Browsing Tag

mamá

Maternidad

Anidar. Un tiempo necesario y de conexión.

Cuando hicimos el curso preparatorio para atender mi primer parto, todos los especialistas que se presentaron en aquel momento nos hablaron del término “nesting ó anidar”, o lo que las abuelitas conocen como “Síndrome del nido”.

La verdad es que yo lo identifiqué inmediatamente a en los perfiles de mis amigas que habían quedado embarazadas antes que yo, pero en aquel momento yo no tuve ese síndrome. Lejos de querer anidar, mis ganas de salir y disfrutar con mi esposo aquellos últimos días de soledad de pareja estaban a flor de piel. De hecho tuve reposo solo con una orden médica de por medio pasadas las 38 semanas de gestación.

No es de extrañar que siendo este segundo embarazo tan diferente, ahora esté experimentado este síndrome desde hace algunas semanas. Y si les digo la verdad, me ha agradado porque me ha hecho conectarme muchísimo más con mi bebé y también con mi hija mayor, y es por eso que me parece lindo compartirlo con ustedes, pues en este estado he conocido a un montón de futuras mamis que se sienten un poco perdidas en este camino de anidar rumbo al parto, y que incluso se sienten un poquito locas.

Empecemos diciendo que el nesting o el Síndrome del nido no es más que un impulso natural primitivo, instintivo, que tendemos a tener las embarazadas, y que suele presentarse después del quinto mes de embarazo, aunque los estudios revelan que es más común experimentarlo en el último trimestre de gestación.

Pero ¿Qué nos pasa durante este tiempo? Pues nos volvemos un poco obsesivas por querer tener todo limpio en casa, ordenado, preparado para la llegada del bebé. Así que nos da por limpiar, lavar, planchar, ordenar, arreglar las habitaciones, y en otros casos también se siente como unas ganas incontrolables de no querer salir de casa, de estar lo más cómodas posible y haciendo cosas que nos hacen sentir seguras.

Así como las avecillas arman sus nidos ramita a ramita, nosotras buscamos construir un hogar seguro para nuestras crías, y normalmente esto es lo que por instinto desarrollamos todos los mamíferos, aunque no necesariamente todas las futuras mamás lo vivan.

Les cuento que en mi caso me ha dado por lavar cuanta ropa se me atraviesa y pasar escoba por la casa de dos a tres veces por día. Bañarme se ha vuelto algo necesario, y a veces me toca bañarme varias veces al día, como si mi cuerpo se estuviera preparando para algo para lo que necesito estar excesivamente pulcra. Cada vez que me dicen para salir, me lo pienso un montón de veces y si me da sueño, no pueden imaginar lo maniática que me pongo para dormir arropada hasta el cuello y con un montón de piezas que hagan mi cama más acolchada.

Siendo muy honesta, no me había dado cuenta de que estaba experimentando este síndrome hasta que una amiga me dijo “ay amiga, ya estas anidando”.

Primero me cayó como un balde de agua, porque tenía la impresión de que se anidaba sólo días antes del parto y les confieso que caí un poco en pánico, pero llegó un momento en el que para calmar mi ansiedad, empecé a conectarme con mi tribu y me encontré con otras mamis que, como yo, están pasando por lo mismo y se sienten un poco pérdidas o confundidas.

El punto está en que no hay un momento específico para que esto ocurra en el embarazo, y no tiene que ver directamente con el momento en el que nacerán nuestros bebés, por lo que es muy importante mantener la calma y simplemente vivir el proceso entendiendo que es algo natural. No quiere decir que nos estamos volviendo locas, ni nada por el estilo.

¿Qué podemos hacer para exprimir al máximo este tiempo de anidación?

Pues buscar cosas que nos hagan sentir llenas a nivel personal como meditar, descansar, ver una serie de esas que tanto nos gusta o incluso escuchar los podcast que están tan de moda y que nos pueden ayudar a aumentar nuestros conocimientos pero también nuestra oxitocina a través de la risa, por ejemplo.

Si estas obsesiva con la limpieza como yo, te recomiendo llegar hasta donde tu cuerpo lo permita de forma consciente. Es decir, nada de estar subiéndose a escaleras o limpiando techos, usando químicos que puedan poner tu seguridad o la de tu bebé en riesgo. Por el contrario, puedes utilizar la aromaterapia para calmar un poco la ansiedad que puede causar esta manía de limpiar.

La música es también un buen instrumento para conectarnos con nuestros bebés, bien sea porque usas música de estimulación para el bebé o porque escuchas esa música que tanto te gusta y te relaja, y puedes aprovecharla para bailar con tu bebé.

En mi caso la visualización ha sido una herramienta vital, ya que me ha permitido conectarme con mi bebé pero también con la realidad que me tocará vivir al convertirme en mamá de dos en las próximas semanas. Visualizar no es precisamente adelantarse a los hechos, sino conectarse con una energía positiva que te hace sentir segura de que todo estará bien.

Disfrutar del “slow living” que los europeos practican tanto también ha sido maravilloso, porque he podido disfrutar de las siestas de mi hija grande y abrazarla desde el alma, y ahora sé que ella sabe que mami siempre estará para ella aunque tenga hermanos. Pero además desde la madurez de sus tres añitos me ha enseñado un montón de cosas, como esperar el momento perfecto para hacer las cosas, que un equipo en casa funciona mejor cuando todos están comprometidos y por supuesto que con amor y escuchando al corazón, todo sale mejor.

Querida mami, anidar no es malo ni es bueno. Es natural, es normal y es hormonal. Si lo estás experimentando, simplemente te invito a dejarte llevar por el instinto y vivir el proceso de la forma más sana posible, tanto para ti como para tu bebé será beneficioso.

Y si no lo experimentas no pasa nada, no eres menos mujer o mamá por eso.

Si ya lo experimentaste, me encantaría saber qué sentiste y como lo enfrentaste. Estoy segura que otras mamis también lo agradecerán.

Maternidad

5 cosas que necesitan las embarazadas y nadie les dice

Las embarazadas tenemos tantas cosas en la cabeza. La mayoría de ellas dudas, que hacer una lista sobre lo que realmente necesitamos puede ser muy complicado. Sin embargo, hay unas cosas básicas de las que no podemos prescindir y por eso las comparto con ustedes.

  1. Confianza con el médico que nos está atendiendo. Muchas personas dirán que el médico tendrá la experiencia necesaria para atenderte, pero durante este proceso que es tan emocional, es muy importante que te sientas en confianza con el médico tratante e incluso con el espacio donde se dará el alumbramiento. Es por ello que es necesario para la futura madre, tener la libertad de escoger un especialista con quien sienta empatía y seguridad, ya que no sólo se trata de su cuerpo sino de la seguridad física del bebé.

En muchos países se tiene la oportunidad de contar durante el embarazo con el apoyo de una partera, que trabajando de la mano con un obstetra, puede resultar una ayuda muy útil para la madre e incluso para las dudas que el padre pueda tener.

  • Apoyo emocional por parte de la pareja o la familia que nos rodea. Sí, estamos hormonales y emocionales. Pensamos y nos creemos que hay cosas muy importantes, pero también estamos invadidas por miedos que antes podíamos o no sentir. Es por ello que es tan importante que tanto nuestras parejas como el grupo familiar que nos rodea, nos apoye y nos brinde un ambiente emocional acorde con la situación que estamos viviendo.

No basta con decir “aquí estoy contigo”, sino con demostrarlo. Muchas veces la futura mamá puede tener cambios de humor, puede tener deseos o actitudes diferentes a las que tuvo sin estar embarazada o en un embarazo previo, y recibir juicios por ello puede hacerla tambalearse emocionalmente.

  • Una amiga con quien se pueda hablar sin tapujos. Desde que nos convertimos en madres nos dejamos un poco de lado, pero contar con el apoyo incondicional de nuestras amigas nos llena de fuerza.

Históricamente se ha comprobado que criar en tribu es una necesidad del ser humano, y parte esencial de esa tribu son las amigas que te escuchan (tengan hijos o no) y te acompañan en el proceso que estás viviendo sin juzgarte.

  • Acceso a la comida sana pero apetitosa. Muchas de las embarazadas quieren comer todo lo que se les atraviesa, pero otras tantas también pierden el apetito producto de las náuseas, sin contar con que muchas veces el sabor de los alimentos cambia. Pero al estar gestando otra vida, no basta solo con recibir vitaminas de forma artificial, necesitamos alimentarnos de forma correcta y balanceada, permitiéndonos también cumplir con los antojos, pero sin que eso nos perjudique a nivel de salud.
  • Información relevante y nutritiva sobre el proceso que vamos a vivir. Actualmente podemos encontrar en internet un sinfín de informaciones sobre el embarazo, la crianza, el parto, etc.; y a la vez están esas experiencias que podemos obtener de primera mano a través de la experiencia de amigos y familiares. Sin embargo, siempre estará quien vendrá con una historia desgarradora o terrible de esas que nadie quiere escuchar.

Es por eso que como mamás tenemos que filtrar con qué nos quedamos, qué implementamos, de qué aprendemos y cómo nos nutrimos emocionalmente de todo lo que hemos visto, leído e incluso vivido.

¿Qué más añadirías a esta lista?

Maternidad

Cada embarazo es diferente…lo creas o no.

Cada embarazo es diferente…

Sí, mira que sí lo es. Y eso ha sido algo que he experimentado en carne propia durante los últimos meses. Pero no porque uno lo sepa quiere decir que el entorno lo entiende, y cuando digo entorno me refiero incluso a la pareja y al médico tratante.

Esta vez me gustaría compartir con ustedes mi embarazo desde mi visión personal. Y claro que es muy personal, habrá quienes creen que es exagerado pero ¿cómo pueden saberlo ellos si no están dentro de uno?

Comenzaré por contarles que quería un bebé desde hace mucho tiempo; siendo hija única en una familia donde todo el mundo tiene hermanos, para mí era muy importante que mi hija no se quedara sola sino que tuviera la oportunidad de criarse y vivir con un compañero de juegos y aventuras. Y pues la verdad es que no nos costó mucho quedar embarazados, me atrevería a decir que fue en el primer intento, una vez ambos estuvimos conscientes de lo que queríamos claro está.

Pero una cosa es desearlo y otra muy diferente vivirlo. Y esto no lo digo por mal. Estoy casi segura que sentí cuando quedé embarazada, y todo aquello me dio mucha ilusión hasta que confirmamos el embarazo y empezaron todos esos síntomas que no había experimentado en mi primera gesta.

¡Les juro que después de las náuseas y los desmayos, empecé a creer que algo andaba mal! Pero una cosa paranoica que ahora viendo para atrás, hasta enfermizo me parece. Cada vez que iba al baño pensaba que iba a encontrarme con algo que no quería ver, salir en verano era un deporte extremo y comer en la calle toda una odisea; sufrí de alergias por polen, tuve el accidente que me dejo postrada con un yeso por casi dos meses, he vomitado incluso en la semana 30, cambiamos de médico al menos cuatro veces y todavía no estoy convencida de la que me atiende por ahora, he llorado con cada tontería y me han dejado de importar cosas que antes me habrían roto el corazón; varias veces pregunté a los doctores si todos esos malestares eran producto de que mi cuerpo estuviera rechazando al bebé, y la respuesta era la misma (y a mí me parecía incongruente para ser sincera) “cada embarazo es diferente y tu deberías saberlo, ya tú has estado embarazada”.

Pero Dios mío, ¿Cómo me pueden decir eso? Si se suponía que tenía que considerar mi experiencia previa (cero vómitos, cero alergias, no accidentes, no desmayos) ¿cómo era que esto me podía parecer normal?

Después también caímos en cuenta de un factor nuevo, y era la ausencia física de nuestro entorno de apoyo, para ser más específica mis padres y tíos que siempre nos dieron como familia su apoyo incondicional a través de las redes, pero no era lo mismo. Y llegó un punto en el que hasta los ataques de pánico volvieron a mí, y eso sí fue como el punto de quiebre.

Esta madrugada en medio de mi insomnio me puse a pensar en todo lo vivido en este embarazo, y realmente me siento como primeriza, porque la primera vez para mí fue todo muy al estilo Susanita, un embarazo de ensueño en el que estuve totalmente activa (pero que hasta cargando cajas de cerámica y mudanza) hasta la semana 36; y ahora ya cercanos a la fecha de parto, reflexiono sobre cómo las circunstancias pueden hacer que todo sea tan distinto.

¿Por qué cada embarazo es tan distinto al otro?

¡Simple! porque cada individuo es diferente y nosotras estamos resguardando un cuerpo diferente. Pueden tener la misma carga genética y aun así ser distintos entre sí. Hablo de células, personalidades, gustos, rasgos físicos e incluso en esto hasta el cambio climático influye.

Nuestros cuerpos también han cambiado, cada uno de nuestros órganos tiene más tiempo y también conservan aquello que llaman popularmente “la memoria del cuerpo”, por lo que es más probable que durante el segundo embarazo se empiecen a notar los cambios desde mucho antes que con el primer bebé.

Pero sí, no dejamos de ser primerizas, pues ahora tenemos un hijo del que ocuparnos mientras dentro de nosotras se forma la segunda cría, y eso también colabora con el hecho de ser emocionalmente un desastre, porque nos brotan todas las angustias sobre cómo será la relación entre hermanos y las dinámicas familiares con la llegada del nuevo bebé.

Entonces cada embarazo es diferente y por ende que hayas estado embarazada antes no quiere decir que sepas qué hacer o no, o cómo sentirte en un segundo o tercer embarazo. Y he entendido esto con 34 semanas de embarazo, en una charla introductoria que nos ha dado la partera hace unos días atrás sobre cómo será el proceso que viviremos en este nuevo país donde los protocolos son muy diferentes a los que teníamos en nuestro país de origen.

