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Criando humanos

Pareja y Familia

El necesario Day-Off

Cuando nos iniciamos en el sistema escolar en Hungría, llamó mucho nuestra atención que un día la maestra de nuestra peque nos dijo “si la niña está cansada y no quiere venir, es normal. No la obliguen a venir, y de ser posible regálense un día libre en familia”.

Para nosotros fue muy extraño porque evidentemente chocaba con nuestro sistema de vida anterior donde prácticamente estigmatizan el hecho de que un niño deje de ir al colegio un día, y también con la premisa de que si ella estaba yendo a ese colegio era porque nosotros no teníamos el tiempo para cuidarla por trabajo o estudios.

El hecho es que con el tiempo nos empezamos a percatar que otros papás simplemente se tomaban el día para llevar a sus peques al parque, almorzar con ellos en calma o dormir un poco más. Y eso es lo normal, ahora lo entiendo.

Ojo, con esto no estoy diciendo que los niños no necesiten rutinas ni horarios, sino que dentro de esos parámetros, también les viene bien de vez en cuando tomarse el día.

Con la llegada de la segunda barriga, pues nos tocó reformularnos un poco más la cosa, porque si bien empecé a practicar “el día libre porque sí” (como yo lo bauticé), las circunstancias cambiarán en algunas semanas y el día libre no será para dedicárselo a una sola persona sino a dos.

En todo caso es cierto, los niños se cansan de las rutinas ajustadas e incluso cuando la pasan genial en sus colegios, habrá días que el cuerpo simplemente les pida un break. ¿O es que a ustedes no les ha pasado de grandes que simplemente dicen “necesito un tiempo fuera”, unas vacaciones, parar la rutina o como quieran llamarlo? Entonces ¿Por qué es que creemos que los niños no lo necesitan también?

Pero averiguando y leyendo me encontré además con un montón de artículos y estudios que avalan estos días, y que convalidan un montón de beneficios que nosotros mismos hemos experimentado como familia. Entre ellos destaca un artículo científico en el que se asegura que los niños crecen más rápido (de tamaño físico) cuando están de vacaciones o pasando tiempo de ocio con sus seres amados.

Les cuento que hace unos días nos levantamos por la mañana y el agotamiento era evidente en todos en casa. La verdad es que papá no podía suspender sus reuniones pero Sára no podía con su alma, ella que siempre se levanta contenta ese día lloraba, se volvía a acostar, me decía cualquier cosa sin sentido hasta que dije la frase mágica “Hija, ¿quieres pasar el día libre con mamá?”. Su reacción fue inmediata, sus ojitos brillaron diciendo que sí, se despojó de su traje de invierno y volvió a la cama con gran placer pidiéndome que la abrazara.

Dormimos por casi 3 horas más las dos abrazadas, y al momento de despertar de forma natural, no hubo más que amor y sonrisas. Esta pequeña que me roba el corazón me dijo “gracias mami, necesitaba dormir más”. Y a esas horas de la mañana (casi medio día) iniciamos un día de actividades diferentes a lo que normalmente hacemos, y el día fue realmente genial, un día que recordaremos las dos. Al día siguiente estábamos recargadas para retomar las rutinas.

Pero este post realmente quiere dejarles algunas reflexiones puntuales sobre la importancia de enseñarles a los hijos que está bien tomarse un día libre de rutinas para conectarnos.

¿Qué nos deja este día libre extra?

-Podemos crear más empatía con los niños. Nos conectamos con facilidad y libertad.

-En los días donde no hay rutinas prestablecidas, los peques suelen mostrarnos más aspectos de ellos que nos vamos perdiendo producto del día a día, por lo tanto podemos aprender cosas de ellos que nos permiten conectarnos de forma más eficaz en la vida diaria.

-Nos liberamos de cargas negativas como las pataletas o las respuestas negativas, ya que nos dedicamos atención exclusiva los unos a los otros.

-Les mandamos el mensaje correcto. “Hijo, tú me importas y aquí estaré siempre para ti”. Esto va más allá de cualquier demostración de empatía o amor, se trata de una conexión.

-Les mostramos con el ejemplo, la importancia de descansar de verdad, de que todo tiene su tiempo y que así como las obligaciones o responsabilidades tienen que ser atendidas, su cuidado personal también es importante. No todo puede ser vivir para trabajar o para cumplir obligaciones.

-Los niños sienten más confianza en el núcleo familiar, ya que incluso podemos mejorar la comunicación.

-Se ha comprobado científicamente que se produce y libera más oxitocina, la bien llamada hormona del amor y la felicidad.

-Durante este tiempo podemos estimular su imaginación y creatividad.

Y ustedes, ¿han practicado el día libre? Me encantaría conocer sus experiencias.

Maternidad

Cuando el no contradice lo natural

Hace unas semanas escribí un post para nuestra cuenta de Instagram sobre una experiencia que aún retumba en mi cabeza, porque es una situación recurrente en nuestra sociedad.

En aquel momento, caminaba cerca de un parque al que llegaban un montón de niños en compañía de sus maestros. Hasta allí todo era normal, y en realidad eso es algo normal en este país, hasta que de repente escuché: «¡No corran, no corran!».

En realidad no sé ni por qué distinguí lo que decían entre mi húngaro chucuto porque en realidad la mayor parte del tiempo que voy por la calle voy más pendiente de lo que veo que de lo que escucho; pero me pareció tan fuera de lugar que me hizo reflexionar sobre lo que yo estoy haciendo como mamá.

Estos maestros, que entiendo tienen razones para pedir un comportamiento “civilizado”, les hacían esa petición a niños de entre 6 y 8 años. Y estamos claros en que los maestros están ahí para educarnos y acompañar a los padres en el proceso formativo, pero también estamos refiriéndonos a comportamientos naturales del propio ser.

«No corras. No saltes. No grites. No llores. No inventes», retumbaron en mi cabeza inmediatamente y no me sentí muy cómoda conmigo misma en ese momento.

¡Wao! Es que a veces digo todas esas cosas que nunca quise decir como mamá porque no quiero limitar el desarrollo natural de mis hijos, sino por el contrario acompañarlos dejando claro los límites de nuestra crianza sin que esto genere frustración en ellos.

Yo realmente no tengo un recuerdo claro de mis padres diciéndome cosas como estas en momentos donde fuera correcto hacerlo; sí recuerdo que mi papá se frustraba muchísimo si yo (ya con unos 10 años) empezaba a llorar de sentimiento en medio de mis planteamientos. Recuerdo mucho que me decía “usted es fuerte, no llore y explíqueme qué pasa”, y sí, muchas veces yo no quería llorar pero era lo que me salía y eso me hacía sentir que lo decepcionaba a él.

