Pareja y Familia

Nunca es el momento perfecto

Nunca es el momento, nunca las condiciones están dadas, y seguramente cuando todo este “perfecto”, las cosas no saldrán como tú quieres.

Mi esposo y yo habíamos decidido emigrar, y hasta pasaje en mano teníamos para ir a probar suerte en unas entrevistas laborales, cuando yo empecé a sentirme mal.

Mi mamá me preguntaba por qué estaba tan cansada todo el tiempo, de la nada se me aceleraba el corazón, todo el tiempo estaba caliente al punto que mi esposo creía que me la pasaba con fiebre, tenía dolor en el cuerpo y todo pasó justo cuando reventó la mayor contingencia por el Zika en todo el continente.

-“¿Embarazada? No vale, yo lo que tengo es Zika”, me repetí por tres días hasta que tuve que ir a hacerme un examen de sangre para ir al médico.

En ese momento y por la contingencia sanitaria, era obligatorio que las mujeres en edad fértil que se practicaran la hematología para saber si tenían Zika o Dengue, se practicaran una prueba de embarazo. Evidentemente no pude negarme y yo en mi mente ni idea tenía que el resultado sería totalmente al esperado.

¿Qué si sospechaba que estaba embarazada? Para nada, eso para mí ya era tema del pasado. No sólo no estábamos buscando bebé, sino que ya había llegado a creer que eso no era para mí, y que bueno si mi esposo ya estaba medio reacio al tema, ¿para qué íbamos a intentarlo?

El gen de la paternidad estaba apagado en ese momento en nosotros. O por lo menos eso creíamos.

Yo confieso que había dejado de desear un hijo porque pensaba que no tenía la capacidad de amar a nadie de la forma en la que las madres aman. Y bueno, si ya tenía un año sin cuidarme, descubriendo lo feliz que era sin anticonceptivos y no había pasado nada, ¿qué podía haber cambiado mi realidad?

Recuerdo que en aquellos días le comentaba a mi entrenador de TRX que no entendía por qué esa definición muscular de los primeros meses de entrenamiento había desaparecido, que no entendía cómo era que salía tan agotada de las clases, y que además no bajaba de peso como había venido pasando.

Los resultados tardaron unas 24 horas por algún motivo, porque yo no tenía fuerzas ni para manejar aquella tarde, y fue mi esposo quien recibió la noticia, aunque él ni por enterado se dio. No sé si fue porque aún estaba dormido cuando fue por los exámenes, o porque en su cabeza no registró que el día anterior me habían hecho una prueba de embarazo anexo al perfil 20 original que el médico había solicitado.

Él sólo leyó que el examen decía “positivo en sangre” y me llamó para decirme que creía que tenía que ir inmediatamente al médico porque le parecía que había salido positiva la prueba.

Cuando llegué a donde estaba él, esperando para ser atendido por el médico para un chequeo pre-operatorio, leí detenidamente los resultados, hasta percatarme que en efecto al final decía “HCG: Positivo en sangre”. Mi ojos no podían creer lo que estaba viendo, ¿Cómo era posible que eso me estuviera pasando en ese momento?, ¿Cómo yo tan ordenada en la vida con todos mis planes había quedado embarazada en medio de la crisis social, económica y humanitaria más grande que había vivido Venezuela?

Cortesía de Mamá Ilustrada

Obvio que sabía cómo me había embarazado, y en ese momento creo que hasta se me cruzó el día que hicimos a nuestro bebé, pero el asombro me superaba y fue una mezcla total de emociones.

Empecé a reírme y a llorar, y la cara de él era de total confusión. Realmente él no tenía idea que ahí en ese sobre también había una prueba de embarazo. Como una loca dejé a mi esposo ahí en la sala de espera y corrí al laboratorio a reclamar que esa prueba había salido mal, que tenían que repetírmela, mientras una docena de personas me veía con cara de asombro mientras la bioanalista me explicaba que sí, que estaba embarazada, que no tenía que ir a ningún internista sino al ginecólogo.

¡Estaba totalmente en shock! Allí sí lloré y no dejaba de repetir que eso no podía ser, que nosotros nos íbamos y cómo iba a hacer ahora con un bebé, ¿qué le iba a decir a mi esposo? –Que además debía estar bien confundido en la otra sala de espera por mi reacción–.

