Maternidad

De la primera caída al peor día de mi vida

«Los golpes de los hijos duelen, y mucho. Duelen porque los parimos y los amamos por sobre todas las cosas, pero nos enseñan a nosotras, nos recuerdan también que somos humanas y que los accidentes ocurren».

Hace unos días conversaba con una amiga sobre las experiencias que no te cuentan antes de ser mamá; y mira que hay un montón de cosas que no te dicen, porque o unos te hablan de todo lo maravilloso u otros te dicen lo terrorífico que es, pero muy pocos se sientan a dar detalles.

Intercambiando ideas, recordé algo de lo que nadie me advirtió: la primera caída de los hijos, conocida como el peor día de tu vida, o al menos el día en que te sentiste como un verdadero fracaso. Y es que sí mamis, nos acostumbramos rápidamente a juzgarnos muy duro.

Sára, mi primera hija, tenía unos cinco meses y medio cuando vivimos este momento tan desagradable.

Estábamos las dos solas en la casa, jugando como siempre, pero esta vez sentadas las dos en la cama que había en aquel entonces en su cuarto.

Ella, lejos del borde del colchón, jugaba con alguno de sus muñecos mientras yo doblaba la ropa recién lavada, y fue voltearme un segundo para que ella decidiera que era muy atractiva la tapa del cesto de ropa sucia. Sin pensarlo dos veces, y como todo bebé que no tiene sentido del peligro, se lanzó a intentar agarrar el cesto, sin contar con que no llegaría a su destino sino que estrellaría su linda y amarilla cabecita contra el recién pulido piso de granito que teníamos en aquel apartamento.

Quise yo atajarla pero humanamente era imposible. Todo ocurrió literalmente en dos segundos, en el que el estrepito del piso sonó (para mí) como una bomba nuclear. Acto seguido el caos, su llanto incontrolable y mi grito, que así habrá sido que nuestra vecina corrió a ver qué pasaba.

Lloraba ella, y lloraba yo mientras intentaba calmarla. Yo no me sentía mal, me sentía la peor basura del Planeta. La sentencia era que había fracasado como mamá. ¡Así de simple!

Mi vecina impactada, desde la puerta veía la escena y decidió llamar a otra vecina de profesión pediatra para que revisara a la niña inmediatamente, porque los gritos eran terribles. Pero apenas me vio aquella mujer, su diagnóstico fue inmediato.

-“Si tú no te calmas, ella no se va a calmar”, me dijo mientras me la quitaba de los brazos para revisarla. Sára se quedó totalmente en silencio, y a mí me resetearon.

Después de revisarla me la devolvió y me volvió a pedir que mantuviera la calma. “Los niños perciben todo. Nosotros le transmitimos nuestras emociones, más allá de que en efecto se golpeó. Pero ella está bien, fue más el susto, de eso puedes estar segura”, apuntó antes de despacharnos de vuelta a casa.

Mi bebe puso su cabeza sobre mi hombro y ahí estuvo tranquila mientras yo le pedía disculpas una y mil veces…sí, como si yo la hubiese empujado o algo.

¡No dejes que se duerma!

Cuando volvimos a casa me senté con ella a jugar con un sentimiento de culpa terrible. Sentía que necesitaba desahogarme, quería llorar y gritar y salir corriendo mientras la abraza, así que no se me ocurrió nadie mejor a quien llamar primero que a su papá, mi esposo.

Recuerdo de esa situación, y ya varias veces lo hemos hablado, que lejos de encontrar el apoyo que necesitaba en ese momento encontré una acusación; la inexperiencia de los dos y las ganas del padre primerizo de hacerlo todo perfecto, terminó desencadenando lo peor para mí.

¡Era mi culpa! Ella se había caído porque seguro yo la había dejado sola en la cama y me había puesto a hacer otra cosa, no le había prestado suficiente atención. Dos días sin hablarme, y no porque estuviera molesto conmigo, sino porque según él estaba molesto consigo mismo por no estar allí para evitar el accidente.

Ahora que lo escribo y lo leo me parece tan loco e ilógico que hasta me atrevo a reírme. Y en otro capítulo les podré contar como me disfruté la revancha, en silencio sin decir palabra, el día que la niña se le cayó a él. Les adelanto que no dije “¿Viste lo que se siente?”, pero les aseguro que él aprendió la lección.

-No dejes que se duerma, mira que es lo primero que dicen, que si se duerme es muy peligroso”- me dijo mientras yo luchaba por mantenerla en pie en plena hora de la siesta.

Después de colgar con mi esposo me sentí aún peor. Tanto así que tuve que llamar a mi mamá y a dos amigas más para desahogarme, para contarles lo mala madre que era porque se me había caído la muchacha de la cama.