Pero volviendo al caso de estos niños, y lo que yo sentí en ese momento como mamá, tenía que ver más con la naturaleza del ser, el desarrollo normal. Es decir, dicen que lo normal es que un niño se mueva, brinque, hable, que los niños felices cantan con frecuencia, que necesitan estar en movimiento y poniendo su creatividad al límite a través del juego. Entonces ¿le vamos a pedir que cuando vayan al parque no corran?

¿Ven la diferencia?

¿Si no corren en el parque dónde lo harán? ¿Si no inventan cosas qué será del futuro de sus vidas? ¿Si no lloran cuando se sienten mal o intimidados, a dónde va toda esa frustración? ¿Si no hablan con nosotros, que somos sus padres, con quién se supone que sentirán confianza?
Y es que a veces los adultos nos programamos inconscientemente a decir «No + complete usted la frase» y lo que hacemos de alguna manera, más que poner límites claros, es limitar, estropear, aporrear el proceso NATURAL de un ser humano, que en medio de su formación necesita conocer qué quiere, que le gusta, qué puede hacer, etc.

No quiero decir con esto que estamos mal como seres humanos o que somos malos padres por decir que no; evidentemente hay momentos en los que no hay negociación que valga y simplemente hay que decir no, pero decir “no hagas tal o cual cosa” cuando va en contra de su naturaleza o solo para intentar quedar bien con el resto de la sociedad, a veces puede ser muy perjudicial para nuestros peques.

Repito, no hablo de no poner límites claros, hablo de brindar las herramientas para que su desarrollo sea lo más natural posible y su auto conocimiento se dé de la mejor forma posible.
Siempre les digo que yo no soy especialista de nada, solo soy una mujer, intentando ser mamá de la mejor forma posible y a veces me gusta compartir este tipo de pensamientos con ustedes. ¿Ustedes qué piensan del no?

InstaLive

Johannes Ruiz Pitre: “Amemos a nuestros hijos en presente”

Hace unas semanas atrás iniciamos una sesión en Instagram que me conecta aún más con lo que soy como mujer, porque me doy el lujo de entrevistar durante 30 minutos, a mujeres inspiradoras que más allá de una pantalla son profesionales y también mamás de carne y hueso, en un espacio que he bautizado como “Especialista y Mamá”.

En nuestra primera transmisión, tuve el honor de encontrarme con mi querida amiga y mentora Johannes Ruíz Pitre, CEO de @mimitosdemamá y @familias_positivas, que además de ser la madre de tres divinos mosqueteros, es Neuropedagoga especialista en inteligencia emocional y autora del libro “El amor no malcría”.

Fueron 30 minutos de aprendizaje y sobre todo de enriquecimiento, pero lamentablemente la tecnología me jugó mal y perdimos la entrevista tal como la habíamos grabado. Sin embargo, muchas mamás continúan escribiéndome para conocer qué dijo esa tarde nuestra querida Johannes, y por eso no puedo guardarme solo para mí los extractos más importantes de esta entrevista en la que hablamos de crianza positiva y de cómo las madres que creemos en la crianza con apego somos vistas muchas veces por la sociedad como bichos raros.

Aunque fueron muchos los aprendizajes, lo primero que se me hace importante acotar de lo que dijo Johannes como especialista, es que “en este camino de la crianza no hay trucos fáciles, los niños necesitan respeto, amor, límites y amabilidad, y también tenemos que entender que criar de esta manera implica claramente que los niños también tienen responsabilidades acordes a sus edades”.

“Es importantísimo entender que no existe la madre perfecta, esa es una ilusión que nos puede llevar a vivir frustradas porque también somos humanas»

Johannes Ruiz Pitre

“Es importantísimo entender que no existe la madre perfecta, esa es una ilusión que nos puede llevar a vivir frustradas porque también somos humanas, lo que sí existe y es importante tomar en cuenta es que la familia, sea como sea que está concebida, es un equipo y por ende en ese equipo todos los miembros deben poner su granito de arena”, aseguró la especialista quien confía en la cooperación como un elemento vital de la vida de familia y la crianza respetuosa.

-Johannes pero todo eso suena muy bien, incluso para mí que aplico estos principios de crianza positiva, a veces me cuesta entender sobre todo por los famosos terribles 2.

-Allí está el detalle. Creo que es necesario dejar de llamar a esta etapa los terribles y empezar a entender que son los maravillosos 2 años, ya que es la etapa en la que el niño empieza a despertar ante el mundo y no necesita mucho más que acompañamiento.

-¿Con qué se come eso entonces?

– Carla, muchas veces tu misma como adulto te sientes de una forma que no sabes expresar, nos pasa a todos; y ya siendo adultos sabemos cuáles son las emociones. Entonces ahora imagina a un niño que apenas empieza a vivir, sintiendo dentro él todo esto y no poder decirle a nadie “estoy triste, estoy molesto, estoy cansado”. Por eso tenemos que como adultos y padres responsables empezar a reconocer nuestras propias emociones, y a la vez reconocer y validar las emociones de nuestros niños. Hijo, ¿cómo te sientes? ¿Quieres que mamá te de un abrazo? ¿Me puedo sentar a tu lado mientras se te pasa el enojo?.

Los sentimiento, las emociones, sean positivas o negativas, hay que validarlas y cuando están aprendiendo a vivir y a reconocer hay que presentárselas.

-Entonces también existe esta tendencia a llamar los terribles dos por las pataletas, y todos queremos saber ¿cómo controlarlas?

-No hay trucos fáciles, no existen fórmulas mágicas, estamos tratando con seres humanos, con niños. En el caso de las pataletas, que se dan por muchos factores como frustración por no poder expresar sus deseos o sentimientos, cansancio, hambre, sueño, etc., tenemos que de alguna manera ser fuertes pero amorosos y aprender que la cooperación es clave y que los límites son necesarios para todos.

-¿Qué hacer entonces?

-Supongamos que tu hijo quiere que le compres algo y tú no puedes o no quieres hacerlo, no es quedarnos solo en el “no y punto”, sino llevarlo a un punto medio. Siempre digo que no se trata de ganarle al niño sino de ganarse al niño.

Entonces, manteniendo siempre la calma, en un tono de voz lo suficientemente bajo como para llamar su atención, explícale como si hablarás con alguien mayor que no se puede comprar y cuáles son las razones reales. Háblale sobre lo que ya le has comprado o lo que ya han hecho, y ve ganando su confianza. Contenlo.

-Hablas de ganarse al niño, y a mí eso me encanta, pero también me da miedo que venga un externo con malas intenciones a querer ganarse a mi niña.

-Miedo siempre habrá, creo que a todos los padres nos mandan una ración de miedos con los niños por no queremos que nunca les pase nada malo. Sin embargo, para esto que dices es vital que tengamos con ellos una relación de confianza única. Sí, tenemos que decirles a nuestros hijos que nosotros somos sus amigos más importantes, que no hay secretos con nosotros, que nadie puede decirles que no nos digan algo a nosotros (los padres) y que si no se sienten seguros o están incomodos nos los tienen que informar inmediatamente. Este es un tema muy extenso, pero se basa en construir confianza con nuestros peques.

