inconsciente, porque inconscientemente los bloqueamos, los ponemos a un ladito y de alguna manera les decimos que no son tan importantes como en realidad lo son.

Imagen cortesía de @psicologia21

¿Cuántas veces escuchamos a otros padres -y a nosotros mismos- decir «es que no sé por qué ese niño es así?.

Y entonces el que esta viendo por un huequito ríe con picardía, porque lo que el padre no ve, es que el niño, que es una esponja, está copiando sus actitudes, sus palabras, está tomando nota para el futuro.

La verdad cada día me sorprende más escuchar a algunas personas decir que ellos recibieron bastantes golpes de sus padres y que por eso no están rotos o deprimidos, mientras el resto del universo se da cuenta de que esas personas tienen deficiencias emocionales graves.

“Es que me pegaban porque me burlaba de mi amigo”, “me pegaban porque no ordenaba las cosas», “me pegaban porque no prestaba atención”, y resulta que los golpes no hicieron nada porque de adultos son burlones, son desordenados o despistados, y peor aún van por la vida buscando la aprobación absoluta de sus padres en todo, y esos padres son personas completamente lejanas a estos seres.

Y con esto no quiero decir que el padre de hace 20 o 30 años atrás fue malo por golpear, estoy segura que muchos de ellos lo hicieron porque fue lo que aprendieron, porque no hubo una luz en su camino que les hiciera ver que con los golpes solo infundían miedo y recalcaban sentimientos de inferioridad en los niños.
-Carla, ¡es que tú eres muy liberal con Sára!
-¡NO!.
Y siempre será mi respuesta, porque aunque no me importa mucho lo que los demás crean sobre la crianza de Sára, les explico que eso no es así porque mi hija tiene límites claros, tenemos determinados puntos que no negociamos y aún así la amamos sin límites. Aunque crean que no tenemos límites en otras cosas como rutina y disciplina, en nuestro tipo de crianza sí existen los límites, pero también existe el respeto y la negociación.
Creánme que es muy delicado tocar este tema, porque estoy segura que cada uno de nosotros está haciendo lo mejor que puede desde su corazón para lograr que sus hijos sean adultos de bien y sobre todo felices.

Yo solo les puedo decir cómo madre y cómo hija que estoy agradecida por haber sido cuidada desde el amor y no desde las amenazas, y sí, miren que tuve limitaciones, siempre lo digo y sin pena, la primera vez que dormí fuera de mi casa fue a los 19 años, y en casa de una amiga previa conversación de nuestras madres, por ejemplo. Pero fueron esos límites los que me permitieron a su vez cononcer la vida desde el respeto, y todas las libertades que mis padres me dieron, al incluirme en las decisiones de familia y en dejarme escoger siempre a mí lo que yo quería o no hacer, me hizo apreciar la libertad.

Mi esposo, vino de una crianza totalmente diferente, y hoy es una de esas personas que se niega a golpear, a castigar y que cree que la palabra, el diálogo, la atención y el tiempo de calidad en familia, es más eficiente que un golpe.

En casa siempre hablamos de criar con valores, con amor, con respeto, porque no basta con desear un mundo mejor para nuestros hijos, si no los preparamos a ellos para ser mejores adultos capaces de merecerse y vivir ese mundo.
Nosotros estamos #CriandoHumanos y en eso se empieza en el corazón de un niño, allí es donde debemos sembrar la esencia del adulto del futuro.

Entonces ¿Para qué dañarlo con golpes que los conviertan en esclavos del silencio? 

Migración

Criar lejos de la familia…

Criar lejos de la familia es uno de los retos más grandes que impone la migración y la crianza a su vez.
No es secreto para nadie que los venezolanos no estábamos acostumbrados a emigrar, y que nuestras familias son nuestro apoyo directo, como es natural en todas las culturas, pero eso ha incidido mucho en la forma en la que muchas mamis ven el proceso migratorio.