Mientras la chica hablaba del proceso de parto, el papeleo, lo que podíamos hacer y quién estaría con nosotros, mi mente se paseaba por el día en que mi primera hija nació.

-¿Recuerdas cómo se sienten las contracciones?- preguntó la partera.

Yo me quedé en blanco porque para ser sincera había borrado lo malo del día del nacimiento de mi primera hija, pero inmediatamente dije “sí”.

-Pues esas que recuerdas son las que tienen que hacerte venir al hospital en caso de emergencia. Y si no las recuerdas no pasa nada, sigue tu instinto o me llamas inmediatamente si tienes dudas. Estar embarazada nunca es igual, así que para mí es como si fuera tu primera vez.

Y ahí fue que conecté con ella. Por primera vez en mucho tiempo, me sentí comprendida y contenida por personal médico en la tierra que me ha acogido, y tal vez esto tenga que ver más con humanidad que con nacionalidad.

En todo caso mamita que estas esperando tu primer o segundo o tercer hijo, y te topas con este post, quiero recordarte que no estás sola y que tu cuerpo es sabio, tan sabio como el del bebé que esperas. Y al final del día todo estará bien, sólo déjate guiar por tu instinto y nunca te calles un dolor, un malestar o algo que te haga sentir incomoda. El personal de salud está allí para atenderte, tus afectos para apoyarte emocionalmente y tu corazón estará listo para recibir a tu bebé.

Migración

Playdates y grupos de apoyo en el proceso migratorio

Hace un tiempo que quiero contarles, una de las cosas que más me ha ayudado a no sentirme tan sola lejos de casa siendo mamá, así que he desempolvado este post, que había escrito hace ya bastante tiempo y que ahora me parece vale la pena traer al blog.

Ojo, siempre digo que cada proceso migratorio, así como cada embarazo y cada hijo, es diferente, pero ¿por qué no compartirles lo que a mí me ha funcionado, si a ustedes les puede hacer la situación un poco más llevadera?

Recién llegados a Hungría, conocimos a una pareja con una niña un poco más grande que la nuestra. Recuerdo que para mí verla a ella tan adaptada a su realidad húngara, siendo tan venezolana, me dio como un fresquito en el corazón y decidí escribirle un mensaje a ver si me podía ayudar a entender más cómo funcionaban las cosas aquí con los niños.

Inmediatamente ella me respondió y me dijo que pediría que me ingresaran a un grupo de WhatsApp que le había ayudado mucho cuando estaba embarazada y posteriormente al dar a luz; y así fue como me encontré por primera vez frente a frente con un grupo de mamás expatriadas, que cambiaron totalmente mi forma de ver la experiencia migratoria.

Sí, ya había tenido un acercamiento previo a través de un grupo de Facebook, pero aquello no se comparaba con la puerta que se me estaba abriendo, pues allí he compartido ideas y sentimientos con más de 100 mujeres de distintas nacionalidades y culturas que hacen vida en esta ciudad, y que son como un ejército de mamis que brindan apoyo a quienes acaban de llegar.

El grupo en ocasiones puede parecer una locura, una habla de una cosa y otra de otra, mandan fotos, preguntan dónde consiguen tal cosa, o por qué hay que vestir a las niñas de rosado y a los varones de azul, pero cuando alguna necesita algo siempre alguien responde y resuelve.

Ha sido tan efectivo este espacio digital, que les cuento que incluso nuestro primer apartamento acá, lo conseguimos gracias a que una mamá del grupo, que había salido por un tiempo de Hungría y nos alquiló su casa para que estuviéramos allí tranquilos mientras encontrábamos un lugar definitivo.

Nosotros realmente no podíamos creer que esta persona sin conocernos nos alquiló SU casa, con sus cosas adentro, para que nosotros pudiéramos pasar nuestra primera navidad lejos de la familia tranquilos.

A través de este mismo grupo llegué a uno más pequeño pero igual de entregado, dedicado a las mamás de habla hispana, y así fue como pudimos empezar a hacer vida social familiar en este nuevo país.

Varios de nuestros primeros amigos, surgieron a través de estos grupos, o referenciados por alguien que ya conocía a través de estos grupos, a los que yo me refiero como «Grupos de apoyo o soporte».

Estos grupos son muy comunes ya hoy en día en todo el mundo, funcionan en WhatsApp o en redes sociales como Facebook, e incluso en Instagram, y fungen como un gran circulo de apoyo para quienes emprenden un nuevo rumbo en un país distinto al suyo. ¿Qué si me parece una buena idea? Me parece una genial idea, porque así puedes irte haciendo la idea de como funcionan las cosas en realidad, pero además tienes un roce social con muchas culturas diferentes que termina siendo realmente enriquecedor.

Playdates

Así pues fui conociendo actividades, iniciándome en algunas de ellas y compartiendo con otras mamás en situación similar a la mía, de las que uno se va haciendo amiga, y al final los niños disfrutan pasar tiempo juntos, y hacemos lo que se conoce como “Playdates”.

Los “playdates” son citas de juego a los que se va con papá o mamá, o inclusive con ambos, durante un tiempo determinado, en un espacio a conveniencia de ambas partes, pero donde sobre todo los niños estén seguros.

Como Budapest es una ciudad en su mayoría “Kids Friendly”, estos encuentros suelen darse fuera de casa, y en la época de invierno pueden ser en restaurantes, cafés o librerías.

Aunque lo frecuente es ver a las mamis en playdates, esta también se ha convertido en una práctica casi que profesional para los papás, que pueden hacer conexiones laborales con otros padres. Y las mamis, es verdad, también aprovechamos para darle a la sin hueso, y en mi caso practicar una lengua extranjera.

Cuando se vive en un país con un idioma diferente al nativo, es importante que se le dé importancia a nuestro primer idioma, por lo que estas citas también suelen ser muy buscadas para este fin. Si nos ponemos a ver, muchas veces los niños en esta condición lingüística, por llamarlo de alguna manera, entienden lo que los padres les pedimos, pero responden en el idioma que están aprendiendo en el colegio, por lo que compartir con otros niños en el idioma nativo de sus padres, les permite desarrollar nuevas habilidades de comunicación y mantener activo el idioma.

Los playdates no sólo son valiosos para los niños que aún no están escolarizados, que pueden desarrollar valores como compartir, la amistad, imaginación, entre otros, sino que además le sirve para drenar toda esa energía que tal vez les queda grande en casa. Y también para las mamás, que pueden de alguna manera respirar otro aire y hablar de cosas de adultos con otros adultos, durante el tiempo que se supone es de exclusividad para los niños.

Lo importante es que si te interesa organizar un playdate ubiques un sitio en el que los niños estén cómodos y seguros, que les brinde la oportunidad de moverse libremente, donde no dependan exclusivamente de la tecnología, que cuente con sanitarios en caso de un imprevisto, que sea de fácil acceso, e incluso que sea cómodo para ti como mamá (es decir, que puedas sentarte, tomarte un café o compartir una galleta).

En cuanto a la hora de escoger con quien compartirlo, dependerá de tus intereses, pero obviamente la recomendación siempre será que busques hacerlo con mamás que compartan el mismo tipo de valores que tú, incluso si lo estás haciendo como yo para intercambiar idiomas, porque aunque el interés es que los hijos se distraigan, la idea es que las mamás también estén cómodas para hacer más agradable la experiencia.

Si estas nuevo en la ciudad y no sabes con quién puedes organizar una cita de este tipo, te recomendamos que busques a través de grupos de redes sociales como Facebook, grupos de madres y padres expatriados con intereses similares a los tuyos. Por ejemplo, puedes buscar “Mamás latinas en Inglaterra” ó “Hispanohablantes en Rusia”, y colocar una notificación informando de tu llegada y tus intereses.

También te recomiendo que no tengas miedo y te inscribas en actividades extracurriculares donde también pueden participar los padres, ya que es una forma eficiente de conectar con otros padres y ampliar el grupo de referencia. En nuestro caso decidí no inscribir a mi pequeña en las clases de baile venezolano, pero sí hacerlo en las clases de folklore húngaro, y así he podido conectar más con el idioma, pero a la vez con las tradiciones y la cultura, y con otras mamás húngaras, que siempre están dispuestas a tender una mano.

Siempre lo digo a todo el que me dice “emigrar es duro”. Sí, es muy duro, pero más duro es hacerlo solo y no buscar compañía en el proceso, por lo que creo que sin duda este tipo de actividades nos ayudan a llevar mejor el duelo y a ver con mejores ojos todo lo nuevo que nos trae nuestro nuevo hogar.

Ojo, que también me gustaría decirles que todas estas actividades terminan siendo buenas y enriquecedoras, incluso si no hemos emigrado.

Maternidad

Mis 6 tips para organizar fiestas infantiles

El cumpleaños de los peques es algo que nos pone siempre “creativas” a las mamás, porque es típico que empezamos diciendo que no haremos nada y después nos inventamos un fiestón. Pero lo cierto es que eso no siempre está relacionado a tener mucho dinero para la celebración, sino por el contrario está más relacionado a la creatividad.

Ahora que estoy organizando el cumpleaños número tres de mi princesa, quise compartir con ustedes algunos tips que me han funcionado en estas celebraciones, y que me han ahorrado algunos dolores de cabeza.

Lo primero establecer un presupuesto real y acorde a tus posibilidades. Sí, cuando de los hijos se trata todos queremos darle los mejor y lanzar la casa por la ventana, pero cuando no contamos con recursos ilimitados para esto, no tener claro el presupuesto nos puede hacer sentirnos frustrados o aceptar deudas que no podemos costear.

¡Claro! Hay muchas personas que publican en redes sociales los cumpleaños de ensueño de sus hijos, pero esos son sus gustos y sus posibilidades, por eso es importante tener los pies en tierra en cuanto al dinero se trata, cuando nos toca organizar el cumpleaños de nuestros peques.

Al final, créeme que tener 10 globos o un millón de globos adornando una mesa, no será el ingrediente que haga que los niños disfruten más o recuerden ese día como un día especial.

Lo segundo que hay que tener claro es quién es el agasajado. Es el cumpleaños de tu peque, no se sus hermanos, ni de tu pareja o de tu mamá, así que si es una celebración de niños, líbrate de culpas si decides no invitar a otros adultos que no tienen directamente que ver con el niño.

Nuestra lista de invitados la hemos hecho siempre tomando en cuenta quiénes son las personas que más comparten con nuestra peque, y así hemos ido filtrando. Evidentemente mientras más conscientes son de entorno, más claros están sobre con quienes se sienten mejor.

Hago esta aclaratoria porque a veces tenemos amigos adultos que tienen hijos, pero estos niños jamás han compartido con nuestros hijos, o incluso a lo mejor no son del agrado de nuestros peques, entonces ¿para qué invitarlos si a nuestro peque le dará igual o le incomodará su presencia?

Escoger un lugar y una temática acorde a la edad del cumpleañero y los invitados es vital. En nuestro caso, que vivimos en un país con cuatro estaciones muy marcadas, el cumpleaños de nuestra peque justo cae entre el cambio del verano al otoño, y eso nos ha hecho reformularnos los planes porque son épocas de lluvias heladas repentinas o soleadas intensas. Nuestro primer año acá, tuvimos que optar por una celebración en un lugar cerrado por la seguridad y el disfrute de todos.

Por otro lado, la edad tanto del agasajado como de los invitados te irá orientando sobre qué actividades debería haber en el espacio escogido, y esto hará que tengas una celebración exitosa, pues niños felices es igual padres tranquilos.

Este año, tomando en cuenta que habrá Sol, hemos escogido un parque al aire libre donde hay atracciones para los niños invitados que tienen edades de entre 2 y 5 años. Esto nos asegura que más que correr como caballos desbocados y compartir entre ellos, podrán disfrutar de un parque que les brinde entretenimiento al aire libre y contacto con la naturaleza, que mira siempre les viene bien a los peques.

Dejar claro que es una fiesta de niños también nos ha ayudado mucho a de alguna manera reducir gastos, pues nos evitamos pagar por el consumo de alimentos o bebidas de adultos que cuando tienes un presupuesto ajustado, no es muy conveniente.

Claro está que hay adultos que siempre estarán en estas celebraciones, como los abuelos, los tíos más cercanos o padrinos, pero nos referimos en este punto al tío que tenías mil años sin ver y que ahora se ha antojado de venir con sus tres hijos, tres nueras y 8 nietos grandulones.

Siendo una celebración de niños, también nos permite tener un menú un poco más relajado y más de picar que de comer. Comidas ligeras, jugos o agua son las opciones que ganan terreno en este aspecto.

Como mamá, siempre haz cosas con las que te sientas cómoda. Si como nosotros vives en otra cultura diferente a la que te criaste, entenderás por qué te hago hincapiés en este punto, y es que cada cultura tiene distintos protocolos para celebrar los cumpleaños. Por ejemplo los húngaros ven el día del nacimiento como algo muy familiar, y este año que hemos decidido invitar a las maestras de la peque, con quienes ya tenemos mucha más confianza, ellas se han puesto rojitas y nos han dicho que consideran es un momento sumamente íntimo.

Pero además de esto hay otros aspectos. Las piñatas por ejemplo, son muy latinas y en Europa han ido entrando al mercado gracias a la migración, pero no todo el mundo las entiende aunque les parezca divertido a muchos. Algo similar pasa con los cotillones. No obstante, si es algo con lo que tú como mamá te sentirías bien, no dudes en hacerlo, de alguna manera es tu firma personal en la celebración del cumpleaños de tu hijo.

Por último, solo te recomendaría siempre hablar en familia con tu peque sobre la celebración, tanto antes como después. Antes porque esto le permitirá entender muchas de las cosas que sucederán en el evento y te aseguro que puedes evitar con ello algunas lágrimas innecesarias. Pero también después para saber qué le ha gustado y que no, con qué se sintió mejor y así podrás tomar otros aspectos relevantes para los futuros cumpleaños.