-¿Y cómo los enseñamos a cooperar con nosotros?

-Esto es un poco más simple, porque se trata de incorporarlos en las rutinas dándoles un papel o rol de acuerdo a su edad. Por ejemplo, si estamos en casa y vamos a comer en familia, es bueno incluirlos a ellos en la elaboración de los platos o en la organización de la mesa. Por ejemplo, si tienes un niño de 3 años, pedirle que te ayude a colocar las servilletas o que lleve algo que no pese. Te puede ayudar a doblar la ropa, puedes decirle que sea tu asistente, cuando involucras el juego ellos se sienten mucho más motivados a colaborar.

-Sé que habrá muchas más cosas por decir, pero ¿hay algo que puedas recomendarles a los padres?

-El amor es un sentimiento sano, es valor, respeto, responsabilidad, bienestar, armonía, nada de estas cosas hace daño, por eso digo que el amor no malcría; tenemos que enseñarle a los niños que si el amor hace daño no es amor. Y también creo que es importante que como padres amemos a nuestros hijos en presente, tal cual son, sin compararlos con lo que tú imaginaste que serían, ellos son seres únicos, maravillosos e irrepetibles, y así como son, vale la pena amarlos hoy.

Extracto de la entrevista realizada a Johannes Ruiz Pitre, a través de los Live de Instagram de @sinmanualdeestilo el jueves 16 de mayo de 2019.

Maternidad

Del ejemplo al hecho

Una de las cosas que me dijeron de la maternidad mientras estaba en la dulce espera, que más he confirmado, y que me ha hecho revisar mis propios procesos, es que los niños son un reflejo de los padres.

¡Claro! Somos su ejemplo y la principal fuente de información que los más pequeños tienen, por ende no podemos esperar que actúen como otras personas si es con nosotros con quienes pasan la mayor cantidad de su tiempo.

Pero basándome en esta teoría de la vida misma, más de una vez en casa hemos tenido que decir “ya va, tomemos un minuto y volvamos a empezar”. A los adultos parece que se nos va olvidando con facilidad qué y cómo era ser niño, y sumergidos en esta adultez que una vez tanto deseamos y que ahora a veces nos puede agobiar, se nos olvida que tenemos a estas pequeñas esponjitas detrás de nosotros viendo atentamente cómo respondemos ante la vida para ellos copiar.

No les diré que no, a veces me preocupa que mi hija se parezca en mí en algunas cosas que me chocan de mi personalidad, pero hace unos días íbamos por la calle y mi conclusión de esa lenta caminata bajo el sol del verano fue “no lo debo estar haciendo tan mal”.

A los niños hay que escucharlos, y hay que escucharlos más cuando están aprendiendo a expresarse, porque descubrimos cosas maravillosas de ellos y encontramos más herramientas para conectar de forma más directa.

Total que íbamos las dos, rumbo a un nuevo parque que Sára no conocía, y nos metimos por una calle totalmente nueva para ambas. El Sol era inclemente, caminábamos, nos hidratábamos un poco y seguíamos, mientras ella se resistía a montarse en su coche. Me dijo “mami yo puedo caminar, yo quiero”, y ¿qué más podía hacer yo si no era dejarla hacerlo?.

Total que llegamos a un punto en el que la calle estaba inundada de un olor a flores frescas (sí, de esas que a mí me dan mucha alergia pero también mucha alegría), y Sára empezó a decir “¡mira qué lindo mami!”, “Esto me encanta mamá, son muchos colores”, “gracias mami, me gusta mucho ver esto”.

Mientras yo la escuchaba estaba totalmente derretida de amor, más allá de la escena había toda una historia creándose detrás de ella; mi hija, a quien trato de darle el mejor ejemplo posible, aprecia las cosas más pequeñas, esas que pueden pasar desapercibidas gracias a la rutina y eso para mí es un regalo invaluable.

Ahora el reto es mantener viva esa llama por las pequeñas cosas que hacen que la vida tenga más sentido, porque no vale la pena sumergirse solo en los problemas, y cuando vemos las cosas con positivismo todo va mejor. Así que ese medio día para mí fue como un oasis en medio del desierto, me coloqué a su altura y empezamos a ver las flores, vimos las mariposas revoloteando y le di las gracias de vuelta a ella por haberme regalado ese momento.

No puedo siquiera describir la sensación de alivio que tuve en ese momento cuando continuamos caminando, mi niña de dos años y un poco más de 7 meses, parece que nos ha visto a su papá y a mi detenernos de vez en cuando a apreciar lo que no todo el mundo sabe apreciar, y ella estaba tan feliz con eso, que no me queda duda ahora que ella ha visto en nuestro ojos la felicidad de esos pequeños momentos.

Con todo esto no trato de decirles que le enseñen a sus hijos a detenerse en cada detalle, pero sí los invito a revisarnos cada vez más para saber qué estamos haciendo con nuestras vidas y cómo eso influye o impacta en la vida de nuestros pequeños.

Les repito que lejos estoy yo de querer que ella o los hijos que tenga en el futuro sean como su papá o como yo, pero sí estoy encantada de saber que al menos en nuestras cosas buenas se han ido inspirando y encuentran un sentido de la vida que va más allá de lo obvio.

En conclusión, si soy el mejor ejemplo para mis hijos, solo quiero que ellos aprendan de mí valores que les permita ser cada vez más humanos y sobre todo, ser seres humanos felices.

Maternidad

Entre lo que quiero y lo que hago.

Me lo repito una y otra vez. Si yo sé lo que estoy haciendo, si yo estoy siguiendo mi instinto, mis ideas, ¿quiénes son los demás para cuestionarme?.

¿Acaso vale la pena detener mi forma de ver la vida porque los demás no me entienden?. Si me preguntan a mi yo creo que no.

Les cuento que durante mucho tiempo de mi vida me paralice porque otros a mi alrededor no entendían qué era lo que yo quería y cómo lo quería; para ellos siempre era descabellado, no le veían lo lógico o ponga usted la excusa que un tercero puede decir de los planes o ideas de los demás, a lo que yo quería hacer.

Lamentablemente sus «razonamientos» me paralizaban al punto de a veces dejarme sin aire, hasta que llegó un día en el que no pude más y empecé a liberar la carga. ¿Sentirme angustiada o frustrada porque otro no cree o entiende lo que yo quiero hacer con mi vida?. Eso no parece lógico ni justo.

No les niego que primero sentí miedo, pero la sensación de liberación fue tan alta y satisfactoria que luego no pude parar. Y al tiempo me convertí en mamá y la cosa cambió radicalmente para mejor.

Eso que llaman instinto puro y duro afloró en mí de una manera que me movió todas mis fibras y me hizo entender que para hacer sobrevivir al ser que en el momento de la gestación vivía dentro de mí, tenía yo que estar bien y feliz.