Verse lejos del hogar original, con los hijos y sin el apoyo de los abuelos, trae una mezcla de emociones que en ocasiones puede ser hasta peligrosa. Y es por eso que decidí escribir sobre este tema, en el que no soy experta sino que lo estoy viviendo al igual que muchas de ustedes.

Ya tenemos más de un año de haber salido de Venezuela y lanzarnos esta aventura que, en nuestro caso y fortuna, ha sido maravilloso porque ha traído mucho crecimiento a nivel personal, pero no les niego que tener lejos a los abuelos, a los tíos y a los padrinos que siempre quieren estar presentes ha sido fuerte y doloroso. Peor es el panorama cuando imagino que verlos a todos en un mismo lugar es practicamente imposible por vivir todos en distintos países ahora, pero por eso prefiero no pensar en eso, y así voy escogiendo mis batallas emocionales.

La familia es ese apoyo moral y físico, y es por eso que no siempre se comparte con ellos apellidos, y algunos amigos son más cercanos que otros miembros de la familia consanguínea.

En nuestro caso hemos tenido la fortuna de hacer mucho más fuertes los lazos con los abuelos maternos por ejemplo, que a pesar de la distancia siempre están presentes con atenciones y detalles digitales, y que se las ingenian para dejar su marca en todos los eventos importantes de la vida de nuestra pequeña.
Pero también hemos ido formando nuestra propia tribu en este país que nos ha recibido; y aunque no hemos hecho demasiados amigos, la verdad es que los pocos que consideramos amigos se han vuelto familia, y no en vano Sára tiene cerca del Danubio dos hermosas abuelas que juegan con ella y la adoran como si fuera su nieta.
Nosotros, los padres, también hemos conseguido en estas señoras amigas esos brazos en los que podemos refugiarnos para palear la distancia física que tenemos con nuestros padres. Y no les niego, la confianza es vital en esta relación, porque es en estas personas en quienes confiamos con los ojos cerrado, incluso para tomar decisiones.

Los primos ahora no son solo esos niños de la familia, sino también los hijos de los amigos cercanos que vamos haciendo, que nos van acompañando a nosotros y a nuestros peques en el camino de crecer. Con ellos tratamos de compartir cosas que van más allá de citas de juego, colegio o cumpleaños, y buscamos actividades afines que nos ayuden a afianzar la relación.

Mamis emigrantes, sé que no es fácil, habrá días que querrás llorar porque extrañas que tu papá te acompañe a un sitio o que tu mamá te diga algo sobre determinado asunto con los hijos. No les mentiré con decirles qué hay días en los que el teléfono no basta, necesitas el abrazo, el regaño y hasta que te cuiden al muchacho 30 minutos, pero créanme que no será imposible y al final siempre valdrá la pena por ver a nuestros hijos crecer felices.

Vivimos en un país donde la estructura familiar es muy fuerte y respetada, y donde incluso existen leyes donde los abuelos pueden obtener licencias de trabajo para cuidar de sus nietos; y a nosotros nos ha pegado mucho cada vez que en el colegio nos preguntan por qué los abuelos no están involucrados directamente en la crianza, o si nos invitan a actividades donde los abuelos son los protagonistas.
Los inmigrantes no tenemos esa carta bajo la manga y nos toca guapear, hacer de tripas corazón y hacer alianzas con la tecnología para que los niños sientan menos la distancia de los seres queridos.

Criar amerita entrega, amor, respeto y mucha paciencia. Hacerlo solos implica tener el triple de fuerza en cada uno de estos recursos, pero a través del amor es posible, y es posible porque emigrar, así como la misma maternidad, nos permite reconectarnos con nuestros valores y creencias.

Las abrazo.

Migración

Querida mamá (migrante)

Esta carta la escribí hace unas semanas atrás en mi cuenta de Instagram para darle ánimos a todas esas mamás migrantes como yo, durante la época navideña. La migración por muy VIP que sea, suele ser un camino lleno de muchas emociones encontradas, y es por eso que la tribu, o ese grupo de apoyo con el nombre que quieras ponerle, es TAN importante en el proceso migratorio. Aquí se las dejo y espero que les sea de utilidad, porque a fin de cuentas no sólo en Navidad los inmigrantes tenemos las emociones a flor de piel.