“Tranquila, a todas nos pasa”

“Tranquila hija, es normal que te sientas así. Uno se siente muy mal como mamá cuando pasan cosas como estas”, me dijo mi mamá del otro lado del teléfono mientras yo, la reina estrella de los lanzamientos fallidos que terminaban en el piso entre la cuna y la cama, o en el descanso de los 20 escalones de la casa de mis abuelos, o en un charco de barro en la orilla de una acera, o con la cabeza entre una reja en un centro comercial, me estaba tomando una cucharada de mi propio jarabe. Recordé por un momento, que en todos esos episodios había sido mi decisión saltar, y el papel de mi madre sentirse mal por no haberlo evitado; y sí, eso me calmó un poco pero no tanto como hubiese esperado.

Ese día aprendí un montón de cosas, como por ejemplo que todos los niños se caen y aunque lloren un poco, terminan por levantarse. Pero también aprendí el valor del apoyo emocional que te puede dar tu pareja y tu tribu en cualquier situación de crianza o de la vida misma. Como ñapa me quedaron un montón de mitos sobre curas para golpes y/o chichones que si poner mantequilla, pegarle una papa o un bisteck o una bolsa de vegetales congelados, que al final no recomiendo ninguna porque nada de eso me lo dijo un médico, ni tiene estudios científicos que prueben su efectividad, sino por el contrario su peligrosidad.

Pero sobre todo descubrí que tarde o tempano nos pasa a todas, todas las madres veremos en algún momento a nuestros hijos caer por primera vez, y sí, a todas la preocupación por su bienestar nos hará sentir culpables, porque somos humanas y eso nos exime de ser infalibles. Y no te digo que no te sientas así, por el contrario te digo que cuando pase vivas tu duelo sin quedarte enganchada en él; que revises qué pasó, en caso de que haya medidas de seguridad que mejorar o reforzar por el bienestar de los peques; que te desahogues, que no te lo tragues, pero que tampoco te quedes azotándote con la culpa o sobreprotegiéndolos para evitarles “el dolor”, porque ellos crecen y lo hacen muy rápido, y nosotros necesitamos vivirlo con ellos, no frustrarlos, ni mucho menos frustrarnos.

Querida mamá, tú que ya pasaste por esto como yo, sabes de lo que te hablo y seguro ahora hasta con gracia recuerdas ese día, ese que para ti fue el peor día de tu existencia en determinado momento, pero me alegro que hayas salido de la culpa y la hayas sumado a tu experiencia. Al fin de cuentas, ser mamá es una carrera para la que no nos preparan, sino que aprendemos sobre la marcha.

¿Se acuerdan de cómo fue la primera caída de sus hijos? Me encantaría leer que aprendieron de esa experiencia.

P.D.: Sí, yo metí la cabeza en una reja en un centro comercial. Y no una, sino dos veces, una de ellas mientras mi mamá sostenía mi mano, y miren que eso no la hizo la peor mamá del mundo.

P.D.2: No sé por qué se me antojaba meter la cabeza allí, pero recuerdo que una vez fue viendo unas ovejas pastar en el monte (risas).

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8 Comments

  • Reply Gi mayo 26, 2020 at 1:53 pm

    Yo ya pase por varias caídas, pero la primera fue un sentimiento horrible. Gracias por compartir esto ob nosotros. Lo valoro!

  • Reply Ama mayo 26, 2020 at 2:01 pm

    Ay nooo que angustia! Las caídas son más terribles para nosotras que para ellos, porque lo más seguro es que ni se van acordar!

  • Reply Nadezda mayo 26, 2020 at 2:15 pm

    Que cierto todo lo que dices, también me paso con mi primer hijo pensamos que era grave pero cuando logre calmarme el estuvo mejor.

  • Reply Luisana mayo 26, 2020 at 2:18 pm

    Ay siiiii eso es terrible y la estadística muy alta de ls veces que sucede en casa!

  • Reply Johannes Ruiz Pitre mayo 26, 2020 at 2:26 pm

    Mi hijo mayor se cayó cuando tenía 3 meses. La verdad que da mucho miedo porque como no pueden comunicarnos si les duele, lo que sienten, etc, pues nos desesperamos!!

    Pero no sentirse culpable y mantener la calma son claves para que podamos vigilar y actuar según la situación. Pero si, es una experiencia desagradable.

  • Reply Florsilvestre mayo 26, 2020 at 2:42 pm

    Mi hijo tenía 4 años cuando en casa se cayó, a 4 metros de distancia de mí, convulsionó, perdió control de efinteres y se desmayó… aún lo recuerdo y mi corazón se va a aquel día… no lo deseo a nadie… pero son las cosas que nos toca vivir y donde la fortaleza sale de lugares inesperados

    • Reply Carla Kratochvill mayo 26, 2020 at 4:27 pm

      Wao! me dejas sin palabras.
      Gracias por compartir tu experiencia con nosotros.
      Te abrazo

  • Reply Denise mayo 26, 2020 at 3:09 pm

    Definitivamente a todos nos pasa! Justo ayer se nos cayó Ignacio. La angustia, el sentimiento de culpa son enormes. Te repites una y otra vez la palabra “culpa culpa culpa”. Es horrible

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