A esas alturas no había nada que hacer, yo decidí dejarme llevar por lo más primitivo de mí, mi instinto y eso me ha permitido vivir más ligera y mucho más feliz. Tampoco les mentiré diciendo que todos quienes estaban a mí alrededor para ese entonces se mantuvieron conmigo hasta este momento (y no sé si volverán la verdad, pero tampoco estoy segura de quererlos de nuevo cerca de mí).

Entonces entendí que si el resto no me entendía, no significaba siempre que estuviera haciendo algo mal. Y si se los pongo en un plato conciso, mi decisión de emigrar fue una de esas cosas que muchos en mi entorno cuestionaron, incluso algunos que ya habían dado el paso, pero según yo no tenía la madera para hacerlo o el reto no estaba a mi alcance tal cual me lo había planteado. -Que pues mira sí, que emigrar a Hungría, un país que era como la cueva de mi primer enemigo y que me podía llevar a la guerra, sin saber ni ñé del idioma y con una bebé sin contar con apoyo familiar, no era como muy lógico, pero créeme cuando te digo que no me arrepiento ni un solo día de mi vida del paso que di porque desde entonces he crecido en muchos aspectos de mi vida-.

Siempre les digo que mi objetivo en la vida desde que me convertí en mamá es ser feliz, no me importa tener grandes lujos, solo me importa vivir bien y en paz. Pero ese no es un camino fácil de transitar cuando nos paramos a escuchar todo lo que el mundo tiene que decir sobre nuestras formas y nuestros planes. Y tal vez la maternidad es una de esas cosas en la que más terceros buscan opinar, y en la que nosotras nos exigimos tanto que llegamos a sentirnos que no lo estamos haciendo bien.

Pues déjame decirte querida mamá que no siempre lo estás haciendo mal. La mayoría de las veces lo haces de una manera tan perfecta, que quien está pendiente de todos tus movimientos se acerca a criticar, porque fíjate parece que trabajas demasiado o que has amamantado a tu bebé durante mucho tiempo. Pero ¿eso es problema del tercero o es una decisión personal con la que tú te sientes a gusto?

A estas alturas del partido, solo puedo decirte yo desde mi corta experiencia, que la maternidad hizo que mi instinto aflorara en mí para luchar por mis sueños, esos mismos que no todos comparten ni entienden, pero que quienes te aman de verdad al final apoyarán. Y si me pongo más cruda, sólo tengo que decirte que no puede haber mejor forma de enseñar a otros que a través del ejemplo, ¿entonces cómo se supone que criarás niños felices si les das el ejemplo de un adulto frustrado o amargado?.

Sí querida mamá. Repítelo una y otra vez, que el resto del mundo no entienda tus formas no siempre quiere decir que lo estás haciendo mal. Revisa si tú te sientes bien, si tú estás conforme con los resultados, y si es así, lo que el mundo piense está demás. Lo más importante en tu propio mundo eres tú.

Maternidad

Ellos tienen que…ir a su ritmo

Es que ella ya debería hablar.

Él debería estar en una guardería para que no sea malcriado.

Esos niños deberían estar caminando y no cargados.

Sára debería ya decir palabras en ambos idiomas… mil veces y una más, esos son los comentarios que escuchamos las mamás a diario.

Y ojo, esto sólo no nos está pasando a las que decidimos quedarnos en casa criando a nuestros hijos -que además somos vistas como una especie de bicho raro-, también les pasa a quienes pasan 6, 8 o 12 horas en sus trabajos.

Siempre, siempre, pero siempre la gente, el externo, el que no está viviendo tu vida, tendrá algo que decir sobre las formas en la que tú o los demás hacen las cosas. Tristemente a nosotras las madres eso nos hace ruido en determinado momento, y si le prestamos mucha atención nos puede generar angustia.

Les cuento mi caso particular. Cuando vivíamos en Venezuela Sára decía algunas palabras con claridad, tal vez unas diez o quince, pero las decía; y a la semana de haber llegado a Hungría, Sára dejó de hablar y todas sus palabras se convirtieron en “eeeeehhh” y “aaaaaahhhhh”. No pasó mucho tiempo para que empezaran los comentarios de la familia que nos acogía, cosa con la que tanto su papá como yo no estábamos nada cómodos.

Comentarios como que si la niña debía ir a la guardería, que algo malo le pasaba porque había dejado de hablar, que si esto y aquello, y aunque yo no entendía claramente lo que decían, sabía que estaban presionando al papá de Sára por algo que en realidad no era un problema de nadie sino nuestro.

Un día la frustración de él pudo más que su capacidad de silencio y me contó todo lo que decían sus tíos sobre nuestra forma de crianza, y evidentemente mi primera reacción fue decirle “no le pares, ellos no saben cómo estamos criando nosotros a nuestra hija y no se tienen que meter”, pero los comentarios continuaron, y repito que aunque yo no entendía, ya el ambiente empezaba a hacerse pesado.

Un día muy triste, y desesperada de verdad, le dije a mi mamá que yo creía que le habíamos hecho algo malo a Sára, porque ella lloraba cuando los veía por Skype y no hablaba ni una de las cosas que decía estando en Caracas. Yo admito que como mamá dije “Sára ya debería estar hablando, ella tiene que hablar”. Y como diríamos nosotros, me cayó la locha. Mi mamá me dijo cosas que fueron bálsamo para mi alma, y que evidentemente calmaron mi angustia, empezando por ese famoso dicho de “hija, hagan lo que hagan siempre los van a criticar, así que no le paren”.

Después de entenderlo, de procesarlo y de ponernos de verdad el famoso traje de pingüinos para que todo nos resbalara, empezamos a aplicarlo. Sí señor, Sára no va al baño sola, ni avisa cuando va a hacer número 2 porque resulta que tiene 15 meses. No señora, Sára no va a la guardería porque sus papás decidieron que mamá la criaría y le daría pecho hasta los 2 años. No abuela, Sára no tiene por qué abrazarte ni besarte si no quiere.

Evidentemente las caras de shock no han sido normales, pero nuestra tranquilidad, eso sí que es normal, no tiene precio y mucho menos la tranquilidad de nuestra hija, porque como padres hemos decidido darle sus tiempos y espacios.

Querida mamá, tus hijos no tienen que hacer esto o aquello como lo hizo otro; tu hijo es un ser humano maravilloso y único como ningún otro, así que tendrá sus tiempos y estilos para hacer.

Querida mamá, no te hablo desde el “yo creo que”, sino desde lo que he aplicado –que ha sido lo correcto para nuestra familia-, un proceso que incluso me ha ayudado a conocerme mucho mejor a mí misma, a no ser tan dura juzgándome por mis actos, porque viendo a mi hija crecer entiendo que ella es un ser humano como cualquier otro, y que eso quiere decir que es diferente a los demás, y que por ende tiene que vivir sus procesos a su tiempo y a su manera.

