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Pareja y Familia

El necesario Day-Off

Cuando nos iniciamos en el sistema escolar en Hungría, llamó mucho nuestra atención que un día la maestra de nuestra peque nos dijo “si la niña está cansada y no quiere venir, es normal. No la obliguen a venir, y de ser posible regálense un día libre en familia”.

Para nosotros fue muy extraño porque evidentemente chocaba con nuestro sistema de vida anterior donde prácticamente estigmatizan el hecho de que un niño deje de ir al colegio un día, y también con la premisa de que si ella estaba yendo a ese colegio era porque nosotros no teníamos el tiempo para cuidarla por trabajo o estudios.

El hecho es que con el tiempo nos empezamos a percatar que otros papás simplemente se tomaban el día para llevar a sus peques al parque, almorzar con ellos en calma o dormir un poco más. Y eso es lo normal, ahora lo entiendo.

Ojo, con esto no estoy diciendo que los niños no necesiten rutinas ni horarios, sino que dentro de esos parámetros, también les viene bien de vez en cuando tomarse el día.

Con la llegada de la segunda barriga, pues nos tocó reformularnos un poco más la cosa, porque si bien empecé a practicar “el día libre porque sí” (como yo lo bauticé), las circunstancias cambiarán en algunas semanas y el día libre no será para dedicárselo a una sola persona sino a dos.

En todo caso es cierto, los niños se cansan de las rutinas ajustadas e incluso cuando la pasan genial en sus colegios, habrá días que el cuerpo simplemente les pida un break. ¿O es que a ustedes no les ha pasado de grandes que simplemente dicen “necesito un tiempo fuera”, unas vacaciones, parar la rutina o como quieran llamarlo? Entonces ¿Por qué es que creemos que los niños no lo necesitan también?

Pero averiguando y leyendo me encontré además con un montón de artículos y estudios que avalan estos días, y que convalidan un montón de beneficios que nosotros mismos hemos experimentado como familia. Entre ellos destaca un artículo científico en el que se asegura que los niños crecen más rápido (de tamaño físico) cuando están de vacaciones o pasando tiempo de ocio con sus seres amados.

Les cuento que hace unos días nos levantamos por la mañana y el agotamiento era evidente en todos en casa. La verdad es que papá no podía suspender sus reuniones pero Sára no podía con su alma, ella que siempre se levanta contenta ese día lloraba, se volvía a acostar, me decía cualquier cosa sin sentido hasta que dije la frase mágica “Hija, ¿quieres pasar el día libre con mamá?”. Su reacción fue inmediata, sus ojitos brillaron diciendo que sí, se despojó de su traje de invierno y volvió a la cama con gran placer pidiéndome que la abrazara.

Dormimos por casi 3 horas más las dos abrazadas, y al momento de despertar de forma natural, no hubo más que amor y sonrisas. Esta pequeña que me roba el corazón me dijo “gracias mami, necesitaba dormir más”. Y a esas horas de la mañana (casi medio día) iniciamos un día de actividades diferentes a lo que normalmente hacemos, y el día fue realmente genial, un día que recordaremos las dos. Al día siguiente estábamos recargadas para retomar las rutinas.

Pero este post realmente quiere dejarles algunas reflexiones puntuales sobre la importancia de enseñarles a los hijos que está bien tomarse un día libre de rutinas para conectarnos.

¿Qué nos deja este día libre extra?

-Podemos crear más empatía con los niños. Nos conectamos con facilidad y libertad.

-En los días donde no hay rutinas prestablecidas, los peques suelen mostrarnos más aspectos de ellos que nos vamos perdiendo producto del día a día, por lo tanto podemos aprender cosas de ellos que nos permiten conectarnos de forma más eficaz en la vida diaria.

-Nos liberamos de cargas negativas como las pataletas o las respuestas negativas, ya que nos dedicamos atención exclusiva los unos a los otros.

-Les mandamos el mensaje correcto. “Hijo, tú me importas y aquí estaré siempre para ti”. Esto va más allá de cualquier demostración de empatía o amor, se trata de una conexión.

-Les mostramos con el ejemplo, la importancia de descansar de verdad, de que todo tiene su tiempo y que así como las obligaciones o responsabilidades tienen que ser atendidas, su cuidado personal también es importante. No todo puede ser vivir para trabajar o para cumplir obligaciones.

-Los niños sienten más confianza en el núcleo familiar, ya que incluso podemos mejorar la comunicación.

-Se ha comprobado científicamente que se produce y libera más oxitocina, la bien llamada hormona del amor y la felicidad.

-Durante este tiempo podemos estimular su imaginación y creatividad.

Y ustedes, ¿han practicado el día libre? Me encantaría conocer sus experiencias.

Pareja y Familia

Los 5 aprendizajes que me dejó la Navidad

¡Se han acabado las vacaciones de Navidad!.

Sí, el 21 de enero ha sido el día de retomar nuestras rutinas luego de un asueto navideño que nos ha dejado física y emocionalmente exhaustos, pero con el corazón llenito de experiencias y yo he querido escribir estas líneas porque después de todo lo vivido, lo cierto es que este tiempo nos ha hecho crecer como individuos y como familia.

Les confieso que me parece increíble sentarme frente a mi computador casi mes y medio después de haberlo soltado.

Esperaba con muchas ansias la navidad para poder deshacerme del yeso que me imposibilitaba salir, pero días antes de eso, nuestra peque se enfermó y nos mandó a la sala de emergencias en dos oportunidades, así que para cuando estaba lista para volver a su rutina escolar, la pediatra dictaminó que era mejor que siguiera en casa por seguridad. “El virus está allí en el colegio, y tú no debes contagiarte de esas cosas”, sentenció antes de darme el documento que nos acreditaba para volver a la rutina el 2 de enero.

Realmente en principio lo tomé con alegría e incertidumbre, estaba tan limitada entre el embarazo y el yeso que me daba miedo que mi princesa se aburriera de estar conmigo, pero nada más lejos de la realidad. Hicimos un montón de actividades en casa, ella se involucró más con las rutinas del hogar y ahora le encanta ayudarme con las tareas diarias, me enseñó un montón de canciones en húngaro y leímos tantos cuentos como fue posible.

¿Y las tradiciones? ¡Qué les cuento de las tradiciones! Empezamos con una lista de tradiciones que fusionan ambas culturas, aprendimos mucho sobre las cosas de nuestros países de origen y empezamos a aplicarlas en nuestras rutinas navideñas, teniendo la oportunidad de compenetrarnos mucho más. Todo esto, a la vez que papá y mamá recordábamos con nostalgia y alegría aquellas navidades de nuestra infancia por las que Sára demostró mucho interés por conocer.

Pero luego llegaron las gratas visitas inesperadas. Esos amigos que son familia, y esa familia extendida que te llena el corazón; ¡y mira que fue un sube y baja de emociones para todos! pero cómo lo disfrutamos. Hasta que los virus volvieron a llegar.

En todo caso este post no es para hablar de lo malo que nos mantuvo lejos de las rutinas, sino para contarles sobre las cosas buenas que nos ha dejado la navidad, y sobre todo lo que como padres aprendimos. Y esta es mi lista de los 5 aprendizajes que no ha dejado este tiempo.

  • El instinto hay que seguirlo siempre: Desde que me convertí en mamá soy fiel creyente de que el instinto es indispensable en la vida. No es una corazonada, no es algo momentáneo sino que por el contrario te va orientando por el camino.

Sí, los seres humanos somos animales instintivos por naturaleza, pero yo particularmente creo que la paternidad te reactiva el sentido en lo más profundo de tu ser y entonces empiezas a ver todo diferente, e incluso actúas diferente.

Cuando uno como padre siente que algo no va bien con los peques o que por el contrario hay algo que les hace bien, o que ellos tienen la capacidad de enfrentar o tolerar, tiene que mantenerse ahí hasta sentir que ha logrado el objetivo. En nuestro caso, este año teníamos la sensación de que Sára entendía mucho mejor lo que era la navidad y quisimos seguir ese instinto e insertar tradiciones, hablarle de humildad y de ayudar a otros, de no enfocarnos solo en lo material sino en lo emocional o espiritual, y como mamá hoy me siento satisfecha, porque fue como un despertar para ella e incluso para nosotros como adultos.

Ella entendió con 3 años de edad, que era mejor pedir un solo regalo al Niño Jesús, que hay niños que no reciben regalos en navidad a los que nosotros podemos apoyar de alguna manera, que lo importante es estar en paz en familia al punto de querer invitar a sus tíos a casa para cenar pan, y de querer llamar a aquellas personas de las que teníamos tiempo sin saber.

  • La imaginación de un niño no tiene límites y es nuestro deber estimularla: La Navidad es un tiempo especial para estimular la imaginación y la creatividad de los peques. ¡Que sí! Que hay mucho trasfondo comercial en la situación, pero también es nuestro deber como padres mostrarles que no todo se compra. En nuestro caso, este año estimulamos mucho creatividad con actividades caseras con materiales reciclados, con pequeños presentes que se convertían en enormes sorpresas, y a través de historias navideñas pudimos conectarnos con nosotros mismos y con nuestra hija.

Evidentemente la llegada de Santa, Papá Noel, Mikulás, el Niño Jesús o como sea conocido en cada cultura, despierta mucho interés e ilusión en ellos. Esos momentos son buenos para hablar con ello sobre lo que piensan, y no se trata de un engaño sino de brindarle herramientas para que sepan que es real y que no, y hasta dónde pueden llegar si se lo proponen.

Nosotros aprovechamos una pequeña leyenda húngara sobre cómo los ángeles que ayudan al Niño Jesús a traer los regalos (porque él es muy pequeñito para cargar con las cosas) para crear historias sobre cómo ellos nos protegen o están pendientes de nosotros. Ojo, no de mala manera sino para ayudarnos a lograr lo que nosotros necesitamos.

En este punto también incluimos algo de aceptación sobre las cosas de la vida, que no siempre es lo que queremos lo que nos conviene sino que a veces lo que conviene es lo que viene.

  • Nunca subestimes la inteligencia y astucia de tus hijos: ¡Que si tiene 3 y no lo entiende! Pues habrá cosas que realmente no entenderá porque su cerebro se está desarrollando, pero habrá un montón de cosas que sí las entenderá y que querrá experimentar también.

Son inteligentes los niños. Son almas y cerebros puros, esperando que los grandes seamos más astutos que ellos y les brindemos las herramientas necesarias para la vida. De eso se trata no subestimarlos, por el contrario debemos motivarlos, ponerles las herramientas ahí a su alcance para que ellos poco a poco vayan creciendo.

  • Los niños necesitan a su familia, y cuando la tienen lo agradecen: Llegaron nuestros amigos y familia extendida, y sí, en el exilio haces nuevos amigos y mantienes relaciones a distancia, pero cuando llega ese cariño que derrumba las barreras del Internet se nota la diferencia. Sára realmente disfrutó estar con sus tíos y primos, era una niña muy feliz de estar con ellos, de recibir esos abrazos y ese amor, incluso en los días en los que su cuerpo se sentía agotado o decaído.

“¡Mamá, quiero jugar y bailar con los tíos!”, fue una de las frases que más escuché en esta época. Sé que conectar sin intermediarios con esos afectos la hizo mucho más madura pero también más fuerte.

  • Las tradiciones los hacen fortalecer el sentido de pertenencia a sus raíces: Agrego este punto porque somos una familia migrante, con un poquito en el corazón de aquí y de allá, y eso a veces puede hacer sentir a los niños como que no son de ninguna parte. Pero hablarles sobre cómo son las cosas del lugar de donde vienen y cómo en el lugar en el que ahora se encuentran, los hacen sentir con un piso de pertenencia que les brinda mucha seguridad.

Aquí no se discutió sobre quien traía los regalos, sino sobre los roles y cómo podíamos ayudarlos a continuar con su labor. Se escucharon cánticos de navidad en húngaro pero también retumbaron las gaitas, comimos pescado en el almuerzo familiar del 24 pero cenamos con pernil y ensalada de gallina, pusimos el arbolito el 18 de noviembre pero le agregamos chocolates y caramelos el 24 de diciembre, y todo en perfecta armonía y correspondencia.

¿Y a ustedes cómo les fue en esta temporada? Confieso que necesito un descanso de este break, pero que mis expectativas para la próxima navidad son aún más altas que las que tenía este año, y más ahora que la familia sigue creciendo.

Maternidad

Cuando el no contradice lo natural

Hace unas semanas escribí un post para nuestra cuenta de Instagram sobre una experiencia que aún retumba en mi cabeza, porque es una situación recurrente en nuestra sociedad.

En aquel momento, caminaba cerca de un parque al que llegaban un montón de niños en compañía de sus maestros. Hasta allí todo era normal, y en realidad eso es algo normal en este país, hasta que de repente escuché: «¡No corran, no corran!».

En realidad no sé ni por qué distinguí lo que decían entre mi húngaro chucuto porque en realidad la mayor parte del tiempo que voy por la calle voy más pendiente de lo que veo que de lo que escucho; pero me pareció tan fuera de lugar que me hizo reflexionar sobre lo que yo estoy haciendo como mamá.

Estos maestros, que entiendo tienen razones para pedir un comportamiento “civilizado”, les hacían esa petición a niños de entre 6 y 8 años. Y estamos claros en que los maestros están ahí para educarnos y acompañar a los padres en el proceso formativo, pero también estamos refiriéndonos a comportamientos naturales del propio ser.

«No corras. No saltes. No grites. No llores. No inventes», retumbaron en mi cabeza inmediatamente y no me sentí muy cómoda conmigo misma en ese momento.

¡Wao! Es que a veces digo todas esas cosas que nunca quise decir como mamá porque no quiero limitar el desarrollo natural de mis hijos, sino por el contrario acompañarlos dejando claro los límites de nuestra crianza sin que esto genere frustración en ellos.

Yo realmente no tengo un recuerdo claro de mis padres diciéndome cosas como estas en momentos donde fuera correcto hacerlo; sí recuerdo que mi papá se frustraba muchísimo si yo (ya con unos 10 años) empezaba a llorar de sentimiento en medio de mis planteamientos. Recuerdo mucho que me decía “usted es fuerte, no llore y explíqueme qué pasa”, y sí, muchas veces yo no quería llorar pero era lo que me salía y eso me hacía sentir que lo decepcionaba a él.

Pero volviendo al caso de estos niños, y lo que yo sentí en ese momento como mamá, tenía que ver más con la naturaleza del ser, el desarrollo normal. Es decir, dicen que lo normal es que un niño se mueva, brinque, hable, que los niños felices cantan con frecuencia, que necesitan estar en movimiento y poniendo su creatividad al límite a través del juego. Entonces ¿le vamos a pedir que cuando vayan al parque no corran?

¿Ven la diferencia?

¿Si no corren en el parque dónde lo harán? ¿Si no inventan cosas qué será del futuro de sus vidas? ¿Si no lloran cuando se sienten mal o intimidados, a dónde va toda esa frustración? ¿Si no hablan con nosotros, que somos sus padres, con quién se supone que sentirán confianza?
Y es que a veces los adultos nos programamos inconscientemente a decir «No + complete usted la frase» y lo que hacemos de alguna manera, más que poner límites claros, es limitar, estropear, aporrear el proceso NATURAL de un ser humano, que en medio de su formación necesita conocer qué quiere, que le gusta, qué puede hacer, etc.

No quiero decir con esto que estamos mal como seres humanos o que somos malos padres por decir que no; evidentemente hay momentos en los que no hay negociación que valga y simplemente hay que decir no, pero decir “no hagas tal o cual cosa” cuando va en contra de su naturaleza o solo para intentar quedar bien con el resto de la sociedad, a veces puede ser muy perjudicial para nuestros peques.

Repito, no hablo de no poner límites claros, hablo de brindar las herramientas para que su desarrollo sea lo más natural posible y su auto conocimiento se dé de la mejor forma posible.
Siempre les digo que yo no soy especialista de nada, solo soy una mujer, intentando ser mamá de la mejor forma posible y a veces me gusta compartir este tipo de pensamientos con ustedes. ¿Ustedes qué piensan del no?

Pareja y Familia

La vida de las familias multilingües

Una de las cosas que más me preguntan por privado en redes sociales, es ¿qué idioma habla mi hija? Y por eso me he animado a escribirles un poco sobre esto, más con mi experiencia de vida que con cualquier aval profesional.

Para responder la interrogante, les aseguro que mi peque no habla ningún tipo de papiamento. Es nativa del húngaro y el español, y entiende algunas frases básicas del inglés. Ahora viene la segunda pregunta, ¿Cómo lo han logrado?

Para ser sincera ha sido un trabajo de hormiguitas que, tanto papá como yo, hemos ido haciendo con mucha paciencia pero sobre todo con amor y un único objetivo, regalarle herramientas para su vida.

Desde el momento en que nos planteamos la posibilidad de tener hijos, mi esposo y yo acordamos que él mantendría vivas las tradiciones familiares a través del idioma, y que el futuro bebé debía escuchar húngaro desde que estaba en la barriga. Esto lo hicimos sin imaginarnos que venir a vivir a Hungría sería nuestro destino.

Evidentemente, el español es el idioma nativo de mamá y de la mayoría de la familia, y habiendo vivido su primer año en un ambiente donde el único idioma (salvo lo que su papá y abuela le hablaban) era español, pues no podíamos esperar otra cosa. Sin embargo, tengo que destacar que la primera palabra de nuestra peque, cuando aún vivíamos en Venezuela, fue perro en húngaro, y ella estuvo días diciéndolo cada vez que veía un perro, sin yo imaginar que estaba diciendo algo con significado, hasta que su papá la escuchó.

Después de aquella primera palabra, puedo decir que al menos el 30% de las cosas que dijo, eran palabras en húngaro.