Espero de alguna manera te sirvan estos tips, y si quieres ver cómo nos ha ido con nuestro primer cumpleaños en un parque infantil público, no te pierdas los detalles en nuestro Instagram la próxima semana.

InstaLive

Gretel Ortiz Reitchar: “Nuestras ganas de salir adelante tienen que ser más grandes que todo”

Hace 15 años, forzados por la situación país, Gretel Ortiz Reitchar salió de Venezuela rumbo a Tenerife con su familia y una maleta cargada de sueños, pero como ella misma dice y mucho más importante, con una página del pasaporte llamada “reinventarse” como carta de presentación, que la ha hecho llegar a donde están hoy.

15 años más tarde, ahora desde Alemania, Gretel nos cuenta de su vida desde la reinvención de sus propios paradigmas y nos inspira todos los días a través de su cuenta de Instagram @mango_coco_official. El pasado jueves 4 de julio, tuvimos el placer de conversar con ella en nuestro Live de “Especialista y Mamá” y aunque la conexión no nos ayudó mucho, aquí les dejo parte de lo que conversamos y de esas experiencias que pueden ser inspiración para otros.

-Gretel en 15 años han emigrado dos veces, ¿Cómo han sido esos procesos?

-Sí, la verdad es que primero fue muy fácil porque en Tenerife teníamos el mismo idioma, la gente de la isla es más o menos como uno, entonces te adaptabas rápido. Tengo que decir que el idioma y el clima fueron grandes ventajas en ese proceso de adaptación, pero no puedo mentir, la distancia duele y duele siempre. Emigrar implica que te acompaña una nostalgia, pero no puedes quedarte ahí, hay que integrarse rápido.

Nunca le mientan a los hijos con cosas que no pueden cumplir. Nosotros le habíamos dicho a los niños que si no nos gustaba nos podíamos devolver y no era así, un día Carlitos, mi hijo mayor, me dijo que quería que volviéramos, y ver su cara cuando tuve que decirle que no se podía, que el pasaje solo era de venida, fue terrible. Creo que en ese momento sentí que me equivoqué»

-Estudiaste teatro, ¿te has dedicado alguna vez a tu profesión fuera de Venezuela?

-Oye no, las tablas como tal quedaron en Venezuela, pero desde otro ángulo yo decidí ser la protagonista de mi vida, así que de alguna manera trabajo en mi profesión todos los días. Y más recientemente, no fue hasta hace poco que empecé a dar clases extra escolares en una escuela primaria y ahí enseñamos artes a niños de primero a cuarto grado, hay un poco de pintura, de teatro y yo he aprovechado incluso de enseñarles “La pulga y el piojo” de Serenata Guayanesa en español y por supuesto traducirla un poco al alemán.

-¿Alguna vez has sentido que te equivocaste al emigrar o que fue un error?

-Sí, cuando nos mudamos a Alemania la adaptación no fue fácil, sobre todo para los niños; pero allí aprendí que no se le debe mentir nunca a los hijos, y ahora se lo digo a todos los padres que puedo, nunca le mientan a los hijos con cosas que no pueden cumplir. Nosotros le habíamos dicho a los niños que si no nos gustaba nos podíamos devolver y no era así, un día Carlitos, mi hijo mayor, me dijo que quería que volviéramos y ver su cara cuando tuve que decirle que no se podía, que el pasaje solo era de venida, fue terrible. Creo que en ese momento sentí que me equivoqué, pero el tiempo nos ha ido dando la razón de que no fue así.

-Justo hace unas semanas Carlitos se graduó y fue el orador de su graduación escolar…

-¡Sí! Por eso te digo, vinimos a cumplir sueños y metas, emigramos porque queríamos darles lo mejor a nuestros hijos y a nosotros mismos, y verlo ahí ese día, dando un discurso en alemán del que yo no entendía todo, pero que todo el que allí estaba lo entendió, me hizo darme cuenta de que habíamos hecho lo correcto. Vinimos a cumplir metas, y esta era una de ellas, así que es un triunfo de toda la familia. Por supuesto, más de él, pero de todos que tuvimos que sacrificar cosas y adaptarnos a un mundo nuevo.

Definitivamente ha valido la pena y yo lo digo como la mamá más orgullosa del mundo.

-Ese momento con Carlitos en que sentiste que lo decepcionaste como mamá no ha sido lo único malo al emigrar, ¿o sí?

– Tú bien sabes que no mi Carla, porque nos conocemos de siempre. Yo lo que trato es de dejar siempre las cosas malas a un lado y mostrar lo positivo, pero sin duda no es fácil emigrar y todos los retos que enfrentas. No todo ha sido color de rosas, te podrás imaginar cuando a Carlos, mi esposo, le dieron los dos infartos, eso fue un momento muy malo para nosotros, no solamente porque no sabíamos que pasaría con Carlos, toda la angustia de su estado de salud, sino que además uno piensa cosas como ¿Qué pasa si se me va y yo sola tan lejos con tres niños que alimentar?, la mente te juega sucio.

Después de eso viene enfrentar la realidad, que él no pudo trabajar por mucho tiempo porque no le daban el alta médico para hacerlo, entonces viene la carga económica y un sinfín de cosas más, pero te digo que de eso también aprendimos muchas cosas, y por lo menos yo te digo que más nunca vuelvo a dejar de dormir porque creo que no tengo dinero para hacer algo, o porque siento que me falta algo material. La vida es una sola como para desperdiciarla en el miedo.

-Entonces en este punto de tu vida, ¿cuál crees tú que es el secreto de una migración exitosa?

-Son varias cosas. La primera es emigrar sin miedo, porque el miedo no es buen compañero en muchos casos. Después está la actitud con la que asumes el reto, yo siempre trato de agradecer todo lo que pido; es decir, si yo le pido a Dios salud y tengo salud, yo agradezco eso y lo dejo claro en mi vida.

Y por otro lado siempre digo que con tu pasaporte, que es lo que necesitas para viajar, tienes que meter toda la capacidad de reinventarte que tengas, porque nuestras ganas de salir adelante tienen que ser más grandes que todo. Y eso sí, lo que decidas hacer, hazlo bien.

-¿Reinventarse en qué sentido?

-En todos los sentidos posibles. Uno tiene que salir abierto a un mundo nuevo, a aprender, a hacer cosas que a lo mejor no estabas acostumbrado mientras consigues lo que realmente quieres. Yo me reinvento todos los días y eso me ha servido, ser más flexible y te permite también conocer otras cosas que no pensaste conocer. Hay que estar abierto y dispuesto.

-¿Qué le puedes recomendar a quienes emigrar a países con culturas e idiomas diferentes al nativo?

-Lo mismo que te dije a ti una vez, habla. No tengas miedo de hablar, equivócate y aprende de eso. Cuando uno emigra a este tipo de países busca comunicarse como sea, imagínate yo que hablo tanto, tenía que buscar la forma de conectar para sentirme a gusto, entonces yo aplicaba cuanto lenguaje fuera posible con tal de poder comunicarme; hace nueve años cuando llegamos aquí, no existía toda esa tecnología que hay hoy con los celulares por ejemplo, y al final el nativo agradece ese esfuerzo y te ayuda a mejorar, así que otra vez digo que no hay que tener miedo, la actitud mueve todo.

-Ya para terminar, ¿hay algo más que quieras agregar?

-Sí, ya les dije que no le mintieran a sus hijos, pero tampoco asuman que para ellos es fácil enfrentarse a los cambios, así que hagámosles el cambio más sencillo dejando de comparar lo que tenemos ahora con el pasado, porque eso puede ser una tortura para ellos. Hay que de alguna manera vez lo positivo de lo que tenemos y ver lo que estamos ganando, verlo nosotros y mostrárselo a ellos para que todo sea más fluido para ellos también.

Migración

La migración me hizo más creyente, no más religiosa

En mi cuenta de Instragram siempre escribo sobre la importancia de inculcar la fe como un valor para nuestros peques, y me atrevo ahora a contarles por qué.

Si yo hago una revisión profunda de mí ser, la verdad es que nunca he sido una persona a la que le guste ir mucho a la Iglesia, pero lo que sí he tenido es una gran conexión con esa energía universal que yo llamo Dios y la Virgen, en distintas etapas de mi vida.

Emigrar hizo que me diera cuenta de ello, y además de eso me hizo una mujer mucho más creyente desde el punto de vista de fe, no de religiosidad.

Pero, ¿Con qué se come eso? Pues bien, les cuento que cuando llegamos a Hungría, hubo muchos días en los que me sentía perdida por distintas situaciones que ocurrieron a la vez del proceso migratorio e hicieron todo un poco más difícil, y el lugar en el que estábamos no me daba ni un poquito de paz, así que para mí se convirtió en algo vital y necesario, encontrar un lugar en el que pudiera conectar con esa energía que necesitaba para lograr mi centro.

Así fue que empecé a caminar por mi ciudad hasta que un día llegué a una Iglesia. No puedo decirles lo majestuoso del altar, pero eso no era lo que me maravillaba, era la paz que yo podía obtener en aquel lugar, en pleno centro de la ciudad, pero donde todo quedaba en silencio y quedaba solo yo meditando y alcanzando mi centro.

Después tuve unos días mucho más difíciles, y alguien apareció como caído del cielo y me habló de las misas en español que se daban cada domingo, en un pequeño espacio de una especie de hostal católico en mi ciudad, así que fuimos a ver y no puedo contarles en palabras cuánto lloré aquel día. Entré con una carga muy pesada y salí viendo como la vida me sonreía.

No sólo por la energía que pude conectar en aquel humilde lugar, sino por la forma en la que pude ver con fe que lograríamos todo lo que nos propondríamos.

No les mentiré, pero se volvió un ritual ir cada domingo a ese espacio que para mí era un escape, pero llegó un momento en el que no fue ya más cómodo, y ante ese incomodidad empecé a alejarme de la iglesia otra vez.

Resulta, que encontré otro lugar, en plena calle donde podía conectarme con mis creencias. Una Virgencita floreada a las afueras de una iglesia por la que pasamos casi todos los días. Allí no sólo conecto yo, sino que he hablado con Sára sobre creer en una energía superior.

Hace algunas semanas, un amigo no creyente me cuestionó sobre esto. “Tú estás imponiéndole a tu hija ser católica”, me dijo. Y mira que la verdad me sentí un poco incomoda con esto, porque no, yo no estoy imponiéndole una religión, estoy hablándole de lo que yo creo y cómo me conecto con ello.

Inculcar la fe no se trata de imponer una religión, se trata de hacernos más humanos y de enseñarle a nuestros hijos que creyendo se logran muchas cosas».

De mi propia inspiración

Es decir, yo soy católica, pero no me gusta el Papa o la forma de muchos sacerdotes. Sin embargo, tengo un gran amigo sacerdote que no sólo confirmó a mi esposo, nos casó, bautizó a nuestra hija, sino que también nos ha enseñado mucho de la Biblia a través de la vida misma en los momentos más difíciles de nuestra vida, y que nos ha conectado con la fe desde otra perspectiva.

Y me iré a un punto de vista más radical; siendo católica yo no creo en un Dios castigador de barba, sino en una energía creadora que puede ser tan intangible como el aire que respiramos.

¿A dónde voy con todo esto?  Simple, inculcar la fe no se trata de imponer una religión, se trata de hacernos más humanos y de enseñarle a nuestros hijos que creyendo se logran muchas cosas.

¿Creyendo en qué? En lo que ellos deseen creer, siempre y cuando no le hagan daño a nadie. Así que si el día de mañana, Sára que hoy pasa por la Virgencita y le muestra lo que lleva en la mano, o le cuenta cualquier cosa que para ella es importante, me dice que quiere ser budista o judía, o lo que a ella se le ocurra, pues mira, bien; creo que lo habré hecho bien, porque si algo nos ha dado la vida es el libre albedrío.

Recuerdo que durante un tiempo de mi vida fui muy creyente o esclava de aquellas cosas que me generaban temor, como el mal de ojo u otros males, pero cruzar el charco (como quien dice) me hizo cambiar mucho de opinión. Y aunque sí estoy segura que de que vuelan, vuelan, porque todos somos energía, también he entendido a través de la migración, que sólo sucede o atraemos eso en lo que creemos, lo que confiamos y lo que tenemos fe. Como dicen por ahí, a fin de cuentas al inocente Dios lo protege.

Puede que este post hoy no tenga mucho sentido para ti si no has emigrado, pero hay cosas que a veces simplemente me provoca escribir y de alguna manera estoy segura que alguna mamá en otro rincón del mundo, conecta con ello. El punto es que de alguna manera, siento que conectando con mi fe, encuentro mi paz y eso me permite ser siempre una mejor mamá, y por ende un mejor ser humano.

Y tú, ¿Cómo llevas tu fe?

InstaLive

Zulay Rivera: “La mejor forma de enseñarle a los hijos a cuidarse, es a través del ejemplo”

En nuestra segunda cita de “Especialista y mamá”, hemos contado con la experiencia invaluable de una de las mejores dermatólogos de Venezuela, y yo que la conozco en lo personal sé lo comprometida que ella puede ser como profesional, pero aún más como mamá de dos princesas.

Esta entrevista que jugó un poco entre lo informal y lo académico, no podía ser con otra persona que no fuera la reconocida dermatólogo y médico internista, Zulay Rivera, a quien invitamos a este espacio para que nos aconsejara sobre los cuidados básicos de la piel del bebé, algo que pasa un poco desapercibido cuando nos convertimos en mamás. Acá les compartimos la transcripción de un extracto de la amena conversación que sostuve con ella, el pasado jueves 23 de mayo, a través de mi cuenta de Instagram @sinmanualdeestilo.