Sí, a su tiempo y a su manera.

Ya no habla como antes

Bueno, resulta que Sára está empezando ahora a hablar nuevamente con 18 meses, y ahora ya no me preguntan si corre o camina, sino qué dice. Pues dice sus cosas, habla una especie de papiamento entre español, inglés y húngaro, que no entendemos sino ciertas cositas.

Pero, qué más le podemos pedir a una personita a quien le cambiamos todo su mundo de un día para otro cuando decidimos emigrar. Mi hija pasó de tener su casa entera para vivir en un cuarto de 6 metros cuadrados durante tres largos meses, dejó de tocar a sus amados abuelos y pasó solo a verlos por una pantalla, el idioma que escuchaba todos los días ahora solo lo escuchaba de mamá, que ahora también habla en otro idioma. Evidentemente sacamos cuentas, consultamos a los especialistas, y es verdad, ella no tiene ningún retraso en el habla, solo está poniendo en orden su cerebro.

Pero allí está la respuesta, los opinólogos (como los llamamos aquí por cariño) invierten mucho tiempo de sus vidas pensando por qué nuestros hijos no hacen lo mismo que otros niños, y al final terminan sembrando esa semillita en nuestros corazones que, a veces, termina llevándonos al camino de la frustración.

Ahora bien, lo realmente importante para nosotros como adultos en todo caso, sería entender que son niños, no robots y que debemos aprender a respetar los tiempos de sus procesos, ya que ellos no tienen la misma capacidad de adaptación que nosotros.

Evidentemente como padres también tenemos que aprender a leer todos los elementos de la ecuación, y si por ejemplo uno de nuestros hijos tiene tres años y no habla para nada, tal vez si deberíamos ir a un especialista para saber que está pasando.

Querida mamá, la próxima vez que te digas “mi hijo tiene que…” estudia bien todas las aristas que conlleva esa afirmación antes de sentirte frustrada, y de hacerles sentir frustrados a ellos. Recuerda que es una vida en formación, un cuerpo que se está educando para llegar a hacer algo similar o mejor de lo que somos nosotros ahora mismo; por eso mi invitación siempre será a no forzar, sino a ayudar a nuestros hijos a ser lo que ellos quieran ser.

Ellos tienen que ser lo que quieran ser. A nosotros simplemente nos toca darles herramientas y dejarlos ser.

Pareja y Familia

Cuando criar es no hacer nada

El papel de las mujeres que decidimos quedarnos en casa se ha subestimado cada vez más con el paso del tiempo. Tal vez se deba a las generaciones anteriores que fueron educadas para que las mujeres tuvieran un espacio solo en el hogar, y a medida que fuimos ganando terreno fuera de la familia no le quedó más a la sociedad que intentar imponernos una etiqueta que hoy es usada como un estigma.

Estar en casa no significa que no estemos haciendo nada, así como trabajar fuera de casa no implica necesariamente estar haciendo algo productivo, porque como todo en la vida, esto también es relativo.

A diario comparto con mujeres increíbles que se sienten culpables de quedarse en casa al cuidado de los hijos durante la primera infancia; confieso que yo misma me he sentido así en ocasiones, pero luego recuerdo la falta que me hizo mi mamá muchas veces mientras estaba en el trabajo, y entonces comprendo que no trabajar de manera formal en este momento no es un retroceso para mí.

Les contaré una historia muy personal. Yo nunca tuve en mi cabeza esa idea loca de formar familia, para mí eso era una utopía que fue agarrando forma conforme fueron pasando los años y fui afianzando mi matrimonio. Por otro lado, yo me veía como la mujer trabajadora, independiente, de las mil cosas que hacer y producir y los mil un logros que recoger, y que si llegaban los hijos pues habría suficiente dinero para llamar a la mejor niñera del mundo, pero quedarme en casa no era una opción. Luego tuve a Sára por primera vez en mis brazos y la historia es totalmente diferente.

Recuerdo que ella tenía unas pocas semanas de nacida cuando le dije a su papá que yo quería, y me parecía necesario, dedicarme por un tiempo indefinido a la crianza de nuestra hija y los que estuvieran por venir. No estaba dispuesta a perderme sus primeras palabras, y tampoco quería soltarla al mundo antes de tiempo. “Yo quiero dedicarme a criar a nuestros hijos”, fueron mis palabras exactas.

Él estuvo de acuerdo porque siempre ha soñado con una familia grande, aunque cada día que pasa me convenzo más de que él nunca creyó que yo me atrevería.

Han pasado más de dos años desde aquel momento y yo no he podido volver al mercado laboral formal. Y hace pocos días me di cuenta que no había vuelto, simplemente porque no he querido y no he puesto mis energías en ello.

Que he hecho muchas cosas, sí; pero ninguna de ellas me ha impedido estar cerquita de mi hija en su día a día.

Estar en casa con los hijos va más allá de estar en casa. Se trata de encargarse de la limpieza de la casa y de las cosas, de tener al día la cocina, el mercado e incluso solucionar las diligencias de la vida diaria como el pago de los servicios y otras cosas.

Quedarse en casa significa a su vez cumplir con unas estrictas rutinas que nos permitan crear horarios y hábitos en nuestros hijos no escolarizados, y eso nos hace ser también más organizadas y planificadas. Y si hablamos de planificación, estar en casa representa administrar el tiempo de tal manera que, para cuando papá esté libre del trabajo, el tiempo de familia sea realmente de calidad.

Sí, muchas veces los hombres no entenderán eso y pensarán que ellos saliendo de casa a trabajar, y nosotras acostándonos a dormir. Ojalá y fuera así, pero dormir es la cosa más difícil del mundo cuando tienes niños pequeños.

Querida mamá, hoy quisiera hablarte a ti que tal vez te sientes menospreciada o una carga porque te ha tocado estar en casa. Te hablo desde mi experiencia, porque estando en casa no sólo me tocó aplicar todos mis conocimientos profesionales, sino aprender un montón de cosas nuevas como manualidades, idiomas, tecnología y un sinfín de dotes administrativos y gerenciales que vaya Dios a saber cuándo hubiese podido yo tener la oportunidad de aprender en algún cargo administrativo.

Estando en casa me he convertido en niñera, maestra, enfermera, señora de limpieza, lavandería exprés, administradora, contadora, abogado especialista en resolución de conflictos y promotora de los derechos humanos. Además tengo dotes de secretaria desde que emigré, pues me toca poner en contacto telefónico a mi hija con nuestra familia regada por el mundo, sin contar que la organización va más allá de la casa y se incluye una minuciosa agenda semanal a fin de que no queden por fuera actividades de recreación, estimulación, comunicación y relaciones públicas.