Una vez emigramos, vino un poco la confusión para ella, y de las pocas cosas que decía, durante un mes estuvo prácticamente balbuceando, pero cuando empecé a preocuparme, entonces ella empezó a armar frases, algunas en español y otras tantas en húngaro. Para ese momento, su cerebro estaba haciendo los ajustes necesarios, pues ahora no sólo escuchaba sus dos lenguas sino que además mamá, con quien estaba todo el tiempo, empezó a hablar inglés como parte de su rutina diaria y eso tenía un poco confundida a la niña.

¿Qué nos ha servido? Sin duda alguna el roce con otros niños de su edad que hablen alguno de los idiomas en los que ella se desenvuelve.

Cuando no estaba en el colegio, era un poco más difícil porque a la hora de socializar en los playdates prácticamente todo ocurría en inglés (que es su lengua menos fuerte) y ella terminaba por no hablar. Pero llegada la etapa escolar, vivir en húngaro le ha permitido ser mucho más libre con el idioma.

Hace unos días me preguntaba una amiga si no me daba miedo que se perdiera el español, ya que la verdad sea dicha, mi hija ha sido una gran maestra de húngaro para mí. Y la verdad es que no me da miedo porque sé que no lo vamos a perder; para ella es muy claro que conmigo siempre debe hablar en español a pesar de que yo entienda algunas cosas en húngaro, y que con papá puede hablar en cualquiera de los dos idiomas.

¿Qué practicamos para mantener ambos idiomas activos?

  • Vemos comiquitas o películas en ambos idiomas.
  • Leemos cuentos en ambos idiomas.
  • Jugamos en ambos idiomas. Y haré especial énfasis en esto, porque los niños aprenden un montón de cosas mientras juegan, y en estos momentos podemos enseñarles mucho vocabulario.
  • La música es una herramienta vital. Cantar con los niños en los idiomas que queremos enseñarles, es vital para ayudarlos a desarrollar el idioma y facilitarles la pronunciación.
  • Ambos padres, tratamos de hacer la misma pregunta en ambos idiomas. Siempre verificamos que nos esté respondiendo lo mismo, y evidentemente en uno de los dos idiomas suele dar más detalles.
  • Nos reunimos con otras familias que manejen los idiomas que queremos reforzar, esto nos permite socializar pero también el refuerzo de las formas más moderna del lenguaje.
  • Corrige cuando sepas que están diciendo algo mal. En nuestro caso, algunas veces la niña habla español con la forma gramatical del húngaro, y apenas lo dice ambos tratamos de corregirla para que no pierda su acento nativo.  

¿Cómo va a ser la situación con el bebé que tenemos en camino? Eso sí que no se los puedo responder todavía, pero papá ha sugerido que apliquemos la misma técnica hasta el momento del nacimiento, cuando en casa papá empiece a hablar en español y la hermana mayor sea quien enseñe el húngaro que será reforzado en la escuela.

Desde que emigramos la percepción de los idiomas para mí ha cambiado totalmente, y ahora veo que todo lo que podemos regalarle a nuestros peques que tenga que ver con aprender un nuevo idioma, es una ganancia increíble para sus vidas.

En nuestro caso, vivimos en un país donde la mayoría de sus habitantes hablan dos o tres idiomas, por lo que es prácticamente vital que uno crie a sus niños con un patrón de aprendizaje que abarque más habilidades comunicativas, que otras cosas.

Algo que nos ha encantado del sistema educativo húngaro, es que usan la música como herramienta de enseñanza, y por eso también nosotros lo aplicamos en casa. Además de esto, el sistema considera que es mucho más importante que los niños aprendan a escuchar y luego a hablar, que empezar a leer en pleno proceso de desarrollo del habla, lo que al final se resume en que los niños aprenden a leer con mucha mayor rapidez y fluidez porque se les hace mucho más fácil identificar las palabras y frases.

Así que nos hemos ido nutriendo también de ambos sistemas educativos, de ambas culturas y así facilitamos el hecho de ser una familia multilingüe.

Por último les diría que no creo que seamos superiores a nadie, pero sí creo que en un mundo globalizado como el de hoy, un niño que maneje dos o más idiomas, sin duda alguna tendrá ventajas sobre el resto, y mucho más si las lenguas que maneja se encuentran entre las más utilizadas.

Si he respondido sus preguntas, me gustaría ahora saber cómo lo llevan ustedes, y qué es lo más fácil y lo más difícil de mantener en este proceso.

Migración

Playdates y grupos de apoyo en el proceso migratorio

Hace un tiempo que quiero contarles, una de las cosas que más me ha ayudado a no sentirme tan sola lejos de casa siendo mamá, así que he desempolvado este post, que había escrito hace ya bastante tiempo y que ahora me parece vale la pena traer al blog.

Ojo, siempre digo que cada proceso migratorio, así como cada embarazo y cada hijo, es diferente, pero ¿por qué no compartirles lo que a mí me ha funcionado, si a ustedes les puede hacer la situación un poco más llevadera?

Recién llegados a Hungría, conocimos a una pareja con una niña un poco más grande que la nuestra. Recuerdo que para mí verla a ella tan adaptada a su realidad húngara, siendo tan venezolana, me dio como un fresquito en el corazón y decidí escribirle un mensaje a ver si me podía ayudar a entender más cómo funcionaban las cosas aquí con los niños.

Inmediatamente ella me respondió y me dijo que pediría que me ingresaran a un grupo de WhatsApp que le había ayudado mucho cuando estaba embarazada y posteriormente al dar a luz; y así fue como me encontré por primera vez frente a frente con un grupo de mamás expatriadas, que cambiaron totalmente mi forma de ver la experiencia migratoria.

Sí, ya había tenido un acercamiento previo a través de un grupo de Facebook, pero aquello no se comparaba con la puerta que se me estaba abriendo, pues allí he compartido ideas y sentimientos con más de 100 mujeres de distintas nacionalidades y culturas que hacen vida en esta ciudad, y que son como un ejército de mamis que brindan apoyo a quienes acaban de llegar.

El grupo en ocasiones puede parecer una locura, una habla de una cosa y otra de otra, mandan fotos, preguntan dónde consiguen tal cosa, o por qué hay que vestir a las niñas de rosado y a los varones de azul, pero cuando alguna necesita algo siempre alguien responde y resuelve.

Ha sido tan efectivo este espacio digital, que les cuento que incluso nuestro primer apartamento acá, lo conseguimos gracias a que una mamá del grupo, que había salido por un tiempo de Hungría y nos alquiló su casa para que estuviéramos allí tranquilos mientras encontrábamos un lugar definitivo.

Nosotros realmente no podíamos creer que esta persona sin conocernos nos alquiló SU casa, con sus cosas adentro, para que nosotros pudiéramos pasar nuestra primera navidad lejos de la familia tranquilos.

A través de este mismo grupo llegué a uno más pequeño pero igual de entregado, dedicado a las mamás de habla hispana, y así fue como pudimos empezar a hacer vida social familiar en este nuevo país.

Varios de nuestros primeros amigos, surgieron a través de estos grupos, o referenciados por alguien que ya conocía a través de estos grupos, a los que yo me refiero como «Grupos de apoyo o soporte».

Estos grupos son muy comunes ya hoy en día en todo el mundo, funcionan en WhatsApp o en redes sociales como Facebook, e incluso en Instagram, y fungen como un gran circulo de apoyo para quienes emprenden un nuevo rumbo en un país distinto al suyo. ¿Qué si me parece una buena idea? Me parece una genial idea, porque así puedes irte haciendo la idea de como funcionan las cosas en realidad, pero además tienes un roce social con muchas culturas diferentes que termina siendo realmente enriquecedor.

Playdates

Así pues fui conociendo actividades, iniciándome en algunas de ellas y compartiendo con otras mamás en situación similar a la mía, de las que uno se va haciendo amiga, y al final los niños disfrutan pasar tiempo juntos, y hacemos lo que se conoce como “Playdates”.

Los “playdates” son citas de juego a los que se va con papá o mamá, o inclusive con ambos, durante un tiempo determinado, en un espacio a conveniencia de ambas partes, pero donde sobre todo los niños estén seguros.

Como Budapest es una ciudad en su mayoría “Kids Friendly”, estos encuentros suelen darse fuera de casa, y en la época de invierno pueden ser en restaurantes, cafés o librerías.

Aunque lo frecuente es ver a las mamis en playdates, esta también se ha convertido en una práctica casi que profesional para los papás, que pueden hacer conexiones laborales con otros padres. Y las mamis, es verdad, también aprovechamos para darle a la sin hueso, y en mi caso practicar una lengua extranjera.

Cuando se vive en un país con un idioma diferente al nativo, es importante que se le dé importancia a nuestro primer idioma, por lo que estas citas también suelen ser muy buscadas para este fin. Si nos ponemos a ver, muchas veces los niños en esta condición lingüística, por llamarlo de alguna manera, entienden lo que los padres les pedimos, pero responden en el idioma que están aprendiendo en el colegio, por lo que compartir con otros niños en el idioma nativo de sus padres, les permite desarrollar nuevas habilidades de comunicación y mantener activo el idioma.

Los playdates no sólo son valiosos para los niños que aún no están escolarizados, que pueden desarrollar valores como compartir, la amistad, imaginación, entre otros, sino que además le sirve para drenar toda esa energía que tal vez les queda grande en casa. Y también para las mamás, que pueden de alguna manera respirar otro aire y hablar de cosas de adultos con otros adultos, durante el tiempo que se supone es de exclusividad para los niños.

Lo importante es que si te interesa organizar un playdate ubiques un sitio en el que los niños estén cómodos y seguros, que les brinde la oportunidad de moverse libremente, donde no dependan exclusivamente de la tecnología, que cuente con sanitarios en caso de un imprevisto, que sea de fácil acceso, e incluso que sea cómodo para ti como mamá (es decir, que puedas sentarte, tomarte un café o compartir una galleta).

En cuanto a la hora de escoger con quien compartirlo, dependerá de tus intereses, pero obviamente la recomendación siempre será que busques hacerlo con mamás que compartan el mismo tipo de valores que tú, incluso si lo estás haciendo como yo para intercambiar idiomas, porque aunque el interés es que los hijos se distraigan, la idea es que las mamás también estén cómodas para hacer más agradable la experiencia.

Si estas nuevo en la ciudad y no sabes con quién puedes organizar una cita de este tipo, te recomendamos que busques a través de grupos de redes sociales como Facebook, grupos de madres y padres expatriados con intereses similares a los tuyos. Por ejemplo, puedes buscar “Mamás latinas en Inglaterra” ó “Hispanohablantes en Rusia”, y colocar una notificación informando de tu llegada y tus intereses.

También te recomiendo que no tengas miedo y te inscribas en actividades extracurriculares donde también pueden participar los padres, ya que es una forma eficiente de conectar con otros padres y ampliar el grupo de referencia. En nuestro caso decidí no inscribir a mi pequeña en las clases de baile venezolano, pero sí hacerlo en las clases de folklore húngaro, y así he podido conectar más con el idioma, pero a la vez con las tradiciones y la cultura, y con otras mamás húngaras, que siempre están dispuestas a tender una mano.

Siempre lo digo a todo el que me dice “emigrar es duro”. Sí, es muy duro, pero más duro es hacerlo solo y no buscar compañía en el proceso, por lo que creo que sin duda este tipo de actividades nos ayudan a llevar mejor el duelo y a ver con mejores ojos todo lo nuevo que nos trae nuestro nuevo hogar.

Ojo, que también me gustaría decirles que todas estas actividades terminan siendo buenas y enriquecedoras, incluso si no hemos emigrado.

Maternidad

Mis 6 tips para organizar fiestas infantiles

El cumpleaños de los peques es algo que nos pone siempre “creativas” a las mamás, porque es típico que empezamos diciendo que no haremos nada y después nos inventamos un fiestón. Pero lo cierto es que eso no siempre está relacionado a tener mucho dinero para la celebración, sino por el contrario está más relacionado a la creatividad.

Ahora que estoy organizando el cumpleaños número tres de mi princesa, quise compartir con ustedes algunos tips que me han funcionado en estas celebraciones, y que me han ahorrado algunos dolores de cabeza.

Lo primero establecer un presupuesto real y acorde a tus posibilidades. Sí, cuando de los hijos se trata todos queremos darle los mejor y lanzar la casa por la ventana, pero cuando no contamos con recursos ilimitados para esto, no tener claro el presupuesto nos puede hacer sentirnos frustrados o aceptar deudas que no podemos costear.

¡Claro! Hay muchas personas que publican en redes sociales los cumpleaños de ensueño de sus hijos, pero esos son sus gustos y sus posibilidades, por eso es importante tener los pies en tierra en cuanto al dinero se trata, cuando nos toca organizar el cumpleaños de nuestros peques.

Al final, créeme que tener 10 globos o un millón de globos adornando una mesa, no será el ingrediente que haga que los niños disfruten más o recuerden ese día como un día especial.

Lo segundo que hay que tener claro es quién es el agasajado. Es el cumpleaños de tu peque, no se sus hermanos, ni de tu pareja o de tu mamá, así que si es una celebración de niños, líbrate de culpas si decides no invitar a otros adultos que no tienen directamente que ver con el niño.

Nuestra lista de invitados la hemos hecho siempre tomando en cuenta quiénes son las personas que más comparten con nuestra peque, y así hemos ido filtrando. Evidentemente mientras más conscientes son de entorno, más claros están sobre con quienes se sienten mejor.

Hago esta aclaratoria porque a veces tenemos amigos adultos que tienen hijos, pero estos niños jamás han compartido con nuestros hijos, o incluso a lo mejor no son del agrado de nuestros peques, entonces ¿para qué invitarlos si a nuestro peque le dará igual o le incomodará su presencia?

Escoger un lugar y una temática acorde a la edad del cumpleañero y los invitados es vital. En nuestro caso, que vivimos en un país con cuatro estaciones muy marcadas, el cumpleaños de nuestra peque justo cae entre el cambio del verano al otoño, y eso nos ha hecho reformularnos los planes porque son épocas de lluvias heladas repentinas o soleadas intensas. Nuestro primer año acá, tuvimos que optar por una celebración en un lugar cerrado por la seguridad y el disfrute de todos.

Por otro lado, la edad tanto del agasajado como de los invitados te irá orientando sobre qué actividades debería haber en el espacio escogido, y esto hará que tengas una celebración exitosa, pues niños felices es igual padres tranquilos.

Este año, tomando en cuenta que habrá Sol, hemos escogido un parque al aire libre donde hay atracciones para los niños invitados que tienen edades de entre 2 y 5 años. Esto nos asegura que más que correr como caballos desbocados y compartir entre ellos, podrán disfrutar de un parque que les brinde entretenimiento al aire libre y contacto con la naturaleza, que mira siempre les viene bien a los peques.

Dejar claro que es una fiesta de niños también nos ha ayudado mucho a de alguna manera reducir gastos, pues nos evitamos pagar por el consumo de alimentos o bebidas de adultos que cuando tienes un presupuesto ajustado, no es muy conveniente.

Claro está que hay adultos que siempre estarán en estas celebraciones, como los abuelos, los tíos más cercanos o padrinos, pero nos referimos en este punto al tío que tenías mil años sin ver y que ahora se ha antojado de venir con sus tres hijos, tres nueras y 8 nietos grandulones.

Siendo una celebración de niños, también nos permite tener un menú un poco más relajado y más de picar que de comer. Comidas ligeras, jugos o agua son las opciones que ganan terreno en este aspecto.

Como mamá, siempre haz cosas con las que te sientas cómoda. Si como nosotros vives en otra cultura diferente a la que te criaste, entenderás por qué te hago hincapiés en este punto, y es que cada cultura tiene distintos protocolos para celebrar los cumpleaños. Por ejemplo los húngaros ven el día del nacimiento como algo muy familiar, y este año que hemos decidido invitar a las maestras de la peque, con quienes ya tenemos mucha más confianza, ellas se han puesto rojitas y nos han dicho que consideran es un momento sumamente íntimo.

Pero además de esto hay otros aspectos. Las piñatas por ejemplo, son muy latinas y en Europa han ido entrando al mercado gracias a la migración, pero no todo el mundo las entiende aunque les parezca divertido a muchos. Algo similar pasa con los cotillones. No obstante, si es algo con lo que tú como mamá te sentirías bien, no dudes en hacerlo, de alguna manera es tu firma personal en la celebración del cumpleaños de tu hijo.

Por último, solo te recomendaría siempre hablar en familia con tu peque sobre la celebración, tanto antes como después. Antes porque esto le permitirá entender muchas de las cosas que sucederán en el evento y te aseguro que puedes evitar con ello algunas lágrimas innecesarias. Pero también después para saber qué le ha gustado y que no, con qué se sintió mejor y así podrás tomar otros aspectos relevantes para los futuros cumpleaños.

Espero de alguna manera te sirvan estos tips, y si quieres ver cómo nos ha ido con nuestro primer cumpleaños en un parque infantil público, no te pierdas los detalles en nuestro Instagram la próxima semana.

Maternidad

¿Cómo escoger el cochecito perfecto?

Fui la primera en ser mamá de mi grupo de amigas de la Universidad, pero ya venía de vivir muy de cerca la maternidad de otras amigas y familiares con quienes había disfrutado el proceso, y por eso creo que hubo cosas de la maternidad que no me agarraron tan desprevenida.
Les cuento esto porque luego cuando mis queridas amigas empezaron a quedar embarazadas, yo recibía llamadas de ellas para preguntarme cosas como qué cosas debían tener porque sí para el bebé, para ellas, qué empacaban para el nacimiento o qué cochecito debían comprar.
Recientemente, un par de mamis primerizas me escribieron por las redes para preguntarme sobre nuestro cochecito, ya que lo habían visto en distintas fotografías de mi feed y nunca había hablado de él. Es por eso que decidí escribir sobre este tema del que tengo una lista de recomendaciones que va más allá de hablarles de una marca específica, aquí les cuento cómo escoger su cochecito ideal, porque sí, cada familia tiene necesidades distintas y por ende cada una de ustedes encontrará su cochecito ideal.
Emprezaré hablando sobre la pregunta precisa que me hicieron, ¿qué coche utilizamos nosotros? Y la verdad es que el nuestro fue un regalo que nos dieron mis tíos, lo agradecimos muchísimo porque antes habíamos comprado un cochecito MacLaren tipo paraguas, que la verdad no era nada útil para los primeros meses del bebé, pero este regalo además tuvo un especial significado porque venía de segunda mano, así que extendimos la vida útil de este valioso artículo.