-Zulay, que gusto verte desde tan lejos. Tenemos que empezar preguntándote algo que puede sonar un poco loco, pero ¿Tus hijas se enferman?

-(Risas) Claro que sí, dicen por ahí que casa de herrero cuchillo de palo, y yo lo certifico. Mis dos niñitas han sufrido de cuantas cosas de la piel puedes imaginarte, son niñas, es normal.

­-Hablando de cosas normales, y aunque ya yo sé la respuesta, ¿es normal bañar a los bebés todos los días?

-No, no es normal y tampoco es bueno. Los bebés, sobre todo los recién nacidos, tienen una piel muy delicada y si los bañamos mucho podemos causarle resequedad u otras afecciones de la piel. Además de que pueden desarrollar dermatitis y se ha comprobado que hay una relación directa entre la dermatitis en la infancia y las alergias (a nivel de nariz) en los adultos.

-¿Entonces qué es lo recomendable?

Lo recomendable es mantenerlos frescos, pero es ¿qué tan mal puede oler un bebé? En todo caso, a la hora de bañarlos, y esto aplica para todos, usar jabones especiales para pieles de bebé o jabones sin detergente, ya que este contenido que es justamente lo que hace la espuma, tiende a resecar la piel. Hay una falsa creencia a que si no te hace espuma cuando te bañas entonces el producto no es bueno o no te limpia bien, y eso no es así, por el contrario te limpia de una forma que te puede lastimar la piel.

-¿Es fácil encontrar jabones sin detergente?

-Hoy en día sí, ya muchos laboratorios comercializan este tipo de productos especiales para las pieles y son muchos los que podemos nombrar. Lo que si puedo recomendar es no confiarse siempre que diga que es para bebé por ejemplo, sino revisar las etiquetas donde aparecen los ingredientes para saber con qué estamos limpiando a nuestros hijos.

-Y si no los podemos bañar, entonces ¿cómo los limpiamos?

-La mejor opción siempre va a ser agua. Aunque usted no lo crea, el agua tal como la conocemos es lo mejor. Repito, ¿qué tan mal puede oler un niño recién nacido por ejemplo? ¿Qué tanto puede haber sudado que requiere un baño?. No digo que no hay casos especiales, pero evidentemente bañarlos todos los días o con mucha frecuencia cuando están pequeños, no es la mejor opción.

Después me van a hablar de las toallitas húmedas, y la verdad es que a esto yo le digo no muchas veces. Las toallas húmedas, incluso las que dice que son libres de alcohol o que son de agua, contienen químicos que pueden producir alergias o resequedad en la piel de los niños e incluso de los adultos, entonces yo siempre le recomiendo a mis pacientes, y lo aplico en casa, que las toallas húmedas son sólo para emergencias, pero si estamos en la calle y hay una opción para limpiar usando agua, prefiero lavarlas a usar las toallas húmedas.

-Ajá, ¿entonces los limpiamos y eso es todo?

-No, evidentemente la piel necesita más cuidados que sólo agua. Si me preguntan es primordial para mí limpiar e hidratar.

La doctora Zulay Rivera, continúa trabajando en Caracas, Venezuela.

-¿Cómo  y cuándo hidratamos?

-Bueno para hidratar hay muchísimos productos que podemos recomendar, solo que todos tenemos pieles diferentes y lo mismo ocurre con los niños. En todo caso, la mejor forma de mantener la piel hidratada es aplicando crema desde el nacimiento, no hay edad para usar cremas hidratantes.

El mejor momento de hacerlo es después del baño, porque además de ir creándoles el hábito, la piel está mejor preparada para absorber la crema. En casa la rutina es bañarnos y aplicarnos inmediatamente la crema hidratante.

-¿Pero no quedamos más pegajosos?

-Fíjate, tienes que ver el panorama completo. Las células de la piel son los ladrillos y la crema es el cemento, entonces después del baño los poros están más abiertos y la crema entra mucho mejor para hacer su función. Y por ejemplo, ahora que lo mencionas, hay niños que practican natación o que van mucho a la piscina, esos niños necesitan mucha más crema que el resto.

También hay niños que desde pequeñitos desarrollan manchas blancas y ellos también necesitan que esas zonas sean más hidratadas.

-Ya que cada piel es diferente, ¿cómo sería la crema hidratante perfecta para cada uno?

-Las mejores son las cremas sin olor, sin color y las que se sienten más densas, estas son las que tienen más capacidad de hidratar.

-Ahora que hablamos de piscina, empieza el verano. ¿Quiénes deben usar bloqueador solar?

-Toda la familia. El uso del bloqueador debe ser un ritual, también si no es verano, es un producto de uso diario porque el Sol siempre está allí haciendo de las suyas, incluso cuando no lo podemos ver. Seré muy clara en que todos, desde los seis meses de edad deberíamos utilizar protector solar y evitar exposiciones prolongadas al Sol durante las horas en las que incide más en la tierra.

El uso del bloqueador debe ser un ritual, también si no es verano, es un producto de uso diario porque el Sol siempre está allí haciendo de las suyas, incluso cuando no lo podemos ver.

-Nos preguntaba por el privado una mamá, ¿cómo hacer en invierno las tomas de Sol con su bebé, si no hay Sol?

-Claro que hay Sol, él siempre está allí. Y las tomas de Sol tal cual como lo harías en el trópico, evitando siempre las horas de mayor incidencia solar ya que los rayos penetran más en la tierra y pueden ser dañinos para la piel.

-¿Y qué hay del protector solar ideal?

-Bueno los estándares cambian un poco entre América y Europa, pero ninguno protege al 100%. Lo mejor es que contenga al menos protección 50, y en América conseguimos bloqueadores con la señal UVA que indican que cumplen con los estándares superiores, es decir que protegen un poco más.

-Ahora las mamás venezolanas que vivimos en Europa nos encontramos con plagas que desconocíamos, como las garrapatas y todo el mundo se vuelve loco con los repelentes. ¿Cómo escogerlo, cómo sabes que no le hará daño al niño?

-El caso de las garrapatas es bien particular, y quiero destacar algo, ningún niño menor de dos años debería usar repelentes no naturales. Muchos de los repelentes tienen un ingrediente llamado permetrina que no debe estar en contacto directo con la piel, así que un buen repelente no es el que contiene más permetrina sino uno que no contenga más de 30%. Y aun cuando se usen repelentes, hay que revisar a los niños. Las garrapatas se pueden esconder en lugares inexplicables, en la cabeza por ejemplo.

-Se nos acaba el tiempo y son muchas las cosas que quisiéramos hablar contigo, pero quisiera que le dejarás una reflexión a las mamis que nos acompañaron hoy.

-Yo también soy mamá, y para mí muchas veces tampoco es fácil lograr que mis hijas hagan lo que es necesario hacer por su bien. Son niñas, estamos juntas aprendiendo esto, pero sí me he dado cuenta, que la mejor forma de enseñarles a tus hijos a cuidarse, es a través del ejemplo.

Créanme que cuando les digo a las niñas que se coloquen crema o hagan determinada cosa y no me ven a mí hacerlo, ellas no lo hacen, por eso ahora la rutina es de las tres. Nos bañamos y enseguida a secarse y a colocarse su crema hidratante, y si por alguna razón a mí se me olvida, allí están ellas diciendo “mami, la crema”. Así que no queda más que hacer las cosas dando el ejemplo.

InstaLive

Johannes Ruiz Pitre: “Amemos a nuestros hijos en presente”

Hace unas semanas atrás iniciamos una sesión en Instagram que me conecta aún más con lo que soy como mujer, porque me doy el lujo de entrevistar durante 30 minutos, a mujeres inspiradoras que más allá de una pantalla son profesionales y también mamás de carne y hueso, en un espacio que he bautizado como “Especialista y Mamá”.

En nuestra primera transmisión, tuve el honor de encontrarme con mi querida amiga y mentora Johannes Ruíz Pitre, CEO de @mimitosdemamá y @familias_positivas, que además de ser la madre de tres divinos mosqueteros, es Neuropedagoga especialista en inteligencia emocional y autora del libro “El amor no malcría”.

Fueron 30 minutos de aprendizaje y sobre todo de enriquecimiento, pero lamentablemente la tecnología me jugó mal y perdimos la entrevista tal como la habíamos grabado. Sin embargo, muchas mamás continúan escribiéndome para conocer qué dijo esa tarde nuestra querida Johannes, y por eso no puedo guardarme solo para mí los extractos más importantes de esta entrevista en la que hablamos de crianza positiva y de cómo las madres que creemos en la crianza con apego somos vistas muchas veces por la sociedad como bichos raros.

Aunque fueron muchos los aprendizajes, lo primero que se me hace importante acotar de lo que dijo Johannes como especialista, es que “en este camino de la crianza no hay trucos fáciles, los niños necesitan respeto, amor, límites y amabilidad, y también tenemos que entender que criar de esta manera implica claramente que los niños también tienen responsabilidades acordes a sus edades”.

“Es importantísimo entender que no existe la madre perfecta, esa es una ilusión que nos puede llevar a vivir frustradas porque también somos humanas»

Johannes Ruiz Pitre

“Es importantísimo entender que no existe la madre perfecta, esa es una ilusión que nos puede llevar a vivir frustradas porque también somos humanas, lo que sí existe y es importante tomar en cuenta es que la familia, sea como sea que está concebida, es un equipo y por ende en ese equipo todos los miembros deben poner su granito de arena”, aseguró la especialista quien confía en la cooperación como un elemento vital de la vida de familia y la crianza respetuosa.

-Johannes pero todo eso suena muy bien, incluso para mí que aplico estos principios de crianza positiva, a veces me cuesta entender sobre todo por los famosos terribles 2.

-Allí está el detalle. Creo que es necesario dejar de llamar a esta etapa los terribles y empezar a entender que son los maravillosos 2 años, ya que es la etapa en la que el niño empieza a despertar ante el mundo y no necesita mucho más que acompañamiento.

-¿Con qué se come eso entonces?

– Carla, muchas veces tu misma como adulto te sientes de una forma que no sabes expresar, nos pasa a todos; y ya siendo adultos sabemos cuáles son las emociones. Entonces ahora imagina a un niño que apenas empieza a vivir, sintiendo dentro él todo esto y no poder decirle a nadie “estoy triste, estoy molesto, estoy cansado”. Por eso tenemos que como adultos y padres responsables empezar a reconocer nuestras propias emociones, y a la vez reconocer y validar las emociones de nuestros niños. Hijo, ¿cómo te sientes? ¿Quieres que mamá te de un abrazo? ¿Me puedo sentar a tu lado mientras se te pasa el enojo?.

Los sentimiento, las emociones, sean positivas o negativas, hay que validarlas y cuando están aprendiendo a vivir y a reconocer hay que presentárselas.

-Entonces también existe esta tendencia a llamar los terribles dos por las pataletas, y todos queremos saber ¿cómo controlarlas?

-No hay trucos fáciles, no existen fórmulas mágicas, estamos tratando con seres humanos, con niños. En el caso de las pataletas, que se dan por muchos factores como frustración por no poder expresar sus deseos o sentimientos, cansancio, hambre, sueño, etc., tenemos que de alguna manera ser fuertes pero amorosos y aprender que la cooperación es clave y que los límites son necesarios para todos.

-¿Qué hacer entonces?

-Supongamos que tu hijo quiere que le compres algo y tú no puedes o no quieres hacerlo, no es quedarnos solo en el “no y punto”, sino llevarlo a un punto medio. Siempre digo que no se trata de ganarle al niño sino de ganarse al niño.

Entonces, manteniendo siempre la calma, en un tono de voz lo suficientemente bajo como para llamar su atención, explícale como si hablarás con alguien mayor que no se puede comprar y cuáles son las razones reales. Háblale sobre lo que ya le has comprado o lo que ya han hecho, y ve ganando su confianza. Contenlo.

-Hablas de ganarse al niño, y a mí eso me encanta, pero también me da miedo que venga un externo con malas intenciones a querer ganarse a mi niña.

-Miedo siempre habrá, creo que a todos los padres nos mandan una ración de miedos con los niños por no queremos que nunca les pase nada malo. Sin embargo, para esto que dices es vital que tengamos con ellos una relación de confianza única. Sí, tenemos que decirles a nuestros hijos que nosotros somos sus amigos más importantes, que no hay secretos con nosotros, que nadie puede decirles que no nos digan algo a nosotros (los padres) y que si no se sienten seguros o están incomodos nos los tienen que informar inmediatamente. Este es un tema muy extenso, pero se basa en construir confianza con nuestros peques.

-¿Y cómo los enseñamos a cooperar con nosotros?

-Esto es un poco más simple, porque se trata de incorporarlos en las rutinas dándoles un papel o rol de acuerdo a su edad. Por ejemplo, si estamos en casa y vamos a comer en familia, es bueno incluirlos a ellos en la elaboración de los platos o en la organización de la mesa. Por ejemplo, si tienes un niño de 3 años, pedirle que te ayude a colocar las servilletas o que lleve algo que no pese. Te puede ayudar a doblar la ropa, puedes decirle que sea tu asistente, cuando involucras el juego ellos se sienten mucho más motivados a colaborar.

-Sé que habrá muchas más cosas por decir, pero ¿hay algo que puedas recomendarles a los padres?

-El amor es un sentimiento sano, es valor, respeto, responsabilidad, bienestar, armonía, nada de estas cosas hace daño, por eso digo que el amor no malcría; tenemos que enseñarle a los niños que si el amor hace daño no es amor. Y también creo que es importante que como padres amemos a nuestros hijos en presente, tal cual son, sin compararlos con lo que tú imaginaste que serían, ellos son seres únicos, maravillosos e irrepetibles, y así como son, vale la pena amarlos hoy.

