Maternidad

La aventura de nacer en tiempos de pandemia

Esta es la historia de cómo nació mi segunda hija, un parto en el extranjero en condiciones especiales

Traer a mi hija al mundo cuando la pandemia estaba a punto de ser declarada no fue tan malo. Ahora lo veo así, antes no. Tengo que admitirlo.

Y es que si veo ahora todo en retrospectiva, algo bueno nos dejó pasar por un parto en aislamiento; aunque no puedo negar que fue traumático en parte, y más al no estar familiarizada para nada con el sistema de salud en este, mi nuevo país.

Sin embargo, este no es un post para desanimar a nadie sino para contarles lo que yo viví como mamá y como mujer, y porque también sé que no soy la única que ha pasado por esto estando lejos de casa, ¿y qué mejor momento que la semana del parto respetado para hacerlo?

Parir en medio del caos

Parir en medio del caos, y pasar las primeras horas de vida de tu bebé en aislamiento, puede ser muy perturbador si no estás preparada emocionalmente. Si esta es tu situación quiero que sepas que acabo de vivirlo apenas hace algunas semanas atrás, y que lo que leerás aquí lo comparto por la situación tan inusual que estamos viviendo, porque en otras circunstancias me lo hubiese guardado solo para mí.

Confieso de entrada que desde que quede embarazada, viviendo en el extranjero y lejos de mi familia, sentí mucho miedo. Tenía miedo de que me pasara algo, de que no me entendieran por no hablar el idioma, tenía pánico de estar sola o de no tener a mis padres cerca para que cuidaran a mi primera hija. El embarazo en sí fue una gran lección, porque me pasaron un montón de cosas que no viví en el primero, pero ahora siento que todo me hizo una mamá más fuerte.

Empezaré aclarando que mi bebé nació una semana antes de que se declarara la pandemia, pero justo al día siguiente en el que se diagnosticara en este país (Hungría) los primeros casos de COVID-19. Sin embargo, durante el invierno habíamos vivido una fuerte epidemia de influenza que había provocado la suspensión de las visitas en gran parte de los hospitales, y aunque conocíamos esa condición, veíamos con preocupación que las medidas eran flojas y muchas veces irrespetadas por los mismos pacientes y sus familiares.

Escogimos con mucho cuidado el hospital donde nacería nuestra bebé, ya que para mí era prioritario poder comunicarme con facilidad con el staff que me atendería en aquel momento. Tener un idioma en común era vital para mí, a nivel emocional; mi esposo y yo habíamos comprendido que yo necesitaba estar lo más tranquila posible para que la experiencia no fuera traumática. Así que una vez escogido el hospital y el médico tratante, no dudamos en contactar a una partera que trabajara directamente con mi doctora y que hablara inglés.

Evidentemente ese servicio no sería gratuito, nos tocaría dar alguna propina, pero llegado el momento lo hicimos con gusto porque yo tuve el soporte que necesitaba.

Se nos sugirió también solicitar una habitación privada, en la que supuestamente podría tener a un acompañante durante 12 horas para no sentirme desprotegida, pero ese beneficio desapareció instantáneamente cuando las alarmas empezaron a encenderse en los hospitales. El protocolo por el COVID-19 venía a reforzar de manera arbitraria las medidas impuestas por la temida influenza.

Tuve la suerte de no parir sola. Y no parí, es la verdad. Tuve una cirugía para tener a mi bebé.

Sí, ella nació por cesárea, por una muy linda en la que no estuve amarrada como si estuviera crucificada y en la que mi esposo pudo estar presente. En la que incluso pude sostener a mi hija y cantarle mientras me limpiaban y me cerraban.

Plan de parto ¿respetado?

Mucho se habla de violencia obstetricia, del parto respetado, y aunque pueda parecer blandengue con lo que voy a plasmar aquí, lo cierto es que muchas veces nuestros doctores terminan siendo luz en nuestras ideas. Lo he vivido ya dos veces.

Con mi primera hija me rehusaba a una cesárea, yo quería que ella decidiera nacer. Y eso nunca ocurrió; llegué a la fecha límite y ya la cosa se ponía peligrosa, cuando mi doctora decidió inducirme el parto, pero lo cierto es que mi hija no quería llegar por un parto vaginal y en plena labor -cuando ya tenía yo 4 centímetros- se devolvió y se sentó sobre mis riñones. Resultado: una cesárea de emergencia porque la niña me había paralizado. Les juro que nunca había sentido un dolor tan profundo en mi vida.