Nuestro coche es un modelo que ya está fuera de mercado de la marca Combi. Si se los nombro así pensarán que es una marca cualquiera, pero lo cierto es que es una empresa americana muy especializada en el tema de cochecitos y la comodidad del bebé.
Me puse a revisar la página web de la marca, y yo particularmente no compraría ninguno de los modelos que tienen disponibles actualmente, pero más por un tema de espacio que de calidad. Porque la verdad es que esta carroza de la princesa nos ha salido muy buena, sin embargo, los modelos que están diponibles de esta marca en su web no cumplirían los estándares que nosotros tenemos como familia.
¿Y cuáles son esos estándares Carla? ¿Qué es lo que debe tener un cochecito para ser perfecto?
Pues yo creo que son 6 las características básicas, y aquí les cuento:
1-Ligero: El peso es una característica vital. Que sea un cochecito liviano te ayudará muchísimo en el transporte, a la hora de subirlo o bajarlo por unas escaleras o de meterlo en el maletero del carro.
2- Plegable y compacto: Muchas mamás se enamoran de unos coches por las marcas o porque están de moda, y resulta que ni saben la utilidad de lo que compran. 
Que un coche sea lo suficientemente plegable o compacto te permite almacenarlos en menos espacio, utilizarlo para viajes en avión sin incurrir en el pago de tarifas adicionales, es fácil de trasladar y además menos molesto si vas en el transporte público ocupando todo un pasillo por las dimensiones de tu cochecito.
3-Ruedas acordes a tus necesidades: Este punto es muy importante porque es lo que define el tipo de coche que necesitas para tu bebé. Si eres una mamá que planea salir a correr (literalmente como deporte) por la ciudad o la montaña, seguramente necesitarás un coche con cauchos grandes que permitan la amortiguación de la silla del bebé y a la vez te faciliten el paso por las calles.
Unas ruedas muy pequeñas servirán en casa y ambientes controlados, ya que las mismas tienen la facilidad de trancarse en cuanta zanja o irregularidad se consigan.
Unas ruedas medianas te funcionarán muy bien si usas el cochecito para moverte por la ciudad, ir al parque de piedritas e incluso no se enterrará con facilidad en la arena.
A nosotros nos han encantado las ruedas medianas, de unos 12 centímetros de diámetro, pero las perfectas para tu familia lo dictarán tus necesidades.
4- Cambio de posición de la silla o la baranda de empuje: Esto se ha convertido para mi en una de las desventajas de mi coche, simplemente porque caminamos mucho y la posición del Sol a veces es molesta para la peque. Diría que nuestro cochecito hubiese sido perfecto si hubiésemos podido variar la posición de la silla según nuestras necesidades, pues con este modelo la silla es fija y solo puede ir en sentido hacia la calle, lo cual le incomodaba mucho a la bebé los días de más Sol.
Actualmente en el mercado existen muchos modelos que te ofrecen la posibilidad o de voltear la silla o de mover la baranda de empuje a fin de que puedas ir de frente al bebé o el bebé de espaldas a ti.
5- Espacio de almacenamiento: Si como yo usas el cochecito para todo, el espacio de almacenamiento es vital. Tener una buena cesta de almacenamiento me ha permitido resolver las compras cuando se me ha quedado el saco de mercado en casa, salir sin pañalera a paseos cortos dado que en un sobre de tela llevo lo que necesito y lo puedo guardar allí; es también el lugar perfecto para guardar los juguetes que necesitaremos en el parque durante los días de verano y pare usted de contar.
6- Fácil de lavar o limpiar: El cochecito te acompaña a todos lados y por ende va recogiendo toda la mugre de la calle, sin contar las veces que los peques comen allí y se van depositando los residuos. La facilidad de limpieza te brindará mucha tranquilidad, pues a fin de cuentas no querrás que tu bebé repose sobre un almohadón sucio.
Nosotros lavamos el asiento del cochecito en la lavadora por lo menos una vez cada tres meses, y lo aspiramos cada quince días. Esto es porque de verdad el coche es uno de esos artículos que desde que emigramos, utilizamos casi todos los días.

Definitivamente cada mamá y su bebé tienen necesidades diferentes, y sí, todas queremos al principio cosas hermosas, pero terminamos entendiendo que no todo lo más bello es en sí lo más útil, así que regirnos solo por la belleza de un artículo puede ser muy costoso para la economía familiar.

En cuanto a escoger el color, ya es una decisión muy personal, pero si me toca escoger a mi por practicidad, me iría por colores como el negro, el azul marino o el gris por el tema de disimular el sucio.
Por último, te recomendaría escoger un cochecito que te funcione desde el nacimiento hasta los 3 años o más y esto depende del peso del niño, así que lo escogería para pesos entre 3 y 20 kilos, teniendo un margen bien amplio. Puede que sea más costoso, pero si sacas bien tus cuentas, terminarás dándote cuenta de que ahorrarás a largo plazo al evitar comprar otro cochecito a mitad de camino.

¿Qué te ha parecido mi lista? ¿Agregarías algo más? Estaré feliz de saber cómo te ha resultado escoger tu cochecito ideal.

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Gretel Ortiz Reitchar: “Nuestras ganas de salir adelante tienen que ser más grandes que todo”

Hace 15 años, forzados por la situación país, Gretel Ortiz Reitchar salió de Venezuela rumbo a Tenerife con su familia y una maleta cargada de sueños, pero como ella misma dice y mucho más importante, con una página del pasaporte llamada “reinventarse” como carta de presentación, que la ha hecho llegar a donde están hoy.

15 años más tarde, ahora desde Alemania, Gretel nos cuenta de su vida desde la reinvención de sus propios paradigmas y nos inspira todos los días a través de su cuenta de Instagram @mango_coco_official. El pasado jueves 4 de julio, tuvimos el placer de conversar con ella en nuestro Live de “Especialista y Mamá” y aunque la conexión no nos ayudó mucho, aquí les dejo parte de lo que conversamos y de esas experiencias que pueden ser inspiración para otros.

-Gretel en 15 años han emigrado dos veces, ¿Cómo han sido esos procesos?

-Sí, la verdad es que primero fue muy fácil porque en Tenerife teníamos el mismo idioma, la gente de la isla es más o menos como uno, entonces te adaptabas rápido. Tengo que decir que el idioma y el clima fueron grandes ventajas en ese proceso de adaptación, pero no puedo mentir, la distancia duele y duele siempre. Emigrar implica que te acompaña una nostalgia, pero no puedes quedarte ahí, hay que integrarse rápido.

Nunca le mientan a los hijos con cosas que no pueden cumplir. Nosotros le habíamos dicho a los niños que si no nos gustaba nos podíamos devolver y no era así, un día Carlitos, mi hijo mayor, me dijo que quería que volviéramos, y ver su cara cuando tuve que decirle que no se podía, que el pasaje solo era de venida, fue terrible. Creo que en ese momento sentí que me equivoqué»

-Estudiaste teatro, ¿te has dedicado alguna vez a tu profesión fuera de Venezuela?

-Oye no, las tablas como tal quedaron en Venezuela, pero desde otro ángulo yo decidí ser la protagonista de mi vida, así que de alguna manera trabajo en mi profesión todos los días. Y más recientemente, no fue hasta hace poco que empecé a dar clases extra escolares en una escuela primaria y ahí enseñamos artes a niños de primero a cuarto grado, hay un poco de pintura, de teatro y yo he aprovechado incluso de enseñarles “La pulga y el piojo” de Serenata Guayanesa en español y por supuesto traducirla un poco al alemán.

-¿Alguna vez has sentido que te equivocaste al emigrar o que fue un error?

-Sí, cuando nos mudamos a Alemania la adaptación no fue fácil, sobre todo para los niños; pero allí aprendí que no se le debe mentir nunca a los hijos, y ahora se lo digo a todos los padres que puedo, nunca le mientan a los hijos con cosas que no pueden cumplir. Nosotros le habíamos dicho a los niños que si no nos gustaba nos podíamos devolver y no era así, un día Carlitos, mi hijo mayor, me dijo que quería que volviéramos y ver su cara cuando tuve que decirle que no se podía, que el pasaje solo era de venida, fue terrible. Creo que en ese momento sentí que me equivoqué, pero el tiempo nos ha ido dando la razón de que no fue así.

-Justo hace unas semanas Carlitos se graduó y fue el orador de su graduación escolar…

-¡Sí! Por eso te digo, vinimos a cumplir sueños y metas, emigramos porque queríamos darles lo mejor a nuestros hijos y a nosotros mismos, y verlo ahí ese día, dando un discurso en alemán del que yo no entendía todo, pero que todo el que allí estaba lo entendió, me hizo darme cuenta de que habíamos hecho lo correcto. Vinimos a cumplir metas, y esta era una de ellas, así que es un triunfo de toda la familia. Por supuesto, más de él, pero de todos que tuvimos que sacrificar cosas y adaptarnos a un mundo nuevo.

Definitivamente ha valido la pena y yo lo digo como la mamá más orgullosa del mundo.

-Ese momento con Carlitos en que sentiste que lo decepcionaste como mamá no ha sido lo único malo al emigrar, ¿o sí?

– Tú bien sabes que no mi Carla, porque nos conocemos de siempre. Yo lo que trato es de dejar siempre las cosas malas a un lado y mostrar lo positivo, pero sin duda no es fácil emigrar y todos los retos que enfrentas. No todo ha sido color de rosas, te podrás imaginar cuando a Carlos, mi esposo, le dieron los dos infartos, eso fue un momento muy malo para nosotros, no solamente porque no sabíamos que pasaría con Carlos, toda la angustia de su estado de salud, sino que además uno piensa cosas como ¿Qué pasa si se me va y yo sola tan lejos con tres niños que alimentar?, la mente te juega sucio.

Después de eso viene enfrentar la realidad, que él no pudo trabajar por mucho tiempo porque no le daban el alta médico para hacerlo, entonces viene la carga económica y un sinfín de cosas más, pero te digo que de eso también aprendimos muchas cosas, y por lo menos yo te digo que más nunca vuelvo a dejar de dormir porque creo que no tengo dinero para hacer algo, o porque siento que me falta algo material. La vida es una sola como para desperdiciarla en el miedo.

-Entonces en este punto de tu vida, ¿cuál crees tú que es el secreto de una migración exitosa?

-Son varias cosas. La primera es emigrar sin miedo, porque el miedo no es buen compañero en muchos casos. Después está la actitud con la que asumes el reto, yo siempre trato de agradecer todo lo que pido; es decir, si yo le pido a Dios salud y tengo salud, yo agradezco eso y lo dejo claro en mi vida.

Y por otro lado siempre digo que con tu pasaporte, que es lo que necesitas para viajar, tienes que meter toda la capacidad de reinventarte que tengas, porque nuestras ganas de salir adelante tienen que ser más grandes que todo. Y eso sí, lo que decidas hacer, hazlo bien.

-¿Reinventarse en qué sentido?

-En todos los sentidos posibles. Uno tiene que salir abierto a un mundo nuevo, a aprender, a hacer cosas que a lo mejor no estabas acostumbrado mientras consigues lo que realmente quieres. Yo me reinvento todos los días y eso me ha servido, ser más flexible y te permite también conocer otras cosas que no pensaste conocer. Hay que estar abierto y dispuesto.

-¿Qué le puedes recomendar a quienes emigrar a países con culturas e idiomas diferentes al nativo?

-Lo mismo que te dije a ti una vez, habla. No tengas miedo de hablar, equivócate y aprende de eso. Cuando uno emigra a este tipo de países busca comunicarse como sea, imagínate yo que hablo tanto, tenía que buscar la forma de conectar para sentirme a gusto, entonces yo aplicaba cuanto lenguaje fuera posible con tal de poder comunicarme; hace nueve años cuando llegamos aquí, no existía toda esa tecnología que hay hoy con los celulares por ejemplo, y al final el nativo agradece ese esfuerzo y te ayuda a mejorar, así que otra vez digo que no hay que tener miedo, la actitud mueve todo.

-Ya para terminar, ¿hay algo más que quieras agregar?

-Sí, ya les dije que no le mintieran a sus hijos, pero tampoco asuman que para ellos es fácil enfrentarse a los cambios, así que hagámosles el cambio más sencillo dejando de comparar lo que tenemos ahora con el pasado, porque eso puede ser una tortura para ellos. Hay que de alguna manera vez lo positivo de lo que tenemos y ver lo que estamos ganando, verlo nosotros y mostrárselo a ellos para que todo sea más fluido para ellos también.

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Ana Guarecuco: «Reconocer el trabajo de los niños genera confianza en sí mismos»

Ana Patricia Guarecuco es una de esas mujeres que te inspiran confianza aun sin conocerla. Ingeniero electrónico de profesión y artista plástico de ocupación, es una de esas mamás venezolanas inmigrantes que se va abriendo camino en Europa y el mundo con su talento, a la par que va aprendiendo poco a poco a ser mamá.

En esta oportunidad, ha sido mí invitada a “Especialista y Mamá”, pues su inspiradora historia no puede ser más que un ejemplo para todos, de que en la vida lo importante es ser feliz y que es en eso en lo que se basa la perfección.

Con ella hablamos sobre los procesos creativos y cómo nos ayudan en la maternidad y aquí te dejamos un extracto de esta entrevista que le realicé desde InstaLive el jueves 27 de junio.

-Ana P, eres mamá, eres esposa, eres mujer, ingeniero, yo conozco parte de la historia pero… ¿Cómo es que te conviertes en pintora?

-Bueno, la verdad es que llegué a esto después de la inesperada muerte de mi mamá y mi abuela en un accidente de tránsito. Yo vivía con ellas en Barquisimeto (Venezuela), y pues las perdí y más allá de la perdida me quedé sola, porque ya mi hermana no vivía con nosotras.

En todo ese duelo, que era inexplicable yo empecé a preguntarme ¿qué pasa si? Y me di cuenta que, aunque me gustaba lo que hacía, yo quería ser dueña de mi tiempo y quería hacer algo con lo que realmente yo me sintiera feliz. Así di el paso, bajo esas dos premisas.

-¿Pero tenías estudios en artes?

-Sí, había hecho una que otra cosa pero nada formal. Pero eso iba más allá del estudio, era algo que me conectaba con mi esencia, yo sentía que me liberaba pintando, así que decidí dedicarme a eso.

­-¿Y cuál fue la primera reacción de la familia?

-Primero pensaron que el impacto de la muerte de mi abuela y mi mamá me había vuelto loca. Mi familia creyó que esto era así como que mañana dejo de trabajar y esperemos a ver de qué vivo luego, pero no, para mí todo era un plan que al final me llevaría a donde estoy hoy.

Sí, renuncié y tenía un dinero para mantenerme en caso de emergencias, e incluso conseguí luego un trabajo como ingeniero que me permitía controlar mi agenda, pero no era lo que quería, así que seguí trabajando duro, investigando e informándome para vivir del arte. Cuando mi familia vio de qué iba mi plan realmente, me apoyaron bastante, no puedo decir lo contrario.

-Vives del arte pero a la vez tienes ahí a tu hija contigo, ¿cómo manejas tu tiempo?

-No te puedo negar esto, yo llevo una agenda y soy muy estricta con ella. Evidentemente, si estoy con la niña soy más flexible y puedo mover ciertas cosas, si no puedo hacer algo lo hago cuando ella se duerme y cosas así, pero vivo exigiéndome cumplir con mi agenda, para hacerme el hábito y cumplir con mis metas y compromisos.

No es fácil, a veces el día no rinde, pero sobre todo cuando mi hija está en su guardería, es cuando yo más me exijo por cumplir las cosas, es como un reto.

@anap_art en su taller en Italia

-Pero vemos mucho a tu bebé en el taller también, y eso es algo que me llama la atención porque muchos padres pueden ser más bien celosos con su trabajo. Es decir, tú vives de lo que hay en ese taller.

-Sí, pero no veo por qué negárselo. Esa es una forma de que ella también experimente y se sienta libre. En todo caso en el taller hay algunas reglas, ella tiene sus pinturas y sus cosas para pintar, y están las cosas de mamá también, y esas no se tocan porque le hemos explicado que ese es el trabajo de mamá.

No te negaré que hemos tenido accidentes, una vez me volteó un cuñete de pintura y fue un total desastre, pero fue un accidente y hay que entenderlo de esa manera, son cosas que pueden pasar y pasarán, pero trato de no decirle que no porque al final estar allí para ella también es bueno.

-¿Es buena la pintura entonces para todos?

-Oye sí, sin duda alguna. Podría hablar de cosas científicas y tal, pero por experiencia puedo decir que el arte es una forma de comunicación, de expresarte aun cuando no puedes hablar. Yo siento que mi hija me habla a través de su arte y eso me parece maravilloso.

Además también es una manera de drenar nuestros sentimientos y emociones, y de relajarse.

-¿Y cómo la motivas a pintar o simplemente dejas un trabajo abierto?

-A mí me gusta que se exprese y la verdad es que como a muchos niños le gusta pintar, pero te puedo decir que hace unos días nos entregaron los dibujos y los trabajos del colegio que ella ha hecho durante el año, y decidimos ponerlos en una esquina de la casa, los pegamos todos como si fuera una exposición y ella está tan feliz con eso. Nosotros le explicamos, la felicitamos por su esfuerzo y ella se siente feliz porque le estamos haciendo un reconocimiento y eso genera confianza.

-¿Ese fue el propósito?