Extracto de la entrevista realizada a Johannes Ruiz Pitre, a través de los Live de Instagram de @sinmanualdeestilo el jueves 16 de mayo de 2019.

Migración

Madre resiliente, inmigrante luchadora

Muchas veces he contado la gracia -y a veces también incomodidad- que me causaba que algunos amigos o conocidos, cuando se enteraban de que íbamos a emigrar, me dijeran que por lo menos yo no me iba sola y que estando con mi esposo todo sería más llevadero.

Casi dos años después de haber dado el paso, yo les cambiaría esa frase por algo como “al menos eres mamá y sabrás cómo llevar adelante el proceso”.

Y es que ahora que me pongo a pensar, algo vital para mí en este proceso ha sido la exacerbación de esa capacidad de resiliencia que brota de uno cuando se convierte en madre. Y sí, quienes me conocen y saben de mi historia de vida, siempre me definen como una persona resiliente, pero aunque es un término muy utilizado actualmente, muchos desconocen su significado, así que aprovecharé de contarles un poco sobre esto porque creo ciegamente en que todas las madres tenemos esta capacidad más desarrollada que el resto de la humanidad, y que en el caso de las madres migrantes es vital para sobrellevar el proceso migratorio.

El término resiliencia viene del latín “resilio” o “resalire” que significa volver atrás, resaltar, rebotar, volver a comenzar o recomenzar, y con el tiempo se ha ido modificando su significado original hasta ser tratada en estos tiempos desde la psicología positiva, en la que muchos especialistas se han enfocado en el término basándose en el uso de esta palabra en áreas como la física y la química, en las que la resiliencia se usa para describir la capacidad del acero de recuperar su forma original pese a las deformaciones que reciba por entes externos. Sobre toda esta parte teórica podrán encontrar miles de artículos y libros disponibles incluso en la red, pero quiero hacer especial énfasis en esta cualidad del ser humano que a veces pasa desapercibida entre las mamás.

Creo que las mamás somos resilientes por naturaleza, viéndolo incluso desde el punto más primitivo, que nuestros cuerpos se deforman con el embarazo y vuelven a su forma normal después del parto, e incluso nos sobreponemos al dolor y volvemos a nuestras rutinas físicas después de este momento, confiando en que nuestro cuerpo se sobrepondrá y nosotras seguiremos teniendo una vida normal.

¿Alguna vez has pensado en qué es lo que hace que una mamá no se desplome después de pasar días y noches sin dormir bien por atender a sus hijos? ¿O cómo es que es posible que una mujer tenga la capacidad de sacar sola adelante a sus hijos? ¿de trabajar de Sol a sombra y luego llegar a resolver mil cosas de todos en casa? ¿de bajar fiebres a media noche aunque su agotamiento le había hecho llorar escondida en el baño aquella noche? Pues por ahí hablarán de amor, pero yo estoy convencida que tiene mucho que ver con la resiliencia.

Porque sí, uno ama a sus hijos incondicionalmente, pero también es un ser humano como cualquier otro, pero capaz de poner esas necesidades de lado (así sea momentáneamente) para atender a los hijos cuando ellos nos necesitan, que es prácticamente todo el tiempo.

Creo que las mamás somos resilientes por naturaleza, viéndolo incluso desde el punto más primitivo, que nuestros cuerpos se deforman con el embarazo y vuelven a su forma normal después del parto, e incluso nos sobreponemos al dolor y volvemos a nuestras rutinas físicas después de este momento, confiando en que nuestro cuerpo se sobrepondrá y nosotras seguiremos teniendo una vida normal. Es decir, uno como mamá no va por la vida diciendo que no ejercicio más nunca porque se le podían salir los puntos de la cesárea que le hicieron hace cinco años. Por el contrario, a los pocos días nos sentíamos inútiles por no poder hacer con normalidad todas las actividades a las que estábamos acostumbradas.

Imagen cortesía de @patri_psicologa

La cosa con la migración viene porque el proceso no es fácil, y quien te diga que sí, te está mintiendo. No hablo de que nadie te obliga a hacerlo, ni que tienes que ver todo maravilloso en el nuevo lugar, sino que  adaptarse al nuevo espacio es necesario como en todos los aspectos de la vida, pero en la mayoría de los casos eso no pasa de la noche a la mañana, y cuando volver a casa no es una opción viable, entonces que te guste tu nuevo hogar entonces es casi impositivo y eso puede empeorar el proceso de adaptación.

Cuando eres mamá y emigras, ahí están los hijos y entonces no sólo ves por ti sino por ellos. Sí, que está el esposo (en algunos casos) pero en su cabeza están pasando mil cosas más que a veces no están pegadas tanto al proceso emocional, y entonces simplemente se tiene que adaptar para sacar económicamente a la familia. Pero la mujer no, uno se pregunta si es el lugar es para uno, pero también se preguntas si es el lugar para que ellos, los hijos, tengan una vida normal. Y cuando la respuesta es sí, entonces dejas de cuestionarte esas cosas que por alguna razón tanto te incomodan a ti y empiezas a ser resiliente, y soportas el clima extremo, la mala cara que en algún momento puede que te haga un vecino o un empleado de banco porque eres extranjero, empiezas a meterte en el papel de que ya eres más de aquí que de allá.

Con todo esto no quiero decir que ser mamá es un requisito para emigrar, o que esto asegurará el éxito del proceso migratorio, pero sí estoy convencida por experiencia propia que esa capacidad de resiliencia (que no es exclusivo de las mujeres) hace que el proceso sea más llevadero y exitoso. Que tirar la toalla no sea una opción, porque vemos la vida desde otro ángulo y eso si bien nos hace ser un poco más flexibles, también nos hace mucho más fuertes.

Emigrar es un choque así lo hayas planeado por años. Desprenderte de lo todo lo que conoces es como cuando niño toca despedirse de una mascota, pero es la resiliencia lo que te hace avanzar, aprender, adaptarse y ser mejor cada vez más. Por eso si me preguntas, cada día más me considero una madre resiliente, una inmigrante luchadora por alcanzar lo que quieres sin detenerse en las heridas que nos ha dejado el camino.

Maternidad

Entre lo que quiero y lo que hago.

Me lo repito una y otra vez. Si yo sé lo que estoy haciendo, si yo estoy siguiendo mi instinto, mis ideas, ¿quiénes son los demás para cuestionarme?.

¿Acaso vale la pena detener mi forma de ver la vida porque los demás no me entienden?. Si me preguntan a mi yo creo que no.

Les cuento que durante mucho tiempo de mi vida me paralice porque otros a mi alrededor no entendían qué era lo que yo quería y cómo lo quería; para ellos siempre era descabellado, no le veían lo lógico o ponga usted la excusa que un tercero puede decir de los planes o ideas de los demás, a lo que yo quería hacer.

Lamentablemente sus «razonamientos» me paralizaban al punto de a veces dejarme sin aire, hasta que llegó un día en el que no pude más y empecé a liberar la carga. ¿Sentirme angustiada o frustrada porque otro no cree o entiende lo que yo quiero hacer con mi vida?. Eso no parece lógico ni justo.

No les niego que primero sentí miedo, pero la sensación de liberación fue tan alta y satisfactoria que luego no pude parar. Y al tiempo me convertí en mamá y la cosa cambió radicalmente para mejor.

Eso que llaman instinto puro y duro afloró en mí de una manera que me movió todas mis fibras y me hizo entender que para hacer sobrevivir al ser que en el momento de la gestación vivía dentro de mí, tenía yo que estar bien y feliz.

A esas alturas no había nada que hacer, yo decidí dejarme llevar por lo más primitivo de mí, mi instinto y eso me ha permitido vivir más ligera y mucho más feliz. Tampoco les mentiré diciendo que todos quienes estaban a mí alrededor para ese entonces se mantuvieron conmigo hasta este momento (y no sé si volverán la verdad, pero tampoco estoy segura de quererlos de nuevo cerca de mí).

Entonces entendí que si el resto no me entendía, no significaba siempre que estuviera haciendo algo mal. Y si se los pongo en un plato conciso, mi decisión de emigrar fue una de esas cosas que muchos en mi entorno cuestionaron, incluso algunos que ya habían dado el paso, pero según yo no tenía la madera para hacerlo o el reto no estaba a mi alcance tal cual me lo había planteado. -Que pues mira sí, que emigrar a Hungría, un país que era como la cueva de mi primer enemigo y que me podía llevar a la guerra, sin saber ni ñé del idioma y con una bebé sin contar con apoyo familiar, no era como muy lógico, pero créeme cuando te digo que no me arrepiento ni un solo día de mi vida del paso que di porque desde entonces he crecido en muchos aspectos de mi vida-.

Siempre les digo que mi objetivo en la vida desde que me convertí en mamá es ser feliz, no me importa tener grandes lujos, solo me importa vivir bien y en paz. Pero ese no es un camino fácil de transitar cuando nos paramos a escuchar todo lo que el mundo tiene que decir sobre nuestras formas y nuestros planes. Y tal vez la maternidad es una de esas cosas en la que más terceros buscan opinar, y en la que nosotras nos exigimos tanto que llegamos a sentirnos que no lo estamos haciendo bien.

Pues déjame decirte querida mamá que no siempre lo estás haciendo mal. La mayoría de las veces lo haces de una manera tan perfecta, que quien está pendiente de todos tus movimientos se acerca a criticar, porque fíjate parece que trabajas demasiado o que has amamantado a tu bebé durante mucho tiempo. Pero ¿eso es problema del tercero o es una decisión personal con la que tú te sientes a gusto?

A estas alturas del partido, solo puedo decirte yo desde mi corta experiencia, que la maternidad hizo que mi instinto aflorara en mí para luchar por mis sueños, esos mismos que no todos comparten ni entienden, pero que quienes te aman de verdad al final apoyarán. Y si me pongo más cruda, sólo tengo que decirte que no puede haber mejor forma de enseñar a otros que a través del ejemplo, ¿entonces cómo se supone que criarás niños felices si les das el ejemplo de un adulto frustrado o amargado?.

Sí querida mamá. Repítelo una y otra vez, que el resto del mundo no entienda tus formas no siempre quiere decir que lo estás haciendo mal. Revisa si tú te sientes bien, si tú estás conforme con los resultados, y si es así, lo que el mundo piense está demás. Lo más importante en tu propio mundo eres tú.

Pareja y Familia

Cuando criar es no hacer nada

El papel de las mujeres que decidimos quedarnos en casa se ha subestimado cada vez más con el paso del tiempo. Tal vez se deba a las generaciones anteriores que fueron educadas para que las mujeres tuvieran un espacio solo en el hogar, y a medida que fuimos ganando terreno fuera de la familia no le quedó más a la sociedad que intentar imponernos una etiqueta que hoy es usada como un estigma.

Estar en casa no significa que no estemos haciendo nada, así como trabajar fuera de casa no implica necesariamente estar haciendo algo productivo, porque como todo en la vida, esto también es relativo.

A diario comparto con mujeres increíbles que se sienten culpables de quedarse en casa al cuidado de los hijos durante la primera infancia; confieso que yo misma me he sentido así en ocasiones, pero luego recuerdo la falta que me hizo mi mamá muchas veces mientras estaba en el trabajo, y entonces comprendo que no trabajar de manera formal en este momento no es un retroceso para mí.

Les contaré una historia muy personal. Yo nunca tuve en mi cabeza esa idea loca de formar familia, para mí eso era una utopía que fue agarrando forma conforme fueron pasando los años y fui afianzando mi matrimonio. Por otro lado, yo me veía como la mujer trabajadora, independiente, de las mil cosas que hacer y producir y los mil un logros que recoger, y que si llegaban los hijos pues habría suficiente dinero para llamar a la mejor niñera del mundo, pero quedarme en casa no era una opción. Luego tuve a Sára por primera vez en mis brazos y la historia es totalmente diferente.

Recuerdo que ella tenía unas pocas semanas de nacida cuando le dije a su papá que yo quería, y me parecía necesario, dedicarme por un tiempo indefinido a la crianza de nuestra hija y los que estuvieran por venir. No estaba dispuesta a perderme sus primeras palabras, y tampoco quería soltarla al mundo antes de tiempo. “Yo quiero dedicarme a criar a nuestros hijos”, fueron mis palabras exactas.

Él estuvo de acuerdo porque siempre ha soñado con una familia grande, aunque cada día que pasa me convenzo más de que él nunca creyó que yo me atrevería.

Han pasado más de dos años desde aquel momento y yo no he podido volver al mercado laboral formal. Y hace pocos días me di cuenta que no había vuelto, simplemente porque no he querido y no he puesto mis energías en ello.

Que he hecho muchas cosas, sí; pero ninguna de ellas me ha impedido estar cerquita de mi hija en su día a día.

Estar en casa con los hijos va más allá de estar en casa. Se trata de encargarse de la limpieza de la casa y de las cosas, de tener al día la cocina, el mercado e incluso solucionar las diligencias de la vida diaria como el pago de los servicios y otras cosas.

Quedarse en casa significa a su vez cumplir con unas estrictas rutinas que nos permitan crear horarios y hábitos en nuestros hijos no escolarizados, y eso nos hace ser también más organizadas y planificadas. Y si hablamos de planificación, estar en casa representa administrar el tiempo de tal manera que, para cuando papá esté libre del trabajo, el tiempo de familia sea realmente de calidad.

Sí, muchas veces los hombres no entenderán eso y pensarán que ellos saliendo de casa a trabajar, y nosotras acostándonos a dormir. Ojalá y fuera así, pero dormir es la cosa más difícil del mundo cuando tienes niños pequeños.