Querida mamá (migrante): Hoy en mi celebración de navidad he decidido escribirte está carta desde mi espacio de paz. Lo hago porque siento la necesidad de hacerte saber que no eres la única que en días como hoy se siente en dos aguas, y me gustaría recordarte que es «normal». Es normal que hoy entre la alegría de tus hijos, con lo mucho o poco que hayan recibido, quieras llorar y reír a la vez.
En este camino que nos ha tocado, llorar está permitido y drenar tus sentimientos será siempre un deber. 
Hoy como tu me siento plena por ver la sonrisa se mi hija, y melancólica porque sus tíos y abuelos deben verla por una pantalla. 
Hoy mientras recordaba las navidades de mi infancia tuve que correr al baño a llorar; yo tuve a mis abuelos y Sára se queda esperando porque ellos salgan del teléfono y vengan a jugar con ella.
Cuando me vi con los ojos y el rostro rojo en el espejo me acordé de ti, y pensé que estaba bien llorar. Llorar por lo que dejamos atrás, por lo que no salió tan bien como esperabamos y por eso que pasará que todavía nos da un poquito de miedo. 
Lo que NO está permitido es quedarse en el dolor.

Hoy hice mi resumen de vida y agradecí todas las bendiciones que he tenido. Aunque pasé el día en pijama jugando en casa con Sára, viví un día más y ya eso es gran ganancia (¿cuántas personas no pudieron despertar más está mañana?).
Teníamos algo que aprender, y a veces el cambio duele, pero no nos quedemos en el dolor, avancemos porque razones de sobra tenemos.


Querida mamá, está bien llorar de vez en cuando, sólo te invito a que -cuando te calmes, cuando botes todo eso que tienes por dentro- con el corazón en la mano y como dice el querido Maickel Melamed, «agradezcas por todo, revises todo lo que ha pasado y celebres todo».
No hay triunfo pequeño, no hay enseñanza pequeña, en la vida no se pierde, o ganas o aprendes.

Yo hoy agradezco la oportunidad de brindarle a mi hija un futuro mejor, de brindarme a mi misma nuevas oportunidades para crecer y evolucionar. Veo hacia atrás y agradezco todo lo que deje pero también lo que vendrá, y celebró la vida, que ya es un gran triunfo. 
Celebró, agradezco y sonrío.
TODO ESTARÁ BIEN.

Maternidad

Mamá en casa, mamá valiente

El papel de las mujeres que decidimos quedarnos en casa se ha subestimado cada vez más con el paso del tiempo. Tal vez se deba a las generaciones anteriores que fueron educadas para que las mujeres tuvieran un espacio solo en el hogar, y a medida que fuimos ganando terreno fuera de la familia no le quedó más a la sociedad que intentar imponernos una etiqueta que hoy es usada como un estigma.

Estar en casa no significa que no estemos haciendo nada, así como trabajar fuera de casa no implica necesariamente estar haciendo algo productivo, porque como todo en la vida, esto también es relativo.

A diario comparto con mujeres increíbles que se sienten culpables de quedarse en casa al cuidado de los hijos durante la primera infancia, confieso que yo misma me he sentido así en ocasiones. Pero luego recuerdo la falta que me hizo mi mamá muchas veces mientras estaba en el trabajo, y entonces comprendo que no trabajar de manera formal en este momento no es un retroceso para mí.

Les contaré una historia muy personal. Yo nunca tuve en mi cabeza esa idea loca de formar familia, para mí eso era una utopía que fue agarrando forma conforme fueron pasando los años y fui afianzando mi matrimonio. Por otro lado, yo me veía como la mujer trabajadora, independiente, de las mil cosas que hacer y producir y los mil un logros que recoger, y que si llegaban los hijos pues habría suficiente dinero para llamar a la mejor Nana del mundo. Hasta que tuve a Sára en brazos por primera vez.