-Sí claro, reconocer su trabajo pero también ayudarla a generar confianza y autoestima. ¿Qué mejor manera de decirle a tu hijo el valor que tiene que haciéndole saber lo orgullosa que estás?

-Totalmente de acuerdo y una idea muy linda además.

-A los niños hay que formarlos en valores.

Si emigramos fue para avanzar y en esa situación, como en otras tantas de la vida, uno tiene que tener la mente abierta a nuevas experiencias, estar dispuesto a adaptarse y sobre todo tienes, desde todo punto de vista, que revalorizar lo que es cotidiano»

Ana Patricia Guarecuco

-Dices eso y me viene a la cabeza verte en esos videos recorriendo tu nueva ciudad en bicicleta con tu beba atrás, parece que danzan con el viento, ¿Qué te ha hecho involucrarte o sentirte tan cómoda en una sociedad tan diferente a la nuestra?

-Carla siempre lo he dicho y para mí es como un principio de vida, si emigramos fue para avanzar y en esa situación, como en otras tantas de la vida, uno tiene que tener la mente abierta a nuevas experiencias, estar dispuesto a adaptarse y sobre todo tienes, desde todo punto de vista, que revalorizar lo que es cotidiano.

Puede ser muy fácil ir por allí quejándose de todo y de nada, pero ¿por qué? Estar vivos, despertar cada mañana, esos son regalos muy grandes que tenemos. Poder ver los árboles, oler un café, ver una mariposa que nos pasa por enfrente, sentir la brisa en la cara, tenemos que aprender a darle el correcto valor a esas cosas, y eso es lo que yo he hecho.

Llegamos a Italia, a un lugar que no conocía con un idioma que no conocía y ¿qué más podía hacer? Me tocó abrir la mente, romper paradigmas y revalorizar todo lo que ahora tengo a mi alrededor. Y no te voy a mentir, yo creo que de no haber emigrado, nunca me hubiese inspirado tanto en pintar a Barquisimeto y sus rincones como lo hago, es como poner más atención en cada detalle.

-Entonces ¿vives feliz todos los días?

-No, evidentemente hay días donde uno se siente mal, nadie se siente feliz todos los días de su vida, pero eso no puede ser lo común. No sé, pero vivir en la constante queja y en el “no tengo” es demasiado negativo.

-¿En qué te inspiras entonces? Para pintar digo, porque parece que eres una mujer muy inspirada en todo sentido.

-Mira, particularmente soy una persona entregada al trabajo creativo, entonces si yo revalorizo, si le doy la verdadera fuera y energía a lo positivo que hay en mi entorno, si leo, investigo, conozco cosas nuevas, así voy creciendo y me voy inspirando.

-Se nos ha pasado el tiempo muy rápido pero me encantaría que dejes un consejo de vida para las madres en general, pero especialmente a las inmigrantes que como nosotras estamos en lugares donde no es común emigrar.

-Oye, yo tengo dos reglas en este tema. Primero es la regla de los tres días. Es decir, habrá días que te sientas mal y eso no está mal, hay que permitírselo, pero no puedes sentirte mal por más de tres días. Emigrar también implica un duelo y hay que vivirlo, es tonto no permitirse vivirlo, pero tampoco podemos caer en la continua tristeza.

Y lo que me ayuda con esta primera regla, es escribir por qué salí de mi país, cuál fue mi motivación y qué he logrado hasta ahora. Cuando me siento mal, cuando dudo si hice lo correcto o no, leo eso y no me doy más de tres días para volver a sentirme bien.

Esto también aplica a la maternidad, que de alguna manera te enseña también a ser inmigrante y a reinventarte una y otra vez.

Maternidad

El valor de lo que decimos

Hace unos días, leía un post que me hizo recordar una situación un poco graciosa. “Nadie puede ser madre y padre a la vez”. Pues bien, esto me hizo recordar que cuando era una niña, la madre de una de mis compañeras de colegio cuando venía el día del padre decía “yo soy mamá y papá, y nadie me ayuda con eso”, y yo, en mi mente de niña de 7 u 8 años, pensaba que aquel mujeron, cuando nosotros no podíamos verla, se convertía en un hombre que salía a trabajar o cosas así.

Era la mente de una niña que no entendía las palabras de un adulto que estaba desesperado. Pero cayendo en cuenta de esto, hace unos días me puse a reflexionar sobre las muchas cosas que pasan por nuestra mente cuando somos pequeños y no entendemos bien el mensaje de los adultos.

El valor de la palabra no es para todos el mismo, pero sin duda alguna la palabra tiene un peso en la vida de todos, que me hace pensar que como padres no podemos subestimarla».

De estas cosas puedo poner muchos ejemplos, pero me enfocaré en dos o tres que me han marcado hasta el día de hoy. Cuando yo tenía unos 5 o 6 años, en una de las principales autopistas de mi país, se daba un fenómeno llamado “la mancha negra”, aquello tenía que ver con el asfalto y los restos de gasolina en el suelo, pero lo cierto es que producía accidentes de tráfico y cobraba vidas. Por aquellos tiempos, había un programa de televisión muy famoso (no apto para niños) que dramatizaba diversas situaciones del país, y en él hicieron un capítulo sobre la famosa “Mancha Negra”.

Recuerdo que en el spot publicitario salía un hombre gritando en medio de la carretera “¿Por qué te has llevado a mi familia?”, y eso me causó un temor que no les puedo yo contar. En mi cerebro, y por más que mis padres intentaran explicarme que eso no era así, aquella mancha cobraba vida y se tragaba a la gente. No pueden ustedes imaginar el pánico que me daba transitar por aquella carretera, que además era una vía de uso habitual para mi familia, ya que para ir de nuestra casa a la casa de los abuelos, había que utilizar esa autopista.

Si veo para atrás, la imaginación de los niños no tiene límites. Me atrevería a decir que de hecho el límite es ese que le ponemos los adultos. No obstante, puede ser muy perturbador cuando no sabemos cómo manejar la situación. Creo que duré más de 5 años en superar aquel temor a las carreteras, prefería ir con los ojos cerrados para no ver el monstruo que había creado mi cerebro.

Después hubo otra situación. Un día, escuché a mi papá diciendo que las mujeres que fumaban eran mujeres de la mala vida, es decir, prostitutas.

Sé que mi papá dijo aquello, con la única intención de que cuando yo fuera adolescente no me diera por fumar, y no para crear algún tipo de racismo o discriminación. El tema está en que al tiempo yo caí en cuenta de que mi abuela (su propia mamá) y algunas de sus amigas, fumaban mientras jugaban bingo en la cocina de la casa, y aquello fue todo un revuelo en mi cabeza.

“¡Oh por Dios, mi abuela es una chica mala y mi papá no sabe!”.

¡Pobre hombre! ¿Qué se iba a imaginar que un día, haciendo referencia a aquel tema yo le diría, pero papi, mi abuela también fuma”?. Como diríamos en Venezuela, cayó como Condorito.

Hasta el Sol de hoy, mi papá esquiva mi pregunta y pues evidentemente al tiempo dejé de ver a mi abuela fumar, aunque tal vez eso se dio por otros motivos. Sin embargo, yo hoy en día estoy convencida de que mi alergia tan brutal al cigarrillo, tiene que ver mucho con aquel mensaje que se fue codificando en mi cabeza, pues evidentemente lejos estaba yo de querer ser una chica mala y perder el respeto de mi papá.

En todo caso, estas dos experiencias para mí forman un precedente como mamá, en cuanto a lo que tengo yo que decir delante de mi peque. Y es que esa cabecita está allí captando todo, analizando y dándole vida en su imaginación, pero además creando sus propios parámetros de vida.

Como adultos esperamos moldear a los niños, pero olvidamos moldear nuestras solicitudes. Vamos con una ligereza exigiéndoles o diciéndoles que se porten bien, que se comporten, que sean niños de bien; pero realmente sabemos nosotros mismos ¿qué es portarse bien?

Como todo en la vida, probablemente portare bien para mí, no signifique lo mismo que portarse bien para ti o para una mamá en la India o en Pakistán. Y lo mismo ocurre con frases como “ahora eres grande”. Pero mamá, papá, ¿qué es ser grande?.

Justo ahora que estamos en esa transición de bebé a niña, mi esposo me hizo caer en esa reflexión. Pues un día le dijimos a nuestra peque, “hija, es que ya tú eres grande” y ella nos miró con una cara de confusión, que su papá remató diciendo “¿qué es ser grande?”.

Desde ese momento, ambos padres decidimos hacer una especie de lista con esas cosas que ahora se supone que hacen menos bebé a nuestra hija, detallando qué es para nosotros ser grande y portarse bien, y luego de verlo allí escrito, entonces buscamos la mejor forma de explicárselo, de ponerlo en palabras aptas para su edad y motivas esos comportamientos que poco a poco irán moldeando su personalidad.

¿Qué hemos ido poniendo en esa lista? Cosas como ser grande es vestirse sin llorar porque no te gusta la ropa, sino pedir con palabras lo que quieres usar; en días de semana cepillarse los dientes al menos dos veces al día; sentarse a comer en la mesa; avisar cuando tenga ganas de ir al baño aún si tiene pañal; etc.

El valor de la palabra no es para todos el mismo, pero sin duda alguna la palabra tiene un peso en la vida de todos, que me hace pensar que como padres no podemos subestimarla. De cómo les expliquemos a ellos lo que esperamos de ellos, de cual sea el ejemplo de vida que les demos y como los motivemos o le cortemos las alas, estoy segura que depende su futuro.

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Maria Parra: “El destete necesita que estemos presentes”

Durante nuestro tercer encuentro de “Especialista y Mamá”, contamos con la participación divina de María Parra, ultra conocida en las redes sociales como @mamáversatil y especialista en Lactancia Materna, quien nos contó su experiencia personal con el destete y nos habló a profundidad sobre los mitos más conocidos del destete.

Cuando contacté a María para realizar esta entrevista, las dos estábamos claras que había que hablar de lactancia materna, pero ninguna quería hablar de lo mismo de siempre, así que allí nació la idea de tocar eso de lo que nadie habla, los mitos del destete. Y es que sí, todas las mamás que hemos dado lactancia materna a libre demanda, después de habernos adaptado a muchos cambios, nos toca dar un paso que muchas veces nos da miedo o nos hace sentir malas madres.

Aquí un poco de la entrevista realizada a nuestra mamá especialista, a través de InstaLive el jueves 30 de mayo por @sinmanualdeestilo.

-María, ¡Qué honor compartir contigo estos 30 minutos! Queremos hablar de los mitos del destete, que hay muchos y cada uno más loco que el otro, pero quiero empezar por el principio y eso es preguntándote ¿qué es el destete respetuoso?

-Bueno, el destete respetuoso no es más que un proceso. Tenemos que reconocer que la lactancia en sí, ya es una situación de conexión madre bebé, y quitar la tética no siempre es fácil. Evidentemente, las mamás a veces podemos estar muy cansadas y eso nos desespera y queremos las cosas para ayer, pero eso puede causar heridas emocionales en el niño, por eso siempre recomiendo que a la hora de destetar se aplique el destete respetuoso.

¿Qué es? Bueno simple, respetar el proceso de separación o despedida del niño con su tetica, que para ellos representa mucho más que alimento.

-¿Cuándo podemos hacer el destete respetuoso?

­-Yo soy un poco radical en esto, y para mí, ningún tipo de destete se debe dar antes del año. Eso para mí, no es posible. Hay muchos mitos con respecto a que si la leche después del año no les hace nada, que si es pura agua, y no, son muchos los beneficios, después del año, la leche materna tiene una cantidad de grasas que benefician al sistema inmunológico y por eso una de las primeras cosas que como mamás empoderadas debemos hacer es dejar de relacionar la leche con la edad.

-¿Por qué destetar entonces?

-Bueno la experiencia me dice que la mayoría de las veces el destete se da por el cansancio de la madre y las presiones del entorno. No es fácil, pero a veces nos toca canalizar el cansancio de otra forma. Tampoco estoy diciendo que demos teta toda la vida, yo misma desteté a mi hijo antes de los dos años, pero usando el destete respetuoso que fue un camino largo.

-¿Qué aconsejas entonces a las mamis que, como yo, estamos en período de destete?

-Lo primero que hay que hacer es reconocer las necesidades del niño y las nuestras propias como mamás. Si el niño está acostumbrado a dormir con su tetica, entonces nos toca enseñarles a no asociar el sueño con el pecho.

La otra cosa es que cuando hemos amamantado durante algún tiempo “largo”, nos acostumbramos a usar la teta para todo, para el calor, para el cansancio, para calmar el llanto, para sustituir comidas, entonces en esos casos, el mayor reto es sustituir la teta o el pecho y hacer lo que conocemos como destete dirigido.

Maria Parra, nos acompaña en la maternidad desde @mamaversatil

-En mi caso, y sé que es el caso de muchas mamás, mi hija no quiere otra leche, no le gusta o lo que sea, quiere la mía y llora como loca por su teti, ¿Cómo sustituimos el pecho entonces?

-No es fácil, tú lo sabes. Sin embargo, para sustituir el pecho podemos valernos de muchos otros recursos como los juegos, la comida, el apoyo del grupo familiar, etc.

Cuando los niños alcanzan los 2 años, empiezan a verse interesados por su entorno, entonces ese es el momento en el que nosotras tenemos que aprovechar e ir sustituyendo las tomas por esas cosas que a ellos les interesa o les da curiosidad.

-Hablamos del niño, evidentemente terminar su relación con el pecho implica su primera “pérdida” o separación, por así decirlo, pero no puedo dejar de preguntarte ¿qué pasa con la madre durante el destete?

-Es muy interesante que lo preguntes, porque el destete también es un proceso hormonal, como muchos de los otros procesos que tienen que ver con la maternidad. Es por eso también que siempre recomiendo el destete dirigido y respetuoso, porque no sólo es respetuoso con el niño sino también con la madre.

La lactancia son hormonas, entonces en el proceso de destete la madre también puede sentir nostalgia, tristeza, culpa, porque la lactancia produce oxitocina y al parar la lactancia pueden bajar un poco los niveles.

«La lactancia son hormonas, entonces en el proceso de destete la madre también puede sentir nostalgia, tristeza, culpa»

Maria Parra – Especialista en Lactancia Materna

Eso sí, estén claras mamitas que el destete de un día para otro es traumático para ambos, tanto física como emocionalmente, por eso nunca lo recomiendo.

-¿Qué recomendaciones básicas das a las mamás que se inician en el proceso de destete?

-Básicamente son cuatro cosas las que siempre recomiendo pero recordando siempre que cada dinámica madre hijo es diferente. La primera es tener mucha paciencia, no es fácil para ninguna de las dos partes y si perdemos la paciencia todo puede ir peor para ambos. En segundo lugar es muy importante hablar con nuestros hijos, explicarle al niño que es hora de dar el paso y explicar por qué sin ridiculizarlo, dejando claro que eso no implica que nos pierdan a nosotras; recordemos que para nuestros hijos también somos alimento.

La tercera recomendación es ir aplazando las tomas, y esto lo logramos distrayéndolos con algo más que llame su atención. Por ejemplo un juego, una bebida que le guste, una fruta que sea de su agrado, etc. Y por último, pero no menos importante, es vital apoyarnos en quien está en casa con nosotros, es decir, que si el padre está involucrado en la crianza, él también tiene que participar activamente en el proceso del destete.

-No puedo dejar de preguntarte uno de los mitos más famosos, ¿Si destetamos nuestros hijos comerán más comida?

-No, rotundamente no. Esto no es una regla, a veces nos cuesta ver que el tamaño del estómago de los niños no es igual que el nuestro, así que dejar el pecho no es nunca sinónimo de que comerá más.

-Otro mito es que si destetamos perdemos la conexión con nuestros hijos.

-Eso sería tan tonto como decir que las madres que ofrecen tetero a sus bebes desde que nacen no tienen la capacidad de crear una conexión fuerte con sus bebés. Esto es algo que va más allá de la alimentación.

-Me gustaría que desde tu punto de vista como especialista, pero también como mamá, nos dejes una reflexión final.

-El destete necesita que estemos presentes y comprometidos con el proceso. No es que como ahora desteto tengo menos tiempo para ofrecer para mi peque, al contrario, el bebé necesita darse cuenta que mamá sigue estando allí y con tanta o más fuerza que antes.

Por esto, también recomiendo no mezclar el destete con otros procesos que el niño asocie con pérdidas, como mudanzas, cambios de colegio, etc.

Por último, tenemos que ver el destete como una oportunidad de oro para experimentar otras conexiones con nuestros hijos, no verlo como perdida sino como la ganancia de otros espacios.

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Zulay Rivera: “La mejor forma de enseñarle a los hijos a cuidarse, es a través del ejemplo”

En nuestra segunda cita de “Especialista y mamá”, hemos contado con la experiencia invaluable de una de las mejores dermatólogos de Venezuela, y yo que la conozco en lo personal sé lo comprometida que ella puede ser como profesional, pero aún más como mamá de dos princesas.

Esta entrevista que jugó un poco entre lo informal y lo académico, no podía ser con otra persona que no fuera la reconocida dermatólogo y médico internista, Zulay Rivera, a quien invitamos a este espacio para que nos aconsejara sobre los cuidados básicos de la piel del bebé, algo que pasa un poco desapercibido cuando nos convertimos en mamás. Acá les compartimos la transcripción de un extracto de la amena conversación que sostuve con ella, el pasado jueves 23 de mayo, a través de mi cuenta de Instagram @sinmanualdeestilo.

-Zulay, que gusto verte desde tan lejos. Tenemos que empezar preguntándote algo que puede sonar un poco loco, pero ¿Tus hijas se enferman?

-(Risas) Claro que sí, dicen por ahí que casa de herrero cuchillo de palo, y yo lo certifico. Mis dos niñitas han sufrido de cuantas cosas de la piel puedes imaginarte, son niñas, es normal.

­-Hablando de cosas normales, y aunque ya yo sé la respuesta, ¿es normal bañar a los bebés todos los días?