Me calmaron, la gente me felicitaba y yo empecé casi que inmediatamente a hablarle a mi bebé, a decirle lo mucho que lo iba a amar y que haríamos hasta lo imposible para hacerlo infinitamente feliz y un ser humano de bien.

Lo cierto es que me debatía entre sí alegrarme o no hasta no confirmar que todo estaba bien. Mi esposo, el que no quería tener niños todavía, no podía estar más feliz en la vida.

Con la buena fortuna que conseguimos inmediatamente una cita de emergencia con mi ginecólogo, y en esas tres largas horas de espera por mi cabeza pasaron una infinidad de miedos y preguntas, porque definitivamente no estábamos preparados ni social ni psicológicamente para ser padres. A eso se sumaba que mientras esperábamos, la gente en la sala no dejaba de hablar de lo “mala cabeza que eran esas mujeres que se estaban embarazando en plena crisis del Zika”.

Finalmente esa mañana conocimos a nuestro pequeño milagro, después de un largo interrogatorio de la doctora a quien tenía más de un años sin ver, me hicieron mi primer eco, y ahí estaba latiendo, diciéndonos de alguna manera que había vida. Ahora mis lágrimas eran de emoción, los dos llorábamos de emoción, teníamos unas seis semanas de gestación, y privada en llanto le dije a la doctora que no podía estar más feliz, acababa de ver la manifestación de Dios más grande en mi vida, una nueva vida se estaba formando en mi vientre, y aunque no lo conocía, lo amé desde el primer momento. Ese puntico, con apariencia redondeada pero con fuerte latido, era la figura más hermosa que había visto en mi vida.

Los detalles de ese día no vale la pena ni comentarlos, pero mi milagro debía permanecer en secreto unas cuatro o seis semanas más por recomendación médica, y a partir de ese momento mi vida cambio. Cambió para mejor.

Muy poca gente se enteró por aquellos días, y hubo uno que otro imprudente que sin saber nos dijo que quienes se atrevían a tener bebés en esta situación eran unos locos, sin imaginarse que nosotros éramos parte de ese grupo de locos, que aunque no lo estábamos buscando en ese momento, pues Dios decidió darnos ese regalo, y realmente no me importaban los pañales, ni si no había fórmulas, sabía que de alguna manera tendría las herramientas para conseguir todo lo que necesitaba para mi hijo.

En ese momento, en el que vi ese corazón latiendo en esa pantalla, no había nada más en el mundo que me importara más que ese retoño de amor, no había situación que me afectara más que la llegada de mi bebé, y no es que andaba todo el día como drogada o algo por el estilo, pero entendí que muchas veces nos detenemos por lo superficial de la vida, y dejamos pasar lo que realmente hace que la vida sea importante.

Es increíble que de una cosa tan chiquitica hayamos salido cada uno de nosotros, tan increíble que no caes en cuenta hasta que eres tú quien engendra esa cosa tan chiquitica que vendrá a este mundo para cambiar vidas, y lo cierto es que nunca será el momento perfecto para el Universo, pero será el momento perfecto para ti, y eso solo lo sabe Dios y tu cuerpo.

Todas las cosas que pensaste que podías pasar con un embarazo no son más que expectativas, ideas o ilusiones, no es hasta el momento en que lo vives que te das cuenta de lo grandioso que puede ser tu cuerpo, y de lo inmensamente preparada que estás para ser mamá.

Días antes de saber que estaba embarazada, una noche desvelada pensaba que Dios sabía por qué hacía las cosas, lo mejor para nosotros era irnos y echar raíces en otro lugar antes de tener un bebé en la Venezuela que me tenía con el corazón destrozado, antes de saber que estaba embarazada, pensaba que no tenía la capacidad de amar tanto a alguien como para desvelarme o entregarme totalmente a él.

Así que no te angusties amiga, el momento en el que tu bebé llegue será el momento perfecto. Solo te invito a vivir la experiencia desde el amor y el respeto, que lo material de alguna manera siempre llega.

Previous Post Next Post

You Might Also Like

No Comments

Leave a Reply