Querida mamá, hoy quisiera hablarte a ti que tal vez te sientes menospreciada o una carga porque te ha tocado estar en casa. Te hablo desde mi experiencia, porque estando en casa no sólo me tocó aplicar todos mis conocimientos profesionales, sino aprender un montón de cosas nuevas como manualidades, idiomas, tecnología y un sinfín de dotes administrativos y gerenciales que vaya Dios a saber cuándo hubiese podido yo tener la oportunidad de aprender en algún cargo administrativo.

Estando en casa me he convertido en niñera, maestra, enfermera, señora de limpieza, lavandería exprés, administradora, contadora, abogado especialista en resolución de conflictos y promotora de los derechos humanos. Además tengo dotes de secretaria desde que emigré, pues me toca poner en contacto telefónico a mi hija con nuestra familia regada por el mundo, sin contar que la organización va más allá de la casa y se incluye una minuciosa agenda semanal a fin de que no queden por fuera actividades de recreación, estimulación, comunicación y relaciones públicas.

He aprendido también a gestionar el tiempo que queda para mí, para emprender mis proyectos y para dedicarle a mi pareja, ya que sin contar con una familia de apoyo detrás de nosotros, estar solos es prácticamente imposible.

Las finanzas son compartidas pero es sobre los hombros de la mujer donde recae la responsabilidad de que las cuentas cuadren. Y en ese sentido, de este lado siempre habrá también mucha presión o responsabilidad.

Querida mamá, no digas que no estás haciendo nada, estás criando un ser humano y esa es la responsabilidad más grande que nadie puede tener en la vida. Se trata de alguien que por sus acciones será amado y respetado en un futuro, u odiado y rechazado. No es cualquier cosa.

Y si trabajas mamá, también está bien. Créeme que tus hijos sabrán entenderlo en un futuro. En todo caso lo importante en esta historia es que tú entiendas que tu rol no es cualquier cosa, porque si eres capaz de entender e internalizar eso, entonces serás capaz de omitir todos los comentarios malsanos que los demás hagan de ti o tu situación.

Querida mamá amiga, la maternidad no es una ciencia pura, es simple experimentación humana apostando por el futuro mejor de los tuyos. Recuerda que al final todo pasa.

Maternidad

La ola de calor…y aquel sudor nada agradable

Llegamos a los ocho meses de gestación, y dentro de mí agradecía porque muchos de los síntomas del embarazo de los que otras mujeres se quejaban, no habían hecho presencia en mí humanidad. Sobre todo uno con el que nunca me había llevado bien… el calor.

Todo parecía muy perfecto para ser verdad, cuando el calor me venció. Fue llegar a la semana 33 y un día, y empezar a experimentar el calor en otro nivel que mis sentidos desconocía; uno que aún no me explico bien.

Más desesperante era, que por esos días había un pequeño frente frío que tenía a todos el mundo abrigado, mientras yo no dejaba de sudar cual comiquita japonesa (y me disculpan los amantes de este arte por llamarlo así).

Me apetecía dormir con el ventilador a toda mecha, desarropada y con la menor cantidad de ropa posible, mientras mi esposo inocente del infierno que mis glándulas sudoríparas causaban, no dejaba de arroparme y angustiarse porque en su cabeza solo había zancudos (mosquitos) volando a mí alrededor, y obviamente él sentía un frío que mi cuerpo desconocía por aquellos días.

No les miento cuando les digo que más de una vez mi almohada amaneció empapada como si hubieran abierto una manguera en ella. Pero no una manguera cualquiera, era una que además traía consigo un mal olor, eso que por allá llaman mal sudor. Era como si el sudor oliera a rancio y no pueden imaginar lo desagradable que era para mi tener que lidiar con aquello.

Pero sinceramente señoras, el calor, como todos los demás, pasa. No sé bien en cuánto tiempo, porque sinceramente todavía a las 36 semanas seguía lidiando con él, pero no en el mismo grado de intensidad que las semanas previas.

Es que incluso, ahora que lo recuerdo, incluso el día que fui a dar a luz, con mis 41 semanas y 3 días, tenía un calorón que me permitía estar medio desnuda sin problema alguno en la sala de preparación para el parto, que de cálida no tenía nada. Pero a fin de cuentas, de alguna manera aprendes a vivir con el calor.

Particularmente yo trataba de dejarme llevar por lo que mi instinto me indicaba, así como lo hice con casi todo lo que tenía que ver con el embarazo.

¿Qué hacía? Me lavaba la cara y la parte trasera del cuello tantas veces como podía.

En las noches más calurosas utilizaba las compresas de hielo en la nuca y en la parte baja de la espalda como un paliativo, aunque con esto debes tener cuidado si la temperatura del ambiente está muy frío porque al final puedes amanecer resfriada.

Uno de mis momentos favoritos por aquellos días era llegar a casa de la calle tan acalorada, que deshacerme de la ropa y lanzarme sobre la cama con el ventilador de frente, se convertía en un placer tan grande que solo lo puedo comparar con satisfacer un antojo, y la guinda de la torta era aprovechar el momento para dormir un rato mientras el bebé se movía como recordandome que estaba allí.

Por esos días también evitaba el uso de cremas en el cuerpo por la noche, eso me hacía sentir mucho peor y la verdad es que si te van a salir estrías saldrán con o sin crema. Que si es cierto que es muy importante cuidarse, pero más importante todavía es estar cómoda mientras gestas vida.

A modo de reflexión les dejo este comentario del post original, que escribí cuando tenía 36 semanas de gestación. «¿Vale la pena? Pues sí, ahora que estoy más cerca del momento de tener a mi bebé en los brazos, me parece que este y otros síntomas valen la pena». Y hoy, cuando mi bebé ya tiene 30 meses, les reitero que todo ha valido la pena sin temor a equivocarme.

Migración

De cómo me enamoré de mi nuevo país

¿Por qué me gusta tanto vivir donde vivo ahora? No suelo hablar con tanta frecuencia de mi nuevo país por alguna razón que hasta yo misma desconozco; pero aunque ustedes no lo crean esta es una de las preguntas que más me hacen las mamás inmigrantes.

Y es que según ellas siempre digo sólo cosas buenas de este lugar que nos ha acogido y las pocas veces que ven fotos mías en esta ciudad se me ve enamorada. Pues esta semana me lo han vuelto a preguntar y ni sé por qué, pero me pareció bonito comentarles mis motivos.

Siempre les digo que emigrar está muy lejos de la zona de confort y de las cosas fáciles. Incluso para quienes somos mamás, es como una decisión casi bipolar. Es decir, en el caso de las madres venezolanas ni siquiera racionalizas lo que estás haciendo, sino que tomas la decisión por supervivencia y para adelante, pero cuando llegas al nuevo país y te ves sola, sin toda la caparazón familiar que tenías antes, entonces es como un balde de agua fría que te hace cuestionarte sobre si hiciste lo correcto o no.

La cosa fue que cuando decidimos venir yo quería estar fuera de nuestro país, pero estaba un poco resistente a que nuestro nuevo hogar fuera esta ciudad particularmente, que solo conocía como turista. Me aterraba pasar semanas sin ver el Sol, y como esa era la referencia que tenía de este lugar, me cuestionaba sobre nuestro tiempo de permanencia en este destino.

Ni hablar del idioma.

Sin embargo llegamos y todo fue diferente. Era plena entrada del otoño y el Sol brillaba con fuerza, y me permitió conocer una ciudad que en realidad no conocía. Sin ir más allá, les diré que aprendí a ver los detalles, esos pequeñitos que hacen tu vida mejor y que cuando vienes de una situación de guerra, ya conoces muy bien porque fueron los detalles los que te hicieron tener un respiro entre el desastre.

Lo que antes era un privilegio ahora era algo normal, pero como no lo tuve antes entonces ahora lo valoro mucho más que quienes entienden que esto es algo normal. No sé si me siguen, pero a las pocas semanas de haber llegado aquí y haber aprendido a ver esos pequeños detalles, recordé que durante mis años de trabajo con diásporas en Venezuela, siempre era evidente que su amor por nuestro país era mucho más fuerte que el de nosotros mismos.

Yo no estaba copiando actitudes, simplemente estaba entendiendo el porqué de lo que para mí antes era absurdo o ilógico.

Esos detalles me fueron cautivando y me fueron abriendo los ojos a un mundo que era totalmente nuevo para mí, o que al menos había estado dormido durante mucho tiempo. Porque cuando les digo que me cambió el paradigma hasta a nivel de pareja, no les miento.

Sí, sé que tengo el privilegio de vivir en una de las ciudades más hermosas del mundo, pero hay gente que llega acá y no se halla. Es normal, no a todos nos gusta lo mismo. Pero más allá de lo bella, me empecé a involucrar en sus rutinas, en sus movimientos, en su forma de vida y eso me llamó tanto que tres meses más tarde estaba perdidamente enamorada de Budapest.

Yo estoy clara que lo que estoy escribiendo puede no ser muy fácil de digerir, pero el amor en cualquiera de sus formas es muy difícil de explicar.

El tema es que aquí me siento con una libertad que nunca antes tuve, y aunque no les niego que extraño muchas cosas de Caracas, he conseguido otras tantas acá que me permitirían vivir mi vida sin mi ciudad natal.

“Tienes que amarlo, tienes que estar a gusto, tienes que sentir que vale la pena salir a la calle o conocer un museo o irte a un lugar donde te sientas bien en tu nueva ciudad. Si no hay conexión tienes que buscar mudarte inmediatamente, no hay nada que te ate a un lugar si no hay conexión con él”, recuerdo haberle dicho a una de mis amigas que se enfrentaba a la migración al mismo tiempo que nosotros y que lloraba todos los días por querer regresar a Venezuela. Cada vez que hablábamos, un día de por medio, me preguntaba “pero tú ¿cómo lo haces? ¿Cómo te sientes tan bien si no es tu país?”.

Pues bien, no era mi país hasta que lo escogí. Algo que siempre mi esposo decía era que definitivamente uno no es de donde dice el pasaporte sino de donde se siente bien, y eso es lo que nos define a los ciudadanos del mundo.

Ojo, eso no quiere decir que hablemos mal o despreciemos a nuestro lugar de origen, nada más lejos de la realidad, sino que simplemente hemos decidido abrir nuestro corazón a nuestro nuevo hogar y hemos encontrado una conexión particular que nos hace sentir en casa.

¿Cuáles son esos pequeños detalles que veo y me hacen sentir bien con este lugar?

Más allá de las calles y los monumentos, e incluso el alto contenido histórico de este país, está su gente. No les diré que todos son simpáticos o algo por el estilo, en su mayoría tienden a ser muy pesimistas, pero tienen una parte muy especial. Son románticos, creen en el amor y son muy inteligentes.

Dicen que los húngaros no son románticos, pero ¿cómo no son románticos si ves por la calle a parejas de más de 70 años caminando de la mano? Es fácil incluso encontrarse parejas adulto contemporáneas, digamos de entre 45 y 60 años en escenas románticas en una plaza o en un café. Van juntos al cine, al teatro o simplemente se dan una escapada a las aguas termales. Es como si el amor se encontrara en cada esquina, jóvenes, adultos y adultos mayores, ellos saben que tienen que amar.

Después están las artes, que viven libres en la cotidianidad y aquí nadie te mira raro si le dices que eres escritor o músico o pintor. Eso para mí ha sido como bálsamo en el alma, porque sí, evidentemente les gusta trabajar, pero aquí están muy claros que una calificación o un título universitario no define a una persona.

Me siento segura y me siento libre. Y esto ha sido una de las cosas más importantes que me ha gustado de este país y particularmente de esta ciudad, que aun estando en la zona más fea, puedes estar tranquilo con tu celular en la mano.

La educación ha sido otra de esas grandes vertientes que nos ha enamorado, porque el modelo educativo además de incluir a la familia, está adecuado para que el niño no se sienta frustrado o presionado por lograr objetivos que no le interesan, sino por alcanzar objetivos que le son atractivos, entonces cada uno va buscando y haciéndose su propio lugar en la sociedad.

En conclusión, no puedes vivir en un lugar del que no te sientes enamorada, es como casarte con alguien que no te importa. ¿Cómo puedes ser feliz así? ¡Es imposible!

Si ya emigraste y no logras conectar con tu nueva ciudad, date tiempo para reconocer esas cosas que son ventajas y que te pueden hacer sentir atraída por tu nuevo espacio, y si no las encuentras simplemente plantéate mudarte.

Si eres mamá, plantéalo bien. Estar en armonía con nosotros mismos (los adultos) nos permite tener relaciones más sanas con los niños, así que es mejor sentir este amor, esta seguridad, esta paz, que ir por la vida de malas pulgas por no atreverse a buscar algo más.

Me encantaría saber cómo se sienten esas mamis inmigrantes en sus nuevas ciudades.

Maternidad

Me llaman mala madre…¿con qué derecho?

Sí, yo también soy esa mala madre que de vez en cuando quisiera quedarse un rato más sola en la cama. Ni contarles de las veces que me he quedado con hambre por darle eso que tanto me gustaba o quería a mi hija, pero soy una mala madre por desear tener al menos un día a la semana una comida caliente en manos, sin los brincos inesperados de los peques.

Sí, a veces también soy esa mala esposa que no quiere sexo, sino solo un abrazo o un beso, que me recuerden lo bien que lo está haciendo. Otras tantas, soy la mala madre que quisiera tener unas horas a solas con su esposo, sin pensar en niños, sin hacer cosas de familia, solo de pareja.

Sí, yo también soy esa mala mujer que no tuvo tiempo para arreglarse todos los días, con tal de que a sus hijos no les faltara nada en el colegio y estuvieran de punta en blanco en todas sus citas.

Mala madre que luce cansada, desajustada, descuidada. Mala madre que para muchos no hace nada, solo cuida a unos niños, los mantiene vivos, les enseña cómo hacer las cosas, los educa, les muestra como ser independientes mientras dependen de ella para todo. Nada más los ayuda a vivir, pero no hace nada más.