-No, no es normal y tampoco es bueno. Los bebés, sobre todo los recién nacidos, tienen una piel muy delicada y si los bañamos mucho podemos causarle resequedad u otras afecciones de la piel. Además de que pueden desarrollar dermatitis y se ha comprobado que hay una relación directa entre la dermatitis en la infancia y las alergias (a nivel de nariz) en los adultos.

-¿Entonces qué es lo recomendable?

Lo recomendable es mantenerlos frescos, pero es ¿qué tan mal puede oler un bebé? En todo caso, a la hora de bañarlos, y esto aplica para todos, usar jabones especiales para pieles de bebé o jabones sin detergente, ya que este contenido que es justamente lo que hace la espuma, tiende a resecar la piel. Hay una falsa creencia a que si no te hace espuma cuando te bañas entonces el producto no es bueno o no te limpia bien, y eso no es así, por el contrario te limpia de una forma que te puede lastimar la piel.

-¿Es fácil encontrar jabones sin detergente?

-Hoy en día sí, ya muchos laboratorios comercializan este tipo de productos especiales para las pieles y son muchos los que podemos nombrar. Lo que si puedo recomendar es no confiarse siempre que diga que es para bebé por ejemplo, sino revisar las etiquetas donde aparecen los ingredientes para saber con qué estamos limpiando a nuestros hijos.

-Y si no los podemos bañar, entonces ¿cómo los limpiamos?

-La mejor opción siempre va a ser agua. Aunque usted no lo crea, el agua tal como la conocemos es lo mejor. Repito, ¿qué tan mal puede oler un niño recién nacido por ejemplo? ¿Qué tanto puede haber sudado que requiere un baño?. No digo que no hay casos especiales, pero evidentemente bañarlos todos los días o con mucha frecuencia cuando están pequeños, no es la mejor opción.

Después me van a hablar de las toallitas húmedas, y la verdad es que a esto yo le digo no muchas veces. Las toallas húmedas, incluso las que dice que son libres de alcohol o que son de agua, contienen químicos que pueden producir alergias o resequedad en la piel de los niños e incluso de los adultos, entonces yo siempre le recomiendo a mis pacientes, y lo aplico en casa, que las toallas húmedas son sólo para emergencias, pero si estamos en la calle y hay una opción para limpiar usando agua, prefiero lavarlas a usar las toallas húmedas.

-Ajá, ¿entonces los limpiamos y eso es todo?

-No, evidentemente la piel necesita más cuidados que sólo agua. Si me preguntan es primordial para mí limpiar e hidratar.

La doctora Zulay Rivera, continúa trabajando en Caracas, Venezuela.

-¿Cómo  y cuándo hidratamos?

-Bueno para hidratar hay muchísimos productos que podemos recomendar, solo que todos tenemos pieles diferentes y lo mismo ocurre con los niños. En todo caso, la mejor forma de mantener la piel hidratada es aplicando crema desde el nacimiento, no hay edad para usar cremas hidratantes.

El mejor momento de hacerlo es después del baño, porque además de ir creándoles el hábito, la piel está mejor preparada para absorber la crema. En casa la rutina es bañarnos y aplicarnos inmediatamente la crema hidratante.

-¿Pero no quedamos más pegajosos?

-Fíjate, tienes que ver el panorama completo. Las células de la piel son los ladrillos y la crema es el cemento, entonces después del baño los poros están más abiertos y la crema entra mucho mejor para hacer su función. Y por ejemplo, ahora que lo mencionas, hay niños que practican natación o que van mucho a la piscina, esos niños necesitan mucha más crema que el resto.

También hay niños que desde pequeñitos desarrollan manchas blancas y ellos también necesitan que esas zonas sean más hidratadas.

-Ya que cada piel es diferente, ¿cómo sería la crema hidratante perfecta para cada uno?

-Las mejores son las cremas sin olor, sin color y las que se sienten más densas, estas son las que tienen más capacidad de hidratar.

-Ahora que hablamos de piscina, empieza el verano. ¿Quiénes deben usar bloqueador solar?

-Toda la familia. El uso del bloqueador debe ser un ritual, también si no es verano, es un producto de uso diario porque el Sol siempre está allí haciendo de las suyas, incluso cuando no lo podemos ver. Seré muy clara en que todos, desde los seis meses de edad deberíamos utilizar protector solar y evitar exposiciones prolongadas al Sol durante las horas en las que incide más en la tierra.

El uso del bloqueador debe ser un ritual, también si no es verano, es un producto de uso diario porque el Sol siempre está allí haciendo de las suyas, incluso cuando no lo podemos ver.

-Nos preguntaba por el privado una mamá, ¿cómo hacer en invierno las tomas de Sol con su bebé, si no hay Sol?

-Claro que hay Sol, él siempre está allí. Y las tomas de Sol tal cual como lo harías en el trópico, evitando siempre las horas de mayor incidencia solar ya que los rayos penetran más en la tierra y pueden ser dañinos para la piel.

-¿Y qué hay del protector solar ideal?

-Bueno los estándares cambian un poco entre América y Europa, pero ninguno protege al 100%. Lo mejor es que contenga al menos protección 50, y en América conseguimos bloqueadores con la señal UVA que indican que cumplen con los estándares superiores, es decir que protegen un poco más.

-Ahora las mamás venezolanas que vivimos en Europa nos encontramos con plagas que desconocíamos, como las garrapatas y todo el mundo se vuelve loco con los repelentes. ¿Cómo escogerlo, cómo sabes que no le hará daño al niño?

-El caso de las garrapatas es bien particular, y quiero destacar algo, ningún niño menor de dos años debería usar repelentes no naturales. Muchos de los repelentes tienen un ingrediente llamado permetrina que no debe estar en contacto directo con la piel, así que un buen repelente no es el que contiene más permetrina sino uno que no contenga más de 30%. Y aun cuando se usen repelentes, hay que revisar a los niños. Las garrapatas se pueden esconder en lugares inexplicables, en la cabeza por ejemplo.

-Se nos acaba el tiempo y son muchas las cosas que quisiéramos hablar contigo, pero quisiera que le dejarás una reflexión a las mamis que nos acompañaron hoy.

-Yo también soy mamá, y para mí muchas veces tampoco es fácil lograr que mis hijas hagan lo que es necesario hacer por su bien. Son niñas, estamos juntas aprendiendo esto, pero sí me he dado cuenta, que la mejor forma de enseñarles a tus hijos a cuidarse, es a través del ejemplo.

Créanme que cuando les digo a las niñas que se coloquen crema o hagan determinada cosa y no me ven a mí hacerlo, ellas no lo hacen, por eso ahora la rutina es de las tres. Nos bañamos y enseguida a secarse y a colocarse su crema hidratante, y si por alguna razón a mí se me olvida, allí están ellas diciendo “mami, la crema”. Así que no queda más que hacer las cosas dando el ejemplo.

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Johannes Ruiz Pitre: “Amemos a nuestros hijos en presente”

Hace unas semanas atrás iniciamos una sesión en Instagram que me conecta aún más con lo que soy como mujer, porque me doy el lujo de entrevistar durante 30 minutos, a mujeres inspiradoras que más allá de una pantalla son profesionales y también mamás de carne y hueso, en un espacio que he bautizado como “Especialista y Mamá”.

En nuestra primera transmisión, tuve el honor de encontrarme con mi querida amiga y mentora Johannes Ruíz Pitre, CEO de @mimitosdemamá y @familias_positivas, que además de ser la madre de tres divinos mosqueteros, es Neuropedagoga especialista en inteligencia emocional y autora del libro “El amor no malcría”.

Fueron 30 minutos de aprendizaje y sobre todo de enriquecimiento, pero lamentablemente la tecnología me jugó mal y perdimos la entrevista tal como la habíamos grabado. Sin embargo, muchas mamás continúan escribiéndome para conocer qué dijo esa tarde nuestra querida Johannes, y por eso no puedo guardarme solo para mí los extractos más importantes de esta entrevista en la que hablamos de crianza positiva y de cómo las madres que creemos en la crianza con apego somos vistas muchas veces por la sociedad como bichos raros.

Aunque fueron muchos los aprendizajes, lo primero que se me hace importante acotar de lo que dijo Johannes como especialista, es que “en este camino de la crianza no hay trucos fáciles, los niños necesitan respeto, amor, límites y amabilidad, y también tenemos que entender que criar de esta manera implica claramente que los niños también tienen responsabilidades acordes a sus edades”.

“Es importantísimo entender que no existe la madre perfecta, esa es una ilusión que nos puede llevar a vivir frustradas porque también somos humanas»

Johannes Ruiz Pitre

“Es importantísimo entender que no existe la madre perfecta, esa es una ilusión que nos puede llevar a vivir frustradas porque también somos humanas, lo que sí existe y es importante tomar en cuenta es que la familia, sea como sea que está concebida, es un equipo y por ende en ese equipo todos los miembros deben poner su granito de arena”, aseguró la especialista quien confía en la cooperación como un elemento vital de la vida de familia y la crianza respetuosa.

-Johannes pero todo eso suena muy bien, incluso para mí que aplico estos principios de crianza positiva, a veces me cuesta entender sobre todo por los famosos terribles 2.

-Allí está el detalle. Creo que es necesario dejar de llamar a esta etapa los terribles y empezar a entender que son los maravillosos 2 años, ya que es la etapa en la que el niño empieza a despertar ante el mundo y no necesita mucho más que acompañamiento.

-¿Con qué se come eso entonces?

– Carla, muchas veces tu misma como adulto te sientes de una forma que no sabes expresar, nos pasa a todos; y ya siendo adultos sabemos cuáles son las emociones. Entonces ahora imagina a un niño que apenas empieza a vivir, sintiendo dentro él todo esto y no poder decirle a nadie “estoy triste, estoy molesto, estoy cansado”. Por eso tenemos que como adultos y padres responsables empezar a reconocer nuestras propias emociones, y a la vez reconocer y validar las emociones de nuestros niños. Hijo, ¿cómo te sientes? ¿Quieres que mamá te de un abrazo? ¿Me puedo sentar a tu lado mientras se te pasa el enojo?.

Los sentimiento, las emociones, sean positivas o negativas, hay que validarlas y cuando están aprendiendo a vivir y a reconocer hay que presentárselas.

-Entonces también existe esta tendencia a llamar los terribles dos por las pataletas, y todos queremos saber ¿cómo controlarlas?

-No hay trucos fáciles, no existen fórmulas mágicas, estamos tratando con seres humanos, con niños. En el caso de las pataletas, que se dan por muchos factores como frustración por no poder expresar sus deseos o sentimientos, cansancio, hambre, sueño, etc., tenemos que de alguna manera ser fuertes pero amorosos y aprender que la cooperación es clave y que los límites son necesarios para todos.

-¿Qué hacer entonces?

-Supongamos que tu hijo quiere que le compres algo y tú no puedes o no quieres hacerlo, no es quedarnos solo en el “no y punto”, sino llevarlo a un punto medio. Siempre digo que no se trata de ganarle al niño sino de ganarse al niño.

Entonces, manteniendo siempre la calma, en un tono de voz lo suficientemente bajo como para llamar su atención, explícale como si hablarás con alguien mayor que no se puede comprar y cuáles son las razones reales. Háblale sobre lo que ya le has comprado o lo que ya han hecho, y ve ganando su confianza. Contenlo.

-Hablas de ganarse al niño, y a mí eso me encanta, pero también me da miedo que venga un externo con malas intenciones a querer ganarse a mi niña.

-Miedo siempre habrá, creo que a todos los padres nos mandan una ración de miedos con los niños por no queremos que nunca les pase nada malo. Sin embargo, para esto que dices es vital que tengamos con ellos una relación de confianza única. Sí, tenemos que decirles a nuestros hijos que nosotros somos sus amigos más importantes, que no hay secretos con nosotros, que nadie puede decirles que no nos digan algo a nosotros (los padres) y que si no se sienten seguros o están incomodos nos los tienen que informar inmediatamente. Este es un tema muy extenso, pero se basa en construir confianza con nuestros peques.

-¿Y cómo los enseñamos a cooperar con nosotros?

-Esto es un poco más simple, porque se trata de incorporarlos en las rutinas dándoles un papel o rol de acuerdo a su edad. Por ejemplo, si estamos en casa y vamos a comer en familia, es bueno incluirlos a ellos en la elaboración de los platos o en la organización de la mesa. Por ejemplo, si tienes un niño de 3 años, pedirle que te ayude a colocar las servilletas o que lleve algo que no pese. Te puede ayudar a doblar la ropa, puedes decirle que sea tu asistente, cuando involucras el juego ellos se sienten mucho más motivados a colaborar.

-Sé que habrá muchas más cosas por decir, pero ¿hay algo que puedas recomendarles a los padres?

-El amor es un sentimiento sano, es valor, respeto, responsabilidad, bienestar, armonía, nada de estas cosas hace daño, por eso digo que el amor no malcría; tenemos que enseñarle a los niños que si el amor hace daño no es amor. Y también creo que es importante que como padres amemos a nuestros hijos en presente, tal cual son, sin compararlos con lo que tú imaginaste que serían, ellos son seres únicos, maravillosos e irrepetibles, y así como son, vale la pena amarlos hoy.

Extracto de la entrevista realizada a Johannes Ruiz Pitre, a través de los Live de Instagram de @sinmanualdeestilo el jueves 16 de mayo de 2019.

Maternidad

Del ejemplo al hecho

Una de las cosas que me dijeron de la maternidad mientras estaba en la dulce espera, que más he confirmado, y que me ha hecho revisar mis propios procesos, es que los niños son un reflejo de los padres.

¡Claro! Somos su ejemplo y la principal fuente de información que los más pequeños tienen, por ende no podemos esperar que actúen como otras personas si es con nosotros con quienes pasan la mayor cantidad de su tiempo.

Pero basándome en esta teoría de la vida misma, más de una vez en casa hemos tenido que decir “ya va, tomemos un minuto y volvamos a empezar”. A los adultos parece que se nos va olvidando con facilidad qué y cómo era ser niño, y sumergidos en esta adultez que una vez tanto deseamos y que ahora a veces nos puede agobiar, se nos olvida que tenemos a estas pequeñas esponjitas detrás de nosotros viendo atentamente cómo respondemos ante la vida para ellos copiar.

No les diré que no, a veces me preocupa que mi hija se parezca en mí en algunas cosas que me chocan de mi personalidad, pero hace unos días íbamos por la calle y mi conclusión de esa lenta caminata bajo el sol del verano fue “no lo debo estar haciendo tan mal”.

A los niños hay que escucharlos, y hay que escucharlos más cuando están aprendiendo a expresarse, porque descubrimos cosas maravillosas de ellos y encontramos más herramientas para conectar de forma más directa.

Total que íbamos las dos, rumbo a un nuevo parque que Sára no conocía, y nos metimos por una calle totalmente nueva para ambas. El Sol era inclemente, caminábamos, nos hidratábamos un poco y seguíamos, mientras ella se resistía a montarse en su coche. Me dijo “mami yo puedo caminar, yo quiero”, y ¿qué más podía hacer yo si no era dejarla hacerlo?.

Total que llegamos a un punto en el que la calle estaba inundada de un olor a flores frescas (sí, de esas que a mí me dan mucha alergia pero también mucha alegría), y Sára empezó a decir “¡mira qué lindo mami!”, “Esto me encanta mamá, son muchos colores”, “gracias mami, me gusta mucho ver esto”.

Mientras yo la escuchaba estaba totalmente derretida de amor, más allá de la escena había toda una historia creándose detrás de ella; mi hija, a quien trato de darle el mejor ejemplo posible, aprecia las cosas más pequeñas, esas que pueden pasar desapercibidas gracias a la rutina y eso para mí es un regalo invaluable.

Ahora el reto es mantener viva esa llama por las pequeñas cosas que hacen que la vida tenga más sentido, porque no vale la pena sumergirse solo en los problemas, y cuando vemos las cosas con positivismo todo va mejor. Así que ese medio día para mí fue como un oasis en medio del desierto, me coloqué a su altura y empezamos a ver las flores, vimos las mariposas revoloteando y le di las gracias de vuelta a ella por haberme regalado ese momento.

No puedo siquiera describir la sensación de alivio que tuve en ese momento cuando continuamos caminando, mi niña de dos años y un poco más de 7 meses, parece que nos ha visto a su papá y a mi detenernos de vez en cuando a apreciar lo que no todo el mundo sabe apreciar, y ella estaba tan feliz con eso, que no me queda duda ahora que ella ha visto en nuestro ojos la felicidad de esos pequeños momentos.

Con todo esto no trato de decirles que le enseñen a sus hijos a detenerse en cada detalle, pero sí los invito a revisarnos cada vez más para saber qué estamos haciendo con nuestras vidas y cómo eso influye o impacta en la vida de nuestros pequeños.

Les repito que lejos estoy yo de querer que ella o los hijos que tenga en el futuro sean como su papá o como yo, pero sí estoy encantada de saber que al menos en nuestras cosas buenas se han ido inspirando y encuentran un sentido de la vida que va más allá de lo obvio.

En conclusión, si soy el mejor ejemplo para mis hijos, solo quiero que ellos aprendan de mí valores que les permita ser cada vez más humanos y sobre todo, ser seres humanos felices.

Maternidad

Entre lo que quiero y lo que hago.

Me lo repito una y otra vez. Si yo sé lo que estoy haciendo, si yo estoy siguiendo mi instinto, mis ideas, ¿quiénes son los demás para cuestionarme?.

¿Acaso vale la pena detener mi forma de ver la vida porque los demás no me entienden?. Si me preguntan a mi yo creo que no.

Les cuento que durante mucho tiempo de mi vida me paralice porque otros a mi alrededor no entendían qué era lo que yo quería y cómo lo quería; para ellos siempre era descabellado, no le veían lo lógico o ponga usted la excusa que un tercero puede decir de los planes o ideas de los demás, a lo que yo quería hacer.