Recuerdo que ella tenía unas pocas semanas de nacida cuando le dije a su papá que yo quería, y me parecía necesario, dedicarme por un tiempo indefinido a la crianza de nuestra hija y los que estuvieran por venir. No estaba dispuesta a perderme sus primeras palabras, y tampoco quería soltarla al mundo antes de tiempo. “Yo quiero dedicarme a criar a nuestros hijos”, fueron mis palabras exactas.

Él estuvo de acuerdo porque siempre ha soñado con una familia grande, aunque cada día que pasa me convenzo más de que él nunca creyó que yo me atrevería.

Han pasado más de dos años desde aquel momento y yo no he podido volver al mercado laboral formal. Y hace pocos días me di cuenta que no había vuelto, simplemente porque no he querido y no he puesto mis energías en ello.

Que he hecho muchas cosas, sí; pero ninguna de ellas me ha impedido estar cerquita de mi hija en su día a día.

Estar en casa con los hijos va más allá de no producir. Se trata de encargarse de la limpieza de la casa y de las cosas que quien sale a trabajar no puede encargarse, de tener al día la cocina, el mercado e incluso solucionar las diligencias de la vida diaria como el pago de los servicios y otras cosas, que a veces no se pueden solucionar por Internet.

Quedarse en casa significa a su vez cumplir con unas estrictas rutinas que nos permitan crear horarios y hábitos en nuestros hijos no escolarizados, y eso nos hace ser también más organizadas y planificadas. Y si hablamos de planificación, estar en casa representa administrar el tiempo de tal manera que, para cuando papá esté libre del trabajo, el tiempo de familia sea realmente de calidad.

Sí, muchas veces los hombres no entenderán eso y pensarán que ellos saliendo de casa a trabajar, y nosotras acostándonos a dormir. Ojalá y fuera así, pero dormir es la cosa más difícil del mundo cuando tienes niños pequeños.

Querida mamá, hoy quisiera hablarte a ti que tal vez te sientes menospreciada o una carga porque te ha tocado estar en casa. Te hablo desde mi experiencia, porque estando en casa no sólo me tocó aplicar todos mis conocimientos profesionales, sino aprender un montón de cosas nuevas como manualidades, idiomas, tecnología y un sinfín de dotes administrativos y gerenciales que ¡vaya Dios a saber cuándo, hubiese podido yo tener la oportunidad de aprender en algún cargo administrativo!.

Estando en casa me he convertido en niñera, maestra, enfermera, señora de limpieza, lavandería exprés, administradora, contadora, abogado especialista en resolución de conflictos y promotora de los derechos humanos. Además tengo dotes de secretaria desde que emigré, pues me toca poner en contacto telefónico a mi hija con nuestra familia regada por el mundo, sin contar que la organización va más allá de la casa y se incluye una minuciosa agenda semanal a fin de que no queden por fuera actividades de recreación, estimulación, comunicación y relaciones públicas.

He aprendido también a gestionar el tiempo que queda para mí, para emprender mis proyectos y para dedicarle a mi pareja, ya que sin contar con una familia de apoyo detrás de nosotros, estar solos es prácticamente imposible.

Las finanzas son compartidas pero es sobre los hombros de la mujer donde recae la responsabilidad de que las cuentas cuadren. Y en ese sentido, de este lado siempre habrá también mucha presión o responsabilidad.

Querida mamá, no digas que no estás haciendo nada, estás criando un ser humano y esa es la responsabilidad más grande que nadie puede tener en la vida. Se trata de alguien que por sus acciones será amado y respetado en un futuro, u odiado y rechazado. No es cualquier cosa.

Y si trabajas mamá, también está bien. Créeme que tus hijos sabrán entenderlo en un futuro. En todo caso lo importante en esta historia es que tú entiendas que tu rol no es cualquier cosa, porque si eres capaz de entender e internalizar eso, entonces serás capaz de omitir todos los comentarios malsanos que los demás hagan de ti o tu situación.

Querida mamá amiga, la maternidad no es una ciencia pura, es simple experimentación humana apostando por el futuro mejor de los tuyos. Recuerda que al final todo pasa.