Mala madre soy también porque ya no he podido volver a la oficina y no produzco suficiente dinero para llevar los gastos de la casa. Todo, gracias a haber decidido criar, gracias a haberme quedado con mis hijos en casa para que no fuera un desconocido el que los cuidara en sus primeros años de vida.

Sí amiga, yo también confieso ser de esas madres que somos denominadas malas madres por la sociedad, las mismas que salieron de la cama a preparar comidas a pesar de la fiebre y el malestar.

Mala mujer que ni ha podido siquiera terminar los proyectos que se había planteado en casa. ¿Qué hará, pasará sus días durmiendo?

Vi el otro día una de esas malas madres en el parque, que se retorcía del dolor de vientre y de cabeza en sus días, pero aun así intentaba sonreír y jugar con sus tres niños, todos menores de 5 años, en plena etapa eléctrica de la infancia. No sabía si abrazarla o quedarme con sus hijos para que ella tuviera al menos media hora de descanso, pero yo misma estaba siendo una mala madre en ese momento, olvidando todo lo que tenía pendiente en casa para enseñar a mi hija que ensuciarse a veces no es malo, que jugar descalzos en la arena no está mal.

Mala madre retumba en mi cabeza, mientras una sociedad injusta hace lo que mejor se les da, juzgar sin ponerse en los zapatos de otro. Realmente a estas alturas, me ha dado por no escuchar lo que dicen.

Otro día iré en el autobús y seguro mi bebé llorará por cualquier cosa, y seré la mala madre que no la calma con rapidez, que deja que la bebé llore y moleste a quienes me acompañan en el camino. Y por dentro no pensaré nada, seguiré simplemente haciéndome la loca, porque nadie tiene el poder de juzgarme más que Dios.

La verdad es que no, no soy una mala madre, y creo al menos que tampoco he sido en este tiempo de maternidad una mala esposa. De hecho, no creo que ninguna de nosotras seamos malas madres, por lo menos no por elección propia; ni las que nos quedamos en casa con los peques, ni las que tienen que salir a trabajar porque no hay otra opción.

Solo somos humanas, simples mortales que nos vemos sometidas a los juicios de terceros, que poco tienen que ver con nuestras vidas. E incluso, cuando el reclamo venga de casa, sería bueno respirar profundo y empezar a delegar, porque la presión –bien sea social o económica- muchas veces puede hacer de las suyas y llevarnos a decir cosas hirientes, muchas veces sin sentido.

¿Has pensado alguna vez en cómo serán las cosas en casa cuando te reincorpores al mercado laboral? ¿Está claro ese panorama para todos en el hogar? ¿Has planteado alguna vez la posibilidad de tener citas con tu pareja lejos de los niños? Ese tiempo necesario de cultivar el amor, la pareja e incluso el bienestar mental.

Te repetiré que no soy una mala madre, mi hija nunca será un estorbo para mí, y por el contrario en estos más de dos años de maternidad se ha convertido en mi amiga, mi compañera de aventuras ó como yo le digo “la asistente de mami”, pero sobre todo se ha convertido en una escuela de vida para mí, ya que a través de ella, de su crianza, me he podido reconectar con muchas cosas que estaban dormidas dentro de mí, y he empezado a darle importancia a lo que realmente es esencial para vivir.

No obstante, para que la familia esté bien, mamá tiene que estar bien en todos los sentidos, y es necesario siempre tener ese momento para uno, para conectarse con lo que uno desea e incluso para descansar, para meditar, para hablar con alguien de tú a tú.

Mamá, si me estás leyendo y te sientes identificada, déjame recordarte algo, ¡Lo estás haciendo bien! ¡Tú no eres una mala madre –yo tampoco lo soy-! Solo falta hacer algunos simples ajustes, pero todo esto también pasará y seguro lo extrañarás.

Migración

Lejos pero no ausentes

A los inmigrantes venezolanos se nos hace muy fácil utilizar la frase “lejos pero no ausentes” cuando nos tocan la tecla de Venezuela, y al final esto termina definiendo nuestra vida.

Estoy convencida que esto tiene mucho que ver con la forma en la que tuvimos que salir de nuestro país (la mayoría de nosotros salió huyendo), pero también en la forma en la que fuimos criados porque más allá de no ser un pueblo acostumbrado a emigrar sino a recibir, bien es cierto que nos involucramos muchísimo con nuestras familias, amigos y en general con los procesos en los que nos desarrollamos.

Sin embargo, hoy quiero hablar sobre algo que nos ha estado pasando los últimos días por no querer estar ausentes. Parece por el contrario que se nos dobló el chip y ahora estuvimos presentes físicamente en nuestras nuevas realidades pero totalmente abstraídos mentalmente.

Sí querida mamá, a mí también me pasó y me está pasando. Ya hoy tengo una semana sin escuchar la voz de mi mamá y hasta hace unas pocas horas fue que ellos tuvieron luz de nuevo, y definitivamente no he estado en mis cabales… por eso hoy quería escribir sobre esto, contarles que es algo normal que le puede pasar a cualquier ser humano cuando pasa por un mal momento familiar.

Hace un par de días salí por primera vez a la calle y veía a la gente normal, como si nada pasara y quería gritarles, decirles que había gente muriendo en mi país. Les confieso que las lágrimas salían solas, y tuve que sentarme a tomar aire porque no era posible.

Lo primero que hice fue poner en orden mis pensamientos y tratar de no caer en pánico. En realidad aquí no está pasando nada, así que me dije ¿cómo puede afectarle a estas personas a cientos de kilómetros de Venezuela que allá haya o no luz y todo lo demás que no hay? Ellos no son venezolanos, ni tienen sus familias allá, ¿Entonces por qué tendría yo que ponerme a gritar aquí?.

Cuando me calme seguí mi camino, iba a buscar a mi hija al colegio y evidentemente al llegar todo el mundo se percató que algo me pasaba. Iba roja de llorar y de alguna manera ya hay otros padres que han desarrollado cierta empatía conmigo. Ellos tenían idea de lo que pasaba, pero desde ese momento empezaron a investigar más sobre la situación.

Esta mañana cuando llegamos al colegio, algunos de ellos me esperaban para ofrecerme apoyo moral e incluso recursos para las familias más afectadas. Sí, afuera hay gente que quiere hacer algo por nuestra gente sin interés alguno. Y entonces fui allí que entendí que era normal sentirme así, porque si ellos que nada tenían que ver con nosotros se conmovieron con la situación, ¿qué puede quedar para uno que vivió allá y que aún tiene sus afectos allá?

¿Qué si está bien o está mal? No lo sé, sólo sé que nadie te puede juzgar por sentirte así, porque somos humanos y vivimos de las emociones, y más allá de controlarlas tenemos que aprender a vivir con ellas. No es fácil, créanme que lo sé.

En todo caso, y para no irme por las vertientes de este tema en el que no soy especialista sino ejemplo fiel de lo que ocurre, quería compartir ustedes lo que siento en este momento pero también lo que he aprendido en estos siete días de oscuridad que tiene Venezuela.

Primero que nada, siempre digo que emigrar significa o implica desprenderse, despegarse, pero sí, hay cosas de las que no puedes desentenderte. Tus padres siempre serán tus padres, tu país de origen siempre será tu país. Entonces llamemos las cosas como son, el lugar donde naciste siempre guardará un espacio especial en tu corazón y eso está muy bien, porque uno debe tener raíces que cuenten nuestra historia. El país de origen es parte de eso.

Mantener la calma pese a la incertidumbre es clave, porque esta última es una de las herramientas más utilizadas para dividir y traicionar. Mantener la calma nos permite dar pasos seguros, solucionar de manera consciente y no traicionar nuestros valores y creencias.

Llorar está permitido, sentirte agotado es normal. Los picos emocionales causan agotamiento al cuerpo, es un proceso químico que no podemos variar.

Siempre que puedas, explícales a tus hijos lo que está pasando. Los niños se dan cuenta de todo, ellos perciben nuestros cambios de humor y buscan de alguna manera estar más cerca de nosotros, pero si nosotros no estamos bien emocionalmente podemos afectarlos con nuestras respuestas o actitudes.

Por eso es importante, sin generarles angustia, explicarles lo que está pasando sin darles demasiado detalles, pero explicándoles bien que mamá y papá también tienen emociones que a veces no saben explicar o contener.

Si están en la edad adecuada para entender principio básicos de la vida, explícales también lo que es normal y lo que no es normal, aprovecha la oportunidad para dejar claro que nunca deben conformarse con las migajas, para forjar su carácter y su moral. Explícales lo que es una dictadura, hazles ver que con amor todo se puede lograr y que la gente que es buena de corazón, siempre triunfará al final (aunque cueste y no parezca).

Esto ya no tiene que ver con política, tiene que ver con humanidad…y sí, también con falta de humanidad, y esas son cosas que algunos niños pueden entender, discernir y digerir.

Si quienes están al otro lado tienen necesidades que nosotros podemos cubrir, no dudes ni un segundo en hacerlo de la mejor manera posible. Si necesitan informarse, por ejemplo, transmite información veraz y vital, cosas que no los desmotiven o generen desesperación. Si necesitan conseguir agua o alguna idea para rendir las velas, entonces busca en internet y transmíteles tus conocimientos.  Siempre actuando con paciencia, con certeza y transmitiendo tranquilidad.

Por último, y no menos importante, conectarse con algo que a uno le genere paz es vital para mantener la cordura. En mi caso fue orar y leer algunos de mis escritos sobre Caracas, eso me permitió hacer visualizaciones y sentirme cerca de mi familia.

Querida mamá, en este camino de ser madres inmigrantes hay muchas batallas que nos tocará luchar que todavía están por definirse, ¿y sabes qué? No tendremos respuesta para esas situaciones hasta que no lleguen a nosotras, así que no queda más que seguir, resistir y persistir.

¡Lo estás haciendo bien! Y créeme que no te estás volviendo loca, recuerda que esto también pasará.

Te abrazo.

Pareja y Familia

Tiempo de adultos, tiempo vital

Cuando nos convertimos en madres todo cambia tanto y tan rápido, que muchas veces no nos damos cuenta de todas las cosas que hemos ido dejando de lado. Una de esas es el tiempo de pareja y el tiempo de adultos.

Pero, ¿Sabes qué es el tiempo de adultos?

Si te lo explico sin muchos adornos, es ese tiempo que tenemos que tener, sin excusa alguna, con otros adultos sin que los niños sean el centro de atención. Y antes de que te alarmes, no se trata de egoísmo, sino de pensar en ti misma e incluso en tu pareja.

El tiempo de adultos es un tiempo dedicado a hacer cosas para nosotros y por nosotros, y en el que debemos dejar el remordimiento de lado, pues es un tiempo dedicado a distraernos y cultivarnos en las cosas que nos motivan y nos hacen sentir bien con nosotras mismas.

Por eso es importante entender que no se trata solo de tiempo personal y de pareja, sino de tiempo para las amigas, para la familia extendida, para hacer un curso o asistir a una exposición, etc., sin los niños.

¿Por qué es necesario?

Simple, y no lo digo solo yo, pero un día me di cuenta que cuando salía con alguna amiga sólo hablaba sobre mi hija, qué hacía y que no, cómo había crecido y los planes que tendríamos con ella. Y me empezó a hacer ruido la voz de una de mis tías diciéndome «cuándo nazca la bebé la gente te anulará a ti. Ya nadie más te preguntará cómo estás tú o cómo te sientes, sino todo será sobre el bebé».

¡No, me niego! Eso no puede ser, porque yo también cuento.

Y no sólo que yo cuento e importo, sino que tengo que estar bien yo para enseñarle con el ejemplo a mis hijos que ellos son más importantes en sus propias vidas que nadie.

Y sí, el bebé es importante, pero yo también soy importante. Yo soy lo más importante de mi vida, porque para darle lo mejor de mí a ellos, tengo que cultivarme y cuidarme yo antes.

Pero, si además somos de los que queremos criar desde el respeto y el ejemplo, ¿cómo es que le voy a enseñar a mis hijos que tienen su propio lugar y espacio en el mundo, si ellos me anulan en mi propio mundo?

Difícil, ¿no? Pero hay que hacer un esfuerzo para entender esto y que por más que los amemos, ellos no son nuestros, son prestados y tienen vidas propias que cultivar.

Así que el tiempo de adultos durante la maternidad y el tiempo de crianza, es necesario y vital.

 Es necesario para drenar, para crecer, para enriquecerse y sobre todo para oxigenar.

¿Qué se hace en el tiempo de adultos?

Pues se hace lo que a uno le gusta hacer que no implica hablar o pensar en cosas de los niños o la familia o la casa, e incluso el trabajo. Es decir que, durante este tiempo tu sólo tendrás que ocuparte de ti misma.

Es verdad que cuando eres emigrante estos tiempos son más reducidos por no contar con el apoyo familiar para que se hagan cargo de los niños por unas horas, pero en nuestro caso nos hemos reinventado el tiempo, e inventamos planes cortos durante las horas de colegio y visitamos lugares que nos gustan pero donde no podemos de ninguna manera ir con niños.

También hemos probado ver películas de gente grande (a mi esposo le encantan las películas de acción donde hay balaceras y esas cosas que una niña no debe ver), y también hemos aprovechado para descubrir baños termales en nuestra ciudad (en estos lugares no se permite la entrada de menores de 14 años por los minerales que contiene el agua).

Pero además del tiempo de adultos en pareja, hemos buscado tener nuestro tiempo de adultos por separado, y en mi caso son momentos que aprovecho para salir a fotografiar la ciudad o tomarme un café sentada en algún lugar bonito que me inspire a escribir, mientras que mi esposo prefiere usar su tiempo en actividades deportivas que no puede desarrollar durante la semana.