He aprendido también a gestionar el tiempo que queda para mí, para emprender mis proyectos y para dedicarle a mi pareja, ya que sin contar con una familia de apoyo detrás de nosotros, estar solos es prácticamente imposible.

Las finanzas son compartidas pero es sobre los hombros de la mujer donde recae la responsabilidad de que las cuentas cuadren. Y en ese sentido, de este lado siempre habrá también mucha presión o responsabilidad.

Querida mamá, no digas que no estás haciendo nada, estás criando un ser humano y esa es la responsabilidad más grande que nadie puede tener en la vida. Se trata de alguien que por sus acciones será amado y respetado en un futuro, u odiado y rechazado. No es cualquier cosa.

Y si trabajas mamá, también está bien. Créeme que tus hijos sabrán entenderlo en un futuro. En todo caso lo importante en esta historia es que tú entiendas que tu rol no es cualquier cosa, porque si eres capaz de entender e internalizar eso, entonces serás capaz de omitir todos los comentarios malsanos que los demás hagan de ti o tu situación.

Querida mamá amiga, la maternidad no es una ciencia pura, es simple experimentación humana apostando por el futuro mejor de los tuyos. Recuerda que al final todo pasa.

Migración

Lejos pero no ausentes

A los inmigrantes venezolanos se nos hace muy fácil utilizar la frase “lejos pero no ausentes” cuando nos tocan la tecla de Venezuela, y al final esto termina definiendo nuestra vida.

Estoy convencida que esto tiene mucho que ver con la forma en la que tuvimos que salir de nuestro país (la mayoría de nosotros salió huyendo), pero también en la forma en la que fuimos criados porque más allá de no ser un pueblo acostumbrado a emigrar sino a recibir, bien es cierto que nos involucramos muchísimo con nuestras familias, amigos y en general con los procesos en los que nos desarrollamos.

Sin embargo, hoy quiero hablar sobre algo que nos ha estado pasando los últimos días por no querer estar ausentes. Parece por el contrario que se nos dobló el chip y ahora estuvimos presentes físicamente en nuestras nuevas realidades pero totalmente abstraídos mentalmente.

Sí querida mamá, a mí también me pasó y me está pasando. Ya hoy tengo una semana sin escuchar la voz de mi mamá y hasta hace unas pocas horas fue que ellos tuvieron luz de nuevo, y definitivamente no he estado en mis cabales… por eso hoy quería escribir sobre esto, contarles que es algo normal que le puede pasar a cualquier ser humano cuando pasa por un mal momento familiar.

Hace un par de días salí por primera vez a la calle y veía a la gente normal, como si nada pasara y quería gritarles, decirles que había gente muriendo en mi país. Les confieso que las lágrimas salían solas, y tuve que sentarme a tomar aire porque no era posible.

Lo primero que hice fue poner en orden mis pensamientos y tratar de no caer en pánico. En realidad aquí no está pasando nada, así que me dije ¿cómo puede afectarle a estas personas a cientos de kilómetros de Venezuela que allá haya o no luz y todo lo demás que no hay? Ellos no son venezolanos, ni tienen sus familias allá, ¿Entonces por qué tendría yo que ponerme a gritar aquí?.

Cuando me calme seguí mi camino, iba a buscar a mi hija al colegio y evidentemente al llegar todo el mundo se percató que algo me pasaba. Iba roja de llorar y de alguna manera ya hay otros padres que han desarrollado cierta empatía conmigo. Ellos tenían idea de lo que pasaba, pero desde ese momento empezaron a investigar más sobre la situación.

Esta mañana cuando llegamos al colegio, algunos de ellos me esperaban para ofrecerme apoyo moral e incluso recursos para las familias más afectadas. Sí, afuera hay gente que quiere hacer algo por nuestra gente sin interés alguno. Y entonces fui allí que entendí que era normal sentirme así, porque si ellos que nada tenían que ver con nosotros se conmovieron con la situación, ¿qué puede quedar para uno que vivió allá y que aún tiene sus afectos allá?

¿Qué si está bien o está mal? No lo sé, sólo sé que nadie te puede juzgar por sentirte así, porque somos humanos y vivimos de las emociones, y más allá de controlarlas tenemos que aprender a vivir con ellas. No es fácil, créanme que lo sé.

En todo caso, y para no irme por las vertientes de este tema en el que no soy especialista sino ejemplo fiel de lo que ocurre, quería compartir ustedes lo que siento en este momento pero también lo que he aprendido en estos siete días de oscuridad que tiene Venezuela.

Primero que nada, siempre digo que emigrar significa o implica desprenderse, despegarse, pero sí, hay cosas de las que no puedes desentenderte. Tus padres siempre serán tus padres, tu país de origen siempre será tu país. Entonces llamemos las cosas como son, el lugar donde naciste siempre guardará un espacio especial en tu corazón y eso está muy bien, porque uno debe tener raíces que cuenten nuestra historia. El país de origen es parte de eso.

Mantener la calma pese a la incertidumbre es clave, porque esta última es una de las herramientas más utilizadas para dividir y traicionar. Mantener la calma nos permite dar pasos seguros, solucionar de manera consciente y no traicionar nuestros valores y creencias.

Llorar está permitido, sentirte agotado es normal. Los picos emocionales causan agotamiento al cuerpo, es un proceso químico que no podemos variar.

Siempre que puedas, explícales a tus hijos lo que está pasando. Los niños se dan cuenta de todo, ellos perciben nuestros cambios de humor y buscan de alguna manera estar más cerca de nosotros, pero si nosotros no estamos bien emocionalmente podemos afectarlos con nuestras respuestas o actitudes.

Por eso es importante, sin generarles angustia, explicarles lo que está pasando sin darles demasiado detalles, pero explicándoles bien que mamá y papá también tienen emociones que a veces no saben explicar o contener.

Si están en la edad adecuada para entender principio básicos de la vida, explícales también lo que es normal y lo que no es normal, aprovecha la oportunidad para dejar claro que nunca deben conformarse con las migajas, para forjar su carácter y su moral. Explícales lo que es una dictadura, hazles ver que con amor todo se puede lograr y que la gente que es buena de corazón, siempre triunfará al final (aunque cueste y no parezca).

Esto ya no tiene que ver con política, tiene que ver con humanidad…y sí, también con falta de humanidad, y esas son cosas que algunos niños pueden entender, discernir y digerir.

Si quienes están al otro lado tienen necesidades que nosotros podemos cubrir, no dudes ni un segundo en hacerlo de la mejor manera posible. Si necesitan informarse, por ejemplo, transmite información veraz y vital, cosas que no los desmotiven o generen desesperación. Si necesitan conseguir agua o alguna idea para rendir las velas, entonces busca en internet y transmíteles tus conocimientos.  Siempre actuando con paciencia, con certeza y transmitiendo tranquilidad.