Ahora, en esta oportunidad hicimos todo al pie del cañón. Esperamos 3 años para un segundo embarazo. Me cuide tanto como pude, no subí de peso, buscamos un médico que aceptara partos vaginales post cesáreas, y nuestro deseo se volvió a esfumar. Semana 32 y la bebé era más grande que su hermana al nacer con 41+3 semanas.

Protocolos de seguridad activados, nos hacen la pregunta, ¿qué quieren hacer?. Pues si ya mis padres no vendrían, lo mejor era organizarnos ya que estaríamos solos. “¡Tengamos una segunda cesárea! Pero hagámoslo en la semana 40 por favor”.

Influenza, primavera, pandemia a la vista, maternidad a tope. “Hacerlo la próxima semana es un riesgo enorme. Si queremos hacerlo bien, debe ser más tardar este viernes”, me dijo la doctora mientras mi corazón latía tan rápido que un zumbido se apodero de mis oídos.

“No quiero hacerlo esta semana”, repetí varias veces. Pero ella insistió hasta conversar con mi esposo y explicarle todo el panorama. Finalmente accedí, tendría a mi hija en brazos el viernes.

Gracias a esa decisión –sí, tal vez presionada-, mi esposo pudo ser la primera persona en cargar a nuesta bebé. Estuvo conmigo para explicarme todo lo que ocurría en el quirófano y luego acompañó a nuestra hija durante todos los controles mientras a mí me cerraban y me llevaban a recuperación.

En esa sala, donde llevaban a todas las mujeres que salían de una cesárea, estuvimos los tres juntos en contacto piel con piel por primera vez. Nos disfrutamos mientras ella se alimentaba de mí y nosotros agradecíamos por tenerla a ella.

Cuando ya había pasado un poco más de una hora, entró una enfermera a llamar a los papás (uno de ellos no tenía ni 15 minutos de haber llegado), en ese momento les informaron que el hospital cerraba para todo aquel que no fuera paciente y que debían irse en los siguientes 10 minutos.

Mi esposo me dijo que volvería. No me quiso dar más explicaciones ni angustias, pero les juro que ahí empecé a llorar. Yo quería en ese momento estar con él, y aquí el protocolo no sólo era distinto, sino que además había cambiado por la emergencia sanitaria.

Agradecía porque me habían entregado mi celular y por allí podía hablar con él que estaba a menos de 2 kilómetros de nosotras esperando que me pasaran a piso para poder colarse a vernos; y con mis papás a cientos de kilómetros queriendo conocer a su nieta.

En aquella sala no pude dormir, me daba miedo quedarme dormida y me entró un desespero por ver a mi bebé. En un inglés chucuto la enfermera que me cuidaba me explicó que estaría allí durante 6 horas antes de ver a la niña, por protocolos de seguridad no podrían traerla de vuelta pero ella estaba bien cuidada. Me juró que no le darían ningún tetero.

Esas 6 horas fueron más eternas que los 9 meses que tuve a Shantal en mi vientre.

Pasado el tiempo, vinieron a levantarme. “Lets go! You need to take a shower and walk”, me dijo una segunda enfermera desde el pie de la cama. A esa hora me atacaba ya el hambre, el dolor y la incertidumbre. ¿Qué estaba pasando afuera, que mi esposo no podía volver sino escondido?

Cumplido el protocolo me tenía que ir a mi piso caminando ¡SOLA!, pero el dolor era intenso y la verdad yo no entendía nada de húngaro para ese momento. “Mi bebé por favor”, le dije a una chica que estaba en la estación de enfermeras, y al ver que no hablaba su idioma tomó mi maleta y me acompaño a buscar a mi bebé al retén.

Sí, leyeron bien, salí de recuperación bañada y en pijama, caminando y arrastrando mi maleta, rumbo a buscar a mi bebé. Si hubiese podido correr, lo habría hecho.

A los minutos de haber llegado al cuarto apareció mi escuadrón. Mi esposo, con mi hija mayor que no aguantaba las ganas de ver a su hermana. Nos agarraron con las manos en la masa, y aunque una enfermera se hizo de la vista gorda, a los minutos llegó la seguridad del hospital. De ahí en adelante es historia, me tocaría estar 3 días más en el hospital, sola en una habitación, viendo una vez al día la cara de una enfermera mal encarada.

Un aislamiento agridulce

Saber que mi esposo o alguien conocido no podían estar allí me causó mucha ansiedad.