Lamentablemente sus «razonamientos» me paralizaban al punto de a veces dejarme sin aire, hasta que llegó un día en el que no pude más y empecé a liberar la carga. ¿Sentirme angustiada o frustrada porque otro no cree o entiende lo que yo quiero hacer con mi vida?. Eso no parece lógico ni justo.

No les niego que primero sentí miedo, pero la sensación de liberación fue tan alta y satisfactoria que luego no pude parar. Y al tiempo me convertí en mamá y la cosa cambió radicalmente para mejor.

Eso que llaman instinto puro y duro afloró en mí de una manera que me movió todas mis fibras y me hizo entender que para hacer sobrevivir al ser que en el momento de la gestación vivía dentro de mí, tenía yo que estar bien y feliz.

A esas alturas no había nada que hacer, yo decidí dejarme llevar por lo más primitivo de mí, mi instinto y eso me ha permitido vivir más ligera y mucho más feliz. Tampoco les mentiré diciendo que todos quienes estaban a mí alrededor para ese entonces se mantuvieron conmigo hasta este momento (y no sé si volverán la verdad, pero tampoco estoy segura de quererlos de nuevo cerca de mí).

Entonces entendí que si el resto no me entendía, no significaba siempre que estuviera haciendo algo mal. Y si se los pongo en un plato conciso, mi decisión de emigrar fue una de esas cosas que muchos en mi entorno cuestionaron, incluso algunos que ya habían dado el paso, pero según yo no tenía la madera para hacerlo o el reto no estaba a mi alcance tal cual me lo había planteado. -Que pues mira sí, que emigrar a Hungría, un país que era como la cueva de mi primer enemigo y que me podía llevar a la guerra, sin saber ni ñé del idioma y con una bebé sin contar con apoyo familiar, no era como muy lógico, pero créeme cuando te digo que no me arrepiento ni un solo día de mi vida del paso que di porque desde entonces he crecido en muchos aspectos de mi vida-.

Siempre les digo que mi objetivo en la vida desde que me convertí en mamá es ser feliz, no me importa tener grandes lujos, solo me importa vivir bien y en paz. Pero ese no es un camino fácil de transitar cuando nos paramos a escuchar todo lo que el mundo tiene que decir sobre nuestras formas y nuestros planes. Y tal vez la maternidad es una de esas cosas en la que más terceros buscan opinar, y en la que nosotras nos exigimos tanto que llegamos a sentirnos que no lo estamos haciendo bien.

Pues déjame decirte querida mamá que no siempre lo estás haciendo mal. La mayoría de las veces lo haces de una manera tan perfecta, que quien está pendiente de todos tus movimientos se acerca a criticar, porque fíjate parece que trabajas demasiado o que has amamantado a tu bebé durante mucho tiempo. Pero ¿eso es problema del tercero o es una decisión personal con la que tú te sientes a gusto?

A estas alturas del partido, solo puedo decirte yo desde mi corta experiencia, que la maternidad hizo que mi instinto aflorara en mí para luchar por mis sueños, esos mismos que no todos comparten ni entienden, pero que quienes te aman de verdad al final apoyarán. Y si me pongo más cruda, sólo tengo que decirte que no puede haber mejor forma de enseñar a otros que a través del ejemplo, ¿entonces cómo se supone que criarás niños felices si les das el ejemplo de un adulto frustrado o amargado?.

Sí querida mamá. Repítelo una y otra vez, que el resto del mundo no entienda tus formas no siempre quiere decir que lo estás haciendo mal. Revisa si tú te sientes bien, si tú estás conforme con los resultados, y si es así, lo que el mundo piense está demás. Lo más importante en tu propio mundo eres tú.

Migración

La desvirtualización de los abuelos.

Contra todo pronóstico médico y humano, llegaron los abuelos de visita y los deseos de mamá y bebé se convirtieron en realidad; los abuelos están jugando con Sára todos los días, por lo menos por una temporada.

Pero les confieso que el proceso no ha sido fácil, a pesar de que ella lo deseaba, los reconocía y los extrañaba, su cabecita no sabía bien cómo digerir el hecho de que sus amados abuelos estuvieran ahora tan cerca de ella después de tanto tiempo.

Que esto se diera además en plena etapa en la que su cerebro manda estímulos emocionales que ella apenas empieza a reconocer ha sido todo un tema. Entonces pasamos de la alegría absoluta a la sorpresa tan increíble, que produjo que incluso el sueño fuera motivo de disputa.

“Mami, pero y si cierro los ojos y no están más”, me dijo a los tres días del reencuentro ante los reiterados intentos de hacer siesta o dormir por las noches, y me dejó fría. -¿Cómo una niña de dos años y medio, puede entender que esto no es mentira si yo misma no me lo creo?- pensé.

“No hija tranquila, ellos estarán un tiempo más con nosotros. Todos necesitamos descansar para tener fuerzas y volver a jugar mañana”, le respondí sin titubear mientras la dormía en mi pecho. Ella me creyó, pero apenas abrió los ojos por la mañana gritó “¿Abuelo, Nana?”. Su sonrisa nos dijo todo cuando los escuchó responderle.

Pero ahora el proceso que envuelve a toda la familia pasa por esa etapa en la que definitivamente entendemos que estamos juntos por un tiempo de nuevo. Y si no es fácil para los adultos, imagínense para un niño que apenas empieza a vivir.

Pero aun así, es normal que muchas mamis me escriban preguntándome por qué la convivencia en el reencuentro suele convertirse en algo tan controversial. Intento explicárselos de la manera más simple; cuando emigramos salimos de casa siendo unas personas que ahora hemos dejado de ser. Y no quiero decir que nuestra esencia ha cambiado, pero sí las formas en la que ahora abordamos la vida y sus situaciones, e incluso cómo hacemos las cosas, mientras las rutinas de quienes se han quedado en el lugar de origen también han cambiado y pueden ahora resultar muy extrañas para nosotros. Pero de eso se trata la vida, de evolucionar.

En todo caso, este post es para comentarles cómo fue posible la desvirtualización de los abuelos. Esos que dejamos en Venezuela cuando Sára apenas tenía un año, y que desde entonces se acostumbró a ver solo por una pantalla.

Les confieso que por la condición de salud de mi mamá, en principio teníamos mucho miedo de decirle a Sára que vendrían y que luego pasara algo que les impidiera llegar. Así que manejamos con mucha mano izquierda el tema. “Hija, los abuelos están intentando venir a verte pero como hay muchos problemas y es largo el camino, puede que tarden un poco más de la cuenta”.

No sé si nos entendía, pero siempre salía con alguna respuesta que nosotros aceptábamos como que sí estaba entendiendo.

Después nos tocó involucrarla en todos los cambios que tuvimos que hacer en casa para recibirlos, entre ellos estuvo cambiar su cuna por una cama grande. Allí nos tocó venderle la idea que su cama grande era especial y mágica y por ende tendría que compartirla con su abuela.

Durante algunos días quiso dormir sola en su propio espacio, incluso se despidió de su cuna, e increíblemente el día que llegaron los abuelos a casa, una de las cosas que le dijo a su Nana fue que esa cama grande estaba para ellas dos aunque no acepta aun dormir con la abuela.

Dejarlos jugar incluso cuando se están rompiendo las rutinas a los que los tres estábamos acostumbrados en casa también ha sido importante. Eso les ha permitido afianzar más su conexión y a la niña sentir mucha más confianza con los abuelos para tal vez quedarse sola con ellos, mientras mamá y papá salen a pasear.

En este punto quiero hacer especial referencia, pues yo fui criada por mis abuelos maternos hasta los cuatro años de edad. Vivía con ellos en su casa, en otra ciudad donde mis padres me visitaban religiosamente los fines de semana. Evidentemente las condiciones de mis abuelos a nivel de salud eran óptimas, y eso nos permitía tener una vida como la de cualquier niño que crece sin limitaciones. Recuerdo mucho aquellos días, recuerdo también que algunas veces quería irme con mis padres a Caracas, pero amaba tanto estar al cuidado exclusivo de mis abuelos que la ciudad era una fiera que me apartaba de mi paz infantil.

Durante todo ese tiempo, mis abuelos se dedicaron a mi. En casa, mi abuela me enseñó a contar, los colores, las formas y las letras; mientras mi abuelo me enseñaba canciones, me leía historias y desataba mi imaginación con una cantidad de juegos que ponía a mi disposición. Con él aprendí a jugar dominó, memoria, armábamos las mejores ciudades de Lego (Y miren que en aquella época no existía el Lego Duplo), y dábamos largas caminatas por la tarde que culminaban en la orilla del malecón, cerca del Paseo de Macuto, viendo el atardecer.

Yo puedo decir que los mejores recuerdos de mi infancia los tengo con mis abuelos, y me hubiese encantado que mis hijos corrieran con la misma suerte. Pero la distancia hace de las suyas, así que ¿para qué enrollarme porque hoy no comió a la hora o se durmió una hora después?. Mi hija está construyendo sus propios recuerdos con sus abuelos y ese es un gran tesoro que le podemos regalar nosotros como padres.

Necesidades especiales

Nuestro caso ha sido particular en la desvirtualización de los abuelos, porque por la cámara sólo ves la cara de quién está del otro lado, y como muchos que me han leído antes ya saben, mi mamá tiene una condición de salud especial que la mantiene con movilidad bastante reducida.

Una cosa era explicarle a Sára que su abuela no se podía mover tanto como nos gustaría y otra era que era entendiera, pero nos atrevimos y mucho fue lo que hablamos con ella. Increíblemente Sára lo entendió y la ha aceptado con su condición sin titubear.

Cuando van a jugar le indica donde se tiene que sentar y antes de salir al colegio le dice “no inventes abuela, yo vengo pronto”. Integrarla a ella en ese proceso, la ha convertido incluso en una cuidadora de su abuelita porque entiende que si la abuela necesita ayuda, enseguida ella tiene que ir por alguno de nosotros.

En este punto también entendimos que a los niños hay que hacerlos sensibles con las personas con discapacidad. No es incómodo solo para el acompañante, sino incluso para el afectado que la gente los vea con sorpresa o descontento.

En nuestro caso particular, Sára ha corrido con la suerte de compartir con niños y personas especiales que hicieron que también ver a su abuela en una silla de ruedas (así no la vio ella nunca en Venezuela) no fuera algo extraordinario o extraño para ella, sino que por el contrario la respeta mucho más y trata de mantenerse atenta a los requerimientos que su abuela pueda tener.

En todo caso, el mejor consejo que como madre puedo dar en el proceso de desvirtualización de la familia es, sin duda, que nos dejemos llevar por el amor, por el cariño real que nos conecta y sobre todo por el respeto de los espacios y los procesos. Al final de los días, siempre la sangre llama y el amor prevalece.

Maternidad

Ellos tienen que…ir a su ritmo

Es que ella ya debería hablar.

Él debería estar en una guardería para que no sea malcriado.

Esos niños deberían estar caminando y no cargados.

Sára debería ya decir palabras en ambos idiomas… mil veces y una más, esos son los comentarios que escuchamos las mamás a diario.

Y ojo, esto sólo no nos está pasando a las que decidimos quedarnos en casa criando a nuestros hijos -que además somos vistas como una especie de bicho raro-, también les pasa a quienes pasan 6, 8 o 12 horas en sus trabajos.

Siempre, siempre, pero siempre la gente, el externo, el que no está viviendo tu vida, tendrá algo que decir sobre las formas en la que tú o los demás hacen las cosas. Tristemente a nosotras las madres eso nos hace ruido en determinado momento, y si le prestamos mucha atención nos puede generar angustia.

Les cuento mi caso particular. Cuando vivíamos en Venezuela Sára decía algunas palabras con claridad, tal vez unas diez o quince, pero las decía; y a la semana de haber llegado a Hungría, Sára dejó de hablar y todas sus palabras se convirtieron en “eeeeehhh” y “aaaaaahhhhh”. No pasó mucho tiempo para que empezaran los comentarios de la familia que nos acogía, cosa con la que tanto su papá como yo no estábamos nada cómodos.

Comentarios como que si la niña debía ir a la guardería, que algo malo le pasaba porque había dejado de hablar, que si esto y aquello, y aunque yo no entendía claramente lo que decían, sabía que estaban presionando al papá de Sára por algo que en realidad no era un problema de nadie sino nuestro.

Un día la frustración de él pudo más que su capacidad de silencio y me contó todo lo que decían sus tíos sobre nuestra forma de crianza, y evidentemente mi primera reacción fue decirle “no le pares, ellos no saben cómo estamos criando nosotros a nuestra hija y no se tienen que meter”, pero los comentarios continuaron, y repito que aunque yo no entendía, ya el ambiente empezaba a hacerse pesado.

Un día muy triste, y desesperada de verdad, le dije a mi mamá que yo creía que le habíamos hecho algo malo a Sára, porque ella lloraba cuando los veía por Skype y no hablaba ni una de las cosas que decía estando en Caracas. Yo admito que como mamá dije “Sára ya debería estar hablando, ella tiene que hablar”. Y como diríamos nosotros, me cayó la locha. Mi mamá me dijo cosas que fueron bálsamo para mi alma, y que evidentemente calmaron mi angustia, empezando por ese famoso dicho de “hija, hagan lo que hagan siempre los van a criticar, así que no le paren”.

Después de entenderlo, de procesarlo y de ponernos de verdad el famoso traje de pingüinos para que todo nos resbalara, empezamos a aplicarlo. Sí señor, Sára no va al baño sola, ni avisa cuando va a hacer número 2 porque resulta que tiene 15 meses. No señora, Sára no va a la guardería porque sus papás decidieron que mamá la criaría y le daría pecho hasta los 2 años. No abuela, Sára no tiene por qué abrazarte ni besarte si no quiere.

Evidentemente las caras de shock no han sido normales, pero nuestra tranquilidad, eso sí que es normal, no tiene precio y mucho menos la tranquilidad de nuestra hija, porque como padres hemos decidido darle sus tiempos y espacios.

Querida mamá, tus hijos no tienen que hacer esto o aquello como lo hizo otro; tu hijo es un ser humano maravilloso y único como ningún otro, así que tendrá sus tiempos y estilos para hacer.

Querida mamá, no te hablo desde el “yo creo que”, sino desde lo que he aplicado –que ha sido lo correcto para nuestra familia-, un proceso que incluso me ha ayudado a conocerme mucho mejor a mí misma, a no ser tan dura juzgándome por mis actos, porque viendo a mi hija crecer entiendo que ella es un ser humano como cualquier otro, y que eso quiere decir que es diferente a los demás, y que por ende tiene que vivir sus procesos a su tiempo y a su manera.

Sí, a su tiempo y a su manera.

Ya no habla como antes

Bueno, resulta que Sára está empezando ahora a hablar nuevamente con 18 meses, y ahora ya no me preguntan si corre o camina, sino qué dice. Pues dice sus cosas, habla una especie de papiamento entre español, inglés y húngaro, que no entendemos sino ciertas cositas.

Pero, qué más le podemos pedir a una personita a quien le cambiamos todo su mundo de un día para otro cuando decidimos emigrar. Mi hija pasó de tener su casa entera para vivir en un cuarto de 6 metros cuadrados durante tres largos meses, dejó de tocar a sus amados abuelos y pasó solo a verlos por una pantalla, el idioma que escuchaba todos los días ahora solo lo escuchaba de mamá, que ahora también habla en otro idioma. Evidentemente sacamos cuentas, consultamos a los especialistas, y es verdad, ella no tiene ningún retraso en el habla, solo está poniendo en orden su cerebro.

Pero allí está la respuesta, los opinólogos (como los llamamos aquí por cariño) invierten mucho tiempo de sus vidas pensando por qué nuestros hijos no hacen lo mismo que otros niños, y al final terminan sembrando esa semillita en nuestros corazones que, a veces, termina llevándonos al camino de la frustración.

Ahora bien, lo realmente importante para nosotros como adultos en todo caso, sería entender que son niños, no robots y que debemos aprender a respetar los tiempos de sus procesos, ya que ellos no tienen la misma capacidad de adaptación que nosotros.

Evidentemente como padres también tenemos que aprender a leer todos los elementos de la ecuación, y si por ejemplo uno de nuestros hijos tiene tres años y no habla para nada, tal vez si deberíamos ir a un especialista para saber que está pasando.

Querida mamá, la próxima vez que te digas “mi hijo tiene que…” estudia bien todas las aristas que conlleva esa afirmación antes de sentirte frustrada, y de hacerles sentir frustrados a ellos. Recuerda que es una vida en formación, un cuerpo que se está educando para llegar a hacer algo similar o mejor de lo que somos nosotros ahora mismo; por eso mi invitación siempre será a no forzar, sino a ayudar a nuestros hijos a ser lo que ellos quieran ser.

Ellos tienen que ser lo que quieran ser. A nosotros simplemente nos toca darles herramientas y dejarlos ser.

Pareja y Familia

Cuando criar es no hacer nada

El papel de las mujeres que decidimos quedarnos en casa se ha subestimado cada vez más con el paso del tiempo. Tal vez se deba a las generaciones anteriores que fueron educadas para que las mujeres tuvieran un espacio solo en el hogar, y a medida que fuimos ganando terreno fuera de la familia no le quedó más a la sociedad que intentar imponernos una etiqueta que hoy es usada como un estigma.

Estar en casa no significa que no estemos haciendo nada, así como trabajar fuera de casa no implica necesariamente estar haciendo algo productivo, porque como todo en la vida, esto también es relativo.

A diario comparto con mujeres increíbles que se sienten culpables de quedarse en casa al cuidado de los hijos durante la primera infancia; confieso que yo misma me he sentido así en ocasiones, pero luego recuerdo la falta que me hizo mi mamá muchas veces mientras estaba en el trabajo, y entonces comprendo que no trabajar de manera formal en este momento no es un retroceso para mí.

