Maternidad

El insomnio de mi embarazo

Cuando te embarazas literalmente la vida te cambia, y no me doy cuenta hasta hoy, que tengo 30 semanas recién cumplidas, que eso es así. Mi vida ya no es del todo mía, es de mi bebé y de los millones de ideas que recorren mi cabeza cada día como si de un río desbocado se tratara.

Pasan cosas como que te despiertas un domingo lluvioso y frío, a un cuarto para las siete de la mañana y prefieres sentarte a escribir en la sala, que continuar empiernada con tu esposo. Sí me lo hubiesen contado hace un año atrás o tres meses antes no habría creído ni una palabra.

Lo peor es que cuando le comentas a las personas cercanas de estos episodios, no paran de repetirte “tú no estás para preocuparte por nada”, como si esa fuera la oración de la mañana, y realmente ha ocurrido que no me despierto por estar preocupada, y mira que sí debería estar preocupada, porque en esa lluvia de ideas no todo lo que se le pasa a uno por la cabeza es bueno y maravilloso; yo particularmente tengo muchas preocupaciones encima, como las deudas pendientes, el hecho de que por primera vez en mi vida no estoy produciendo dinero, porque uno de los grandes cambios del embarazo fue tomar la decisión de dejar mi estresante trabajo como periodista de sucesos, vivir en un país como este donde el miedo es lo único que tenemos todos en común, entender todos los cambios que continuarán viniendo a mi vida con la llegada del bebé, porque de verdad, ya tu vida no será del todo tuya, y créeme que aunque habrá días que no dudo serán difíciles, lejos de lo que pensé desde pequeña, no cambiaría por nada del mundo la experiencia de ser mamá.

Pero bueno, volviendo al tema inicial, y lejos de todo lo que piensan quienes saben de mis repentinos desvelos, no estoy despierta por mis angustias sino por reflejo, porque cuando esto ocurre me despierto como si me hubiesen catapultado de la cama y me hubiesen dado un golpe de realidad. Y sé que en unas horas dormiré como si hubiese corrido el maratón de Nueva York dos veces seguidas, sin importarme en lo más mínimo lo que suceda a mí alrededor, en la casa pueden estar tumbando las paredes y puedes apostar que me importará poco eso antes que dormir profundamente. Pero ahora, en este momento, sólo me interesa estar despierta, y me interesa de una manera que nunca antes había experimentado. Te cuento por qué.

Si esto te está pasando a ti, no sientas que te estas volviendo loca, siéntete viva. Resulta que desde que sufro de estos episodios repentinos, desde hace unas dos semanas, que me pueden dar además a las 3 de la mañana o incluso a la una -porque cierto es que rara vez pasa tan cerca del amanecer-, más que ponerme a pensar en todas esas cosas que me generan angustia, me ha dado por sentarme frente a la ventana a disfrutar de lo que no tenía tiempo para ver antes.

Hoy por lo menos decidí sentarme a escribir, que es mi gran pasión, pero mientras lo hago disfruto de ver cómo las gotas de lluvia caen sobre los árboles de la montaña que rodea mi edificio, hoy siento más profundo el sonido de una quebrada que pasa cerca de la casa, y aunque realmente creo que debe ser agua sucia, para mí, en mi mente, hoy esa es agua clara y limpia, sólo lo estoy disfrutando.

Tal vez es tan intenso lo que estoy viviendo, que hasta fantasioso parece, si hasta Miguelito, el pajarito que vive con nosotros en casa desde hace más de doce años, ahora recibe más visitas de otras aves que nunca antes, y si les digo que increíblemente algunos de ellos llegan con sus crías y no tienen miedo de acercase a mí mientras yo me encuentre inmóvil, no les miento.

Me atrevería a decir que nunca mis ojos habían detallado tanto los colores y los contrastes a mí alrededor, a pesar del día gris.

Verdaderamente pasan cosas maravillosas que pueden parecer tonterías, pero que en realidad son los pequeños detalles de la vida que hacen que todo merezca la pena. Así me siento yo hoy, y todo ha sido tan especial, que como pocas veces en la vida de un periodista, no me debato con una página en blanco, simplemente me dedico a llenarla fluidamente de una historia que es tan real como la de cualquier mujer embarazada.

Si me pongo a pensarlo, nunca había estado tan viva como lo he estado en los últimos siete meses de mi vida, no sólo por el hecho de que dentro de mí se está generando una vida nueva, sino porque enterarme de ese nuevo ser me hizo caer en cuenta de que la vida misma es más que un trabajo y un sueldo, más que una salida o la nueva colección de ropa de tu tienda favorita, que es más que muchas cosas a las que nos acostumbramos, me hizo entender que la vida está hecha de detalles simples, que son los que realmente te hacen feliz y mejoran tu existencia.

Obviamente no soy especialista en embarazos, ni mucho menos en vida, pero lo que sí te puedo decir, siendo una futura mamá tan real como tú, es que si estás pasando por esto, simplemente vívelo y agradécelo.

No pierdas tiempo, porque todo pasa mucho más rápido, y nada nunca vuelve a ser como antes. ¡Sé feliz!

Tomate ese cafecito que tanto te provoca, siéntate en el sofá que tenías tanto tiempo que no disfrutabas, pon la música que tanto te gusta o simplemente escucha el sonido de la lluvia al caer; háblale a tu bebé, disfruta sus movimientos y ríete con ellos, no te preocupes tanto por la cama que no has tendido o por lo que no has podido limpiar, simplemente ve a tu alrededor y decide qué es lo verdaderamente importante en tú vida en este momento. Esa es una de las pocas cosas en las que tu vida te sigue perteneciendo, y créeme cuando te digo que vale la pena.

Ya vendrán otras experiencias.

A los 13 días del mes de marzo de 2019, más de dos años después de haber escrito esto, lo comparto con ustedes desde un amor muy grande. Leerlo me ha devuelto a aquel sofá verde perico que decora la sala de mis padres, he escuchado de nuevo la lluvia y he visto a lo lejos como El Ávila se abre paso entre las nubes blancas que decoraban aquella mañana el cielo.
Querida futura mamá, te hablo desde el futuro y te digo que todo lo que dice aquí es verdad, no cambiaría por nada la experiencia de ser mamá y todo lo que me ha traído a la vida entender que estoy más viva que nunca. Te abrazo.

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