Por último, y no menos importante, conectarse con algo que a uno le genere paz es vital para mantener la cordura. En mi caso fue orar y leer algunos de mis escritos sobre Caracas, eso me permitió hacer visualizaciones y sentirme cerca de mi familia.

Querida mamá, en este camino de ser madres inmigrantes hay muchas batallas que nos tocará luchar que todavía están por definirse, ¿y sabes qué? No tendremos respuesta para esas situaciones hasta que no lleguen a nosotras, así que no queda más que seguir, resistir y persistir.

¡Lo estás haciendo bien! Y créeme que no te estás volviendo loca, recuerda que esto también pasará.

Te abrazo.

Pareja y Familia

Tiempo de adultos, tiempo vital

Cuando nos convertimos en madres todo cambia tanto y tan rápido, que muchas veces no nos damos cuenta de todas las cosas que hemos ido dejando de lado. Una de esas es el tiempo de pareja y el tiempo de adultos.

Pero, ¿Sabes qué es el tiempo de adultos?

Si te lo explico sin muchos adornos, es ese tiempo que tenemos que tener, sin excusa alguna, con otros adultos sin que los niños sean el centro de atención. Y antes de que te alarmes, no se trata de egoísmo, sino de pensar en ti misma e incluso en tu pareja.

El tiempo de adultos es un tiempo dedicado a hacer cosas para nosotros y por nosotros, y en el que debemos dejar el remordimiento de lado, pues es un tiempo dedicado a distraernos y cultivarnos en las cosas que nos motivan y nos hacen sentir bien con nosotras mismas.

Por eso es importante entender que no se trata solo de tiempo personal y de pareja, sino de tiempo para las amigas, para la familia extendida, para hacer un curso o asistir a una exposición, etc., sin los niños.

¿Por qué es necesario?

Simple, y no lo digo solo yo, pero un día me di cuenta que cuando salía con alguna amiga sólo hablaba sobre mi hija, qué hacía y que no, cómo había crecido y los planes que tendríamos con ella. Y me empezó a hacer ruido la voz de una de mis tías diciéndome «cuándo nazca la bebé la gente te anulará a ti. Ya nadie más te preguntará cómo estás tú o cómo te sientes, sino todo será sobre el bebé».

¡No, me niego! Eso no puede ser, porque yo también cuento.

Y no sólo que yo cuento e importo, sino que tengo que estar bien yo para enseñarle con el ejemplo a mis hijos que ellos son más importantes en sus propias vidas que nadie.

Y sí, el bebé es importante, pero yo también soy importante. Yo soy lo más importante de mi vida, porque para darle lo mejor de mí a ellos, tengo que cultivarme y cuidarme yo antes.

Pero, si además somos de los que queremos criar desde el respeto y el ejemplo, ¿cómo es que le voy a enseñar a mis hijos que tienen su propio lugar y espacio en el mundo, si ellos me anulan en mi propio mundo?

Difícil, ¿no? Pero hay que hacer un esfuerzo para entender esto y que por más que los amemos, ellos no son nuestros, son prestados y tienen vidas propias que cultivar.

Así que el tiempo de adultos durante la maternidad y el tiempo de crianza, es necesario y vital.

 Es necesario para drenar, para crecer, para enriquecerse y sobre todo para oxigenar.

¿Qué se hace en el tiempo de adultos?

Pues se hace lo que a uno le gusta hacer que no implica hablar o pensar en cosas de los niños o la familia o la casa, e incluso el trabajo. Es decir que, durante este tiempo tu sólo tendrás que ocuparte de ti misma.

Es verdad que cuando eres emigrante estos tiempos son más reducidos por no contar con el apoyo familiar para que se hagan cargo de los niños por unas horas, pero en nuestro caso nos hemos reinventado el tiempo, e inventamos planes cortos durante las horas de colegio y visitamos lugares que nos gustan pero donde no podemos de ninguna manera ir con niños.

También hemos probado ver películas de gente grande (a mi esposo le encantan las películas de acción donde hay balaceras y esas cosas que una niña no debe ver), y también hemos aprovechado para descubrir baños termales en nuestra ciudad (en estos lugares no se permite la entrada de menores de 14 años por los minerales que contiene el agua).

Pero además del tiempo de adultos en pareja, hemos buscado tener nuestro tiempo de adultos por separado, y en mi caso son momentos que aprovecho para salir a fotografiar la ciudad o tomarme un café sentada en algún lugar bonito que me inspire a escribir, mientras que mi esposo prefiere usar su tiempo en actividades deportivas que no puede desarrollar durante la semana.

No les niego, a veces también simplemente me acuesto a dormir por dos horas seguidas y eso es muy revitalizante, pero a fin de cuentas, este tiempo es importante para que nosotras nos sintamos bien con lo que hacemos y tenemos.

¿Y tú tienes tiempo de adultos? ¿Qué haces?

Maternidad

Heroína sin capa

Esa mujer que va ahí en el Metro con sus 4 hijos a cuestas, todos menores de 6 años, es una súper estrella; pero ella no lo sabe.

Mientras todas las miradas se fijan en ella, miradas despiadadas y juzgadoras de una situación que no les corresponde, ella sólo se concentra serena en mantener a tres de sus retoños sentados cómodamente en el asiento del tren.

El cuarto de los niños, apenas de meses, lo lleva a cuestas.

Yo dentro de mi pienso que debe tener ojos hasta en la espalda, es una Rock Star y no lo sabe. ¿Cómo no se da cuenta?

Esta peinada, no de salón pero está arreglada; se nota que ha puesto al menos un poco de atención en ella. Para mí eso es bastante porque a veces yo con una no puedo siquiera recordar si me he cepillado los dientes. -¿Qué dices Carla?- Sí que me ha pasado.
Esa mujer a simple vista es una Diosa y no lo sabe.

Y no lo sabe porque afuera hay una sociedad que la juzga, que emite comentarios sobre sus decisiones sin pensar en sus sentimientos, que prefiere llamarla loca o cómoda antes de preguntar cómo se siente ella.

Yo desde mi esquina no creo que la sociedad vaya a cambiar su percepción de la mujer, y mucho menos de la mujer que decide ser madre. Pero estoy convencida que si desde el amor les explicamos a los hijos nuestro rol, las cosas para las futuras generaciones cambiarán.

«Mundo de hombres» dicen algunos, pero no podemos seguir justificándolo y nosotras mismas sentirnos inferiores por lo que hemos escogido hacer. Y me incluyo, porque es verdad, yo también me he sentido mal cuando alguien me pregunta por qué no he vuelto a una oficina después de tener a mi hija.

La cosa es que nadie recuerda que antes de ella yo era de la que no distinguía entre miércoles o domingos, que viajaba ligera por el país acompañando a diplomáticos de otros países, haciendo relaciones públicas y mandando noticias. Mi trabajo no tenía horarios, a veces entraba a las 10 y eran las 3 de la mañana y yo seguía en la oficina. ¿Cuántas veces no salí de noche y deje la cena familiar en la mesa para ir a cubrir una pauta?