Les contaré una historia muy personal. Yo nunca tuve en mi cabeza esa idea loca de formar familia, para mí eso era una utopía que fue agarrando forma conforme fueron pasando los años y fui afianzando mi matrimonio. Por otro lado, yo me veía como la mujer trabajadora, independiente, de las mil cosas que hacer y producir y los mil un logros que recoger, y que si llegaban los hijos pues habría suficiente dinero para llamar a la mejor niñera del mundo, pero quedarme en casa no era una opción. Luego tuve a Sára por primera vez en mis brazos y la historia es totalmente diferente.

Recuerdo que ella tenía unas pocas semanas de nacida cuando le dije a su papá que yo quería, y me parecía necesario, dedicarme por un tiempo indefinido a la crianza de nuestra hija y los que estuvieran por venir. No estaba dispuesta a perderme sus primeras palabras, y tampoco quería soltarla al mundo antes de tiempo. “Yo quiero dedicarme a criar a nuestros hijos”, fueron mis palabras exactas.

Él estuvo de acuerdo porque siempre ha soñado con una familia grande, aunque cada día que pasa me convenzo más de que él nunca creyó que yo me atrevería.

Han pasado más de dos años desde aquel momento y yo no he podido volver al mercado laboral formal. Y hace pocos días me di cuenta que no había vuelto, simplemente porque no he querido y no he puesto mis energías en ello.

Que he hecho muchas cosas, sí; pero ninguna de ellas me ha impedido estar cerquita de mi hija en su día a día.

Estar en casa con los hijos va más allá de estar en casa. Se trata de encargarse de la limpieza de la casa y de las cosas, de tener al día la cocina, el mercado e incluso solucionar las diligencias de la vida diaria como el pago de los servicios y otras cosas.

Quedarse en casa significa a su vez cumplir con unas estrictas rutinas que nos permitan crear horarios y hábitos en nuestros hijos no escolarizados, y eso nos hace ser también más organizadas y planificadas. Y si hablamos de planificación, estar en casa representa administrar el tiempo de tal manera que, para cuando papá esté libre del trabajo, el tiempo de familia sea realmente de calidad.

Sí, muchas veces los hombres no entenderán eso y pensarán que ellos saliendo de casa a trabajar, y nosotras acostándonos a dormir. Ojalá y fuera así, pero dormir es la cosa más difícil del mundo cuando tienes niños pequeños.

Querida mamá, hoy quisiera hablarte a ti que tal vez te sientes menospreciada o una carga porque te ha tocado estar en casa. Te hablo desde mi experiencia, porque estando en casa no sólo me tocó aplicar todos mis conocimientos profesionales, sino aprender un montón de cosas nuevas como manualidades, idiomas, tecnología y un sinfín de dotes administrativos y gerenciales que vaya Dios a saber cuándo hubiese podido yo tener la oportunidad de aprender en algún cargo administrativo.

Estando en casa me he convertido en niñera, maestra, enfermera, señora de limpieza, lavandería exprés, administradora, contadora, abogado especialista en resolución de conflictos y promotora de los derechos humanos. Además tengo dotes de secretaria desde que emigré, pues me toca poner en contacto telefónico a mi hija con nuestra familia regada por el mundo, sin contar que la organización va más allá de la casa y se incluye una minuciosa agenda semanal a fin de que no queden por fuera actividades de recreación, estimulación, comunicación y relaciones públicas.

He aprendido también a gestionar el tiempo que queda para mí, para emprender mis proyectos y para dedicarle a mi pareja, ya que sin contar con una familia de apoyo detrás de nosotros, estar solos es prácticamente imposible.

Las finanzas son compartidas pero es sobre los hombros de la mujer donde recae la responsabilidad de que las cuentas cuadren. Y en ese sentido, de este lado siempre habrá también mucha presión o responsabilidad.

Querida mamá, no digas que no estás haciendo nada, estás criando un ser humano y esa es la responsabilidad más grande que nadie puede tener en la vida. Se trata de alguien que por sus acciones será amado y respetado en un futuro, u odiado y rechazado. No es cualquier cosa.

Y si trabajas mamá, también está bien. Créeme que tus hijos sabrán entenderlo en un futuro. En todo caso lo importante en esta historia es que tú entiendas que tu rol no es cualquier cosa, porque si eres capaz de entender e internalizar eso, entonces serás capaz de omitir todos los comentarios malsanos que los demás hagan de ti o tu situación.

Querida mamá amiga, la maternidad no es una ciencia pura, es simple experimentación humana apostando por el futuro mejor de los tuyos. Recuerda que al final todo pasa.

Migración

La inaceptable xenofobia

Esta vez escribiré como ser humano más que como mamá, pero es que a veces da miedo ver a lo que nuestros hijos se enfrentan y por eso esta vez he decidido no callar.

“Nuestra verdadera nacionalidad es la humanidad”, dijo el prodigioso escritor británico Herbert George Wells, hace más de un siglo y hoy en día esto debería estar más que claro, pero no es así. Parece que la falta de valores en una minoría, porque sí estoy convencida de que es una minoría dañina, continúa dejando su huella por el mundo con sus actos xenofóbicos.

El día de ayer me tocó a mí y en una situación muy lamentable, pues dos miembros del staff de un centro de salud público, un servicio al que tengo derecho no sólo como ciudadana húngara sino como ciudadana del mundo en este país en el que resido, se negaron a fijarme una cita con un médico especialista, por ver que en mi identificación decía que había nacido en Venezuela.

De verdad en mi primera visita a este lugar yo quise dejar el beneficio de la duda, y con toda la paciencia del mundo fui a buscar los “requisitos” extras, que estas dos mujeres me solicitaban para asignarme una cita médica. Yo quería creer que mi oído húngaro se equivocaba, pero horas más tardes comprobé que no era así, y que sí, la xenofobia existe en todos lados.

Finalmente en la tarde me volvieron a vacilar, jugaron con mi tiempo, hicieron burlas sobre que era una ciudadana falsa por no haber nacido aquí, y se negaron por todos los medios a darme la cita. Todo esto ante la mirada atónita de otros pacientes que no hicieron nada, ante la indignación del resto del staff que tampoco hizo nada. “Mi jefa no quiere más venezolanos y que ´húngaros´ aquí por hoy y punto, no introduciré el número”, fue lo último que me dijo esta señora de Atención al paciente antes de que con toda esa rabia apretada en el estómago le dijera que Dios la bendiga y me fuera con mi hija por donde había entrado.

Inmediatamente mi indignado esposo llamó al lugar, la fulana jefa le trancó el teléfono asegurándole que mi situación no era su problema; y minutos más tarde recibió la llamada de una persona que había atendido por casualidad la llamada para transferírsela a la jefa. Esta mujer que no se identificó y que pidió disculpas por todo lo que había pasado en dos oportunidades conmigo en el hospital, sin chistar me asignó la cita, anotó todos los datos y se encargó de asegurarse que me atendiera un médico con perfecto manejo del inglés.

Yo no puedo describirles cuán triste me sentí ayer, porque sí es verdad, soy una ciudadana que nació fuera de estas fronteras y que a duras penas habla el idioma de este maravilloso país; pero más allá de eso soy un ser humano que respeta para ser respetada, y que además teniendo la oportunidad de escoger cualquier lugar del mundo, escogí este país, para vivir dignamente. Estando aquí he aprendido a amar cada uno de los detalles, de los defectos y las virtudes que tiene esta nación, pero nunca jamás seré tolerante con la xenofobia. Y puedo asegurar que me siento mucho más húngara que esas dos mujeres, y que amo más este lugar que muchos que han nacido y vivido aquí durante todas sus vidas.

Fui objeto de un acto xenofóbico, a lo mejor no tan relevante como otros, pero xenófobo al fin. Y por eso decidí entre tanta tristeza levantar mi voz, porque este no es el mundo que quiero para mi hija, ni mucho menos para mí.

“El racismo florece de la ignorancia”, dijo hace unos años el futbolista Mario Balotelli, y yo esta vez lo he confirmado y por eso he decidido escribir esto, en un halo de esperanza que tengo gracias a que estoy criando un humano. Y como sé que no soy la única, utilizo esta tribuna para hacer un llamado de atención.

Les enseñamos a nuestros hijos a dar lo mejor de sí, a buscar lo mejor para ellos, a ser una mejor versión de sí mismos cada día, y en esa continúa formación tenemos que poner toda la energía posible en eliminar estas barreras, pues al final de cuentas como dice la activista canadiense Margaret Atwood, “espero que las personas finalmente se den cuenta de que sólo hay una raza, la humana, y que todos somos miembros de ella”.

Es fundamental que enseñemos a nuestros hijos desde pequeños que las personas no son buenas o malas por el color de su piel o por la nacionalidad en su pasaporte, sino por la forma en la que se comportan y asumen las situaciones de la vida. Es primordial sembrar en sus corazones la semilla de la tolerancia, del respeto al otro, de la amistad, la solidaridad.

Es imperante levantar la voz ante estas injustas actuaciones de una minoría que no puede continuar sembrando odio por el mundo, más en un mundo tan globalizado como en el que vivimos hoy en día y en el que cada día más barreras son derrumbadas que muros construidos.

Es inaceptable y punto. No hay medias tintas en esto.

Pero ¿qué hacer ante una situación como esta?

Pues hay varias cosas que hacer además de educar a nuestros hijos, y tiene que ver un poco con reeducar a la misma sociedad. Querida mamá inmigrante, si te ves envuelta en una situación como esta, antes de perder la calma piensa que la ignorante no eres tú, que tus inteligencia emocional puede con más que esa situación incómoda, simplemente di cosas como “Gracias, que Dios te bendiga”, ofender al agresor es caer en su juego.

Insiste en defender tus derechos, de no ser posible por las vías regulares, acude a las autoridades encargadas de tomar cartas en el asunto.

Protégete ante la agresión física y responde sólo cuando el peligro sea inminente. Protege a tus hijos ante todo.

Habla con tus hijos sobre la existencia de este tipo de personas, a fin de evitar que se vean afectados psicológicamente por la actuación de estos individuos en su contra.

Finalmente, muestra tu mejor cara, sé siempre digna. La ignorancia es gratis y gracias a Dios tú no eres quien padece de ese mal, así que respira profundo y sigue luchando, que los buenos somos más.

Maternidad

¿Tenemos las mamás derecho a obstinarnos?

Desde hace unos días me pregunto si las mamás tenemos derecho a obstinarnos.

Sí, a pegar tres gritos y cerrar la puerta tan duro que hasta los vecinos se enteren de nuestro enojo.
Si, si, si. De simplemente decir «no, porque estoy molesta» o llorar porque sentimos que no damos para más. Obstinarnos de perder la paciencia y el objetivo por un momento en el que nuestro cerebro simplemente pide drenar todo esa energía que allí se acumula.
Yo no lo tenía muy claro hasta hace unas horas, y no lo tenía claro porque después de la explosión que la ira causa, uno siente una culpa tremenda. Y plas, la culpa te hace sentir la peor madre o esposa del mundo.

¡Wao! Me siento culpable por no saber manejar mis emociones ante los procesos que me toca enfrentar cada día, y que probablemente vengo arrastrando una carga con la que necesito ayuda, pero me cuesta mucho pedirla.

Es muy difícil, pero seamos sinceras con nosotras mismas; si vemos la maternidad como un proceso de autodescubrimiento ¿cómo es que pretendemos mantenernos serenas ante tantos cambios abruptos?

Es totalmente normal que reaccionemos de manera explosiva cuando no podemos entender lo que está pasando en nuestras relaciones familiares, y específicamente en nuestra relación con nosotras mismas.

Hace unos días una amiga, me decía que se sentía horrible porque le había dicho a su hija que se quería ir bien lejos después de una pataleta. ”Soy la peor persona del mundo, lo tengo todo y digo que no aguanto más”, repetía en medio de una crisis de llanto.
¡Hey, amiga! Claro que no, no por llegar a un punto límite eres mala persona, ni mucho menos mala madre. Pero es que es que todavía a nosotras nos cuesta entender que somos humanas y que por ende también sentimos y nos cansamos, nos molestamos, necesitamos tiempo para nosotras mismas y creo que a veces también necesitamos tiempo para esas explosiones, mientras no le causemos daño a nadie, y en esos nadie entran nuestros pequeños.
Escribo esto en este momento desde la calma y luego de una gran explosión. Les cuento que está mañana me molesté tanto, pero tanto que me tiré al piso y grite.

Sí, grite como grita un niño que está en medio de un berrinche, y además entendí por qué es tan importante contenerlos en ese momento.

Les confieso que mi rabia no me permitía llorar, pero estaba tan molesta que estaba mareada y yo sabía que tenía que drenar. Sára gritaba porque no quería ir al colegio, después porque si quería ir, que si quería un lado rosado después lo quería verde, que si no quiero ponerme zapatos y después quería ponerse dos… yo mientras tanto venía acumulando molestias desde hace días y aquella escena que era eterna y me volvía a hacer perder una cita importante, me colapsó. Así que me lancé al piso y grité.

Su cara fue un poema, se quedó paralizada pero me dijo “mamá no pasa nada. Yo estoy molesta”.

Mi reacción fue llamar al padre y hacer que interviniera en la situación y allí entendí varias cosas que ahora les resumo.

Mi cuerpo tiene meses diciéndome que necesito respirar de una manera diferente. Que necesito dormir, que necesito no tener tantas responsabilidades de otros y hacerme más responsable por mí misma, y sin querer algunas de mis frustraciones las percibió mi hija.

Ella tiene días diciéndome sin motivo aparente “mamá, aquí estoy”. Lo repite una y cien veces cuando mi cerebro está como apagado.

Esta mañana, antes de la tormenta, la primera cosa que escuché fue eso, “mamá, aquí estoy yo”. Y aún así no reaccioné, porque yo no quería estar en ese momento con nadie más que no fuera yo misma, pero para mí desgracia no quise pedir ayuda porque me sentí infinitamente culpable de querer tomar un respiro.

Me sentí completamente miserable de pedirle cosas al padre que simplemente él no quiere hacer, pero me sentí forzada a hacer cosas que yo no quiero hacer y colapsé, después de que mi hija, que solo quería decirme que estaba allí conmigo, llegó a su punto de estallido.

Pero a todas estas, después de una hora y media de lucha, y de haber llegado al colegio yo seguía molesta. Estaba incomoda y sé que ella también lo estaba al punto que ni siquiera quiso despedirse de mí. Así que decidí caminar mientras llamaba para excusarme con mi cita por el embarque que acababa de consumar.

Caminé y caminé hasta que el Sol me calentó tanto que me hizo entender que había hecho un berrince con 32 años. ¡Wao, hice un berrinche! Y ahora no me siento mal, me tocó dejar la culpa de lado, ser adulta y asumir que parte de ser humano también tiene que ver con entender que no todos los días son buenos.

Pero más allá de los días buenos o malos, las cargas que llevamos sólo deben ser aquellas que queremos. Ojo con esto, no estoy hablando de abandonar a los hijos ni nada por el estilo, sólo hablo de organización acorde a nuestras necesidades.

¿Cómo lo hago? Pues, antes de escribir esto me tracé un plan. Es decir, que si yo tengo que ir a clases a las 9 de la mañana y a mí me cuesta más que al padre tener lista a la niña a la hora para cumplir con mis obligaciones, entonces nos tocará organizarnos para que el padre sea quien asuma esa responsabilidad.

Que si todos los días soy yo quien hace los almuerzos, pero hay un día en el que yo llego más tarde a clases porque me toca dar clases de noche, pues tengo que delegar que por ese día o se come en la calle, o es otro el que cocina. Que si la ropa sucia está por toda la casa y a mí me molesta, o lo digo o empiezo a botar la ropa y se acabó.

Les confieso que esta pataleta de nosotras dos hoy me hizo descubrir muchas cosas, no sólo de mi hija sino incluso de mí y de la forma que he escogido para criar, y también la forma en la que llevó el hogar.

Las enumeraré para que sea más fácil de reconocer, pero creo que a lo largo del texto se los he ido diciendo, es válido que mamá se agote y se obstine. Lo que no es válido es que mamá sienta culpa por sentirse mal. ¿Qué aprendí hoy?

  • Los berrinches deben ser contenidos desde la paz.
  • Si algo me molesta de otra persona o de determinada situación, tengo que decirlo.
  • Acumular emociones afecta la salud y eso no es bueno para nadie.
  • Los hijos deben vernos como humanos en principio, para después entender que trabajamos con ellos movidos por el amor.
  • Drenar las emociones a través de cosas que me gustan, es una forma sana de mantener mi salud mental.
  • Comunicación es vital.
  • Nuestros hijos perciben nuestras emociones y al no saber identificarlas, se sienten frustrados.
  • Los hijos no tienen la culpa de nuestras frustraciones.
  • Nunca debemos sentirnos culpables por querer tener tiempo para nosotras mismas y nuestros proyectos.

Espero sea de ayuda para ustedes, y si algún día quieren drenar, por aquí las esperamos.