No era que no fuera capaz de manejar a la bebé sola, a decir verdad quería tenerla todo el tiempo conmigo, y cada vez que me tocaba llevarla al retén (que eran visitas obligatorias marcadas por el hospital) me sentía terrible, simplemente me sentaba en la puerta a esperar que pasarán los 20 ó 40 minutos que me decían las enfermeras.

El segundo día lloré a cántaros. Las hormonas alborotadas no ayudaban, me sentía sola y adolorida aunque tenía la mejor compañía del mundo allí conmigo; pero en ese momento, entre el dolor y el insomnio, quería sentir cerca a mis afectos. ¡Los necesitaba! Así que lloraba para drenar, porque la ansiedad me mataba.

—–Haré una pausa para decirles a quienes no lo saben, que sufro de ansiedad y ataques de pánico, así que me tocaba hacer un trabajo de auto control enorme—-

Cuando una mujer pare a su bebé, y más cuando ha tenido una cirugía, necesita amor y contención. Necesita que le den comida y merienda, que la ayuden en el baño, que la peinen, que le hagan cariñitos en el brazo o que simplemente se sienten a su lado a leerle los mensajes que su familia manda. Una mujer recién parida necesita apoyo, así sea moral, y la verdad es que yo en ese momento sentía que necesitaba a mi esposo, así fuera solo para verle la cara.

Por otro lado también fue un tiempo muy valioso porque pude descansar o tomar una ducha caliente mientras la beba dormía. En este país las enfermeras entran al cuarto cuando mucho dos veces al día, todo lo tiene que hacer la mamá, así que la única persona con la que tenía contacto físico era mi bebé; y eso también fue maravilloso, porque tuvimos unas horas solas antes de llegar a casa.

Conocí el cuerpo completo de mi hija con calma, conté sus dedos de manos y pies, olí su cabello y me deleité viendo sus ojos o la forma en la que dormía, detallé cada una de sus cejas y su cabello sin la presión de tener que atender a nadie más. Pude dormir con ella sobre mi pecho sin que nadie me dijera que la iba a mal acostumbrar, y le canté solo a ella, como tantas veces lo había hecho con mi hija mayor. Tuve gracias a ese aislamiento, la oportunidad de darle a mi nueva bebé un poco del tiempo de exclusividad que su hermana había disfrutado a plenitud durante tres años y medio.

Un tiempo único para conocernos sin interrupciones y sin presiones, solo nosotras dos.

Como la mayoría de las cosas en la vida, parir en aislamiento tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas, pero al final el resultado fue maravilloso. Una bebé sana en mis brazos, que ahora llena mis días de sonrisas y de un amor interminable.

Contar con el apoyo emocional de mi esposo y mis padres por teléfono fue muy importante. Las visitas de mi partera y todo el apoyo que me brindo antes y durante el parto, hicieron que la experiencia fuera mucho menos traumática. Esa figura que conectó conmigo desde el embarazo, fue capaz incluso de atajar un ataque de pánico en plena mesa de operaciones y hoy retumban todavía sus palabras en mi cabeza “lo más importante de ti, va a salir de ahí en unos minutos. No hay miedo en esta habitación, solo amor, que es tu hija”.

Muchas de mis amigas me han mandad artículos sobre países donde se prohíbe la entrada del padre al parto por la pandemia, y peticiones de firmas sobre el derecho que tenemos de parir acompañadas por una figura de apoyo, bien sean nuestras madres o esposos, o esos amigos que dan la vida por nosotras, y la verdad es que tienen toda la razón, ninguna mujer merece parir sola, ni ser maltratada durante el parto; pero siendo esta la semana del parto respetado también me cuestiono sobre las veces en las que se exagera sobre el maltrato o no hacia la mujer o el bebé, y lo cierto es que muchas veces tenemos unas expectativas que no se pueden cumplir si lo que queremos es seguir determinado protocolo.

Querida futura mamá que te encuentras en esta situación y que ahora te sientes, tal vez, un poco nerviosa porque no sabes cómo será todo, te digo de todo corazón que así fuera una situación normal pocas serían las cosas que saldrían como las esperas, porque el parto, como la vida, es algo que depende de muchos factores que no todos se pueden controlar. Te invito a que entregues tus angustias a alguien en quien confíes y que te conectes con esa maravillosa energía que vibra dentro de ti, porque es vida pura, es sangre de tu sangre, es el fruto de tu vientre. Recuerda que el parto no será lo más difícil, será solo el inicio y lo importante es que tanto bebé como tú estén bien.