Deje ese vacío muchas veces en mi familia, en mi pareja, en mis propios padres que se quedaron esperándome en alguna sala de conciertos a la que nunca llegué pese a tener un compromiso con ellos.

Ellos nunca me juzgaron, pero sé que me extrañaron y se dieron cuenta de que seguía el ejemplo que me habían dado, estaba trabajando en lo que me gustaba sin limitaciones de espacio o tiempo, y la familia no era lo primero, sino el trabajo.

Pero cuando llegó Sára a nuestras vidas, para mí todo cambió. Yo no quería que mi hija fuera nunca la niña que se quedaba sola en el salón porque su mamá no había llegado a tiempo a buscarla, no quería que fuera la muchachita que dijera su primera palabra lejos de mi vista, ni perderme muchos de sus avances y desarrollos porque yo tenía que cumplir con un trabajo.

La maternidad, en mi caso, reformuló mis metas y sueños y me hizo conectarme mucho más con lo que yo de verdad quería de la vida… pero nadie me lo ha preguntado, y los pocos que se han atrevido no se han quedado satisfechos con mi respuesta. Seguro a esa mamá del Metro tampoco la han considerado un poco, pero es bastante que ella misma se considera y lo digo por su apariencia.

Quisiera haber sido valiente y preguntarle su nombre, preguntarle si necesitaba ayuda con los niños para subir las escaleras, pero es que ella estaba tan cómoda en su papel que atreverme a aquello podría haber sido incómodo para ella.

Pero la verdad es que quería acercarme y decirle ¡Te felicito!. Porque aquellos niños, que son el futuro de este mundo, lejos de lo que muchos pueden pensar, se mantuvieron a tono y educados en todo momento. Uno le preguntaba “¿Mamá cómo se llama la estación dónde vamos?” y ella respondía y les hacía otra pregunta, a la que respondía con picardía alguno de los otros niños. Entre ellos tenían una conversación amena, fraternal.

Viendo aquella escena de la que pude ser testigo por escasos 7 minutos, volví a entender que el mundo no es de una persona, menos de un género, el mundo es de todos, y ella estaba preparando a sus hijos para ese mundo de todos.

¡Gracias heroína por regalarme una visión tan amplia de la vida, en tan escaso tiempo!

Maternidad

Mis ojeras y yo

Esas ojeras que hoy ves en mi son parte de las marcas que me ha traído la maternidad. ¿Y sabes qué? No me pesan. Tal vez para ti, que ves todo de afuera sea sinónimo de una lucha sin sentido, pero para mí, que soy la madre, tiene un valor inigualable.

Esas ojeras que hoy te causan risa, esta vez no son producto de una fiesta veinteañera, ni de un trasnocho por estudios, son el resultado del trabajo más lindo que me ha tocado desempeñar.

Esas ojeras que hoy me acompañan no se irán esta vez con el café de la mañana, y probablemente no tenga muchas ganas de usar maquillaje, pero ¿Para qué ocultar mi belleza natural si a mí no me molesta?

Mis ojeras, las nuevas manchas que tengo en mi piel, la cicatriz de mi cesárea, no son nada en comparación al amor que me recorre el cuerpo desde que el motivo de todos estos “males” llegó a mi vida.

¿Te había dicho que soy mamá?

Pues sí, soy mamá entregada y libre. Soy mamá que ama sin medida y que no ve nada de malo en entregar tanto amor como pueda a sus hijos. Soy la mamá de un ser humano que está creciendo desde el amor, el respeto y los valores, y me siento orgullosa de ello.

“You are kind, you are smart, you are beautiful”, es mi mantra para mi hija todos las mañana antes de entregarla en el colegio. ¿Cómo podría yo enseñarle a ella que lo que importa es lo de adentro, si no se lo demuestro?

Querida amiga que también eres mamá y me dices “tienes una cara de destruida amiga”. No seas cínica, guárdate el comentario y dame ese abrazo que tanto necesito. Recuérdame todas las cosas que en algún momento hice y que pronto volveré a hacer, porque este tiempo de criar pasará rápido. Recuerda que cuando fuiste tú, quien estuvo en el lugar que ocupo hoy yo, jamás de mí salió una palabra que te desmoralizara.

Querido esposo, no me anules, ámame aún más con mis ojeras, con mi cabello desaliñado y soso, que es la marca del amor que les pongo a nuestros hijos y la foto que guardaras en tu corazón cuando me vuelvas a ver como la reina que soy. Este tiempo de agotamiento también pasará, así que cuídame ese amor que nos juramos para disfrutarlo también cuando los niños se vayan.

Mamá que me lee, no sientas pena porque hoy no estás arreglada, porque usas los mismos jeans desde hace una semana o porque has repetido la franela que llevabas ayer. Si no te gustan tus ojeras, maquíllalas pero no te sientas menos por ellas.

Que si tienes tres días en la casa en pijama. Lávate la cara y ponte una ropa con la que te sientas a gusto, vístete para ti, no para los demás.

¿Que tus amigas te critican porque ya no vas a la peluquería? Entonces ellas son quienes deben revisarse, porque tu belleza interior sobrepasa la exterior. Eres mamá, estás criando, estas formando el futuro del mundo, y esa es la labor más difícil que cualquiera puede enfrentar.

Lo más increíble de todo es que esto también pasará, y es por eso que es tan importante que tú seas la primera en no anularte de la historia.

Que sí, que tus hijos te necesitan, pero también te necesitan coherente con lo que quieres enseñarles y es por eso que es importante que así como tienes tiempo para todo, tengas tiempo para ti. 10 minutos, una hora, un día, en que te cultives, te revises, te desconectes, descanses y recargues todo lo que tienes para dar.

Querida mamá, esto también pasará y como todo en la vida, será muy rápido. Puede que ahora que pasas horas en el sofá dando pecho a ese pequeño ser que creaste, veas todo oscuro y eterno, pero no es más que tu mente haciéndote una mala jugada, porque todo se acaba en un abrir y cerrar de ojos.

Te hablo de esto porque yo también he estado ahí, y hoy cuando me vi al espejo vi una cara cansada, me eché agua fría y lo primero que salió a flote fueron mis ojeras, de esas que tenía meses sin ver. Pero no me quise maquillar, ¿para qué si no me gusta y esta soy yo tal cual soy?

Salí a la calle y la primera persona que me vio me regaló una sonrisa. Sé que le sonrío a mis ojeras más que a mí, y sé también que por su mente habrá pasado el “pobre mujer”, y por eso decidí dedicarte estas palabras.

No es pobre la mujer que cría y entrega en su medida correcta el amor a sus hijos, es pobre aquel que juzga sin pensar en el daño que causa al otro.

No decaigas mamá, ama mucho que el tiempo es corto.