Maternidad

Estar presentes (de verdad)

Desde que soy mamá tiendo a escucharme un poco más. Sin embargo el ruido a veces me distrae y de alguna manera terminó entendiendo qué necesito estar en sintonía con lo que creo y sobre todo con los míos.
Para nadie es un secreto lo que hemos vivido los venezolanos (dentro y fuera del país) en las últimas semanas, y sin duda eso me ha llevado a desconectarme de quienes son mi prioridad para ocupar mi mente en situaciones que generan angustia en mi, y que por ende generan desestabilización en mi núcleo familiar.
Hace unos días caí en cuenta de que estaba con Sára sin estar, y ella estaba reclamandome eso de una forma que me incomoda mucho pero con todo su derecho, pues se sentía ignorada o desplazada de alguna manera.
Entonces empecé a poner verdadera atención a los detalles, y el celular más que un puente se convirtió en una grieta entre nosotras.
¿Qué tuve que hacer? Pues desconectarme un poco. Esa práctica de dar pecho, pintar o jugar con ella teniendo el celular en la mano no era más que una falta de respeto al tiempo que era exclusivo para ella o incluso para su papá. Así que me ha tocado ESTAR con ella no sólo de cuerpo presente sino también de mente.
¿Les ha pasado que llega un momento en el que simplemente no entienden por qué sus hijos tienen ciertas actitudes? Lo más increíble es que no vemos para adentro sino buscamos afuera el origen de estas situaciones.
Yo no entendía por qué mi hija sentía que era correcto llorar cuando quería pedir una cosa en vez de pedirlo. Tuve que preguntarle qué ocurría y me dijo «Fulanita llora para que le den lo que quiere». 
¿De dónde lo sacó? Me pregunté inmediatamente, y la respuesta fue clara; de la serie que yo según veía con ella, pero como mi mente no estaba allí no me permitió ver que allí había una actitud que podía copiar para mal.
Es todo un tema, porque soy la primera en supervisar lo que ella ve y juega, lo pruebo primero antes de permitirlo, pero sí, a veces no estar conectados nos crea estos vacíos que pueden ser muy dañinos.
«Mi mamá juega mucho con el celular y yo quiero», le dijo en una conversación imaginaria hace unos días a su abuelo mientras usaba un celular de juguete. Eso me hizo poner los pies en la tierra, pues mi hija está copiando lo que yo hago para llamar mi atención. Y créanme que algo que no quiero es que mi bebé se sienta desplazada de mi vida y menos por un aparato.
Qué sí, que entiendo que a veces este aparatico es la salvación para muchos pero definitivamente no me interesa si tengo que dejar de tener tiempo de calidad con mis afectos para irme a una vida virtual.
Entonces llega la hora de manejarlo y ¿cómo hacerlo? Poniendonos nosotros mismos limites que nos mantengan realmente conectados con quienes nos rodean, en especial si son nuestros hijos a quienes tenemos que dedicarle especial atención en sus años de formación.
En conclusión he venido tratando de dejar a un lado el teléfono para mantenerme concentrada en lo que me toca vivir ahora, pues entiendo que mi familia no necesita una mamá virtual sino una mamá presente, y sí yo espero lo mismo de ellos es lo mínimo que tengo que dar.
Evitar usar el teléfono cuando estamos jugando, evitar el uso de vídeos para distraerlos mientras nosotros nos ocupamos de manejar redes, tener horarios acordes con sus rutinas y sobre todo con el tiempo que pasamos con ellos, así como reencontrarnos siempre en la mesa, son algunas de las cosas que ponemos en práctica y que nos es tan funcionando para mantenernos de cuerpo y mente presente en la crianza de nuestra pequeña.
¿ustedes como lo llevan?

Maternidad

Me llaman mala madre…¿con qué derecho?

Sí, yo también soy esa mala madre que de vez en cuando quisiera quedarse un rato más sola en la cama. Ni contarles de las veces que me he quedado con hambre por darle eso que tanto me gustaba o quería a mi hija, pero soy una mala madre por desear tener al menos un día a la semana una comida caliente en manos, sin los brincos inesperados de los peques.

Sí, a veces también soy esa mala esposa que no quiere sexo, sino solo un abrazo o un beso, que me recuerden lo bien que lo está haciendo. Otras tantas, soy la mala madre que quisiera tener unas horas a solas con su esposo, sin pensar en niños, sin hacer cosas de familia, solo de pareja.

Sí, yo también soy esa mala mujer que no tuvo tiempo para arreglarse todos los días, con tal de que a sus hijos no les faltara nada en el colegio y estuvieran de punta en blanco en todas sus citas.

Mala madre que luce cansada, desajustada, descuidada. Mala madre que para muchos no hace nada, solo cuida a unos niños, los mantiene vivos, les enseña cómo hacer las cosas, los educa, les muestra como ser independientes mientras dependen de ella para todo. Nada más los ayuda a vivir, pero no hace nada más.

Mala madre soy también porque ya no he podido volver a la oficina y no produzco suficiente dinero para llevar los gastos de la casa. Todo, gracias a haber decidido criar, gracias a haberme quedado con mis hijos en casa para que no fuera un desconocido el que los cuidara en sus primeros años de vida.

Sí amiga, yo también confieso ser de esas madres que somos denominadas malas madres por la sociedad, las mismas que salieron de la cama a preparar comidas a pesar de la fiebre y el malestar.

Mala mujer que ni ha podido siquiera terminar los proyectos que se había planteado en casa. ¿Qué hará, pasará sus días durmiendo?

Vi el otro día una de esas malas madres en el parque, que se retorcía del dolor de vientre y de cabeza en sus días, pero aun así intentaba sonreír y jugar con sus tres niños, todos menores de 5 años, en plena etapa eléctrica de la infancia. No sabía si abrazarla o quedarme con sus hijos para que ella tuviera al menos media hora de descanso, pero yo misma estaba siendo una mala madre en ese momento, olvidando todo lo que tenía pendiente en casa para enseñar a mi hija que ensuciarse a veces no es malo, que jugar descalzos en la arena no está mal.

Mala madre retumba en mi cabeza, mientras una sociedad injusta hace lo que mejor se les da, juzgar sin ponerse en los zapatos de otro. Realmente a estas alturas, me ha dado por no escuchar lo que dicen.

Otro día iré en el autobús y seguro mi bebé llorará por cualquier cosa, y seré la mala madre que no la calma con rapidez, que deja que la bebé llore y moleste a quienes me acompañan en el camino. Y por dentro no pensaré nada, seguiré simplemente haciéndome la loca, porque nadie tiene el poder de juzgarme más que Dios.

La verdad es que no, no soy una mala madre, y creo al menos que tampoco he sido en este tiempo de maternidad una mala esposa. De hecho, no creo que ninguna de nosotras seamos malas madres, por lo menos no por elección propia; ni las que nos quedamos en casa con los peques, ni las que tienen que salir a trabajar porque no hay otra opción.

Solo somos humanas, simples mortales que nos vemos sometidas a los juicios de terceros, que poco tienen que ver con nuestras vidas. E incluso, cuando el reclamo venga de casa, sería bueno respirar profundo y empezar a delegar, porque la presión –bien sea social o económica- muchas veces puede hacer de las suyas y llevarnos a decir cosas hirientes, muchas veces sin sentido.

¿Has pensado alguna vez en cómo serán las cosas en casa cuando te reincorpores al mercado laboral? ¿Está claro ese panorama para todos en el hogar? ¿Has planteado alguna vez la posibilidad de tener citas con tu pareja lejos de los niños? Ese tiempo necesario de cultivar el amor, la pareja e incluso el bienestar mental.

Te repetiré que no soy una mala madre, mi hija nunca será un estorbo para mí, y por el contrario en estos más de dos años de maternidad se ha convertido en mi amiga, mi compañera de aventuras ó como yo le digo “la asistente de mami”, pero sobre todo se ha convertido en una escuela de vida para mí, ya que a través de ella, de su crianza, me he podido reconectar con muchas cosas que estaban dormidas dentro de mí, y he empezado a darle importancia a lo que realmente es esencial para vivir.

No obstante, para que la familia esté bien, mamá tiene que estar bien en todos los sentidos, y es necesario siempre tener ese momento para uno, para conectarse con lo que uno desea e incluso para descansar, para meditar, para hablar con alguien de tú a tú.

Mamá, si me estás leyendo y te sientes identificada, déjame recordarte algo, ¡Lo estás haciendo bien! ¡Tú no eres una mala madre –yo tampoco lo soy-! Solo falta hacer algunos simples ajustes, pero todo esto también pasará y seguro lo extrañarás.

Migración

Lejos pero no ausentes

A los inmigrantes venezolanos se nos hace muy fácil utilizar la frase “lejos pero no ausentes” cuando nos tocan la tecla de Venezuela, y al final esto termina definiendo nuestra vida.

Estoy convencida que esto tiene mucho que ver con la forma en la que tuvimos que salir de nuestro país (la mayoría de nosotros salió huyendo), pero también en la forma en la que fuimos criados porque más allá de no ser un pueblo acostumbrado a emigrar sino a recibir, bien es cierto que nos involucramos muchísimo con nuestras familias, amigos y en general con los procesos en los que nos desarrollamos.

Sin embargo, hoy quiero hablar sobre algo que nos ha estado pasando los últimos días por no querer estar ausentes. Parece por el contrario que se nos dobló el chip y ahora estuvimos presentes físicamente en nuestras nuevas realidades pero totalmente abstraídos mentalmente.

Sí querida mamá, a mí también me pasó y me está pasando. Ya hoy tengo una semana sin escuchar la voz de mi mamá y hasta hace unas pocas horas fue que ellos tuvieron luz de nuevo, y definitivamente no he estado en mis cabales… por eso hoy quería escribir sobre esto, contarles que es algo normal que le puede pasar a cualquier ser humano cuando pasa por un mal momento familiar.

Hace un par de días salí por primera vez a la calle y veía a la gente normal, como si nada pasara y quería gritarles, decirles que había gente muriendo en mi país. Les confieso que las lágrimas salían solas, y tuve que sentarme a tomar aire porque no era posible.

Lo primero que hice fue poner en orden mis pensamientos y tratar de no caer en pánico. En realidad aquí no está pasando nada, así que me dije ¿cómo puede afectarle a estas personas a cientos de kilómetros de Venezuela que allá haya o no luz y todo lo demás que no hay? Ellos no son venezolanos, ni tienen sus familias allá, ¿Entonces por qué tendría yo que ponerme a gritar aquí?.

Cuando me calme seguí mi camino, iba a buscar a mi hija al colegio y evidentemente al llegar todo el mundo se percató que algo me pasaba. Iba roja de llorar y de alguna manera ya hay otros padres que han desarrollado cierta empatía conmigo. Ellos tenían idea de lo que pasaba, pero desde ese momento empezaron a investigar más sobre la situación.

Esta mañana cuando llegamos al colegio, algunos de ellos me esperaban para ofrecerme apoyo moral e incluso recursos para las familias más afectadas. Sí, afuera hay gente que quiere hacer algo por nuestra gente sin interés alguno. Y entonces fui allí que entendí que era normal sentirme así, porque si ellos que nada tenían que ver con nosotros se conmovieron con la situación, ¿qué puede quedar para uno que vivió allá y que aún tiene sus afectos allá?

¿Qué si está bien o está mal? No lo sé, sólo sé que nadie te puede juzgar por sentirte así, porque somos humanos y vivimos de las emociones, y más allá de controlarlas tenemos que aprender a vivir con ellas. No es fácil, créanme que lo sé.

En todo caso, y para no irme por las vertientes de este tema en el que no soy especialista sino ejemplo fiel de lo que ocurre, quería compartir ustedes lo que siento en este momento pero también lo que he aprendido en estos siete días de oscuridad que tiene Venezuela.

Primero que nada, siempre digo que emigrar significa o implica desprenderse, despegarse, pero sí, hay cosas de las que no puedes desentenderte. Tus padres siempre serán tus padres, tu país de origen siempre será tu país. Entonces llamemos las cosas como son, el lugar donde naciste siempre guardará un espacio especial en tu corazón y eso está muy bien, porque uno debe tener raíces que cuenten nuestra historia. El país de origen es parte de eso.

Mantener la calma pese a la incertidumbre es clave, porque esta última es una de las herramientas más utilizadas para dividir y traicionar. Mantener la calma nos permite dar pasos seguros, solucionar de manera consciente y no traicionar nuestros valores y creencias.

Llorar está permitido, sentirte agotado es normal. Los picos emocionales causan agotamiento al cuerpo, es un proceso químico que no podemos variar.

Siempre que puedas, explícales a tus hijos lo que está pasando. Los niños se dan cuenta de todo, ellos perciben nuestros cambios de humor y buscan de alguna manera estar más cerca de nosotros, pero si nosotros no estamos bien emocionalmente podemos afectarlos con nuestras respuestas o actitudes.

Por eso es importante, sin generarles angustia, explicarles lo que está pasando sin darles demasiado detalles, pero explicándoles bien que mamá y papá también tienen emociones que a veces no saben explicar o contener.

Si están en la edad adecuada para entender principio básicos de la vida, explícales también lo que es normal y lo que no es normal, aprovecha la oportunidad para dejar claro que nunca deben conformarse con las migajas, para forjar su carácter y su moral. Explícales lo que es una dictadura, hazles ver que con amor todo se puede lograr y que la gente que es buena de corazón, siempre triunfará al final (aunque cueste y no parezca).

Esto ya no tiene que ver con política, tiene que ver con humanidad…y sí, también con falta de humanidad, y esas son cosas que algunos niños pueden entender, discernir y digerir.

Si quienes están al otro lado tienen necesidades que nosotros podemos cubrir, no dudes ni un segundo en hacerlo de la mejor manera posible. Si necesitan informarse, por ejemplo, transmite información veraz y vital, cosas que no los desmotiven o generen desesperación. Si necesitan conseguir agua o alguna idea para rendir las velas, entonces busca en internet y transmíteles tus conocimientos.  Siempre actuando con paciencia, con certeza y transmitiendo tranquilidad.

Por último, y no menos importante, conectarse con algo que a uno le genere paz es vital para mantener la cordura. En mi caso fue orar y leer algunos de mis escritos sobre Caracas, eso me permitió hacer visualizaciones y sentirme cerca de mi familia.

Querida mamá, en este camino de ser madres inmigrantes hay muchas batallas que nos tocará luchar que todavía están por definirse, ¿y sabes qué? No tendremos respuesta para esas situaciones hasta que no lleguen a nosotras, así que no queda más que seguir, resistir y persistir.

¡Lo estás haciendo bien! Y créeme que no te estás volviendo loca, recuerda que esto también pasará.

Te abrazo.

Maternidad

Heroína sin capa

Esa mujer que va ahí en el Metro con sus 4 hijos a cuestas, todos menores de 6 años, es una súper estrella; pero ella no lo sabe.

Mientras todas las miradas se fijan en ella, miradas despiadadas y juzgadoras de una situación que no les corresponde, ella sólo se concentra serena en mantener a tres de sus retoños sentados cómodamente en el asiento del tren.

El cuarto de los niños, apenas de meses, lo lleva a cuestas.

Yo dentro de mi pienso que debe tener ojos hasta en la espalda, es una Rock Star y no lo sabe. ¿Cómo no se da cuenta?

Esta peinada, no de salón pero está arreglada; se nota que ha puesto al menos un poco de atención en ella. Para mí eso es bastante porque a veces yo con una no puedo siquiera recordar si me he cepillado los dientes. -¿Qué dices Carla?- Sí que me ha pasado.
Esa mujer a simple vista es una Diosa y no lo sabe.

Y no lo sabe porque afuera hay una sociedad que la juzga, que emite comentarios sobre sus decisiones sin pensar en sus sentimientos, que prefiere llamarla loca o cómoda antes de preguntar cómo se siente ella.

Yo desde mi esquina no creo que la sociedad vaya a cambiar su percepción de la mujer, y mucho menos de la mujer que decide ser madre. Pero estoy convencida que si desde el amor les explicamos a los hijos nuestro rol, las cosas para las futuras generaciones cambiarán.

«Mundo de hombres» dicen algunos, pero no podemos seguir justificándolo y nosotras mismas sentirnos inferiores por lo que hemos escogido hacer. Y me incluyo, porque es verdad, yo también me he sentido mal cuando alguien me pregunta por qué no he vuelto a una oficina después de tener a mi hija.

La cosa es que nadie recuerda que antes de ella yo era de la que no distinguía entre miércoles o domingos, que viajaba ligera por el país acompañando a diplomáticos de otros países, haciendo relaciones públicas y mandando noticias. Mi trabajo no tenía horarios, a veces entraba a las 10 y eran las 3 de la mañana y yo seguía en la oficina. ¿Cuántas veces no salí de noche y deje la cena familiar en la mesa para ir a cubrir una pauta?

Deje ese vacío muchas veces en mi familia, en mi pareja, en mis propios padres que se quedaron esperándome en alguna sala de conciertos a la que nunca llegué pese a tener un compromiso con ellos.

Ellos nunca me juzgaron, pero sé que me extrañaron y se dieron cuenta de que seguía el ejemplo que me habían dado, estaba trabajando en lo que me gustaba sin limitaciones de espacio o tiempo, y la familia no era lo primero, sino el trabajo.

Pero cuando llegó Sára a nuestras vidas, para mí todo cambió. Yo no quería que mi hija fuera nunca la niña que se quedaba sola en el salón porque su mamá no había llegado a tiempo a buscarla, no quería que fuera la muchachita que dijera su primera palabra lejos de mi vista, ni perderme muchos de sus avances y desarrollos porque yo tenía que cumplir con un trabajo.

La maternidad, en mi caso, reformuló mis metas y sueños y me hizo conectarme mucho más con lo que yo de verdad quería de la vida… pero nadie me lo ha preguntado, y los pocos que se han atrevido no se han quedado satisfechos con mi respuesta. Seguro a esa mamá del Metro tampoco la han considerado un poco, pero es bastante que ella misma se considera y lo digo por su apariencia.

Quisiera haber sido valiente y preguntarle su nombre, preguntarle si necesitaba ayuda con los niños para subir las escaleras, pero es que ella estaba tan cómoda en su papel que atreverme a aquello podría haber sido incómodo para ella.

Pero la verdad es que quería acercarme y decirle ¡Te felicito!. Porque aquellos niños, que son el futuro de este mundo, lejos de lo que muchos pueden pensar, se mantuvieron a tono y educados en todo momento. Uno le preguntaba “¿Mamá cómo se llama la estación dónde vamos?” y ella respondía y les hacía otra pregunta, a la que respondía con picardía alguno de los otros niños. Entre ellos tenían una conversación amena, fraternal.

Viendo aquella escena de la que pude ser testigo por escasos 7 minutos, volví a entender que el mundo no es de una persona, menos de un género, el mundo es de todos, y ella estaba preparando a sus hijos para ese mundo de todos.

¡Gracias heroína por regalarme una visión tan amplia de la vida, en tan escaso tiempo!