Maternidad

Mamá en casa, mamá valiente

El papel de las mujeres que decidimos quedarnos en casa se ha subestimado cada vez más con el paso del tiempo. Tal vez se deba a las generaciones anteriores que fueron educadas para que las mujeres tuvieran un espacio solo en el hogar, y a medida que fuimos ganando terreno fuera de la familia no le quedó más a la sociedad que intentar imponernos una etiqueta que hoy es usada como un estigma.

Estar en casa no significa que no estemos haciendo nada, así como trabajar fuera de casa no implica necesariamente estar haciendo algo productivo, porque como todo en la vida, esto también es relativo.

A diario comparto con mujeres increíbles que se sienten culpables de quedarse en casa al cuidado de los hijos durante la primera infancia, confieso que yo misma me he sentido así en ocasiones. Pero luego recuerdo la falta que me hizo mi mamá muchas veces mientras estaba en el trabajo, y entonces comprendo que no trabajar de manera formal en este momento no es un retroceso para mí.

Les contaré una historia muy personal. Yo nunca tuve en mi cabeza esa idea loca de formar familia, para mí eso era una utopía que fue agarrando forma conforme fueron pasando los años y fui afianzando mi matrimonio. Por otro lado, yo me veía como la mujer trabajadora, independiente, de las mil cosas que hacer y producir y los mil un logros que recoger, y que si llegaban los hijos pues habría suficiente dinero para llamar a la mejor Nana del mundo. Hasta que tuve a Sára en brazos por primera vez.

Recuerdo que ella tenía unas pocas semanas de nacida cuando le dije a su papá que yo quería, y me parecía necesario, dedicarme por un tiempo indefinido a la crianza de nuestra hija y los que estuvieran por venir. No estaba dispuesta a perderme sus primeras palabras, y tampoco quería soltarla al mundo antes de tiempo. “Yo quiero dedicarme a criar a nuestros hijos”, fueron mis palabras exactas.

Él estuvo de acuerdo porque siempre ha soñado con una familia grande, aunque cada día que pasa me convenzo más de que él nunca creyó que yo me atrevería.

Han pasado más de dos años desde aquel momento y yo no he podido volver al mercado laboral formal. Y hace pocos días me di cuenta que no había vuelto, simplemente porque no he querido y no he puesto mis energías en ello.

Que he hecho muchas cosas, sí; pero ninguna de ellas me ha impedido estar cerquita de mi hija en su día a día.

Estar en casa con los hijos va más allá de estar en casa. Se trata de encargarse de la limpieza de la casa y de las cosas, de tener al día la cocina, el mercado e incluso solucionar las diligencias de la vida diaria como el pago de los servicios y otras cosas.

Quedarse en casa significa a su vez cumplir con unas estrictas rutinas que nos permitan crear horarios y hábitos en nuestros hijos no escolarizados, y eso nos hace ser también más organizadas y planificadas. Y si hablamos de planificación, estar en casa representa administrar el tiempo de tal manera que, para cuando papá esté libre del trabajo, el tiempo de familia sea realmente de calidad.

Sí, muchas veces los hombres no entenderán eso y pensarán que ellos saliendo de casa a trabajar, y nosotras acostándonos a dormir. Ojalá y fuera así, pero dormir es la cosa más difícil del mundo cuando tienes niños pequeños.

Querida mamá, hoy quisiera hablarte a ti que tal vez te sientes menospreciada o una carga porque te ha tocado estar en casa. Te hablo desde mi experiencia, porque estando en casa no sólo me tocó aplicar todos mis conocimientos profesionales, sino aprender un montón de cosas nuevas como manualidades, idiomas, tecnología y un sinfín de dotes administrativos y gerenciales que vaya Dios a saber cuándo hubiese podido yo tener la oportunidad de aprender en algún cargo administrativo.

Estando en casa me he convertido en niñera, maestra, enfermera, señora de limpieza, lavandería exprés, administradora, contadora, abogado especialista en resolución de conflictos y promotora de los derechos humanos. Además tengo dotes de secretaria desde que emigré, pues me toca poner en contacto telefónico a mi hija con nuestra familia regada por el mundo, sin contar que la organización va más allá de la casa y se incluye una minuciosa agenda semanal a fin de que no queden por fuera actividades de recreación, estimulación, comunicación y relaciones públicas.

He aprendido también a gestionar el tiempo que queda para mí, para emprender mis proyectos y para dedicarle a mi pareja, ya que sin contar con una familia de apoyo detrás de nosotros, estar solos es prácticamente imposible.

Las finanzas son compartidas pero es sobre los hombros de la mujer donde recae la responsabilidad de que las cuentas cuadren. Y en ese sentido, de este lado siempre habrá también mucha presión o responsabilidad.

Querida mamá, no digas que no estás haciendo nada, estás criando un ser humano y esa es la responsabilidad más grande que nadie puede tener en la vida. Se trata de alguien que por sus acciones será amado y respetado en un futuro, u odiado y rechazado. No es cualquier cosa.

Y si trabajas mamá, también está bien. Créeme que tus hijos sabrán entenderlo en un futuro. En todo caso lo importante en esta historia es que tú entiendas que tu rol no es cualquier cosa, porque si eres capaz de entender e internalizar eso, entonces serás capaz de omitir todos los comentarios malsanos que los demás hagan de ti o tu situación.

Querida mamá amiga, la maternidad no es una ciencia pura, es simple experimentación humana apostando por el futuro mejor de los tuyos. Recuerda que al final todo pasa.

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