A la fecha, solo tres personas de nuestra familia conocen a nuestra hija que ya tiene poco más de dos meses; y nada malo ha pasado por ello, ya habrá tiempo de reunirse y celebrar, de abrazarnos y reírnos de esto.

Te presto mi experiencia para que tengas una idea, para que veas lo bueno y también lo malo, pero sobre todo para que te aferres a lo bueno. Te muestro lo que viví no para que sientas lástima por mí, sino para que veas que las mamás siempre podemos, porque nos movemos por el amor más grande del mundo, ese que sentimos por nuestros hijos. Ten fe, confía en ti y en tus instintos, y no te hagas falsas expectativas.

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11 Comments

  • Reply Johannes Ruiz Pitre mayo 20, 2020 at 1:03 pm

    Carla, la verdad que has vivido un embarazo de cuidado y un parto delicado por la situación. Me llama mucho la atención que te tuvieran separada de la bebé durante 6 horas si es una bebé que has decidido alimentar con pecho, le dieron de tu leche en ese tiempo? Aquí lo del retén no se usa, no se si es habitual allá o solo por las circunstancias que se estaban viviendo.
    Eres una campeona, has podido con eso solita, has sacado fuerza y energía para mantener a un lado esa ansiedad que es tan maluca y desesperante. Por suerte ya pasó, ya tienes a tu bebé en casa junto a una familia que la adora.
    Me alegro de que a pesar de todo cuentes con mucha alegría tu historia de parto.

    Un abrazote

    • Reply Carla Kratochvill mayo 20, 2020 at 4:30 pm

      Gracias por tus palabras querida Johannes.
      Pues el protocolo aquí es que después de la hora dorada, a los bebés se los llevan para hacerle todas las revisiones correspondientes y la mamá «descansa» unas 5 horas continuas. De hecho te dan algo que te duerme, pero yo estaba tan ansiosa que no podía dormirme. Si ves los mensajes que le escribía a el húngaro ese día era «no me quiero dormir, tengo miedo de dormirme», y así.
      Durante ese tiempo no les dan nada, ciertamente aquí luchan un montón desde el primer momento para que las mamás den leche materna.

  • Reply Ama mayo 20, 2020 at 1:46 pm

    Wow increíble está historia que nos cuentas! Me alegro que haya salido todo bien y definitivamente es algo que jamás olvidarás! Bravo a esa mamá valiente 👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻

    • Reply Carla Kratochvill mayo 20, 2020 at 4:31 pm

      Así es, la llegada de los hijos jamás se olvida.

  • Reply Carla Sánchez mayo 20, 2020 at 1:49 pm

    Wao que increíble leerte y saber todo lo que viviste, sin dudas, eres realmente una maravillosa madre! Este post realmente es perfecto para aquella madres que están en la misma situación, sentirán que no están solas y que podrán salir adelante porque el amor de una madre no tiene límites

  • Reply Luisana mayo 20, 2020 at 2:24 pm

    Cuánto me gustaría abrazarte! Sin duda una de las esperiencoas más difíciles!

  • Reply Andrea mayo 20, 2020 at 2:42 pm

    Qué conjunto de emociones! Increíble. Lo chévere de la pandemia para las mamás que tienen que volver a trabajar, es que pueden hacer home office, digamos que cayó como anillo del dedo! Muchas bendiciones para ti y tu familia

  • Reply @mamaversatil mayo 20, 2020 at 2:53 pm

    Aquí es cuando encaja perfecto la frase: “ El tiempo de Dios es perfecto” Tu segunda princesa llego en el momento indicado, aún y cuando pensamos que las circunstancias no eran las mejores, estuvo siempre protegida por ustedes dos, sus padres maravillosos ❤️

  • Reply Lia Rodriguez mayo 20, 2020 at 3:36 pm

    Wow me encantó tu experiencia! Después de convertirme en mamá admiro más a cada madre desde su embarazo hasta que tienes al bebé en brazos. Porque no es fácil sencillamente son tantas cosas y emociones juntas

  • Reply Marcia Saavedra Amiga de Gri mayo 24, 2020 at 2:33 am

    Único, admirable, especial,algo memorable… Que esté nuevo camino como mamá éste repleto de luz y amor, abrazos…

    • Reply Carla Kratochvill mayo 24, 2020 at 8:23 pm

      ¡Amén!Bendiciones para ti también.

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