No les niego, a veces también simplemente me acuesto a dormir por dos horas seguidas y eso es muy revitalizante, pero a fin de cuentas, este tiempo es importante para que nosotras nos sintamos bien con lo que hacemos y tenemos.

¿Y tú tienes tiempo de adultos? ¿Qué haces?

Maternidad

Heroína sin capa

Esa mujer que va ahí en el Metro con sus 4 hijos a cuestas, todos menores de 6 años, es una súper estrella; pero ella no lo sabe.

Mientras todas las miradas se fijan en ella, miradas despiadadas y juzgadoras de una situación que no les corresponde, ella sólo se concentra serena en mantener a tres de sus retoños sentados cómodamente en el asiento del tren.

El cuarto de los niños, apenas de meses, lo lleva a cuestas.

Yo dentro de mi pienso que debe tener ojos hasta en la espalda, es una Rock Star y no lo sabe. ¿Cómo no se da cuenta?

Esta peinada, no de salón pero está arreglada; se nota que ha puesto al menos un poco de atención en ella. Para mí eso es bastante porque a veces yo con una no puedo siquiera recordar si me he cepillado los dientes. -¿Qué dices Carla?- Sí que me ha pasado.
Esa mujer a simple vista es una Diosa y no lo sabe.

Y no lo sabe porque afuera hay una sociedad que la juzga, que emite comentarios sobre sus decisiones sin pensar en sus sentimientos, que prefiere llamarla loca o cómoda antes de preguntar cómo se siente ella.

Yo desde mi esquina no creo que la sociedad vaya a cambiar su percepción de la mujer, y mucho menos de la mujer que decide ser madre. Pero estoy convencida que si desde el amor les explicamos a los hijos nuestro rol, las cosas para las futuras generaciones cambiarán.

«Mundo de hombres» dicen algunos, pero no podemos seguir justificándolo y nosotras mismas sentirnos inferiores por lo que hemos escogido hacer. Y me incluyo, porque es verdad, yo también me he sentido mal cuando alguien me pregunta por qué no he vuelto a una oficina después de tener a mi hija.

La cosa es que nadie recuerda que antes de ella yo era de la que no distinguía entre miércoles o domingos, que viajaba ligera por el país acompañando a diplomáticos de otros países, haciendo relaciones públicas y mandando noticias. Mi trabajo no tenía horarios, a veces entraba a las 10 y eran las 3 de la mañana y yo seguía en la oficina. ¿Cuántas veces no salí de noche y deje la cena familiar en la mesa para ir a cubrir una pauta?

Deje ese vacío muchas veces en mi familia, en mi pareja, en mis propios padres que se quedaron esperándome en alguna sala de conciertos a la que nunca llegué pese a tener un compromiso con ellos.

Ellos nunca me juzgaron, pero sé que me extrañaron y se dieron cuenta de que seguía el ejemplo que me habían dado, estaba trabajando en lo que me gustaba sin limitaciones de espacio o tiempo, y la familia no era lo primero, sino el trabajo.

Pero cuando llegó Sára a nuestras vidas, para mí todo cambió. Yo no quería que mi hija fuera nunca la niña que se quedaba sola en el salón porque su mamá no había llegado a tiempo a buscarla, no quería que fuera la muchachita que dijera su primera palabra lejos de mi vista, ni perderme muchos de sus avances y desarrollos porque yo tenía que cumplir con un trabajo.

La maternidad, en mi caso, reformuló mis metas y sueños y me hizo conectarme mucho más con lo que yo de verdad quería de la vida… pero nadie me lo ha preguntado, y los pocos que se han atrevido no se han quedado satisfechos con mi respuesta. Seguro a esa mamá del Metro tampoco la han considerado un poco, pero es bastante que ella misma se considera y lo digo por su apariencia.

Quisiera haber sido valiente y preguntarle su nombre, preguntarle si necesitaba ayuda con los niños para subir las escaleras, pero es que ella estaba tan cómoda en su papel que atreverme a aquello podría haber sido incómodo para ella.

Pero la verdad es que quería acercarme y decirle ¡Te felicito!. Porque aquellos niños, que son el futuro de este mundo, lejos de lo que muchos pueden pensar, se mantuvieron a tono y educados en todo momento. Uno le preguntaba “¿Mamá cómo se llama la estación dónde vamos?” y ella respondía y les hacía otra pregunta, a la que respondía con picardía alguno de los otros niños. Entre ellos tenían una conversación amena, fraternal.

Viendo aquella escena de la que pude ser testigo por escasos 7 minutos, volví a entender que el mundo no es de una persona, menos de un género, el mundo es de todos, y ella estaba preparando a sus hijos para ese mundo de todos.

¡Gracias heroína por regalarme una visión tan amplia de la vida, en tan escaso tiempo!

Maternidad

Mis ojeras y yo

Esas ojeras que hoy ves en mi son parte de las marcas que me ha traído la maternidad. ¿Y sabes qué? No me pesan. Tal vez para ti, que ves todo de afuera sea sinónimo de una lucha sin sentido, pero para mí, que soy la madre, tiene un valor inigualable.

Esas ojeras que hoy te causan risa, esta vez no son producto de una fiesta veinteañera, ni de un trasnocho por estudios, son el resultado del trabajo más lindo que me ha tocado desempeñar.

Esas ojeras que hoy me acompañan no se irán esta vez con el café de la mañana, y probablemente no tenga muchas ganas de usar maquillaje, pero ¿Para qué ocultar mi belleza natural si a mí no me molesta?

Mis ojeras, las nuevas manchas que tengo en mi piel, la cicatriz de mi cesárea, no son nada en comparación al amor que me recorre el cuerpo desde que el motivo de todos estos “males” llegó a mi vida.

¿Te había dicho que soy mamá?

Pues sí, soy mamá entregada y libre. Soy mamá que ama sin medida y que no ve nada de malo en entregar tanto amor como pueda a sus hijos. Soy la mamá de un ser humano que está creciendo desde el amor, el respeto y los valores, y me siento orgullosa de ello.

“You are kind, you are smart, you are beautiful”, es mi mantra para mi hija todos las mañana antes de entregarla en el colegio. ¿Cómo podría yo enseñarle a ella que lo que importa es lo de adentro, si no se lo demuestro?

Querida amiga que también eres mamá y me dices “tienes una cara de destruida amiga”. No seas cínica, guárdate el comentario y dame ese abrazo que tanto necesito. Recuérdame todas las cosas que en algún momento hice y que pronto volveré a hacer, porque este tiempo de criar pasará rápido. Recuerda que cuando fuiste tú, quien estuvo en el lugar que ocupo hoy yo, jamás de mí salió una palabra que te desmoralizara.

Querido esposo, no me anules, ámame aún más con mis ojeras, con mi cabello desaliñado y soso, que es la marca del amor que les pongo a nuestros hijos y la foto que guardaras en tu corazón cuando me vuelvas a ver como la reina que soy. Este tiempo de agotamiento también pasará, así que cuídame ese amor que nos juramos para disfrutarlo también cuando los niños se vayan.

Mamá que me lee, no sientas pena porque hoy no estás arreglada, porque usas los mismos jeans desde hace una semana o porque has repetido la franela que llevabas ayer. Si no te gustan tus ojeras, maquíllalas pero no te sientas menos por ellas.

Que si tienes tres días en la casa en pijama. Lávate la cara y ponte una ropa con la que te sientas a gusto, vístete para ti, no para los demás.

¿Que tus amigas te critican porque ya no vas a la peluquería? Entonces ellas son quienes deben revisarse, porque tu belleza interior sobrepasa la exterior. Eres mamá, estás criando, estas formando el futuro del mundo, y esa es la labor más difícil que cualquiera puede enfrentar.

Lo más increíble de todo es que esto también pasará, y es por eso que es tan importante que tú seas la primera en no anularte de la historia.

Que sí, que tus hijos te necesitan, pero también te necesitan coherente con lo que quieres enseñarles y es por eso que es importante que así como tienes tiempo para todo, tengas tiempo para ti. 10 minutos, una hora, un día, en que te cultives, te revises, te desconectes, descanses y recargues todo lo que tienes para dar.

Querida mamá, esto también pasará y como todo en la vida, será muy rápido. Puede que ahora que pasas horas en el sofá dando pecho a ese pequeño ser que creaste, veas todo oscuro y eterno, pero no es más que tu mente haciéndote una mala jugada, porque todo se acaba en un abrir y cerrar de ojos.

Te hablo de esto porque yo también he estado ahí, y hoy cuando me vi al espejo vi una cara cansada, me eché agua fría y lo primero que salió a flote fueron mis ojeras, de esas que tenía meses sin ver. Pero no me quise maquillar, ¿para qué si no me gusta y esta soy yo tal cual soy?

Salí a la calle y la primera persona que me vio me regaló una sonrisa. Sé que le sonrío a mis ojeras más que a mí, y sé también que por su mente habrá pasado el “pobre mujer”, y por eso decidí dedicarte estas palabras.

No es pobre la mujer que cría y entrega en su medida correcta el amor a sus hijos, es pobre aquel que juzga sin pensar en el daño que causa al otro.

No decaigas mamá, ama mucho que el tiempo es corto.

pareja y familia
Pareja y Familia

Las he visto, y a mí también me ha pasado

Las he visto secarse las lágrimas con la camisa para que sus hijos no se den cuenta de la injusticia. Las escucho a diario escondiendo su agotamiento con un disfraz de disgusto.

Las leo cuando me dicen, cómo hago si ya no aguanto más.

Yo misma he sentido en mi cuerpo ese peso que no te deja caminar a la velocidad que quieres, esa agonía por los minutos que pasan como horas cuando los niños gritan alrededor, cuando el padre habla de lo que se le ocurre como si a uno le importara, y uno se vuelve invisible.

Sí, yo también he estado ahí. Cansada, molesta, incomoda, con ganas de pegarle en la madre al desconsiderado que hace chistes sobre si he pasado el día durmiendo, porque la mayoría de la sociedad dice que quien cría desde casa, no trabaja.

Cada vez que una seguidora me escribe para preguntarme cómo hago yo, siempre empiezo por decirles que yo no soy especialista en nada más que en ser humana. Humana desde el segundo en el que abro los ojos y entiendo que estoy viva, y que no me interesa ser perfecta, sólo ser feliz para estar en paz.

Por eso siempre digo que así como para la vida, en la maternidad tampoco hay un manual. Yo misma no lo tengo porque no podría seguirlo, soy demasiado distraída para seguir instrucciones al pie de la letra.

Por eso es que las entiendo, las comprendo y las abrazo, porque yo también he estado ahí en ese grito desatinado que le diste a tu hijo hace días cuando tú estabas apurada y él insistía en jugar un rato más; también he estado en esas lágrimas calladas de sentir que tu pareja no te valora simplemente porque pasan los días y sigue sin preguntarte cómo estas, qué hiciste hoy o si al menos tuviste tiempo de comer. Me paseé también por esa calle de ira, que tiene un solo sentido, cuando algún conocido superficialmente bromeó sobre tu agotamiento. Sí, yo también estuve ahí queriendo abofetearlo, sonriendo falsamente para no estallar en llanto.

¿Pero qué hago? ¿Cómo lo controlo?. Siempre es la misma pregunta, y de un tiempo para acá me he dado cuenta que la respuesta es simple. ¡VIVE!

Vive sin el remordimiento del que dirán, sin la tensión por cumplir con quien no es tan importante como tus hijos para ti.

Vive entendiendo que todo esto también pasará, y que más temprano que tarde tu estarás en un sillón o en algún asiento de un bus viendo de lejos a una madre que está en la situación que estás tú hoy, y por dentro la abrazarás… pero es seguro que la envidiaras porque ya tus hijos habrán crecido y tendrás esa sensación de no haber disfrutado tanto como hubieses querido, el tiempo con ellos.

Les escribo esto porque hace rato hablaba con Sára, quien aún no cumple dos años, y le decía “hija, en la vida hay solo tres cosas que no se pueden detener ni ocultar, el tiempo, de dónde venimos y la muerte. Tu papá y yo siempre seremos tus papás, así dejemos de ser profesionales, esposos, amigos, primos de fulano, pero nunca jamás, así como el tiempo nunca dejará de correr, dejaremos de ser tus padres”.

Su carita fue un poema, seguramente habrá pensado ¿qué dijo esta loca?, porque yo misma después de decirlo me quedé fuera de base. Pero a los minutos entendí por qué le decía eso; y es que había vuelto a escuchar a una madre llorar agotada e incomprendida, harta de las malas palabras de su pareja, de la incomprensión de su entorno acerca de cómo ella lleva su vida mientras gasta hasta su última gota de fuerza en atender a sus hijas.

La observaba mientras su esposo, seguía viendo un partido de fútbol y la juzgaba por no poder controlar a las niñas mientras él veía la televisión. ¡Wao! ¿Y él se habrá preguntado si ella hoy tuvo quien controlara a las niñas unos minutos para que ella si quiera fuera al baño en paz?

Seguramente no, y tampoco es que el tipo sea malo, simplemente fue programado así, siendo un poco más robot y un poco meno humano, y se topa con esa humana que ha despertado después de la maternidad, y que sí, está feliz y agradecida de ser madre, pero también quiere continuar con sus planes, con su vida, tener un tiempo para ella, e incluso tener un tiempo solo para él.

Es duro, no lo niego, pero como yo también he estado ahí, les aseguro que de allí también se sale. Es por eso que es tan importante entender que para cuidar a la familia, para criar a los niños, nosotras tenemos que cuidarnos mucho más.

Sí mamá, si tú no estás bien, nadie a tu alrededor, y menos que dependa de ti, podrá estar bien.

Créeme, confía, todo este tiempo de sacrificios, de ser un adorno más en la casa, también pasará y tus hijos serán la mejor recompensa de este tiempo.

Todo pasa.